cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
Luz Roja
Reflexiones |
03.05.11
  • 4
  • 9
  • 3057
Sinopsis

Un niño cualquiera recibe un regalo inesperado... Por cierto, está en negrita y no logró quitarlo, lo siento.

Luz Roja

   La mañana que mi padre me regaló la luz de freno para mi bici no era mi cumpleaños, ni había sacado buenas notas y ni siquiera coincidía con mi santo. Creo que me lo regaló por un sentimiento de culpa oculto tras una máscara de benevolencia y humildad, como si me hubiera hecho daño de una manera intangible, aún no descubierta pero de la que sin duda él estaba convencido. Abandonó la mochila que siempre le acompañaba con un sonoro grito de victoria y me presentó el regalo envuelto en papel de periódico

-¿Para mí?- le dije sin atreverme aún a desenvolverlo.

-Si hijo, para ti.

-¿Seguro?

-Seguro.

-¿Qué es papá?

-Si lo abres de una vez lo descubrirás…hijo.

   Arranqué el papel de periódico con fuerza y mutilé, literalmente, la caja en la que venía el pequeño faro de cristales rojos. Corrí hacia la bici, leyendo las instrucciones de instalación frenéticamente sin lograr descifrar el significado de la mayoría de las palabras.

-Un destornillador, papá

-¿Cómo?

-Hace falta un destornillador…hacen falta tornillos…¿Tenemos tornillos papá?

-Tengo tornillos, destornillador,…¿Quieres también una radial o un mazo de teflón?

    No entendía de lo que hablaba, pero le miré y sonreía, y no solía sonreír, así que yo por imitación sonreí también.

-Solo un destornillador y….-repetí yo ,creo que para que entendiera que los quería ahora mismo, en ese instante.

-Y unos tornillos…-dijo mi padre finalizando la frase.

    Cuando terminó de instalar el aparato y por fin lo encendió recuerdo sorprenderme de la potencia de aquella luz que alumbraba todo el pasillo y puse mi mano sobre el cristal rojo y observé cómo se trasparentaban mis uñas volviéndose de un color rosado, casi bello.

-Mira padre- dije yo entusiasmado.

-Ya veo…Oye, debes ir a probarla, con esto ningún coche se acercará a ti por lo menos a diez metros.

-¿Solo diez metros?

-O a cien, si vas por autopista a cien metros.

-¿Yo puedo ir por autopista, padre?

    Apagó la luz y apoyó la bici sobre la puerta mientras me colocaba el casco bien ajustado bajo la barbilla

-Eres listo- dijo mientras unía las bridas- más listo que yo, aunque eso no es difícil, ¿no?

-Umm…¡No!

-Gracias hombre- abrió la puerta y me ayudó a sentarme en el sillín que aún era demasiado alto para mí.

-Hasta luego papá- le dije con impaciencia deseando que todos vieran la luz roja.

-No hijo, cuando uno se va y no sabe cuándo volverá se dice adiós. Así que adiós, pequeño.

-Hasta luego padre- repetí yo tozudamente.

-Adiós ¿vale? Di adiós.

-Adiós, papá.

-Adiós Asier, ten cuidado en los cruces y las rotondas…y en los semáforos.

 

    Fue un auténtico éxito, ni un solo coche me pitó y yo miraba los escaparates  y cristales de restaurantes para ver cómo se reflejaba la luz roja en ellos. Subí la cuesta del mercadillo lo menos diez veces hasta que empezó a anochecer únicamente para ver las caras que ponían los skaters del Parque Well. Esquivaba a los turistas de Las Ramblas con una habilidad desconocida; parecía patinar sobre hielo, deslizarme por el adoquinado, gracias a la seguridad y fuerza de la luz roja. Cuando decidí volver a casa, ya de noche, las piernas me temblaban y sudaba copiosamente, pero me puse como reto no disminuir la velocidad, llegar a casa igual que me había ido.

    Abrí la cancela y apoyé la bici en una jardinera de rosas rojas que mi padre había descuidado últimamente pero hasta que no cerré la puerta de casa no me percaté de que todas las luces estaban apagadas.

-Papá soy yo- dije en alto con los reflejos que desprendía mi regalo chocando y rebotando contra cualquier cosa metálica- ¿Estás en el baño?

    El reflejo rojo era intermitente pero lograba ver sombras inimaginables, sombras en color. Cuando me encontraba en el umbral del salón pareció hacerse el aire irrespirable, denso, y el reflejo rojo no lo abarcaba todo.

-¿Papá?- repetía sin cesar.

    Me adelanté unos pasos y definitivamente, pero alternando oscuridad y calor, topé con sus botas de trabajo flotando en el aire, sosteniendo el peso de mi padre sobre un suelo invisible que se aposentaba en la densidad aérea, con su cuerpo vertical, sus ojos abiertos mirándome sin decir hasta luego y una cuerda al cuello amarrada al banco de madera.

-Adiós- dije, y apagué la luz roja. 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Me he quedado estupefacta con ese final desgarrador, algo así intuía pero me ha dejado de piedra imaginar la imagen. Bien escrito, buen ritmo, no entiendo mucho pues soy una principiante que necesita mejorar horrores, lo único que puedo decir es que me ha encantado, nada más.
    Brutal relato. Y muy bien escrito.
    contestando a tu pregunta te digo: Yo hablo de transmitir amablemente todo lo que sabemos a todos. Sin duda ayudará a más de uno saber hacer una torta, arreglar algo, leer un buen libro que le recomendamos, decirles que ser agresivos, aún con la palabra escrita no es bueno. y si que estén siempre ayudando y sonriendo al otro. No hablo de enseñar teoremas de Pitagoras o Bolzano, porque ya no me los acuerdo. ¿Se entiende? Cariños.
    Empecé a leer tu cuento con cierta desconfianza, tratándose del homenaje a una luz de freno de bici, pero la historia me envolvió como una tela pegajosa. Es la niñez un maravilloso mundo donde cualquier artilugio nos deslumbra (loque se pierden mis sobrinos clavados todo el dia al la tv y al internet)Tremendo final, felicidades.
    Niños a los que les toca envejecer de pronto.
    Excelente relato, muy bien llevado...
    estremecedora esta luz roja. Creas una historia que el lector sabe desde el principio que terminará mal ¿ uno se imagina al niño con la cabeza sangrando sobre el asfalto... y entonces nos devuelves del aterrador viaje ciclista para asfixiarnos en el salón donde el cadaver viaja ya sobre pavimentos invisibles. Buen relato, si señor. Un abrazo, z.
    Escribe tus comentarios...Queda tremendo relato, como una patada alfabética. Asoma esa relación tan frecuente entre padres e hijos donde pese al amor no hay comunicación, nos paseas por la ilusión del niño, y finalmente nos empotras contra la imagen final. Y mejor en engrillas que esos que salen grises. Saludos.
    Con el primer texto ya sabes crear una historia, con sus antecedentes. La oración "como si me hubiera hecho daño de una manera intangible" me ha parecido magnífica. De la misma forma el relato está muy bien trabajado, con unos diálogos muy conseguidos. Cuando al final se adentra en la casa, con esa luz roja, sabes crear una atmósfera opresiva que se va adueñando del texto, raptándote. Muy bueno.
  • Poemillas cortos

    De cómo y porqué nuestras vidas se vuelven rutina

    Un recuerdo.

    Una serie de pequeños poemas de diferentes temáticas. Ya lo publiqué hace tiempo pero con el cambio de web parece haber desaparecido. Espero que os gusten.

    Un poemilla

    Varios poemillas de variada temática. Espero que os gusten

    Leerlo, que no se tarda ná.

    Cuatro poemas seguidos de temática distinta.Espero que os gusten.

    La primera parte de un relato corto sobre una pareja anciana, aunque esa característica sea la menos importante en verdad...

    A la única Cleopatra castellana.

  • 65
  • 4.31
  • 568

Por supuesto leer y escribir. Toda clase de deportes y ,como no, viajar, viajar todo lo posible y cuanto más mejor

Tienda

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.06.20
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta