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8 min
Mago Demoniaco Bao.
Fantasía |
27.11.19
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Sinopsis

Historia corta de mago semiorco.

Bao era un semiorco, nacido de una campesina a la que habían violado unos saqueadores orcos.

Estuvo trabajando en la granja con su madre hasta que cumplió los quince años y se fue a buscarse la vida lejos de su pequeño pueblo donde muchos le miraban mal ya que cuando le forjaron habían perdido varios aldeanos.

Estuvo vagando unos meses por la ciudad de Vandaburgo y fue allí mientras trabajaba de estibador en el pequeño puerto por un salario miserable cuando se dio cuenta de que tenía capacidad de hacer magia.

Tenía tanto frío mientras estaba tumbado con su manta barata que se había traído de la granja de su madre que pensó en lo bien que estaría cerca de un fuego, y de repente se había prendido fuego una pequeña cantidad de paja que había en el suelo, rápidamente se puso nervioso y comenzó a pensar en agua, ¿Dónde encontraría agua de forma rápida? Y el fuego se apagó. Una pequeña cantidad de agua apareció y lo apagó.

Pensaba que lo había soñado, pero se dio cuenta de que el suelo estaba algo chamuscado así que pensó que podría ser interesante acudir a un colegio de magia del estado, sabía que los estudios a los magos estaban subvencionados por el estado pues no había muchos y eran muy necesarios para la guerra.

Por suerte para él en Vandaburgo había un colegio y tras ser analizado por varios magos del colegio se demostró que tenía aptitudes para la magia, aunque no muy prometedoras. Y los tres años de estudio lo confirmaron, sus capacidades rozaban lo penoso, pequeñas llamas, ridículas cantidades de agua, ligeros vientos que no podían impulsar cosas pesadas, solo podía congelar pequeñas cosas… pero al ser semiorco era fuerte y había aprendido varios trucos para compensar su falta de capacidades.

El contrato le exigía permanecer tres años de mago de batalla para el ejército del ilustre estado de Vitalia y así fue como se comenzó a gestar su leyenda, el mago de batalla más sanguinario de los últimos cien años, no llevaba báculo si no una vieja espada bastarda y un escudo redondo y barato de madera, aunque sí llevaba una capa llena de bolsillos donde llevaba trapos impregnados de aceite, botellitas de cristal con agua, botellitas de cristal con gases irritantes y pequeñísimos shuriken envenenados.

Fue asignado con el centurión Tuyco. Debían dirigirse al fuerte Yantir, cerca de la frontera con el reino de Aktuapo.

Durante el trayecto fueron emboscados por decenas de arqueros que atacaron desde la izquierda y luego huyeron en el bosque donde estaban.

En ese primer ataque cayeron trece soldados y la mayoría de los caballos.

Tuyco ordenó a tres decuriones que persiguiesen al enemigo mientras por cautela se preparó para un posible ataque y creó una zona de protección para los heridos con varias carretas.

El ataque no tardó en llegar, pero para ese entonces tanto los soldados como Bao estaba preparados, Bao lanzó dos botellas de gases hacia los enemigos y cuando se rompieron a sus pies usó su magia de viento para que se expandiese lo más posible y afectase al mayor número de enemigos posibles, así frenó en avance del enemigo que se vio sorprendido por esa triquiñuela.

Los arqueros de Vitalia lanzaron sus flechas y abatieron a más de treinta enemigos que corrían como pollos sin cabeza mientras se frotaban los ojos doloridos por los gases de las botellitas.

Los soldados armados con espada y escudo de Vitalia se lanzaron en persecución de los restantes enemigos y dieron buena cuenta de ellos.

Tuyco le dio las gracias a Bao por su rápida reacción que había minimizado las pérdidas de soldados.

Con los cuatro caballos que quedaban solo pudieron usar dos carros así que destruyeron lo que no podían llevar consigo que por fortuna tampoco era mucho y siguieron rumbo a Yantir.

Dos días más tarde vieron las ruinas humeantes de Yantir, el pequeño fuerte había sido asediado y quemado por los enemigos.

Tuyco ordenó que se levantara un campamento provisional y que se cavasen unas zanjas alrededor para protegerlo un poco.

Horas más tarde llegaron algunos aldeanos de pueblos cercanos que también habían sido atacados y que no sabían que hacer y estaban huyendo al fuerte cuando se dieron cuenta de que también había sido atacado, fueron acogidos de buen grado, aunque eso supondría más bocas que alimentar y no iban muy sobrados de alimentos.

El centurión con los ochenta y dos soldados que le quedaban y con los quince aldeanos que se habían refugiado en su campamento comenzó a planear sus siguientes acciones.

Un grupo de cuatro soldados fue enviado de vuelta a Victoria, la capital del estado para informar al presidente de la república de Vitalia.

Dos grupos de quince soldados patrullaban por turnos los alrededores del campamento en misión de vigilancia.

Un grupo de treinta soldados y los diez aldeanos adultos se encargaba de recolectar alimentos y madera por los alrededores.

El resto permanecía defendiendo el campamento y mejorando la defensa del mismo mediante trampas y muros de madera.

Tras una semana y media de relativa calma la patrulla que estaba de turno en ese momento descubrió un avance enemigo. Por fortuna para ellos, el enemigo estaba confiado pues sabía que había destruido el fuerte y no esperaba encontrar resistencia, pero Tuyco estaba listo para darles una sorpresa de lo más desagradable.

Doscientos soldados del reino de Aktuapo avanzaban confiados en una pésima predisposición de las tropas. El general debía ser un inepto, aunque se podía ver claramente que contaba con ingentes recursos, detrás del todo y sin protección alguna avanzaban dos pequeñas catapultas.

Su carruaje ostentoso y colorido era tirado por seis buenos caballos y según se podía ver el ejército contaba con un gran número de caballos.

Detrás de su carruaje iba otro parecido de ostentoso pero mucho más sombrío, decorado con calaveras y símbolos mágicos.

Tuyco y Bao hablaron de lo que este último podía y no podía hacer y Bao le habló que lo mejor que se podía hacer era envenenar a los caballos con sus pequeños shuriken impulsados por su magia de viento y que más tarde los arqueros hiciesen fuego incendiario sobre los carruajes, pero especialmente sobre el del mago enemigo.

La mayoría de los caballos fueron envenenados por los shuriken, también los de los soldados que iban a caballo, que se mostraban extrañados cuando los caballos se iban ralentizados por los efectos del veneno lento.

Y el ataque no tardó en llegar, decenas de flechas fueron directas a los carruajes que iban en el centro de la caravana que empezaron a arden rápidamente.

El general salió envuelto en llamas mientras se tiraba a rodar por el suelo tratando de apagarlo.

El mago tuvo más suerte y tras lanzar su capa envuelta en llamas al suelo hizo alarde de una poderosa magia de viento alejando las nuevas flechas que se dirigían hacia él.

Las tropas de Vitalia se lanzaron entusiasmadas contra los desorganizados enemigos que veían como su general se quemaba entre gritos de dolor.

El que más complicaciones trajo fue el mago enemigo, que lanzó varias enormes bolas de fuego y mató a nueve soldados de Vitalia.

Lo que el mago no se esperaba era que un frasco con agua le reventara en la cara, cuando todavía estaba parpadeando se congeló el agua y no pudo ver nada y poco más tarde se dio cuenta de que había sido ensartado por una espada.

Bao retiró su espada del mago enemigo y tras sacarse varios trapos los fue lanzando con su viento contra enemigos, aunque previamente y justo tras lanzarlos usó su magia de fuego para prenderlos. Cuando llegaban al enemigo, no tardaban en quemar rápidamente al pobre desgraciado.

Cuando la batalla hubo terminado Bao saqueó el cadáver del mago enemigo y obtuvo algunas cosas interesantes para un mago poderoso pero que a él no le servían más que para revenderlas, con su pésimo nivel de magia era incapaz de usarlas, aunque al menos sabía su valor en el mercado y le darían unas cincuenta monedas de plata por ellas.

Por su parte Tuyco obtuvo dos catapultas que estaba intactas y servirían bien para la defensa del campamento.

 

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Vimara significa "Famoso en la Batalla", como el señor de la guerra y caudillo gallego que reconquistó Oporto a los moros. Desde pequeño me han gustado la fantasía y la ciencia ficción. Ya de niño me inventaba mis historias y ahora quiero escribirlas. Propicios días/noches.

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