cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

8 min
Mañana será otro día (2)
Reflexiones |
15.04.19
  • 4
  • 2
  • 257
Sinopsis

Queridos compañeros de las letras: os dejo la segunda parte de esta historia con el ánimo de una grata lectura. Saludos y disfrutad de la semana.

.../...

Subieron al lugar de trabajo y nada más sentarse Pedro colocó encima de la mesa un muerto. Sus tres colegas se miraron unos a otros como diciendo “¡yo no he sido!”. A Miriam le entraron unas ganas tremendas de encender un cigarrillo, pero tuvo que reprimirse. Gregorio, se frotó las manos y se le encendieron los ojos y Ángeles, agachó la cabeza dibujando telarañas en una esquina del folio. Por la ventana penetraba el agudo canto de los vencejos.

_¡Un muerto! –Miriam, abrió la lata -¿Y ahora que hacemos con él?

_Averiguar quién lo ha matado y cuales fueron los motivos –dijo Pedro.

_No está mal, pero esto debería ser el resultado final de nuestra historia, aunque lo coloquemos al principio como has hecho tú –dijo Gregorio.

_A mí es que los muertos me dan repelo ¿no es mejor que hablemos de amor?

_Lo uno no quita lo otro, Ángeles, puede ser una historia de amor con resultado trágico –dice Miriam – puede ser que se viesen a escondidas y al ser sorprendidos...

_¡Un momento! –cortó Pedro- el dueño del muerto soy yo, y aún no he dicho que clase de muerto es. Me parece bien la puntualización de Gregorio, pero mi muerto no estaba muerto.

_¡Ay, lere, lerelelele! ¡Ja,ja,ja! –brincó Ángeles.

_¡Ja,ja,ja,ja! - ¿entonces que clase de muerto era? – saltó Gregorio.

_Pues alguien al que todos creían muerto –respondió Pedro.

_¡Ya tenemos el conflicto! –dijo Gregorio.

_Con lo cual es el momento de plantearle al resto del personal qué postura conviene tomar. – sigue Miriam.

_¿Sabíais que el tabaquismo y el estrés son dos de las causas principales del debilitamiento esofágico del diafragma? –medió Gregorio.

_Yo lo que sé es que eres jartible ¿a qué viene eso ahora? –dice Ángeles.

_Lo digo por lo del medio muerto, es que hay veces que se siente así, si hacemos que fume mucho y que no pare en todo el día y si está estreñido, mejor, podemos hacer más creíble la situación del rigores morti o como se diga.

_Se dice “rigor morti” –apunta Pedro, pero no se yo si...

_Seamos serios, camaradas, la disciplina lo primero. Ángeles, por favor ¿por qué no divagas algo más? Llevamos mucho diálogo ¿por qué no algo de narración?

_De acuerdo:

La aparición del muerto creó un cierto desasosiego entre los hilvanadores, por lo que ello implica y porque una vez dado ese paso, ya no había marcha atrás. Enmudecieron. Por los grandes ventanales del salón se divisaba la copa del ficus y aquel cartel: “Visado = seguridad,, por una sociedad más segura”.

_¡Ya lo tengo! –gritó Gregorio - ¡Un inmigrante!

_¿Un inmigrante? –dijo Pedro - ¡explícate!

_Eso, un inmigrante de los que pululan por la orilla del río, sin papeles, aparece flotando.

_Bien, y como no tiene papeles, no estaba muerto, porque no se sabe quién es –dice Miriam.

_Qué fácil lo estáis poniendo, pero ¿habrá un motivo?, ¿lo empujaron?, ¿se cayó?, ¿se suicidó?, ¿hay testigos? –pregunta Ángeles.

_Pudo entrar a robar en una casa, lo descubrieron, lo persiguió la policía y cayó al río. Un muerto indocumentado que no constaba en ningún sitio – dice Pedro.

_En algún sitio constaría – dice Ángeles.

_ Bueno, vale, allá en su tierra, pero eso es otra historia – dice Pedro.

_Es la misma –dice Gregorio.

_Ángeles, te dije que divagaras. Al final te has enrollado cuatro líneas y enseguida a lo cómodo, que hablen ellos.

_Según mi punto de vista, es lo correcto –corta Pedro.

_Y además ya sabemos a quién le está pasando –señala Gregorio.

_Yo situaría la escena allí abajo, en la plaza –dice Miriam – la gente habría llegado en protesta por la situación justo debajo del cartel, se produce un alboroto, surge una navaja y...

_La tos – corta Gregorio.

_¿Otra vez con las causas? –dice Pedro.

_No, ahora lo considero como una consecuencia esofágica. Al pobre muerto se lo pudieron liquidar de esa manera y luego llevarlo al río, con lo cual ya tenemos el dónde ¿no es así Ángeles?

_Lo mismo me da que se medio muera cayéndose al río que en una trifulca. Para el caso...

_¡Joder tía! ¡Qué poco escrupulosa! No es lo mismo –dice Miriam.

_Seamos prácticos, compañeros –añade Pedro.

_¡Vamos, vamos!- achucha Ángeles.

_¡Un momento! Dejadme terminar: el caso es que el pobre muerto había estado en el hospital haciéndose una prueba, por lo tanto...

_¡Acabáramos! –exclama Pedro.

_¡Por lo tanto!, sigo, hay datos del indocumentado y además de ahí podemos enlazar con la idea generadora...

_¡Eso si que no! – protestó Miriam.

_Mejor lo dejamos –dijo Pedro.

_Es la hora del aperitivo – señaló Ángeles.

Los naranjos, otra seña de identidad, sirvieron para que la fachada del edificio fuese bombardeada con la amargura de su fruto, así como con algunos huevos crudos y pintura de colores. Eso no se lo esperaban los tímidos manifestantes, que se vieron rodeados en un instante por otros jóvenes encapuchados que gritaban fuera de sí. Los guardias de seguridad del edificio próximo en vista de los acontecimientos decidieron llamar a la policía, algunos vecinos también lo hicieron, pero no dio tiempo a que llegase ningún miembro del Cuerpo de Seguridad. En un momento, las calles adyacentes a la plaza se llenaron de gente corriendo, saltando por encima de los coches aparcados, cayéndose, dejando alguna zapatilla en el olvido y procurando llegar a la esquina más cercana para perderse. Pancartas, panfletos, gorras y camisetas quedaron diseminados por todas partes, dando la impresión que acababa de terminar el mercadillo dominguero, del Charco de la Pava. A la mañana siguiente aparece el cuerpo flotando sobre el río.

_En cuanto te he dejado sola, te explayaste –protesta Pedro.

­_No se yo qué decirte. Si con esa fotografía no te metes en el ambiente ¿tú me dirás? ¿o es que quieres que todo sea diálogo? –contesta Ángeles.

_Lo que pretendo es no sobrepasar las dos líneas en el divague –dice Pedro.

_Pero es que aquí entras de cabeza en la acción, no hay escapatoria, no me voy por las ramas ¿vosotros qué opináis?- dice Ángeles.

_Que defiendes muy bien tu postura -apunta Gregorio – estoy contigo.

_Y yo –interviene Miriam – sólo que el cuerpo debería de aparecer sobre el mismo escenario, ese traslado hasta el río, cuando todos salen corriendo, me parece ya demasiado. Esas cosas se hacen cuando hay nocturnidad y alevosía, pero ahí con tantas prisas y tantos testigos.

_ En eso tiene razón la compañera –apunta Pedro - , no enredemos más el conflicto que nos va a costar Díos y ayuda salir airosos de él.

_Estoy de acuerdo con Pedro, aunque el paciente llega al hospital por una estrangulación, ulceración, hemorragia o perforación del estómago, de lo contrario no hubiese acudido. Así que quedémosno con el pobre muerto recostado en la base del ficus como si estuviese durmiendo, entre sus raíces, y de esa manera podría pasar desapercibido hasta que llegase la poli –remató Gregorio.

_Y de camino ya tenemos el por qué – dice Ángeles.

_Lo tendrás tú, querida, porque yo no lo veo – dice Miriam.

_¡Ay hija! Está claro que iban a por él, los de la capucha estaban a favor de la pancarta esa del balcón, llevaban intenciones de hacer daño – replica Ángeles.

_Ya, ¿pero por qué a él? –insiste Miriam.

_Porque a alguien le tenía que tocar –corta Pedro – no es que fueran a esa persona en concreto, querían hacer sangre porque estaban en contra de los que protestaban y le tocó a mi muerto.

_Medio muerto –dice Gregorio – no lo olvides. Nunca se averiguará de quién se trata. Si bien es cierto que estuvo en el hospital, los datos no son fiables. No se da con los amigos o no coinciden las pistas. Tampoco hay demasiado interés: él no fue el causante de la muerte, sino la víctima.

_Terminarás convenciéndome, compañero –apunta Miriam -, cuando en una mesa de trabajo se va viendo el final del túnel, es hora de pensar en otra cosa.

­_¿Por ejemplo? –pregunta Ángeles.

_En que bajemos a comer algo –responde Miriam.

.../...

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 127
  • 4.58
  • 95

Tengo a la Literatura por bandera dentro del convulso mundo que nos ha tocado vivir.

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta