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8 min
Mañana sofocante
Humor |
06.01.17
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Sinopsis

 El día inició con unos modestos °28 que iban en ascenso, sobre el cielo no había ni una sola nube lo que anticipaba que sería una jornada pesada. Supo que en breve las bolsas de basura a sus alrededores empezarían a heder así que se decidió por salir a caminar un rato. Se levantó volteando las latas y las cajas vacías apiladas a su lado, se estiró mientras dejaba escapar un bostezo mañanero y sin más, se puso en marcha.

 La tranquilidad y serenidad en las calles duraron poco y, en menos de un santiamén, los autos y las motocicletas inundaron por completo las inmediaciones creando un solo sonido insoportable de bocinazos y gritos insultantes. Le molestaba aquel ruido ensordecedor, así que cruzó la avenida principal para dirigirse a la plaza, donde seguramente encontraría más tranquilidad. En su camino, no se percató de que un ciclista venía a toda velocidad por su derecha y éste, en un intento por esquivarlo, perdió el equilibrio y termino de cara contra el suelo. El hombre se puso de pie, recogió su casco y soltó una ráfaga de groserías dirigidas a quien había provocado su caída. Él, por su parte ni se inmutó, apenas y se molestó en esquivar el accidente y siguió caminando.

 Una vez llegó a la plaza se dirigió a la fuente de agua. Se acercó al borde de la misma, asomó la cabeza para asegurarse de que tuviera agua y al ver que el nivel era muy bajo se metió cuidadosamente en su interior para refrescarse un poco. Se mojó completamente y aprovechó para beber un poco de la misma, pero su momento de tranquilidad se vio interrumpido cuando un grito resonó a sus espaldas. Al girarse se dio con que era el barrendero de la plaza, el mismo con el que había tenido un altercado bastante violento la semana por meterse a la fuente también. El hombre se acercó corriendo armado con una gran escoba dispuesto a partírsela en la cabeza para correrlo de una vez por todas, así que sin pensarlo mucho, salió a los tropezones de la fuente y se echó a correr para evitar una confrontación nuevamente. Una vez estuvo lejos y a salvo de su agresor, se calmó, recobró el aire e inspeccionó la cuadra. A lo lejos, en una banca, vio una abuelita decrépita con unos lentes de sol que parecían parabrisas templados. Sentada allí, distraída con su bolso sobre las piernas y a punto de darle la primer mordida a una salchicha con mayonesa que había comprado en un puesto que estaba a sus espaldas. Al ver a esa mujer indefensa supo que era una oportunidad de oro. Sin mucho disimulo, se acercó por su izquierda lentamente y antes que la anciana se percatara de que estaba allí, de un solo movimiento certero y preciso, le arrebató la salchicha de las manos y se echó a correr nuevamente mientras la octogenaria mujer gritaba a cuatro vientos -¡Hijo de mil putas!-. El hombre del puesto de salchichas presencio todo lo sucedido e igualmente indignado, se dirigió a la mujer mientras meneaba la cabeza de lado a lado –Son una plaga realmente señora, no se preocupe, le regalo otro-.

 Una vez con el estómago lleno, se dispuso a buscar un lugar fresco donde pasar las siguientes horas, pues el sol estaba pegando como nunca y las moscas lo seguían como si estuvieran atadas a él. Caminó por las calles del centro hasta que vio unas puertas abiertas, eran las puertas de la escuela, donde todos los cursos tenían aire acondicionado. Al ver que no había nadie vigilando, se decidió por entrar rápido y sin que lo vieran.

 Mientras caminaba por los pasillos, se topó con un grupo de adolescentes varones, quienes lo miraron con un poco de repulsión e indiferencia. Se asustó, pensando en que podrían correrlo, pero más allá de soltar unas risas no hicieron nada más. Aliviado, siguió caminando hasta que por fin encontró lo que le aseguraría una estadía pasajera, un grupo de colegialas. Él sabía perfectamente cómo lidiar con las mujeres y más si eran jóvenes. Así que se acercó disimulando un encanto juvenil y poniendo una expresión de inocencia en su rostro un tanto patética pero que sin embargo, provocaron que al verlo, las chicas se ruborizaran. Él sabía que a ellas les gustaba reírse, así que no se negó en hacer un par de payasadas para de esa manera, dejarlas comiendo de la palma de su mano. Encantadas con su carisma, el grupo de amigas se las ingenió para llevarlo a escondidas hasta el curso donde tenían clases y lo metieron debajo de un banco para que la profesora, que estaba a punto de llegar, no lo viera. Una vez allí, fresco y a gusto, se acomodó junto a las mochilas y se dispuso a dormir una siesta.

 Algunos alumnos lo miraban con asco, otros con gracia y otros simplemente le eran indiferentes.  -¡Saquenlo de acá! ¿Quién lo dejó entrar!- gritaban los del frente –Dejalo tranquilo, si no está haciendo nada- respondían las chicas -¡Dejalo Dejalo! Quiero ver la cara de la vieja cuando lo vea- gritaban a las risotadas los del fondo.

 Entre gritos y gritos la profesora llegó y al ver semejante desorden no dudó en sacar la regla de madera de 40 cm y dar un contundente golpe contra el banco que dejó el aula en silencio. El golpe lo despertó y al escuchar que se trataba de la profesora se asustó bastante, ya que sabía que si ella lo veía iba a meterse en un lío. La mujer frunció el ceño y observó a sus alumnos lista para tomar represalias -¡A ver si aprenden un poco de modales mocosos inmaduros! Ahora por graciosos van a tener un coloquio sorpresa- exclamó con la voz ronca y áspera mientras caminaba entre los bancos. Los alumnos no se atrevían a interrumpirla, ni si quiera los que querían alertarla sobre el intruso, así que dejaron que se diera cuenta por sí sola. De repente, y mientras seguía reprochando a los estudiantes, la docente vio algo extraño bajo el pupitre del fondo y al ver que sus alumnos se miraban de reojo insinuando algo entre sí, supo que estaban escondiendo algo. Se dirigió a los gritos -¡A ver que metieron acá montón de!...-  y antes de terminar la oración corrió el banco para dejar expuesto lo que allí estaba escondido. Al verlo todo huesudo y hediondo la mujer soltó un alarido espantada que generó que los alumnos estallaran de la risa. Él supo que ya no había vuelta atrás y trató de salir corriendo pero, para su mala suerte, la puerta estaba cerrada. La docente siguió gritando hasta que alertó a los muchachos de la ordenanza, quienes acudieron inmediatamente en su ayuda. Al entrar al aula lo vieron corriendo entre los bancos mientras algunos chicos se encogían de hombros asustados y otros chillaban de la risa. Entonces, sin dudarlo, se abalanzaron sobre él intentando golpearlo con sus escobas. Algunos alumnos lloraban de la risa, otros aprovechaban el desorden para arrojarse bollos y aviones de papel, la profesora gritaba espantada subida sobre la mesa y la ordenanza correteándolo de un lado a otro a escobazos, la escena era simplemente un espectáculo. Después de mucho correr, pudo salir por la puerta del aula y se dirigió a toda velocidad hacia la salida, que por suerte seguía abierta. A sus espaldas los muchachos venían pisándole los talones dispuestos a propinarle una paliza para que no volviera a ingresar a la institución. Tomó aire, apuró el paso y así logró evadirlos y escapar por la entrada principal. Los perseguidores, al ver que se había escapado, frenaron poco a poco hasta que se quedaron parados en la puerta de entrada, exhaustos por tanto correr para observar indignados como el maldito perro se alejaba, ahora caminando tranquilamente por la avenida principal. 

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  • Sea vagabundo o el animal que al final ha sido, creo que más que humor es drama, porque en muchos casos -y otros que no se dan a conocer- la realidad es así. De todas maneras la historia si tiene parte de divertida : ) saludos.
    una divertida y entretenida historia, ¡ME ENCANTO! saludos y un beso querido K1 ;)
    Un placer volver a leer uno de tus relatos, un saludo
    Parecía un vagabundo a primera vista, y he visto que en realidad es un perro. Padezco de que en es un trago agridulce por la simple razón de que es una realidad, haciendo una similitud en las faltas de oportunidades de gran parte de la sociedad a las personas que ya no saben como pedir ayuda, o por lo menos eso he visto, pues hay mucho desamparo. Viento tu texto, presentas las aventuras y el razonamiento de este cuadrúpedo y su paseo por las ciudad, muy bueno k1, saludos.
  • La tierra vuelve a rotar nuevamente

    Esta historia ocurrió de verdad y me gustaría compartirla con ustedes. Espero que la disfruten, un saludo y un abrazo!

    No soy mucho de la poesía, de hecho, este es el primer trabajo de este tipo que publico. Pero no podía expresar lo que quería expresar de otra manera. Espero que esta prosa poética les guste, un saludo y un abrazo!

    Antes que nada quisiera aclarar que este relato no tiene como propósito atacar o hacer algún tipo de alusión a cuestiones religiosas o de creencias. Dicho esto espero que lo disfruten, un saludo!

    Nunca entres al monte de noche si no hay luna en el cielo, pues es cuando las cosas aparecen.

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