14 min
MANTENGAN LA CALMA
Drama |
17.02.12
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Sinopsis

A once mil setecientos pies de altura... a un avión le ha explotado uno de los motores.

A once mil setecientos pies de altura, lo bastante lejos como para que nadie le otorgue la importancia merecida o sepa de las preocupaciones ajenas, a un avión con ciento ochenta y dos personas a bordo le ha explotado uno de los motores. De la explosión, que nunca se sabrá su procedencia, el ala ha comenzado a desintegrarse, o al menos eso es lo que dicen las personas de ese lado del avión que contemplan a través de las ventanillas como se deshace un puzzle. A nadie, excepto a las ciento ochenta y dos personas le importa si el motor es del ala derecha o izquierda, si bien el desconocimiento del accidente nos hace vulnerables a opiniones desagradables. Realmente, con el pensamiento frío, siquiera a las ciento ochenta y dos personas le importa mucho si ha sido la derecha o la izquierda. El caos dentro del aparato es de tal magnitud que sería en balde describir la estampa. Además, creemos injustificada la tarea de documentarla pués, quién es capaz de recordar algo parecido y, en todo caso, quién ha visto algo igual. Nadie. Es sencillo inventar situaciones y adornos que nadie ha visto y muchos han imaginado pero la ignorancia del desconocimiento nos abre la frontera de la imagen sobre folio en blanco y la curiosidad le va dando forma con trazo fino. El dibujo, comúnmente, suele ser escabroso, de hay la reticencia hacia una explicación detallista. Aquí no habrá una descripción. Si podemos mostrar otro tipo de detalles que nunca se han dado, aquellos que se escapan al entendimiento y que quedaran sepultados junto a los pasajeros y sus sentimientos, la imagen escabrosa queda para la ignorancia y la autoestima.

 

 

-Cariño... te quiero-

-Lo sé. Yo también te quiero.-

-Ya, ya... pero te quiero de verdad. Te quiero mucho. A pesar de todo. Para mí es importante que lo sepas.-

-Esta bien, ya lo sé. ¿Te encuentras bien?-

 

 

[Once mil setecientos pies] Uno de los motores explota llevando consigo parte del ala. Los pasajeros creen que ha sido una turbulencia ante la imposibilidad real de creer que algo malo va a suceder. Es el pensamiento que lucha con la realidad y la ofusca para no encontrar el terror cerca, el que a uno le acecha. Es una explosión y lo saben, pero creen que puede ser el aire y así lo hacen saber. El piloto del aparato no tiene ninguna duda, y comienza a blasfemar. El copiloto mira al vacio y con las manos estira los anclajes del arnés de seguridad; espera sentirse más seguro pero acto seguido se desmaya. Los pasajeros del lado de la explosión, diferente cultura y edad y sexo y religión y situación económica tararean la misma frase al unísono: ¡Oh, Dios mío! La penuria no discrimina, actúa. Cuando las mascarillas de oxigeno caen del techo, se origina el caos y el frenesí por hacer algo que no sea lógico pero sí válido en este momento. Correr, gritar, desesperarse, llorar. Todo es lógico, hasta pensar en la salvación porque siempre, hasta el último momento de la ilógica es comprensible pensar en la salvación.

 

 

-Si, bueno... estoy un poco mareada pero estoy bien-

-No te preocupes. Todo saldrá bien... -

-No sé cómo puedes decir eso.-

-De verdad. Todo saldrá bien. Confía en mí. ¿Confías en mí, cariño?-

-Sabes que sí... Y tú cariño, tú... ¿Tú confías en mí?-

-Claro. No tienes ni que preguntármelo.-

-Tengo... cariño, estoy embarazada.-

 

 

[Diez mil cincuenta pies] El avión de pasajeros cae con una injustificada calma a pesar de su gran problema. El fuego del motor ha desaparecido y en su lugar un agujero en el ala nos indica el porque. El piloto continua maldiciendo mientras sujeta el mando del incontrolable avión con una mano y con la otra golpea la cara del copiloto que continua desmayado. Ninguna de sus acciones le da resultados. El pasaje, una vez aceptada la realidad, ha entrado en una locura irracional que varia del estallido emocional a la agresividad según el vaivén del aparato los arrastre hacia un lado u otro. El ruido es ensordecedor y nadie hace caso de las indicaciones de las azafatas que heroicas, se aferran a la profesionalidad de la ingratitud para intentar mantener el desorden. “Mantengan la calma, por favor. Siéntense y mantengan la calma” dice una de ellas con lágrimas en los ojos. Nadie le hace caso porque no presienten veracidad en las palabras. A veces es tan difícil mentir... A través del caos, entre maletas y pisadas y agresiones y bolsas de oxigeno, una pareja, asientos cuarenta y cuarenta y uno de la clase media, incomprensible en apariencia se han mantenido en sus asientos desde el comienzo del fin y, allí continúan. Observan sin mostrar sentimiento al resto del pasaje y tal vez la única demostración de que forman parte de la desventura son sus manos, que permanecen agarradas, unidas.

 

-¡Dios mío, cariño! Es magnifico, cielo santo cielo santo. Cariño, que alegría. Sabes, a pesar de todo... es increíble, en estos momentos, es... es increíble. No sé cielo, has elegido un momento. No sé cariño... es la noticia que más ilusión me ha dado en la vida, pero... pero el médico me dijo que era... que no era... bueno, ya lo sabes-

-...pero... ¿no te alegras? Hubieras preferido que no te lo hubiera dicho verdad. Sabes, ya lo tenía pensado decírtelo hace tiempo, pero... no es fácil para mí.

-¿No es fácil para ti?. Cielo no digas eso, es... es nuestro hijo. El momento no es el idóneo, pero haces bien. Haces bien... Joder, nunca lo hubiera imaginado. Pero, ¿de cuánto estas?

-De siete semanas.

-Siete semanas. Cariño, ¿siete semanas?.

-...

-Nos casamos el jueves. Hace dos días cariño. El médico nos dio los resultados la semana pasada... No lo entiendo, ¿qué ha fallado?-

 

 

[Ocho mil ochocientos veinte pies] En tierra firme las autoridades nacionales ya saben de la desgracia aunque reflexivamente cualquier decisión desde allí abajo, es inútil. El piloto, experimentado tras años de vuelo se desespera con los mandos del avión que desoyen las ordenes que se le encomiendan. El piloto ríe a carcajadas, grita de pavor mientras hace extraños ruidos imitando el sonido de los motores. El copiloto despierta en ese momento pero, al ver la estampa de su compañero cree ver a su hijo pilotando el avión, y vuelve a desmayarse. El avión cae en picado. El pasillo del fuselaje, donde su exclusiva decoración se ha transformado en un motín, muestra el sufrimiento y la desgraciada locura del ser humano en condiciones a las que no ha sido preparada. El humano en acto inhumano. La vida se revela como una aceleración de sentimiento, y este se transforma en monstruoso cuando ha perdido el control. No es posible encontrar ninguna estampa fuera de la realidad. Una de las azafatas sufre una agresión sexual de un grupo de jóvenes mientras sus compañeras pelean, todavía, para que el pasaje mantenga la calma y permanezcan en sus asientos. Las disputas por lo inverosímil se esparcen como una mancha sobre el mantel, sigilosamente. La pareja, apartada de la realidad, continua sentada en sus asientos aunque ahora guardan silencio y lentamente han separado sus manos. Él observa como una mujer de mediana edad recoge una pulsera perdida en el alboroto y se la guarda en el sostén. Cuando levanta la mirada observa al gentío por si hubiera testigos. Respira consolada.

 

-Nada ha fallado.-

-Entonces... -

-Entonces... ¿entonces tú que crees?. Es increíble... -

-¿Cuándo fue?-

-En el viaje. En el apartamento de la playa-

-Dios mío... ¡Joder!...Se puede, se puede saber porque me cuentas esto-

-Pensaba, no sé... yo te quiero, cariño. Siempre te he querido y... tal vez te lo digo ahora para que sepas que siempre te querré. En lo favorable y en la adversidad, ¿te acuerdas?. Tienes que creerme. Tienes que hacerlo-

-¿Pensabas? Pensabas... ¿Y en qué coño pensabas cuándo lo estabas haciendo con otro tío?-

-Fue... fue un error, lo siento mucho. No pensaba en nada. Estaba bebida. No pensaba en nada-

-Ya... y se puede saber quién es el padre ahora que ambos sabemos que yo no.-

-Bueno... -

-¡Crees que en este momento importa mucho con quien te lo montaste! Sabes, tienes suerte que ahora sea lo de menos. Debes... no sé. Aprovecha el momento cariño, por lo visto sabes hacerlo.-

-Tienes un hermano, cariño... –

 

 

[Tres mil pies, aproximadamente pués, tal es la velocidad de caída que, bueno..., da igual] Tras laboriosa investigación las autoridades han calculado, aproximadamente, la zona de... bueno, el punto de... Más o menos a diez kilómetros de la costa, en pleno océano. A pesar de las prisas por acudir a la zona la desventaja es grande pero, un aterrizaje de esta magnitud salva cualquier sufrimiento de apremio o una carga existencial de culpabilidad. En tierra existen nervios por lo que va a ocurrir aunque dentro de cada una de las personas que se preparan para partir fluye cierto alivio de pesar. Limpieza de alma. El avión continua su descenso. Es suave el surcar, a pesar de todo. En la cabina de pilotaje las luces de alarma y los diferentes aparatos de medición bailan junto la locura del piloto, aunque tal vez haya generado un sentimiento de lástima en los mandos del aparato y éste ha vuelto a hacerle caso. O eso grita cuando cree que aparentemente todo vuelve a controlarse. El copiloto, drogado por la verticalidad, da bandazos con la cabeza sobre el pecho y los brazos y cualquier cosa que aparece a su lado. De vez en cuando abre los ojos, reanimado por el último instante, pero cada vez que mira a su oficial babear de éxtasis y en él cree ver al mismo diablo al volante de su vida, recae en el subconsciente. Acaba de darse cuenta que es padre del diablo. Prefiere el jardín eterno, tal vez allí él sea el único piloto capaz. El compartimiento de pasaje. Allí, dentro de un pensamiento humano, ha nacido una nueva especie. Se comunican... no, no se comunican. Su realidad efímera los convierte en animales. Es una nueva especie animal con aspecto humano. El comportamiento les delata. Actúan por impulsos nerviosos que reaccionan al mínimo contacto con semejantes. Quietos aparentarían humanos. Hay disfraces de azafatas por el suelo, libros, bebidas, ropajes y sangre esparcida. Hay peleas sin ningún tipo de discusión. Hay gritos sordos sin razón aparente y personas animales que chocan entre sí cuando se dirigen sin motivos hacia lugares sin motivo. El raciocinio animal le dicta a un aparente señor normal a abrir una de los portones de entrada, no, no de entrada, de salida pués, todo humano aparente sale del aparato succionado por la aventura y desaparecen rápido. Nadie le ha disuadido en el acto. Algunos se golpean con el fuselaje nada más salir pero no lo reprochan, o eso aparentan cuándo caen al vacio sin vida y sin rencor por haberla perdido. Sólo quietos aparentan humanos, siquiera cuando caen muertos lo parecen. Otros, los pocos de la nueva especie que quedan dentro, se agarran a la vida y a los asientos, pero en estos casos sólo el cinturón de seguridad hace realidad a su nombre. Ha sido la especie animal más efímera de la historia, extinguida por la ansiedad humana. Pocos segundos después sólo dos personas quedan dentro del habitáculo del pasaje. Se mantienen sentadas como al principio, tal vez no se han dado cuenta de lo sucedido, tal vez lo sucedido no les ha sucedido, tal vez lo sucedido no les afecta a ellos. Ha nacido una nueva especie. Es una nueva especie animal con aspecto humano. El comportamiento... el comportamiento es extraño, pués parecen hibernados, paralizados ante el devenir del tiempo. No se miran, no se tocan, no se sienten. Si se movieran, parecerían humanos.

 

-Mi hermano... eres una puta. Mi propio hermano... -

-No. No cariño, no me has entendido. Mi hijo es... mi hijo será hermano tuyo.-

-No puede ser...

-Sí cariño. Lo siento-

-No... no es posible... mi padre y tú...

-Si puede. Haz memoria. El me acompaño a la habitación porque... porque estabas demasiado ocupado jugando a las cartas. Y... bueno...

-Fue... té forzó a hacerlo...

-No.

-Eres una puta. Eres una puta de mucho cuidado. Una puta barata es lo que eres.

-Lo siento, lo siento. De verdad cariño, lo siento de corazón. Fue un calentón por la bebida. Compréndelo. Tienes que perdonarme. No estamos en situación de llevarnos por el rencor y el odio. Tenemos poco tiempo para el perdón. No podemos acabar de esta forma tantos años juntos. Hay tantos recuerdos maravillosos por los que luchar...

-¿Qué lo comprenda?... que lo comprenda. Es increíble. El padre del hijo de mi mujer es el mismo que el mío. Y tú quieres que comprenda eso...

-Sí cariño. Debes hacerlo...

-Está bien... esta bien. De todas formas. Esta bien.

-Me... me perdonas cariño.

-No... no lo sé... no lo sé. De verdad. ¿Qué quieres que te diga?

-Me dijiste que confiara en ti, que saldríamos de esta situación. Yo lo hice y te he contado algo que... bueno, que a pesar de saber que continuaremos juntos, el perdón existe por algo, comprendes...

-Pero... aún piensas que saldremos de esta. Y... esto es ya la leche... piensas, de verdad piensas que...

-Imagina que logramos salvarnos. ¿Por qué no? Hay abajo sólo hay agua. Es una oportunidad y vamos a aprovecharla. Viviremos.

-Viviremos con la culpa y el odio y el rencor. Mi hermano pequeño me llamara papá y... Y yo tendré que llamarte madre...

-Viviremos... vamos-

-No tengo por que vivir con esto. No podré volver a mirar a mi padre.

-Tú padre no lo sabe...

-No lo sabe ahora pero lo supondrá cuando nazca. Siempre ha sido un dominante, como sus genes-

-No cariño... tu padre ha muerto... murió aquella misma noche, de un infarto-

 

 

[Unos doscientos o trescientos pies, más o menos] Del portón trasero del avión salen al exterior los dos componentes de aquella nueva especie. Pero observarlos nos devuelve la ilusión al pensar que la raza humana sobrevivirá a cualquier irracionalidad pués caen juntos, cogidos de la mano, mientras se precipitan entre el tranquilo oleaje del océano y aunque sus cuerpos no serán encontrados, nadie sabrá de ellos ni sus pensamientos. Segundos después el avión se estrella en el mar, extinguiendo los restos de cualquier especie que hubiera morado en su interior.

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