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5 min
MARCELA. cap. 16.
Drama |
07.10.19
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Sinopsis

El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

MARCELA
CAPITULO 16-

Por el contrario, el pobre Manolo... después de permanecer callado durante todo el tiempo, mientras Marcela le estuvo contando todo aquello de que su relación se había roto, el pobre Manolo, después de eso, permaneció otro buen rato en silencio. Se había quedado como aletargado, su cerebro, su conocimiento, todo sus sentidos, se habían quedado como abotargados. Nulo. Cero. Sin emisión alguna. Y no era para menos. Después de todo lo que él había pasado con ella, después de todo lo que él había sufrido y había tenido que aguantar. Después de tener que dejar, abandonar hasta a su familia para poder seguir a su lado, para no perderla, después de todo, ella le diría que todo se había roto ya, que todo terminó. Así, sin más. Ya no había nada. De aquello tan magnífico que entre los dos habían construido, aquella felicidad que ambos poseían. De todo aquello no quedaba nada. Y es que cuando a uno le dice todo eso una mujer, no le queda más que el silencio...

Pero Manolo se despertó de pronto, enseguida, de su ensimismamiento y le dijo que ahora mismo recogía todas sus pequeñas cosas, todas sus pertenencias y se marchaba a la puta calle. Ahí era donde debía estar, en la calle. Porque ahí era donde Manolo había ido a dar con todos sus huesos, en la calle. Aunque Marcela le dijo que se quedase por lo menos una semana, que esperase unos días, y aunque ella entonces casi le suplicó que no se marchara, él, Manolo Romero cogió su pequeña maleta y su bolso de viaje de piel verde con granulitos y se marchó para siempre de aquél lujoso apartamento que nunca le gustó. No sabía por qué, pero nunca le trajo buenas sensaciones. Parece como si esa corazonada le estuviera avisando de que algo le iba a suceder. Pero luego, la vida le enseñó que estaba equivocado. Allí comenzó a pasar magníficas noches al lado de su amada Marcela, de su amante, y luego, ya instalado, al lado de su pareja de hecho, como hoy se le llama. Manolo magníficos, y había disfrutado de unas verdaderas noches de locura junto a ella, noches de un amor intenso y apasionado. Había disfrutado de unas magníficas noches de sexo de alto estanding, porque verdaderamente y lo supo tarde, Manolo se había dado cuenta por fin de que Marcela Tovarich no era otra cosa que eso, una puta muy cara.

Durante los primeros días, Manolo decidió pasar la noche en una modesta pensión que regentaba una conocida de él, Doña Joaquina, ya que su hija menor, Carmelita, había sido una gran asidua de la piscina y conocía mucho a Manolo. Pero a las dos semanas, ya había conseguido encontrar un piso de alquiler, un piso pequeño amueblado y sencillo. Y aunque avisó a su ex mujer de su situación, nada iba a cambiar por ahora.


Manolo, durante un tiempo continuó yendo al trabajo, aunque cada vez lo hacía con menos ganas de trabajar. Su alma, su espíritu estaba inundado de un gran desaliento por todo lo que le había sucedido. Manolo era otro, otro hombre, había cambiado de nuevo en tan poco tiempo. Era un hombre más viejo, más maduro, con más experiencia de la vida. ¿No dicen que de las malas experiencias y de los palos que da la vida se crece y se madura? Pues eso, Manolo había madurado y envejecido a la vez. Su fisonomía también había sufrido algunos cambios. Ahora era más delgado y su sonrisa de siempre parece que había desaparecido del todo; su faz era más seria, como más seca, así como su semblante, más trágico, más inexpresivo. Como si ahora, acabara de haberse muerto alguien, algún pariente cercano. Pero lo que en verdad más molestaba a Manolo en su trabajo era tener que aguantar las constantes burlas y mofas que sufría por parte de sus compañeros, de casi todos sus compañeros, de aquellos hombres y mujeres que durante años se habían llamado a sí mismos sus compañeros; y los que desde hacía ya mucho tiempo le venían avisando de lo que le iba a pasar, de que aquella mujer no era buena para él, que aquello era un error y que lo iba a lamentar. ¡¡Cabrones!! ¡¡Eso es lo que eran, unos cabrones y cabronas!! ¡¡Todos!! Manolo no consiguió aguantarlos durante más días y por eso al final tuvo que pedir la cuenta, decir adiós y tirar por la borda tantos años de trabajo, dedicación y sacrificio. Pero ya nada merecía la pena. Ni siquiera eso.

 

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    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

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Soy un hombre aficionado a la lectura y a escribir de vez en cuando. También me gusta hacer fotografías.

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