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11 min
MARCELA. Cap. 25.
Drama |
10.12.19
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Sinopsis

El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

MARCELA

CAPITULO 25-

Hoy es lunes día 10 de enero de 2004. Manuel Romero fue condenado a dieciocho años de prisión mayor por el asesinato de Marcela Tovarich. Han pasado ya diez años desde entonces y han sucedido muchas cosas durante todo este tiempo…Todo queda ya lejos de ese año 1994 en que tuvieron lugar aquellos hechos que motivaron el juicio y el posterior encarcelamiento de Manuel. Todo queda ya atrás en el pasado siglo XX de nuestra era. Aquellos hechos, aquello que sucedió marcó de una forma irremediable la vida de Manuel.

Me encuentro en el mayor penal de Andalucía, la cárcel de máxima seguridad de Córdoba, cumpliendo condena por la muerte de Marcela. Parece ser que por fin mi abogado Agustín Román se encuentra preparando los documentos para presentar en la primera revisión de mi caso, e intentará demostrar mi inocencia sobre todas las cosas. La celda donde me encuentro preso es un sucio habitáculo de forma cuadrada cuyos lados lo forman cuatro sucias paredes de tres metros de longitud por tres metros de altura, en la que existe una cama de hierro muy pesada situada al fondo y un hediondo wáter acompañado de un lavabo con un trozo de espejo. Encima de la cama, y a media altura, hay una vieja repisa donde tengo mis libros y algunas cosas, una radio de bolsillo, un bloc, un lápiz, una baraja de cartas y una Biblia. Son pocas cosas, pero no nos permiten tener muchas más. La puerta de mi celda se abre cada día a las 13,35 de la tarde, con un sistema que la sube hacia arriba quedando empotrada en el techo en un hueco. Es a la hora del almuerzo y todos los presos de éste ala, el menos peligroso, salimos en fila y esposados en dirección al comedor de la prisión. Hacia las 14,00 h. de la tarde, después de haber comido salimos un rato al patio, a tomar un poco de aire fresco y estirar las piernas; y regresamos a las 14,15 minutos de nuevo otra vez a la celda. Y así hasta el día siguiente, y todos los días igual. Luego, hacia las 20,00h. de la noche recibimos en la celda una pequeña ración de alimentos como cena, a través de una pequeña puerta que existe en el muro de la celda, en la pared al lado mismo de la puerta que sube y baja. Por la mañana me despierto a las 7.00h. y realizo mis ejercicios gimnásticos para mantener mi cuerpo en forma dentro de lo posible, pues la asistencia al gimnasio de la prisión está prohibida para los de mi grupo. Realizo cincuenta flexiones de brazos y otros cincuenta abdominales, así como otras cincuenta elevaciones de piernas.

Luego me refresco un poco en el lavabo como puedo y leo un rato la Biblia hasta las 10.00 o las 11.00, hora en que doy unos ligeros paseos alrededor, en el interior de mi celda. El resto del tiempo hasta la hora del almuerzo, lo paso en cualquier cosa, dibujo, escribo, hago crucigramas, duermo, etc.

Estos diez años que llevo aquí encerrado me han hecho cambiar y ver la vida de otro modo, pero en ningún caso me arrepiento de lo que hice en mi vida anterior, y en lo referente a ese horrible crimen del que se me acusa me sigo considerando del todo inocente.

Mientras Manuel estuvo en la cárcel, mientras estuvo preso intentó en dos ocasiones la fuga, la evasión. De ellas, la primera acabó antes de comenzar, pues era defectuosa en su preparación y no existió. Pero la segunda…, esta si tuvo lugar. Manuel tuvo tiempo, demasiado tiempo para preparar todo concienzudamente, pensó todo lo que tenía que hacer segundo a segundo. Para ello hizo coincidir el día en que entraba y salía del penal un vehículo tipo furgoneta que abastecía a la prisión de productos de limpieza (lejía, jabones, fregonas, bayetas, bolsas de basura, etc.) y también de productos sanitarios muy necesarios para tener abastecida la enfermería de la prisión. El vehículo era una furgoneta Mercedes Benz modelo Vario, con un peso entre 4.800 y 7.500 kilos y una carga entre 2.100 y 4.300 kilos; con una capacidad de transporte de entre 10 a 17 metros cúbicos en su interior, el cual podía dejarse único o dividido en paneles y con una puerta lateral que facilitaba la carga; con un motor diesel de cuatro tiempos con turbocompresor e interculer de 4 cilindros y 4.250 centímetros cúbicos y una potencia de 136 c.v.


Este vehículo se acercaba una vez al mes a las inmediaciones del penal y luego de comunicarse por radio con el personal de control de la torre, iniciaba su avance y su entrada hasta el interior del establecimiento penitenciario. Por tal motivo, Manuel estuvo estudiando durante mucho tiempo las condiciones del vehículo en cuestión, su velocidad, caballos, reprís y sobre todo quien era el conductor; si era siempre el mismo, como era, si era de constitución fuerte, robusta o por el contrario era de musculatura más bien escasa. Todos estos detalles que podían parecer inservibles a Manuel le interesaban en suma para que la realización de su fuga no tuviera puntos flacos. Una vez hubo estudiado este punto de la entrada y salida del vehículo, ideó la forma de eludir la presencia de los vigilantes y poder así huir en el vehículo. Pensaba que durante el día que tenía lugar la visita de la furgoneta y mientras duraba el rato en que salía al patio tras el almuerzo, algo podía suceder en el mismo que hiciera llamar la atención de los vigilantes y los policías apostados en las torres de vigilancia. Este hecho podía ser una pelea entre varios reclusos, un inesperado ataque de los guardas e incluso un fingido infarto de uno de los reclusos. El proceso por el cual estuvo estudiando estas tres posibilidades y por el que al fin se decidió por una de ellas fue largo y tedioso. Debía contar con la ayuda de algunos de los amigos más cercanos dentro de la cárcel. Pero casi nadie estaba por la labor de ayudar a un recluso en su fuga. Pero si contó con la ayuda inestimable de Vicente Sánchez alias “el perro”, apodado así por su inconfundible cara de perro y por lo vago de su quehacer, nunca hacía nada por nadie, salvo en esta ocasión. Era imposible pensar en conseguir su ayuda para algo, pero no sabemos cómo esta vez fue diferente. Manuel estuvo conversando con él y aunque no sabemos que le prometió a este “perro”, el caso es que consiguió de él la ayuda necesaria para llevar a cabo sus ideas.

El día que llegaba el vehículo de reparto, durante el poco tiempo que pasaban en el patio tras la comida, “el perro” debía comenzar una pequeña discusión con otro preso, consiguiendo que la mayoría de los demás presos se reunieran alrededor de ellos y luego enseguida debía fingir un infarto cardíaco o un infarto cerebral, era indistinto en este caso. Por lo tanto debía sufrir lo propio de un ataque, convulsiones, soltar espuma por la boca, mirada perdida y fría, bajada de la temperatura corporal, etc. Todo esto debía conseguir que la mayoría de los guardias estuvieran pendientes del hecho, intentando apartar a los demás reclusos que rodeaban al “perro”, y de atenderlo y llevarlo a la enfermería. Manuel había decidido que debía ser uno de los que llevarían en peso la camilla con el cuerpo del “perro” y que lo transportaría hasta la enfermería. Siempre bajo la atenta mirada de los guardias, que no queriendo entrar en la enfermería, pues el olor que allí había no era muy agradable, decidieron esperar la salida de Manuel. En el mismo instante que Manuel hubo depositado la camilla con el cuerpo del “perro” en el interior de la enfermería con la ayuda de otro recluso, enseguida “el perro” se despertó de su fingido infarto y entre los tres lograron reducir al enfermero que se debía encontrar solo en su puesto médico, pues también había coincidido en que el teniente médico había tomado su día de descanso quincenal. Una vez este enfermero estuvo sin sentido, en cuestión de décimas de segundo, Manuel se vistió con sus ropas y además tenían ambos el mismo parecido corporal, tamaño y andares, etc. Manuel salió por la puerta lateral de la enfermería que conducía a un pasillo que llevaba a la zona donde debía esperar el vehículo de reparto para atender al enfermero y proveerlo de todo lo necesario en su pedido. El conductor del vehículo no tuvo tiempo de observar lo que sucedía y enseguida fue atacado con violencia por Manuel, quedando sin sentido.

Lo despojó de su bata de trabajo con el logotipo de la empresa abastecedora y montándose en el vehículo, cuya matrícula era CO-1101-MT, lo arrancó enseguida dirigiéndose a la salida para abandonar el establecimiento penitenciario. El vigilante del puesto de control que ese día hacía el servicio era un chico joven de reciente ingreso, tan solo hacía un par de semanas y aún no conocía del todo a todos los presos. Circunstancia esta que Manuel había previsto acertadamente gracias a un soplo de algún compañero. El hecho es que enseguida el vigilante autorizó la salida del vehículo conducido de manera muy hábil por Manuel Romero, que se dirigía a toda velocidad hacia el bosque y la zona más alejada de la prisión. Mientras, al cabo de dos minutos de haber entrado Manuel con el cuerpo del “perro” salió el otro preso con actitud bastante nerviosa y requiriendo la presencia de los dos vigilantes. Estos entraron enseguida en la enfermería y observaron el cuerpo yaciente del “perro” que por mano e infortunio del destino había sufrido un colapso repentino verdadero y un infarto, por lo que había fallecido hacía solo cosa de unos instantes. De forma rápida buscaron al enfermero y descubrieron que se encontraba atado y sin sentido bajo una de las camas de la enfermería. Enseguida uno de los guardias advirtió que no se encontraba allí Manuel, e imaginando lo que podía haber sucedido tomó el walki talki dando noticias a su superior de lo que había sucedido en la enfermería, del ataque de Manuel al enfermero y de la desaparición de éste.


Al cabo de tres minutos de haber salido Manuel a toda prisa de la prisión, el guarda de control, aquel chico de reciente incorporación fue avisado de lo sucedido, informándosele ya tarde de que no debía dejar pasar el vehículo de reparto bajo ningún concepto por tratarse de un intento de fuga. El chico informó que hacía cosa de tres minutos que el vehículo se había marchado, una vez que él hubo comprobado el impreso correspondiente con la firma de su superior y que todo estaba en regla. El no podía figurar que el conductor no era el mismo de siempre pues tampoco lo conocía.
Después de todo esto y al cabo de tan solo cinco minutos, la noticia de la fuga de Manuel se había extendido por todo el recinto como la pólvora, y ya tres coches debidamente pertrechados habían salido en su persecución. Todo esto había sucedido entre las 15.00 y las 15.30 h. de un día tórrido por el sol y con un ambiente sofocante en Córdoba. Antes de las 19.00h. de la tarde, los tres coches repletos de guardas y policías de la prisión habían conseguido dar caza al vehículo de Manuel. Este había derrapado al tomar una curva a excesiva velocidad mientras se dirigía a uno de los pueblos cercanos a Córdoba, y había dado varias vueltas de campana hasta que se detuvo del todo; quedando él tendido en el suelo sin sentido. Cuando los guardas llegaron hasta él, lo encontraron boca abajo con un brazo roto y alguna otra herida en su rostro.

 

 

 

 

 

 

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    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

Soy un hombre aficionado a la lectura y a escribir de vez en cuando. También me gusta hacer fotografías.

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