cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

10 min
MARCELA. cap.6.
Drama |
08.09.19
  • 5
  • 1
  • 47
Sinopsis

El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

MARCELA

CAPITULO 6-

Al mediodía, y mientras Manolo almorzaba en casa con su mujer y su hija, le decía a ella que esa noche y a la salida del trabajo tenía que asistir a una reunión de la comunidad de vecinos del bloque donde ellos vivían, que se había organizado casi sin avisar y con carácter de urgencia para tratar de solucionar unos problemas que se habían presentado, y de la que Manolo era el vicepresidente y secretario, y tenía que asistir. Comenzaría sobre las diez y media de la noche pero no sabía con exactitud la hora en que acabaría, quizás durara la mayor parte de la noche.
Ante aquél inesperado aviso por parte de su marido Manolo, de que iba a tardar en volver después de la reunión, María del Rocío, no supo hacer otra cosa que asentir con la cabeza, con un movimiento descendente de toda su cabeza de arriba abajo, como entendiendo perfectamente.

María del Rocío, desde su infancia, juventud y posterior matrimonio con su esposo Manuel, siempre había sido una mujer bastante callada, de pocas palabras, pero no por ello menos inteligente u observadora, por lo que su sexto sentido femenino, aquél que todas las mujeres poseen, le venía avisando desde hacía ya tiempo, algunas semanas, de que algo no marchaba bien, algo había sucedido en la vida de Manolo que le había hecho cambiar un poco, y comenzaba a imaginarse a que podía deberse tantas salidas a reuniones de todo tipo y a tantas llegadas en las madrugadas. Suponía que algo relacionado con alguna otra mujer debía haberle sucedido a Manolo.

Manolo ya se lo había dicho a Marcela durante el trayecto hacia el estudio, en el cual y después de disfrutar ambos de una ligera ducha, se dispusieron a tomar una suculenta cena que Marcela había estado preparando durante la tarde. Al final de la misma, él puso un poco de música suave y en un volumen adecuado, y mientras le ofrecía una mano a Marcela y ésta se levantaba de su asiento, la rodeó con sus manos por la cintura y comenzaron a bailar, a mover sus cuerpos de una manera armoniosa y melódica al compás de la música, mientras sus bocas y sus labios se habían acercado un tanto y se fundían en un apretado y delicioso beso. Después de este caliente, húmedo y ardoroso beso, Manolo había conseguido que su cuerpo y el de ella estuvieran tan cerca el uno del otro que entre ellos ni siquiera pudiera pasar un cabello, y que así ella pudiera notar y sentir el enorme bulto que había aparecido ya hacía rato bajo los pantalones de Manolo. La temperatura corporal de ambos había subido unos cuantos grados, también la respiración de los dos se había acelerado considerablemente y Manolo podía escuchar en sus oídos los pequeños susurros y jadeos de Marcela, lo que todo parecía indicar que ella estaba pasando por momentos a ese punto en el que se dice que una mujer, como en este caso, está “caliente”. Y entonces Manolo, haciendo uso de su experiencia adquirida con el devenir de los años, comenzó a acariciar con su mano izquierda y con la mayor dulzura posible el perfecto y sinuoso trasero de Marcela, mientras con la mano derecha había comenzado a realizar un recorrido por su cuerpo, iniciándolo con suaves caricias sobre su delicado cuello, continuando hacia abajo hasta rozar y luego acariciar con toda la mano los duros y turgentes senos de Marcela, la cual se estremecía ante las caricias de Manolo y éste podía percibir el aumento del placer entre ambos; y finalizando ese recorrido al deslizar su mano derecha hacia abajo, acariciando primero el vientre y luego todo el sexo palpitante y ardoroso de Marcela. Mientras, su mano izquierda había conseguido introducirse por el pantalón y ya acariciaba la goma de las minúsculas braguitas tanga. Todo esto sucedía en cinco o diez minutos y durante los cuales ambos se fueron acercando poco a poco al centro del estudio y hacia la cama. Cuando tanto Marcela como Manolo se hubieron desnudado totalmente, retiraron la sabana que cubría la cama y se dispusieron a acostarse en ella, y deseosos ambos de pasar allí una deliciosa y loca noche de sexo acompañada suponemos que con algo de amor.

Cuando Manolo apareció por casa eran las seis y media de la mañana y sacando silenciosamente la llave de la cerradura, cerró la puerta de la vivienda sin hacer el menor ruido posible. Su esposa cuando este entró en la habitación de matrimonio, encendió la luz de la lamparita que se encontraba en la mesita de noche, muy cercana a la cama y le comentó que la reunión debió ser larga y trabajosa o por lo menos esa era la impresión que le dio, al ver la cara de cansado y abatido que traía.
Como Manolo no hizo esfuerzo ninguno en contestarle a su mujer, ella le avisó de que cuando él tuviera un hueco, debían hablar los dos sobre lo que a él le estaba sucediendo. Lo que ella no sabía era lo que en verdad Manolo había estado haciendo durante casi toda la noche. Por eso ella le aconsejó que debería darse una reconfortante ducha y dormir unas cuantas horas para poder ir al trabajo a su hora habitual. Mientras Manolo dormía a pierna suelta, ella llevó a la niña al colegio y fue a la compra diaria de una casa, la leche, el pan y algo de fruta, así como a recoger el periódico local de mayor tirada de la ciudad. Cuando regresaba a casa, se encontró en la escalera a su vecino y amigo Luis Carlos, habiéndose extrañado bastante al verlo tan temprano y dispuesto para salir a la calle cuando él también pertenecía a la directiva de la comunidad y suponía que había asistido a la reunión de la noche anterior. Cuando entró en casa, comprobó que Manolo solo había seguido a medias su consejo de esa mañana, se había duchado y desayunado su habitual café con leche y galletas, pero solo había dormido alrededor de una hora y se encontraba hablando por teléfono, el cual y ante la llegada inesperada de su mujer, despidió a su interlocutor o interlocutora y colgó el auricular. A todo esto su señora le preguntó que porqué estaba levantado tan pronto y que con quien hablaba por teléfono, y él le dijo que ya no estaba cansado, que iba a salir un rato antes de comer y que estaba hablando con un compañero de trabajo al que había llamado. Pero lo que más inquietó a Manolo fue el último comentario que ella le hizo sobre el encuentro que había tenido hacía un rato en la escalera con Luis Carlos; a lo que éste le respondió que Luis Carlos había dicho que no iba a poder asistir a la misma por encontrarse bastante enfermo.


- Pues debe haberse repuesto muy pronto de su enfermedad, ya que parece tener la misma buena salud de siempre. ¿No será que me has estado mintiendo y en realidad no has asistido a ninguna reunión de la comunidad y has estado toda la noche por ahí de juerga con alguna mujerzuela?

─ Mira Rocío, piensa lo que quieras. Yo ya te he dicho donde estuve. ¿Tú crees que yo sería capaz de mentirte y de marcharme por ahí de noche con otra mujer dejándote a ti en casa con lo mucho que yo te quiero?

- Si ya, ya se lo mucho que tú me quieres.

María del Rocío, prefirió zanjar así la cuestión y ocuparse de las labores cotidianas de la casa.

Manolo cuando se hubo vestido, se dirigió a una cafetería a un par de manzanas de su domicilio y en la que retomó su conversación telefónica de hacía un rato, la cual mantenía con una persona que no era otra que Marcela y a la que habló de esta manera:

─ Si, soy yo otra vez, cariño, es que tuve que colgar porque llegó mi mujer y además estuvo haciéndome preguntas sobre anoche, y el colmo de todo fue que se encontró con un vecino nuestro que debía haber estado conmigo en la ficticia reunión de la comunidad, y a ella le extrañó verle tan temprano. Para colmo, al final me ha preguntado si es que yo le he mentido y he estado toda la noche de juerga con alguna mujer… En fin un desastre en esta mañana, como puedes ver; solo alegrado un poco por esta conversación contigo.

─ ¿Cómo te encuentras esta mañana, querida? Espero que te encuentres igual de feliz y contenta que yo. Para mí ha sido una noche inolvidable, la mejor noche de toda mi vida. Y todo gracias a ti, que eres lo más importante de mi vida actual.

A lo que Marcela le respondió:

-Dime Manolo, siento enormemente que te veas envuelto en ese embrollo debido a las mentiras que has dicho sobre la reunión por estar conmigo, pero ya te advertí que no lo hicieras, que ya buscaríamos otro momento, otro día para pasar la velada y estar juntos, pero tú insistías tanto... Yo estoy bien, solo un poco cansada y sobre todo dolorida en cierta parte que tú sabes. Por lo demás bien. Ah, hoy, mañana y tal vez pasado mañana esté bastante ocupada por lo que hasta el jueves o así no podré verte. Hasta entonces, un beso. Chao.

Manuel se quedó un poco sorprendido por la sequedad con la que Marcela le había hablado y la poca importancia que le daba a la noche pasada con él. Seguro que había dormido mal durante esas pocas horas y se había levantado con mal café (café de Colombia, nunca mejor dicho), debía ser eso. Por lo demás, tampoco valoraba el esfuerzo que había realizado mintiendo a su mujer, y lo expuesto que había estado a que lo pillaran por mentiroso. Y sobre todas las cosas, esto último que le había dicho, que no podía verlo hasta pasados al menos tres o cuatro días, parecía como si ella no sintiese la necesidad de verlo hasta entonces. Necesidad que ya tenía Manuel de volverla a ver; ya la echaba de menos y tendría que esperar unos días...

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • diez
  • El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

    El socorrista de una piscina conoce un día a una chica colombiana. Enseguida comienzan a salir por ahí, pues ella es joven y bonita. Ella trabaja como relaciones públicas en la expo’92 de Sevilla. El es casado pero mantienen una relación, se van a vivir juntos. Luego deja su trabajo y ella trae a unos amigos colombianos a España. La chica y él se separan. El comienza a trabajar para la policía como investigador. Hay varios atentados en la ciudad y una chica muere. El protagonista es encarcelado acusado del asesinato de la colombiana, pero ella no ha muerto. Después de varios años vuelven a encontrarse y reanudan su relación. Ella ha contraído el sida y al final muere. El se queda solo.

Soy un hombre aficionado a la lectura y a escribir de vez en cuando. También me gusta la fotografía y conocer gente.

Tienda

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta