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17 min
Martin La Luvia Y El Futbol
Amor |
09.05.16
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Sinopsis

Pobre Martin.

—Oye yapoh vamoh

 

Era la insistencia de un amigo hartado de la depresión en la cual se sometía el pobre Martin, era la constancia de un amigo que intentaba ratificar un estado severo de lo que es la depresión.

—Esta es la segunda semana que te vengo a buscar pah ver si hacemos algo, Y bo estai aquí echao, sin hacer nada, bueno como siempre, pero antes eras más interactivo, o no se íbamos a la casa del Claudio.

Era irremediable, Martin no platicaba más que las palabras necesarias, para sus padres tenía un escudo protector contra ellos, y así ellos no distinguían mayor diferencia en su actuar diario.

Eduardo se marchó de la casa del pobre Martin, sin conseguir ningún cambio de sus visitas antepuestas.

Al cerrar la puerta, al pobre Martin le caía una gota por su mejilla, era una sola lagrima, una lagrima acumulada, llena de rabia y pena, como dije, es una lagrima acumulada, no está cayendo en este momento porque su amigo se largó, es un conjunto de hechos que le provocaron derramar esa lagrima, esa lagrima eternamente triste.

¿Qué hacía Martin en su habitualidad? Jugaba al futbol, ahora ya no más, Martin era un favorecido al prestigiar una buena escuela de futbol, al tener chances de incluso jugar como cadete en la Universidad Católica. Sus padres costeaban una escuela de futbol intensiva para él, y ahora lo estaba tirando por la borda, teniendo probablemente las cualidades necesarias y más importante aún, el capital para poder canjear dicha chance, vivía en un lugar acomodado en donde no puede quejarse de incomodidades, ni fastidiarse con su refugio, en ese aspecto tenía todo, la oportunidad, la fortaleza y hasta las ganas para poder triunfado en el futbol, todo desechado por su corazón roto. 

 

Qué más puedo decir de este pobre chico, déjame explicarte como era Martin antes, el Martin del pasado, un Martin que tuvo un cambio radical de actitud, si supieras como era hace unos días atrás, no creerías que era así, si lo vieras en su actualidad.

Desde su infancia se le vieron cualidades para el futbol, para su fortuna nunca le falto el balón en sus pies, y al alcanzar una edad en la que sus piernas soportaran su cuerpo siempre se mantuvo vinculado a alguna escuela de futbol, también incursionó en San Carlos De Apoquindo, en el cual tuvo pequeños frutos y una cuota muy alta de pagar, y al no tener de preferencia de ningún equipo en particular, su despedida fue inminente, debido al alto costo. Lo cual no lo alejo de las escuelas, de inmediato sus padres lo inscribieron en una, una más asequible, que era bastante decente, sus padres al no poder gestionar del todo en San Carlos, aun así podría ser parte de una muy buena escuela de futbol , y así no perder el ritmo y seguir adquirido experiencia futbolística, perfeccionando el talento, puliendo el jugador interior, no importaba donde practicara, que escuela de futbol fuera, lo importante era hacerlo, Martin no poseía ese complejo “universitario” de su mayoría, lo realmente importante era perfeccionarse, y no importaba la escuela que fuese, de todas formas estaba en la persona al perseverar y eso no te lo va a dar nadie, solo la persona lo cultiva, el futbolista cultiva su asiduidad, Martin sabía que no importaba el talento, que eso cualquiera podría tenerlo, lo importante era no rifar la persuasión, muchos no logran sus objetivos por que quedan en la mitad de camino, y ahora Martin estaba cayendo en su propia filosofía, todo por su corazón apabullado, que está en transición, un cambio como ya dije, radical, irreconocible del Martin anterior, un Martin, un ser humano que ha tocado a fondo en su estado anímico. He visto hombres, mujeres, niños y niñas en estado de melancolía absoluta y crónicas,  son increíblemente apoderados por la depresión como una sombra que te cumbre paulatinamente hasta consumir sus cuerpos, apoderándose de su interior, hacerlos enfermar, una enfermedad mental y posesiva de los actos que involuntariamente hace su protagonismo. Solo conozco una sola persona que supera desmesuradamente el estado de Martin, es la de un anciano que conozco, que perdió a su mujer luego de un matrimonio que alcanzo a rozar las bodas de plata, su tristeza se alimentó de soledad, era una soledad verdadera, no esa ficticia que inventan las personas que dicen ser solitarios por excelencia, este anciano era lo más parecido a un ermitaño, nunca pude ahondar en su mente. Solo deduje un gran dolor, al ver su rostro, ese rostro que no gesticulaba muecas, no sospechaba ni una sola sonrisa, las moscas se posaban a su alrededor y el ayuno era su gran ahorro, era como el famoso mito de los caballitos de mar, el ayunar en la eternidad por a ver perdido a su pareja marítima, y este anciano logro ayunar hasta que se mantuvo vivo, creo que el agua fue su único engerimiento durante esa corta estadía en la tierra. Más tarde vi algunas cartas y pedazos de algunos fragmentos que dejo, y solo sirvieron para corroborar que su tristeza era la más grande que he presenciado, y temía muy al fondo que Martin pudiera terminar de la misma manera.  

 

Se mantuvo encerrado en su casa exactamente una semana, al momento en que lo vi cruzar la puerta de su casa y exponerse al frio que amenazaba aquel día, fue la salida del calabozo durante siete días de supresión, un encierro íntimo, la caja que cubre a la otra enclaustrándola sin mucho que hacer, presenciando ese cuerpo flácido, careciendo de movimientos bruscos o repetitivos que requieren un mayor esfuerzo que los que hace uno en encierro.

Eso se notaba en él a la distancia, solo un chico muy deprimido, extremadamente deprimido, idealizando la depresión que lo consumía en cada corto respiro.

Se notaba que caminaba sin destino alguno, esas manos en los bolsillos, ese caminar acompasado y solo mirando en frente de vez en cuando, al oponerse ante un semáforo. Nadie sabía a donde iba, aun así divago por lugares conocidos para no perderse en el camino y poder retornar a su calabozo, lo que evidentemente no pudo impedir fue en no transitar por lugares que le produjeran un terrible gimoteo, quería evitar las lágrimas de todas formas, simplemente se asomaron, de todas formas no lograron derramarse y morir en el suelo o en su mano al secarse.

Mientras seguía caminando, se acercaba a una cancha de barrio, en donde jugaban con gran alboroto varios jóvenes, si, en su mayoría jóvenes, todos escaseaban la barba y todos se comunicaban de manera denigrante. Las groserías se avizoraban en la pared, estaban talladas como la jerga que es, y era el constante dialogo de todos los presentes. Martin los observaba con detenimiento, como queriendo inmortalizar ese momento y querer ver esa esférica en movimiento todo el tiempo, bastaba decir que sus ganas de tocarla frenéticamente con su diestra era evidente. Pero su peor decisión fue a ver dejado su escuela de futbol, y todo por su ya dicho. Corazón roto.

Circulaba con normalidad nuevamente, dejó de apreciar el espectáculo. Aún era temprano y se aproximaba una ventisca y probablemente eso llegaría de la mano con unas gotas.

De pronto empezó a avanzar cada vez más rápido, la lluvia todavía no aparecía, no comprendía la razón de su aceleración inoportuna, su caminata rápidamente se transformó en trote  y se dirigía al parecer a su casa, al retornar por la misma vía.

El viento soplaba, amenazante era el soplido que se forjaba de manera natural. De la lluvia nada se sabía todavía, pero el viento se colgaba de a poco a poco, probablemente hasta convertirse en una verdadera ráfaga. Esa que mueve sombrillas, la basura ya no se encuentra en mismo sitio a donde fue a caer, si no va más allá de su inicio, si se encontraba alguna colilla de cigarro a medio apagar, ahora se apagaría en definitiva.

Martin llego a su casa, a la cual como ya lo habíamos visto, a mucha velocidad entró a su casa.

Parecía muy agitado al entrar, llego a su alcoba en donde ahí volviendo a su rapidez, saco su equipaje, su ropa deportiva de futbol. Su playera de la escuela de futbol, un short Nike, se puso sus calzas largas que le topaban las rodillas, y del closet saco sus tillas, con un color fucsia  y el Nike gigante al costado de color blanco.

Al salir, el viento estaba desatado, de la lluvia, aun nada.

Corrió esta vez no a la misma dirección, en esta ocasión se dirigió a la profundidad, y de lluvia, todavía no se sabía mucho.

Llego a pasar a llevar la cancha que frecuentaba, sobre todo en su infancia, y ahí mismo vio a su amigo Eduardo, jugando futbol, con Claudio y otro grupo de amigos, en total eran 4 por lado. A Martin poco le importo, porque al parecer no se dirigía a esa cancha, y Martin pareció no percatar o no quiso percatar que ahí estaban sus amigos, lo cual si hizo Eduardo.

—Oye Claudio hueon, mira ahí va el Martin.

—No me habías dicho que no quería salir de su casa, por lo que le paso con…

—Sí, sí, eso me dijo, si había ido su casa hace poco.

—Vamoh a verlo, qué onda, esta todo apurao.

Eduardo pensó un momento y habló.

—No se, mira, mejor voy solo, total no creo que quiera ver muchas personas ahora el Martin, voy a ver qué onda, si lo convenzo de venir, si no ahí te explico que pasó— sentenció finalmente— vuelvo al tiro, dile a los cabros que ya vengo.

La lluvia decía presente, un goteo casi imperceptible, como el goteo de la llave de la cocina o del baño.

Martin se alejaba, ahora ya avanzado, se notaba que quería dirigirse al barrio popular, al cercano que se acentuaba en los hondo de la urbe, rodeados de una cadena de lomas y de unos cuantos edificios al horizonte.

Su amigo Eduardo lo perdió de vista, Martin iba a una velocidad mayor y adelantado, pero es solo deducción, por que no veía a Eduardo, si no a Martin que ya llegaba a su destino.

El ambiente en ese lugar en específico era tenso, sobre todo por las noche, parecía un lugar corriente, sin herramientas para ser peligroso de visitar, por el momento solo mostrando lo visible de la hora. Martin bajo una calle que lo inducía de lleno a este barrio popular, llegando, avanzado  unos cuantos metros ya, una gran cancha de futbol, cubierta de tierra, que poco a poco se transformaba en lodo.

¿Cuáles eran los motivos que impulsaron a Martin a llegar a ese lugar específicamente?

 La cancha era bastante amplia y solo tenía la mitad cercada, Martin entró por la puerta alambrada y antes de dirigirse a alguien, observo. Su alrededor era un tanto parecido al espectáculo que acababa de presenciar minutos atrás, la única diferencia que podría notar es que aquí la cosa iba enserio.

Esa manera de jugar, no parecía juego, sino un tipo de deporte en la que dañar a tu oponente es vital para una sumatoria de puntos.

Martin estaba dispuesto a instalarse ahí con su teñida selecta que lo hacían parecer casi un bicho raro en la multitud, de los presentes, pocos traían sus zapatillas con toperoles, pocos con short, en su mayoría traían un buzo y uno que otro con camisetas de Universidad De Chile o de Inter de Milán comprada en un bajo costo, en alguna venta ilícita.

—Voy a jugar— dijo Martin, dirigiéndose a un moreno de alta estatura.

—Sí, hermano, pregunta ahí no sé.

Y se alejó rápidamente en busca del balón. Balbuceo unas palabras y como si Martin no existiera, siguió de largo. Martin solo atinó a entrar en juego, él solo quería tocar el balón. Y así fue.

Eduardo llego justo cuando Martin empezó a moverse en esa cancha de tierra. Y la lluvia ya no caía como goteo, ahora la lluvia tenia sonido, se asimilaba mucho al que uno hace al tocar con los dedos la palma de la mano y su velocidad tanto como su potencia aumentaban, todo acompañado con una ventisca  que no paraba de soplar.

Al parecer Eduardo no tenía intención de irrumpir en la cancha y platicar con Martin, solo se quedó observando al igual que yo, que nosotros. Y no sé si él lo habrá notado, pero lo que pude ver fue al Martin que hablaba con anterioridad, ese que había sufrido la metamorfosis,  su cara llena furia, se movía al compás de la lluvia, el ceño fruncido, y como la lluvia era opresor del sector, no se lograba distinguir si era lluvia o lagrimas lo que caían de su rostro, al parecer ambas.

Eduardo observaba, y solo podría presenciar una panorámica triste. La de un amigo viendo a su amigo jugar con sujetos peligrosos bajo la lluvia, chocando brutalmente en busca del balón, cayendo en el lodo y en tierra mojada, escuchando alguna que otra grosería cada cierto lapso de tiempo. Que faltaba para hacer esta escena más triste, solo faltaría que hiciera presencia la razón por la cual Martin se enceguece por la depresión, aun que definitivamente lo debe tener plasmado en su mente, amarrado en su mástil mental, en este preciso momento debe estar jugando con ese pensamiento rondando en su cabeza, cayendo y recuperando el balón y todo con la suma de los roces fortuitos en su. Pero Martin corría, chuteaba, se paraba, pero no hablaba.

La lluvia estaba a punto de largarse torrencialmente, acompañado con la ventisca que movía de su lugar en el tiro de esquina el balón.

Rápidamente Martin llamó la atención de la muchedumbre por su buen desplante, se notaba que era distinguido, eso solo provocó que el marcaje fuera más duro.

Martin cayó bruscamente, con la mitad de su rostro y cabello al lodo. Se incorporó vehemente  y la lluvia hizo su trabajo para limpiar su rostro. Martin tenía el rostro arrugado, parecía frenético, estaba jugando con furia, con esta furia acumulada y era evidente que pronto iba a explotar, pero nadie lo notó, ni su amigo Eduardo que seguía viéndolo jugar. Estaba a punto de explotar, solo faltaba de un refregón violento para que su mortificación se vuelva en un desahogo que se manifestara.

Martin tomó el balón desde el arco, para ir a cruzar en soledad hasta el otro arco, eludiendo jugadores, recibiendo la lluvia a punto de alcanzar su apogeo, intentaron barrerlo, siendo inútil los intentos, pero como siempre puede a ver alguien más fuerte y rápido en la vida, llego uno a barrerlo, lo que no contó ese sujeto es que más talentoso que Martin, ahí, nadie. Se frenó dejando pasar de largo a su rival, llego al arco y al momento de patear el balón, amagó con la diestra, dejando en libertad su pierna menos hábil, con esa fracción de segundo hizo que llegara uno por detrás y le pegara en su pierna de apoyo, haciéndose escuchar su único sonido durante lo que llevaba el partido, un quejido tan alto que hizo que se detuvieran algunos. A lo que su barredor solo dijo.

—Ya penal la wea, párate y pégale.

Martin se levantó con dificultad, escuchaba algunos murmullos, y uno que otro diciendo que le pegara rápido al balón, incluyendo a su barredor.

Lo que hizo fue chutear el penal, rápido como le ordenaban, pero sin intención de anotar.

En ese momento Martin vio a Eduardo, que se había levantado tras la falta garrafal que le cometieron. Eduardo le hizo un gesto con su brazo, para que se retirara, Martin lo miro unos instante y como el juego seguía en su curso, Martin se comió su dolor y corrió a adelante, espero que la tocara  el sujeto que le había cometido la falta y ahí se movió con velocidad. Lo persiguió y lo persiguió, no lo pillaba, hasta lo  llego a pasar. Martin iba a explotar, esta vez corrió tan rápido que la lluvia era cortada por su velocidad, y al llegar se barrió tan fuerte como se lo hicieron a él, que su contrincante llego a darse vuelta. Sin tocar el balón, solo cuerpo, solo tobillo en ese caso.

— ¡Párate conchetumare y chutea tu wea de penal!—dijo entre la ira y la mofa.

Y la lluvia se desató por completo, al igual que él, perdiendo la cordura, vaciando su angustia, su encierro y deterioro semanal,  ocupando después de un largo tiempo, palabras, que no fueran monosilábicas, siendo improperios las primeras. Con la vista desorbitada y probablemente olvidándose solo por un instante de su razón de penuria—solo un rato— entregándose por completo a la adrenalina.

—Párate conchetumare oh. —nuevamente provocándolo.

En ese instante Eduardo entró en su ayuda, si Eduardo no iba, probablemente no saldría de ahí bien.

Las palabras desafiantes de Martin hicieron enojar a la mayoría, al que no hizo rabiar fue al lastimado, porque estaba muy pendiente de su pierna dolida, refregándose en el barro.

 —Vámonos Martin, si no te van a sacar la cresta aquí hueon.

—Vámonos—susurrando con un nudo en la garganta.

 

Pobre de Martin, lo que le sucedió no sé si se habrá sido tan terrible para flagelarse de esa forma. La juventud hoy en día es así, tiene todo ese carácter arrogante y orgulloso, de acabar extinguiendo su vitalidad.

Ese día no sé qué más fue de Martin, ni idea a donde lo habrá llevado Eduardo, probablemente a su casa, la lluvia era intensa y no dosificó hasta el amanecer.

¿Qué serán de los días de Martin?

Se preguntaran como serán, o en que estará pensando. Esa respuesta es mucho más sencilla de responder, debe estar pensando lo de siempre, en su pena infinita (que tristes son esas dos palabras juntas, la ocupo con frecuencia en más de uno que otro escrito andante… Pena infinita) y en eso debe basar sus días, si pierde sensibilidad podría sacar eso de su mente, si retoma el futbol, podrá anteponerse, si adopta nuevas rutinas podría salir adelante.

Martin, Martin… Pobre chiquillo con el corazón roto, Martin, Martin…

Otra cosa que se deben estar preguntando es que tiene así al pobre Martin, que tanto lo aflige, que lo hace llorar en su interior y cuando se produce una acumulación es necesario derramarlo por sus ojos. Creo que es muy íntimo y es necesario preguntárselo personalmente. Y diga la verdad, rememorando su penoso testimonio si es que es su deseo, porque lo encuentro demasiado íntimo y no es algo que pueda escribir, es algo que se debe contar, dependerá del pobre Martin, si en algún momento se anima a desahogar su pena infinita.

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