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10 min
Matrioska
Varios |
28.12.12
  • 4
  • 6
  • 3493
Sinopsis

Esta es una colaboración que he aportado al blog de None y Venerdi "480 km de palabras"

1

    La tarde estaba gris, lloviznaba. En el silencio del salón el reloj de pared marcaba los segundos con cruel insistencia, su martilleo era el único ruido que se oía en la casa, esparciéndose por los rincones. Miró a través de la ventana el aire desangelado de la calle, pocos transeúntes a primera hora de la tarde, el tic tac de la esfera imponía su presencia y solo el paso del autobús era capaz de interrumpir su tiranía cada diez minutos... Pero diez minutos pueden resultar una eternidad en una casa vacía. De las cuatro habitaciones solo la suya estaba ocupada, el resto aguardaba las visitas de turno. Ellos venían a menudo, le querían, pero su presencia era la excepción en la soledad que enquistaba sus horas. Gritos afuera, la bronca casi diaria dos portales más abajo, no tardaría en llegar la policía acompañada de la ambulancia. Insultos soeces, gritos desesperados, antes le sobresaltaban y ahora le entretenían.

    Sentado en el sillón sucumbió por minutos a la mortecina luz que le llegaba de la calle, impregnándose en su melancolía. El televisor le amenazaba desde su ubicación pero prefería aquel silencio claveteado por las agujas, la pantalla del portátil dañaba ya su vista y leer a aquellas horas le producía somnolencia, claudicaciones de la edad. La casa vacía, la soledad reverberando y el silencio acuchillando los minutos, no pasaba nada. Pero siempre había sido un luchador y no se resignaba, tomó el cuaderno y el Pilot. No pasaba nada pero haría que pasara...

 

    La conocí en la estación de Atocha, a la vuelta de un fin semana que pasé con una viuda sevillana a la que visitaba de vez en cuando por aquello de  la química sexual, mientras contemplaba las tortugas del estanque del depauperado jardín tropical, tomando una cerveza en la terraza próxima y admirándome de cuanto habían crecido desde que cabían en la palma de mi mano. Estaba sentada en un poyete y garateaba sobre un bloc, a su lado un ejemplar de “Mujeres” de Bukowski, yo releía el “Sexus” de Henry Miller que me había acompañado en el viaje. Tenía los ojos grandes y achinados, marrones, inquietos, relámpagos que escrutaban con avidez su entorno cuando los levantaba del bloc. Sus labios eran carnosos, ligeramente hinchados como si estuviesen en perpetuo estado de excitación y acotados por los extremos de su peinado paje de corte informal en un cabello negro y lustroso. En una de sus pasadas visuales reconoció mi libro y mostrando el suyo me sonrió, la invité a sentarse a mi lado con un gesto de mi mano. Pechos menudos y caderas deliciosas se marcaban bajo el vestido negro de vuelo que le llegaba hasta por encima de las rodillas, aprecié mientras se acercaba.

    Me miró con descaro mientras le repasaba las curvas, luego hizo lo propio y se relamió en mi entrepierna, o a mí me lo pereció. No era Lolita pero a sus veinticuatro le sacaba treinta años, como averiguaría después.

    — ¿Qué quieres beber? —pregunté.

    —Eso mismo —señaló mi botella de cinco estrellas— ¿Cuál de los dos te gusta más?

    Se refería a los libros. Llamé al camarero y pedí mientras me lo pensaba.

    —Depende de la escena, la angustia existencial la relego a un segundo plano que ya tengo bastante con la mía. Pero a tu edad me lo creía todo.

    Me contempló entre divertida y confusa, nos tanteábamos mutuamente. Tomé su bloc, hizo un gesto como si fuera a arrebatármelo pero finalmente me dejó hacer.

    — ¿Qué estabas escribiendo? —pero ya estaba leyéndolo.

    “La gente que sube, la gente que baja, la gente sentada, la gente de pie, la gente con maleta, la gente con paquetes, la gente con macuto, la gente con bultos, la gente que espera algo, la gente que  no espera nada, la gente que espera el regreso, la gente que espera irse, la gente que no espera nada, la gente que lo espera todo, la gente que llora la vuelta, la gente que llora la muerte, la gente que llora todo, le gente que no llora nada, la gente que no llora” La letra iba aumentando de tamaño conforme lo había escrito. Soledad, obsesión, histerismo casi.

    — ¿Estás con la regla? —le pregunté.

    Su primera reacción iba a ser de indignación, pero no llegó a concretarse. Acabó en risa.

    — ¿No follas con regla? —intentó sorprenderme.

    —Ningún problema, a mí no me duele.

    —A mí tampoco, disfruto más.

    —Las hay sufridas y gozosas, serás de las últimas.

    — ¿En tu casa? —dijo desafiante.

    —Vamos.

    Las botellas de cerveza se quedaron con su líquido, nos habían entrado prisas.

    Pusimos al taxista como una moto. En las escaleras del edificio donde resido mi polla y sus labios trabaron conocimiento.

    Comenzamos una relación que duraría tres años. Se llamaba Marisa pero yo la bauticé Matrioska, por su aire a una muñeca rusa que me habían regalado. Ambos éramos conscientes de que nuestra relación estaba abocada al fracaso, pero desafiábamos al destino. Ninguno guardaba fidelidad, no la necesitábamos para desearnos, era a los otros a los que les éramos infieles. No estoy seguro de que era lo que buscábamos en nuestros apasionados encuentros, tampoco de lo que encontrábamos, lo que puedo asegurar era que éramos como la nicotina que el otro necesitaba aspirar. Y sí, acaso nuestro vínculo tuviera algo de enfermizo. Mis propósitos eran más transparentes, me negaba a perder la juventud y trataba de aferrarme a ella en su piel. Su edad formaba parte del encanto y yo, vampírico, trataba de succionársela. El mañana siempre era hoy y el resto poco importaba porque me sentía vivo en cada poro y en cada terminación nerviosa. Los motivos de ella quizás fueran menos nítidos, sin duda existía un componente de Lolita, pero importaba más su afán por sublimar el sexo en busca del amor, empecinada como una niña chica. Nuestras estaciones de destino eran diferentes pero montábamos en el mismo tren.

    Al principio solo fue el morbo. Bueno, el morbo y las pastillas azules. Cuatro horas de erección permanente dan mucho de sí. Cuando me corría solo tenía que chupármela un poco y de nuevo estaba dispuesta. Normalmente en esas cuatro horas solo me corría dos veces, el resto era una polla enhiesta dispuesta para su gozo, y ella la sabía aprovechar. Jugábamos a la oca del Kama Sutra, maravilloso cuando la penetraba y aquello no parecía tener fin, me devolvía la juventud y cada orgasmo suyo era como una bocanada de vida. Pero incluso así mi resistencia física tenía un límite, no era ningún atleta. En ese punto ella me cabalgaba y yo me convertía en espectador. Arreciaba el ritmo hasta llegar a la meta y luego vuelta e empezar, en esos momentos mi polla ya no era mía, le pertenecía y hacía con ella lo que quería.

    Que suerte tienes, cabrón, pensaba mientras bebía a través de mis ojos su cuerpo desnudo de amazona galopándome, mis dedos rozando sus fieros pezones y mi polla impactando en cada rincón de su vagina. Sexo, sexo, sexo...follábamos desbocados. Y el morbo, siempre revoloteando a nuestro alrededor, provocando, ella explotando su papel de Lolita perversora, mitad niña y mitad mujer.

    Cuando me acaramelaba gustaba de contarme sus experiencias sexuales con el amante que tuviera de turno, sabía que me ponía el oírla contar como se la follaban los otros. Y a ella le ponía que me pusiese. En mi avariciosa ruindad traté de convencerla de que sexo y amor eran caminos paralelos pero no convergentes y terminó creyéndome, estuvo ocho meses conviviendo con un tal Diego una simulación de amor y no por ello dejamos de vernos. Pobre Diego infeliz, la relación estaba montada sobre un andamio cojo y no podía sobrevivir.

    Cualquiera tiene el día tonto y en ese decidí que tenía que dejarla volar, que viviera sus triunfos y sus fracasos sin mi sombra amenazante. Lloró cuando se lo solté de sopetón, de otra manera no hubiera podido, pero supo que llevaba razón. Bukowski y Miller tenían que pasar a la historia. A ninguno se nos ocurrió quedar como amigos, preferimos quedarnos como un recuerdo embriagador en la mente del otro. Yo ahora ando en eso de los mantras, no fumes no bebas no jodas, pero les hago un corte de mangas a ellos y al doctor. Y por aquí sigo, viendo crecer a las tortugas bajo las hojas de palma a mi vuelta de Sevilla.

 

    2

    Habían sido diez días a doce horas, con el agravante de que uno de ellos solo durmió cuatro horas y otro nada porque fue la cena con los compañeros. Una cura de sueño de nueve horas le había devuelto a la normalidad. Le habían encargado una historia y quería terminarla esa tarde. Comenzó a teclear...

 

    La tarde estaba gris, lloviznaba. En el silencio del salón el reloj de pared marcaba los segundos con cruel insistencia, su martilleo era el único ruido que se oía en la casa, esparciéndose por los rincones. Miró a través de la ventana el aire desangelado de la calle, pocos transeúntes a primera hora de la tarde, el tic tac de la esfera imponía su presencia y solo el paso del autobús era capaz de interrumpir su tiranía cada diez minutos...

 

    3

    Estaba harto, los personajes se le escapaban por entre los dedos y ninguno parecía hacerle caso. No era justo, tendría que reconducirlos. ¿Cómo era? Escritor escrito. No, mejor Matriuska. Abrió el portátil y empezó la historia...

 

    Habían sido diez días a doce horas, con el agravante de que uno de ellos solo durmió cuatro horas y otro nada porque fue la cena con los compañeros...

 

    4

    ...

también en http://480kmdepalabras.blogspot.com.es/2012/12/matrioska.html

en Twitter @enderJLduran

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Otros relatos del autor
  • Como ya te comenté en el blog, me parece un relato magnífico. Muy redondo. Muy sensual. Parece escrito de manera muy fluida, casi sin dificultad, y el resultado es espléndido.
    Muy buen relato, me encanta leer historias que mezclan el sexo y el erotismo sin tapujos de ningún tipo. Lo mejor, la naturalidad con la que fluyen siempre tus escritos. Una gozada leerte. Saludos!
    Ya me he enamorado más de una vez de tus relatos, y sobretodo de estos, tan espontáneos, eróticos y excitantes. Y como no, una vez más, y sin esperar menos de ti ender, lo has vuelto a hacer. Me descoloca tu narrativa sin censura...y me encanta el sabor de boca tan picante que me deja. Un saludo
    Benditas tardes grises de llovizna... Cómo inspiran, escritor escrito...Saludos, feliz año nuevo, y ojalá este último día de mes tengamos también uno de tus poemas, si puede ser.
    aunque no tenga mucho tiempo es un placer siempre leerte
    Enigma permanente del destino de las relaciones basadas en el sexo, como dices, nunca se está seguro de lo que se busca, ni tampoco de lo que se halla, pero en ese inter, el semáforo sigue en verde a saber porque razón. Un saludo!
  • El inconveniente de adaptar capítulos al formato de relatos y con dos voces en cada capítulo es que de alguna manera te fuerza a ese determinado formato. Yo que suelo usar descripciones tanto físicas como anímicas tengo que ceñirme a esas características, por un lado es una experiencia enriquecedora y por otro un condicionante. Pero bueno, a estas alturas estoy deseando terminar un capítulo para comenzar el siguiente, ya tengo toda la historia perfilada en la cabeza. Y quiero saber como queda el conjunto leyendo de seguido. Pues eso, el 23 y que pilléis alguno de mis ebooks si es posible. Y los que queraiis conocer la historia desde el principio, pues al blog.

    Cada día disfruto más con la novela. Mi última entrega adolecía de varios gazapos, algunos pendientes de corregir, me tocó turno nocturno de fin de semana y aunque me permite escribir mi atención se dispersa con otras obligaciones, gracias a los que me los señaláis. A la par que saco este aquí sacaré el segundo capítulo en el blog con las explicaciones pertinentes. No recuerdo ahora mismo el nombre del compañero, pero fue un relato suyo en el que sacó a colación el Manuscrito Voynich el que puso en marcha el inicio de la novela, interesándome por el se me ocurrió enlazarlo con La Biblioteca del Diablo. Que la podéis leer como primer capítulo del ebook El secreto de Las Letras. Y sí, suena a publicidad, pero es que publicamos los ebooks con la intención de que se compren, se merecen su poco de publicidad. Cierto que podéis leernos aquí sin gastar un euro, pero el proyecto de los ebooks atrae lectores a la web y nos permite darnos a conocer a todos los que escribimos. y como podéis ver, poco a poco se va incrementando. Para que siga se necesitan ventas, así si no habéis comprado haced un huequito en el presupuesto, un huequito menos costoso que un paquete de tabaco, que no es apenas nada.

    Decididamente me voy entregar a la terminación de la novela, el proyecto me está atrapando. En este capítulo se incorpora Zaza, ya habréis leido alguno su historia.Pienso que la da una nueva dimensión la novela con el tema de la inducción subliminal, aparte del enfrentamiento Peña-Bermudez. En el blog empiezo a sacar los capítulos desde el principio con un prólogo que va sacando las tripas de como se ha ido pariendo la obra. Será una forma de promocionarla antes de publicarla. Aún le queda, pero le voy a dedicar mi tiempo para terminarla lo antes posible. Gracias a los que me ayudáis con los gazapos que a veces se me escapan.

    Pues aqui llega el capítulo 20, ya con decidida vocación de novela. Este capítulo se lo dedico a amets, por haber concluido con indudable acierto ese empeño colectivo llamado el cetro de esmeraldas.

    Y bien, avanza la trama. Para comprender bien toda la historia no estaría mal leer la introducción, "la biblioteca del diablo" que se encuentra como primer relato en mi ebook. Mas que otra cosa porque es el inicio de la historia y hago referencias a él. Zaza, la protagonista de "Tenia el pelo azul y el morrito de fresa" se unirá en breve como personaje a la saga, y con ella toda la dinámica de la publicidad subliminal. Son varios frentes abiertos, pero la novela posibilita desarrollarlos. Saludos. Otra cosa más, en la respueta a la segunda pregunta de ese cuestoniario que respondí, no me refería al ámbito literario, mis valoraciones son más o menos benignas pero siempre sinceras. Un saludo a todos.

    Hace unos días mi hijo y yo decidimos hacer un comic, en realidad varios con diferentes guiones de diferentes guionistas. En este primero él será el dibujante y yo el guionista. Este es el relato sobre el que se basará el primer guión, hay algunos guiños a varios autores de la web, ellos sabrán descubrirlos y a ellos se lo dedico. Siento no poder dedicar el mismo tiempo que antes a la lectura, pero aparte de la Hermandad tengo otra historia en danza en el blog, una colaboración con Tasmania y una novela, voy con el tiempo muy pillado. Aun así leeré lo que pueda.

    Y sigue la historia.

    La historia continúa. Si compráis alguno de mis ebooks a través del link de tus relatos, pues tan contento. Espero que os parezcan BBB. Saludos.

    Sobraban tres párrafos, los quité. Decía también que por menos del precio de un paquete de tabaco podéis comprar en la tienda de tusrelatos, ahí a la derecha, algunos de nuestros ebooks :))

    Bueno, que no me había olvidado, que la historia sigue.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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