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2 min
Melancolía
Amor |
15.11.11
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Sinopsis

Abandonar un sentimiento es, a veces, un ejercicio de terapia. Aunque para ello debamos emprender un viaje... de nuevo

Nunca se me ha dado bien la falsa modestia, así que diré que aquella mañana salí del hotel muy bien acompañado. Nos disponíamos a patearnos la ciudad como hicimos años atrás. Yo con mis zapatos más cómodos. Ella con sus tacones más bajos.

 

Nos dirigimos en primer lugar al famoso barrio de los pintores. Nuestro preferido. Ella agarrada a mi brazo. Yo dejándome agarrar.

 

Fue al pie de la escalinata que da acceso al Sacre Cor cuando sucedió. Se detuvo en seco soltándose de mi brazo y volvió la vista atrás. Estuvo ausente unos segundos y luego volvió junto a mí. No le di importancia. Tampoco quise preguntar. Continuamos nuestro camino.

 

Sin embargo, apenas una hora después, en el Boulvard de Cliché volvió a suceder. Unos segundos de ausencia, vista atrás,… regreso a mi brazo. A partir de ese momento la situación fue repitiéndose cada vez con más frecuencia. A veces era yo quién se detenía para ver algún puesto o algún escaparate. Ella continuaba caminando.

Dejamos de ir abrazados. Sólo cogidos de la mano. Luego dos dedos entrelazados. Finalmente, ante su apatía, era yo quien en ocasiones metía la mano en el bolsillo de su abrigo o me agarraba al cinturón que ajustaba su cintura.

 

Todo eso, sus continuas paradas. Los cortos distanciamientos. Las fugaces ausencias, hicieron que al final regresara al hotel solo. No puedo decir que estuviera triste. Tampoco diré que esa noche dormí bien.

 

La mañana siguiente, me desperté temprano. Disfruté del desayuno buffet del hotel y salí hacia el aeropuerto.

 

Eso fue todo. Así pasó. Un viaje corto de apenas unas horas. Un viaje en el que conseguí dejarla para siempre en París. Allí quedó, eternamente, la nostalgia de su recuerdo

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