cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

14 min
Ciego y enfermo
Drama |
18.11.13
  • 4
  • 3
  • 1976
Sinopsis

"Lo mejor que puedes hacer es enfrentarte a los acontecimientos de uno en uno, ordenadamente, y confiar en que ninguno de ellos te haga trizas. " RICHARD FORD

ANTES:

Desde la ventana puedes ver las calles adoquinadas y estrechas de Santiago. La luz de la vieja farola es sombría, velada, pero suficientemente fuerte como para orientar  en el silencio de la noche a dos cansados peregrinos dirigiéndose hacia las puertas de la catedral.

A tu espalda, Olga, tu mujer, duerme plácida, desnuda y tumbada entre sabanas arrugadas, envuelta en un sueño que ningún beso  interrumpirá…

-    No hace falta que digas nada. Tu rostro lo dice todo…

Dejó caer hace unos días con un tono extraordinariamente frío, inflexible y severo. Sentado en el salón y perdido en el fondo de una televisión apagada buscabas en silencio palabras para decirle que lo más probable es que tuvieras que marchar.

Desde algún rincón de la calle puedes oír el ruido de una persiana al cerrarse y no sabes porque te imaginas a un camarero cansado despidiendo a los últimos clientes borrachos de una tediosa jornada.

 Beatriz, vuestra  hija, descansa en la habitación de al lado. Dentro de unos días cumplirá cuatro años e ignora que ese día  su pequeño corazón seguramente pruebe por primera vez el amargo sabor de la decepción. Olga será  la encargada de comunicarle que no podrás estar, que tienes que marchar, que has vuelto a embarcar…

-    Amancio…eres un egoísta…

Te dijo saliendo de la habitación, sin mirarte y con un tono estudiado, relajado pero especialmente cansado.

Olga no comprende que no hay nada que decir. No viene de una familia de marineros y le cuesta creer que la decepción pasara. Que es preferible el ejemplo de un padre ausente que el de un entristecido taxista. Podrías haberle hablado de tu infancia, de tu familia o de las más de trescientas campañas pesqueras que hizo tu padre por todo el mundo. Pero es un tema que conoce muy bien, ya no le impresiona y de todas formas, esa es otra historia…

-    Yo no quería venir a Santiago, no soy feliz  en Santiago. Te recuerdo que nos vinimos por que querías ser taxista, que tu tío tenía un puesto perfecto para ti, que marchándonos  de Barcelona conseguirías mantenerte alejado de tu maldita adicción…ahora no se te ocurre otra cosa que encerrarte de nuevo en un barco ¿acaso no has pensado en las consecuencias?

Te levantas todos los días a las seis de la mañana, cuando tienes suerte o no te lo permiten las fuerzas regresas a casa antes de las once de la noche. Así durante seis días a la semana para poder conseguir un sueldo digno. El día que tienes libre no te queda ganas para sonreír.

No, no has pensado en las consecuencias. No quieres pensar en las consecuencias…

-    Volver a casa, a mi tierra, con la mujer de mi vida será un orgullo y será lo mejor para los tres, me dijiste con esa sonrisa tuya...

 

Todo podría ser más fácil

Te recuerda una  voz familiar  mientras una sensación  irritable aletea en tu estomago con la incesante carencia de un pez agonizando tirado en tierra firme.

Todo podría ser más fácil

Repite con acento burlesco.

Sabes muy bien donde podrías conseguirme a estas horas de la noche....

Llevas un año en Santiago, engañándote y mintiendo a los demás…

Vamos Amancio, vamos, no finjas...

No trates de ignorarme...

Dejemos la hipocresía a un lado que esta rayita va por ti…

Lentamente te das la vuelta. La luz de la luna entra por la ventana dibujando en la penumbra de la habitación sombras imprecisas.

Observas las vigas del techo, la puerta, observas la cómoda, las mesitas. Observas a Olga.

Lánguido te diriges hacia donde está durmiendo. Te sientas al otro lado de la cama.

Te imaginas retirándole el pelo del rostro, acariciando su cara, besando su mejilla. Pero por alguna razón no lo haces. Es sorprendente la distancia que puede haber entre dos personas que comparten la misma cama todas las noches.

Te levantas y sales del dormitorio. Recorriendo el pasillo piensas en Beatriz durmiendo en la habitación rodeada de juguetes y en si la habrá despertado el sonido de los pasos mientras viene a tu memoria el recuerdo de tu padre. Concretamente una época en la que tu madre y tú compartíais la casa con un hombre que  te resultaba inquietantemente extraño. Todavía hoy puedes oír sus pasos a altas horas de la madrugada, por toda la casa, abriendo y cerrando puertas. Recuerdas el sonido exclusivo de los cubitos cayendo en un vaso de tubo, puedes oír perfectamente cómo se iban partiendo lentamente, resquebrajando el silencio de la noche y como eso te inquietaba, te impedía dormir y aunque no alcanzabas a descifrarlo entonces, ahora estas seguro de que eras consciente de que algo no iba bien. Recuerdas a tu madre pasándote la mano por la cabeza, diciéndote que fueras un rato a la calle cuando le preguntabas porque no dormía papá.

Mientras agarras una botella de vino de la nevera intentas imaginar que le dirá Olga a vuestra hija al respecto y en cómo le hará sentir todo esto. Con una copa en una mano y el vino en la otra te asomas sigilosamente en la habitación de Beatriz y como era de esperar la encuentras durmiendo, sumida en un sueño profundo. La observas, sonríes, pero es esta una sonrisa  que no te gustaría ver reflejada en sus ojos.

Cierras la puerta y abres la de al lado. Ante ti  una habitación que se puede ver como una pequeña biblioteca o estudio, como una sala de lectura o una habitación de invitados. Un rincón que es el más entrañable de la casa y donde la primera copa de la noche no podrá hacerte daño alguno. Abres el cajón del escritorio y ves la carta para la entrevista de trabajo que realizaste hace un par de semanas. Dejas el vino sobre la mesa…

-    Aquí pone que en el noventa y seis realizó dos campañas seguidas de seis meses cada una pescando bacalao cerca del Ártico…

Desde que entraste en la oficina no te gustó su rostro. Sus afilados ojos reflejaban una astucia mordaz e irrespetuosa. Su nariz aguileña perfilaba un cuerpo cincelado a golpe de gimnasio, delgado pero fibroso.  Serio y observándolo fijamente de un modo que conoces muy bien,  te preguntabas como quedaría tu puño estampado entre esos ojos rasgados que te miraban con la inteligencia de una comadreja.

-    ¿Tuvo que ser duro? ¿que tenía? ¿dieciséis, diecisiete?

Conocías muy bien a ese tipo de calaña. Hombres sin escrúpulos, aguardando en todo momento una oportunidad para darle por culo a cualquiera que tengan delante por el solo placer de joder a todo bicho viviente. Reconociste la jugada, te estudian en pocos segundos, su mezquindad les otorga una gran habilidad para ello, esperan en todo momento que cometas un error, que bajes la guardia. Luego te lanzan el cebo…

¿Tuvo que ser duro? ¿No me imagino lo que tuvo que pasar? Es usted una persona fuerte, le admiro.

Si al final lo consiguen por una puñetera razón siempre te sentirás en deuda con ellos. Mientras lo mirabas- su pelo negro, de punta, disimulando una calvicie prominente, una sonrisa seductora y desvergonzada, impertinente y mordaz- apretabas los labios a la vez que te esforzaba para no saltar sobre él, agarrarle de la pechera  y decirle que su tabique nasal al romperse sonaría como el de otra persona cualquiera.

-    Vi cosas que no se pueden ver en ningún otro lado del mundo…

Le contestaste fríamente, comprobando que su rostro no esperaba tus palabras y como un atisbo de duda fruncía la parte derecha de su labio. Las jornadas eran de dieciséis horas y se dormía en una cama caliente- pensaste en  decirle- he visto a miles de focas apaleadas y abiertas en canal por barbaros que parecían salir de los confines de un infierno helado, he visto como un iceberg movido por la gracia divina pasaba a centímetros del barco. También rumiaste en relatarle como durante una tormenta un golpe de mar se llevaba a un compañero que un segundo antes había estado ajustando un cabo a tu lado y como dos horas después te encontrabas lanzando la red porque tenías un horario que cumplir; una campaña que finalizar…

-    Al final es un trabajo como otro cualquiera…

Terminaste de decir para ver como cansado de la firmeza de tu mirada, o tal vez abrumado por el tono de tu voz bajaba la vista hacia el CV que sujetaba con cierta expectación…

-    Desde el noventa y ocho- empezó a decir sin razón aparente- pescando por el Gran Sol, el mar del norte, escalas en Sudáfrica, Brasil, Canadá… largas campañas por el Pacifico, por todo el mediterráneo, prácticamente se ha recorrido el atlántico…y en el dos mil ocho, de repente…aparece en Santiago trabajando como taxista ¿Por qué?

Terminó de soltar para rápidamente levantar la mirada y mostrarte unos ojos castaños que observaban mucho más allá de lo que te hubiera gustado mostrar. Fue un simple instante, un segundo, pero el tiempo suficiente como para forzarte a bajar los ojos y posar la mirada en las manos, una parte de tu cuerpo que hasta ese momento te había pasado desapercibida.

Dejaste la pesca para no terminar hastiado, sin emociones visibles, peligrosamente endurecido, hueco por dentro: como tu padre. Ahora piensas que simplemente aplazaste lo inevitable.

Rápidamente levantaste la mirada a ese hijo de puta que habías subestimado y le sonreíste con perspicacia  mientras en tu cabeza le enseñabas unas cuantas cosas que no se enseñan en un gimnasio.

-    Necesitaba un cambio en mi vida…

Saliste de la oficina jodidamente encrespado y con un trabajo bajo el brazo. Sentado en el asiento del taxi mirabas impotente el leve temblor de tus manos al volante. Es un buen sueldo, cuatro meses de campaña y quince días de vacaciones. Empezabas a relajarte, sonaba perfecto y así creías que le sonaría a Olga una vez se lo hubieras dicho. Pero delante de ella no supiste decir nada. Te diste cuenta de lo equivocado, de lo perdido que estabas.

Dejas caer la carta en el cajón y con un golpe de muslo lo cierras. Agarras el vino, la copa, te diriges hacia la habitación…

El brillo de las farolas se filtra entre las cortinas quebrando las sombras del dormitorio con tenues destellos de luz. Olga sigue durmiendo, apacible es su aspecto y la película de indiferente severidad de los últimos días parece haber desaparecido de su rostro.

-    Llevas cerca de un año sin consumir ¿cuánto tiempo crees que tardaras en recaer encerrado en un barco?

Fueron las últimas palabras que te dijo antes de echarse las manos sobre el rostro, caer en la cuenta de que la decisión de un gallego se lleva hasta el final y afirmar con lágrimas silenciosas y un tono firme pero entristecidamente resignado que estabas ciego.

-    …ciego y enfermo.

Tomas asiento en una mecedora que hay en el rincón, dejas la copa en el suelo.

Tu mirada se posa en la mesita. Te  fijas en una fotografía, en esa donde salís en un parque vestidos de novios y no sabes porque va viniendo lentamente a tu cabeza una canción popular mientras vas cayendo en un suave entumecimiento…

Cuando abres los ojos te sorprendes al ver como de la nada  se materializan lentamente "un par de rayas en el cristal de vuestra foto de bodas". Un sueño dentro de un sueño. Han debido de ser menos de dos minutos pero la ilusión ha sido muy real. Puedes sentir el impacto violento de la cocaína contra tu cerebro, el olor químico por toda la habitación.

Te levantas y llenas de nuevo la copa vacía.Dentro de dos días volverás a embarcar, después de cuatro años tu vida volverá a entregarse a un espacio reducido entre paréntesis de mamparos, estadísticas y atraques, desembarques, pasajeros cabreados, putas de puerto y crepúsculos enrojecidos, capitanes borrachos, salitre y un olor a combustible al que uno nunca se termina de acostumbrar del todo. Alejado del orden social normal establecido, separado de Olga y Beatriz. Un pensamiento que te da una cierta seguridad en ti mismo a la vez que te sientes mezquino y avergonzado.

Te vas porque estas a punto de derrumbarte y esa es la verdad.

No quieres que estén presentes…

La luna llena ilumina los tejados de Santiago. La noche es agradable, la calle está desierta y el relente primaveral forma una fina neblina a ras del empedrado suelo. El albariño que bebes es bueno y la noche será  larga.

 

AHORA:

-     ¡Puente! ¡Popa libre de tacón!

Grita el marinero al magnetófono de maniobra que comunica directamente con el puente de mando mientras termina de enrollar el cabo de amarre en el molinillo, suelta el pie del pedal y con un movimiento elegante coge un cigarrillo que descansa  en su oreja. Se lo lleva a la boca, lo enciende, aspira hondo. Una maniobra mas realizada sin problemas, una maniobra menos antes de finalizar campaña. Ya queda menos, ya queda menos, imaginas que estará pensando.

Apoyado en la borda de la cubierta de popa contemplas como  partís del puerto. Enfrente de ti, bulliciosa, desvergonzada, la noche de Ibiza vuelve a coger aliento. Iluminada  cobra vida irradiando tentaciones, desenfreno y la promesa que lo que pase en Ibiza quedara en Ibiza. La silueta de la isla se va empequeñeciendo lentamente al ritmo de los motores, de la brisa, del salitre que mancilla y acaricia tu rostro. Si estar embarcado merece la pena es por estos momentos, piensas mientras observas el castillo de Ibiza rodeado por el pueblo antiguo, por la ruinas del recinto amurallado.

Pero también te da tiempo antes de perder de vista la isla  y el buque sea engullido por la oscuridad del mediterráneo  de ver el litoral en toda su totalidad picado por la imagen de más de media docena de esqueléticas grúas de construcción. Plataformas, maquinaria pesada, grúas inmovilizadas, abandonadas,  espectadores silenciosos de una época cínica, corroída por la abundancia y el desenfreno. Caries, muelas perforadas, astilladas de una dentadura podrida. Testigos mudos de un país miserablemente autodestructivo.

Te das la vuelta al tiempo que cubres tu cabeza con la capucha de la chaqueta. Doce y media es la hora que señala el móvil cuando compruebas que el aparato sigue sin registrar llamada alguna. Otro día más sin saber nada de tu mujer. De tu hija. Olga no devuelve las llamadas y en el fondo del la rabia que eso te provoca esta la dolorosa confirmación de que no se le puede reprochar nada.

Durante todo este tiempo te has mantenido firme. No has vuelto a recaer.

Pero...

¿De verdad merece la pena estar embarcado?

                                               

                                                       Fin

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • El estilo narrativo es muy bueno, claro, conciso, va al grano. A esto se une la voz narrativa, como un monólogo, lo que le otorga aún más fuerza al relato. Como en el anterior relato que ya te había leído, se palpa amargura, crudeza y una descarnada visión realista de la vida a un destino que parece inevitbale, como una droga de la que no hay cura....Muy buen trabajo.
    Una sensación de vacío, de inquietud me ha seguido mientras iba leyendo, a pesar de todo, quería saber más. Al terminar, me he sorprendido mirando hacia la ventana, donde estará ese barco...Abordas un tema doloroso y con un realismo en el sentir de los protagonistas que impresiona.Muchas felicidades.
    Tu relato pega donde duele, saca los fantasmas de la derrota y te lleva hacia el lugar que habita la desdicha sin escalas inútiles. Me ha dejado pensando en las cobardías cotidianas que van condenando nuestro día a día. A ver quién concilia el sueño ahora. Un saludo
  • “Hay veces que mientras canto me acuerdo que he dejado la lavadora puesta” Iván Ferreiro

    “¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.” G.K. Chesterton.

    “No hay absolutamente nada que hacer en el pueblo… El alma se pone enferma de aburrimiento.” Carson McCullers.

    "Nos hundimos como tablas de un suelo podrido mientras el mundo lucha por desbloquear la estructura que le atenaza el cerebro. (Dios es un local vacío donde no hay filetes)" CHARLES BUKOWSKI

    “Aprendemos grandes cosas por pequeñas experiencias” BRAM STOKER

    “A nadie le importa un comino, pero es nuestro comino” LESLIE NIELSEN

    “Me gusta la gente con ese átomo de locura que hace que la existencia no sea monótona, aunque sean personas desgraciadas y estén siempre en las nubes.” CARMEN LAFORET

    “Los ríos hondos corren en silencio; los arroyos son ruidosos” Proverbio Hindú

    “Es absolutamente imposible contemplar una puesta de sol de cerca. Por eso el hombre invento el huevo frito” JAUME PERICH

    “La familia es un defecto del que no nos reponemos fácilmente” HERMANN HESSE

  • 23
  • 4.53
  • 238

Si se me permite, me gustaría aprovechar este momento para echar un órdago a aquellas personas, que como yo, sufren una extraña alteración en las funciones vitales cuando se ven abocados al vacío de un “Sobre Mi”. Vértigo, bloqueo, encogimiento de las partes nobles, picor en los ojos, moqueo, estornudos constantes, urticaria repentina… Es horrible, de verdad, créanme cuando digo que cuando nos vemos en esta situación la única salida que nos queda es echarnos en el suelo, formar un ovillo con nuestros cuerpos trastornados y esperar a que acabe la pesadilla. Y ahora que he logrado levantarme del suelo y recobrar algo de dignidad me pregunto si habré logrado mi propósito. Joder, estoy desvariando. No sé si tomarme un vino o una cerveza. En fin, me hare un vinito y mientras lo pienso.

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta