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6 min
Mi bella durmiente
Fantasía |
07.04.06
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Sinopsis

MI BELLA DURMIENTE





Cuando tomé su mano helada entre las mías se estremeció todo mi ser. El gélido contacto heló mi sangre, y mi alma. Cerré los ojos e imaginé una situación menos amarga que diese otro sentido a aquel escalofriante tacto.

Ella y yo acabábamos de darnos un baño en las aguas bravas del Cantábrico y habíamos salido a tumbarnos en la arena. Yo cogía su mano fría y miraba directamente sus ojos. Eran verdes como dos islas tropicales sobre un mar de salvajes olas espumeantes. El frío había dado un tono pálido a su piel y yo la abracé para cederle el calor de mi cuerpo. Besé sus labios azules mientras sus pechos turgentes clavaron sus erectos arpones demasiado cerca de mi corazón.

El sonido de las olas batiéndose contra las rocas se fue apagando lentamente hasta que el doloroso silencio me devolvió a la habitación donde yo sólo sujetaba su mano glacial. Tres paredes blancas y una gran cristalera a mis espaldas, como un ojo abierto al mundo, me oprimían angustiosamente. Ella y yo, y el mundo detrás. Pronto mis compañeros, los siervos de Hades, vendrían a llevársela para siempre. La belleza más pura que jamás hubiese conocido iba a ser condenada al olvido. Quería aprovechar junto a ella cada minuto que quedase, cada segundo. Un amor tan poderoso no podía terminar tan cruelmente.

De pronto, supe qué hacer. Solté su mano y escribí una nota. Me dirigí al ventanal y, para más sorpresa de los que ya me estaban mirando atónitos, corrí las cortinas como párpados que se cierran por última vez en una macabra alegoría de la muerte. Me tumbé sobre ella y la besé. Todo su cuerpo estaba tan frío como su mano, pero no estaba mojada como en mi sueño anterior, ni respondió a mis caricias y abrazos. Sus pechos, sus caderas, sus muslos, todo estaba rígido y duro como un lecho de cantos rodados junto a un río. ¿Me había tumbado sobre ella o sobre la pétrea estatua yacente de una lápida? No importaba ya. Mi decisión estaba tomada. Con la nota en mi mano cerré mis ojos con la intención de no volverlos a abrir. Deseé que no fuese Hipnos el que me condujese al sueño, sino su gemelo, Thánatos, el que me condujese a la muerte. Un deseo de morir tan sobrehumano como el amor que sentía por aquella mujer no podía ser desoído por los dioses.

De nuevo estamos los dos solos, nadando mar adentro en las frías aguas cantábricas, dejando atrás para siempre mí querida tierra asturiana. Es como un sueño en el que observo la escena desde fuera, viéndome a mí mismo alejarme junto a ella en la tarde, hasta que la noche y la lejanía funden en negro nuestras figuras.

Silencio. Oscuro silencio…

Ahora veo al que debió de ser el marido de mi amada. Llora en un sillón y en su mano aferra la nota que yo había escrito:

“Mi más ferviente deseo es ser incinerado junto a esta mujer y que nuestras cenizas vuelen eternamente juntas entre los vientos del mundo”.

Frente a él, una urna de cerámica apresa los restos grises de la que fuera la más hermosa criatura. Su marido la ha querido para sí, aún en contra de mi voluntad. Me hubiera gustado preguntarle a ella, darle a elegir entre su presidio y mi libertad.

Me veo ahora en lo alto de las rocas mojadas donde jugaba en mi infancia. No me he desplazado hasta aquí, sencillamente he aparecido, sin más. Ya no estoy sujeto a las leyes físicas. Carezco de cuerpo. Soy un espíritu, un alma o, sencillamente, un pensamiento. Sí, un pensamiento. Sólo soy una consciencia de lo que está sucediendo. Alguien porta una urna con mis cenizas, que no llegaron a arder junto a las de ella. Ese hombre podría ser mi hermano o un amigo, no sé, quizás ambas cosas. Esta solo, como yo. Tras pensarlo un rato, despidiéndose de mí, supongo, ha quitado la tapa y me lanza al viento terral. Me elevo entre las gaviotas, que parecen reírse de mi absurdo final. He muerto de amor para ser amado eternamente por una mujer que acababa de conocer, y que ni siquiera había llegado a imaginar que, allá en el inframundo, ella hubiese podido no corresponder a mi amor; y ahora me alejo solo de esa playa donde antes había imaginado abrazarla. Una mujer tan desconocida que ni siquiera había llegado a saber su nombre, pero que era de una belleza tan cautivadora que no pude resistir a dejarla montar sola en la barca de Caronte.

Ya da todo igual. Iré yo solo a encontrar mi destino. De todos modos, después de haberla visto en su féretro, en aquella cámara del tanatorio donde trabajaba, y de haberme enamorado tan irracionalmente de ella, ya no hubiera podido seguir vivo, errando por un mundo donde sabía que no la iba a encontrar de nuevo.

Cierro los ojos que no tengo mientras el viento me lleva sobre el mar e intento imaginar de nuevo que chapoteo junto a ella, pero no lo consigo.

No. El final no será así. Mientras mis cenizas se disuelven en el aire, antes de que lleguen siquiera a humedecerse en mi Cantábrico, yo me desvanezco igualmente en la nada. Me debilito mientras me pregunto si éste será el fin de todos los hombres o sólo a mí se me ha concedido este momento para ser consciente de mi propio final.
Ella no está. El mar tampoco se agita allá abajo. Ya no hay nada. Ya no…


Manuel Trigo


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  • Me ha gustado mucho. Sobre lo de los adjetivos que te criticaban quizás en la primera parte del relato es donde se hace más evidente un cierto abuso, pues prácticamente no hay sustantivo sin su epíteto correspondiente.Aunque tengo que decir que salvo alguno como "salvajes olas espumeantes", o el condensar en las tres primeras líneas "helada gélido y escalofriante", los demás aún siendo abundantes en número, no me parece que desmerezcan el texto incluso muchos son muy útiles para introducirse de lleno en el escenario. En cualquier caso a medida que avanza la lectura, cada vez son menos los adjetivos empleados, es como si al pasar de la parte descriptiva inicial de la situación a la acción posterior, ya fueran menos necesarios y te vas despojando de ellos. Te agradezco mucho el haberme guiado hasta aquí para evadirme un poco del fuego cruzado que estamos viviendo estos días.Un saludo y gracias por tu valoración.Miranda.
    Hola. Dulce muerte...
    El olvido no existe, pues tenemos la memoria, y ésta no da paso al olvido. Me ha encantodo.Por una parte hermosa y a su vez el otro lada de la tristeza. "por cierto me encantan los comentarios que me haces a mis relatos.P.D. Aunque se que me falta tu talento. Gracias te seguire leyendo. Un saludo
    muy bueno. es como romeo y julieta, solo que no la conocía de nada
    Muy tierno y muy duro, pone los pelos de punta. Pa enamorarse. Es muy descriptivo, tanto que se puede llegar a sentir lo mismo que el pobre desgraciado del protagonista.
    Entré en tu web y luego busqué sobre tí en google. Es por eso que estoy aquí, por si tenías alguno otra cosa nueva. Veo que en tu web tienes más que aquí, pero ya que estoy te lo valoro como merece (leyéndolo todo, no como otros :DDDD ). El relato es exquisito. Muy descriptivo, como bien indica Xristinah (o como se escriba, que desde la página de opinión no puedo verlo), aunque a ella le saturen los adjetvos. Opino que esos adjetivos son necesarios para poder plasmar una imagen en el lector utiliznado las pocas palabras que un relato permite. Por lo uq he leido de sus novelas, el estilo es distinto. Cada cual apropiado a lo que corresponde. A mí, personalmente, es el que más me gusta de los que tienes en tu web. Muy onírico. Puro pensamiento. Se empatiza rápidamente y al final, casi muero yo también. Se ve que no eres muy religioso, ¿verdad?. Es lo que menos me gusta, pues yo soy católico y esto es un poco hereje (no te ofendas, que te lo perdono, por lo bien escrito que está ;) )
    Extraña historia de amor. El flechazo lo mató.
    Sorprendidísima. Entré hace unas horas a esta web que me recomendó una amiga y me puse a leer relatos de humor. Cuando leí Un día de perros me estuve partiendo de risa y quise saber si el mismo autor tenía algún relato más. Lo que menos esperaba era esto. La verdad es que he tenido que leerlo dos veces. Manuel ¿Qué sicólogo visitas? Tu eres un suicida en potencia. Es una historia muy triste, pero muy, muy emotiva. Antes casi se me saltan las lágrimas de risa y ahora de pena. Pobre hombre. Ya no leo más, con esta tengo para saborearla unos días. Sigue escribiendo y publica y me avisas en marta2000@terra.es
    Pues a mi me ha encantado este relato que no debería estar en surrealistas, sino en la categoría de amor. Yo veo el amor llevado a extremo. El giro que pega la historia es espectacular, hasta que no llegas a la segunda parte no te enteras de qué va, y la verdad es que aluciné cuando lo leí. Quizás sí tenga muchos adjetivos, pero es que es un relato corto. Si en vez de poner " fría, helada" hubiese puesto algo así como "tal fue el frío que sentí, que casi hiela también mi mano". Sin adjetivos, pero con mucha más extensión para contar lo mismo. Podría haber puesto sólo "helada", sobrando el "fría". Yo lo veo una redundancia, pero que supongo que el autor la ha puesto a propósito para complementar al primer adjetivo, potenciándolo. Yo lo que veo es que se cuenta mucho con muy pocas palabras y que siendo tan breve es difícil que yo me haya sentido tan involucrado con la historia y me haya encariñado tanto del personaje.
  • Y ya que discutimos sobre adjetivos, ahí va un pecaminoso asíndeton de tres adjetivos juntos ;)

    Dedicado a los que se empeñan en seguir vivos. Por cierto, lo de mataros a todos queda para más adelante, que ahora se acercan las vacaiones. Después, aceptaré voluntarios que me ayuden a asesinar, que sois demasiada gente.

    ¡Que lo disfrutéis!

    NO DEJÉIS DE LEER EL PRÓXIMO. OS CONVIENE.

    A Lázaro, ese gran maestro de los finales frescos y sorprendentes que tanto se han de valorar un en un relato y que a todos se nos suele olvidar aplicar a los nuestros. ACLARO: Las admiraciones del título son porque no me deja poner un título de tan sólo 4 caracateres.

    Perdón por pasar poco por aquí últimamente, pero estoy como el personaje de este relato. No tengo tiempo "pa ná", pero no os he abandonado, jejejej.

    A mi héroe, el Dr. House, a quien me parezco increiblemente, excepto en sus virtudes.

    Hola de nuevo, tras una breve pausa. Ando excesivamente liado últimamente, que tengo varios frentes abiertos. Mi salud me exige que los cierre absolutamente todos, pero mi carácter me los impide. Ya no es día 23, ya pasa bastante de las 24h, pero acabo de llegar de esta magnífica oportunidad que me ha brindado la Librería Carmen y lo menos que podía hacer era publicar este humilde homenaje que les he dedicado. Un saludo y espero poder contar de nuevo con tiempo para volver a leeros y meterme con vosotros (por la cuenta que me tiene, jejeje).

    Algo que quiero compartir con vosotros.

    Esto no es un relato más. Es una confesión. Sólo os ruego un poco de comprensión, que por un instante hagáis el esfuerzo de poneros en mi lugar.

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Lectura y escritura. Ambas complementan en la vida irreal lo que no puedo vivir en la real, que intento exprimir a tope con toda actividad posible y deportes de riesgo. No soy maestro de nada, pero me enorgullezco de ser aprendiz de todo, como buen renacentista. Una pincelada de saber en cada ciencia permite hablar con infinidad de maestros.

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