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7 min
Mi cuento de princesas
Amor |
11.11.08
  • 4
  • 3
  • 1861
Sinopsis

Tal vez escriba una segunda parte... porque me parece que se queda un poco a medias, pero de momento ahí va esto.

Mi cuento de princesas


      Aquella semana fue la más importante de toda mi vida. Había decidido tomarme unas vacaciones y pasar unos días con mis padres, así que cerré el despacho, hice las maletas y me presenté en Segovia sin avisar.
      Iba a visitar a mis padres casi todos los fines de semana. Salía de Madrid el sábado después de comer, porque abría el despacho por la mañana y pasaba la tarde con ellos. La tarde del domingo la pasaba con Cova tomando algo o dando un paseo. Normalmente era el único día de la semana que nos veíamos, aunque hablábamos todos los días. Pero esa semana no sería como cualquier otra.
      Covadonga era profesora, y esa semana, la primera de Junio, la iba a pasar con sus alumnos en un pueblo de Salamanca, de excursión, y no podríamos hablar. Yo, por mi parte, iba a pasar la semana en Segovia, como ya he dicho.
      De lunes a viernes mis padres trabajaban mañana y tarde, por lo que podría aprovechar para adelantar un poco de trabajo por las tardes y dormir por las mañanas y para dar alguno de esos paseos por el barrio y por la zona antigua de Segovia que solía dar varios años atrás, y que hacían que una magia especial recorriese todo mi cuerpo y me hiciese estremecer. También podría aprovechar para pasar una tarde con Suso, que hacía mucho que no le veía.
      Suso era mi ex novio. Estuvimos juntos cuando yo tenía 16 ó 17 años. Duramos nueve meses, como un embarazo, y después nos dimos cuenta de que nuestra relación era más de dos buenos amigos con “derecho a roce” que de una pareja de novios. Yo seguía sintiendo algo por mi anterior novio, Dani; y él pronto se enamoró de una chica con la que ahora está casado y en espera de un crío. A pesar de todo esto, nunca perdimos el contacto y, junto a Cova, era mi persona de mayor confianza. Cuando llegué a Segovia le llamé para quedar, y quedamos el martes por la tarde.
      El lunes lo pasé dando un paseo por detrás de la Catedral, llegando hasta el Alcázar para luego bajar hasta la SEK y volver a casa por la Fuencisla. Fue un paseo muy reconfortante que me hizo recordar muchos buenos momentos pasados en esas mismas calles.
      El martes pasé la tarde entera con Suso, tomando algo en un café al que solíamos ir poco más de 10 años atrás y recordando viejos tiempos. También fue reconfortante, hablamos de todo un poco y nos desahogamos mutuamente.
      Pero el miércoles fue cuando empezó lo mejor de esta semana. Decidí que daría una vuelta por mi barrio, San Lorenzo, para seguir recordando mi infancia y mi adolescencia. Y fue la mejor elección que podía hacer.
      Paseaba sin rumbo fijo, y de pronto me vi frente a la casa de Dani. Seguí caminando con la mirada perdida, y me pareció verle aparecer a lo lejos. De repente, mi mente comenzó a quitar la arena que se hallaba sobre sentimientos enterrados mucho tiempo atrás. Pasados unos momentos, me di cuenta de que realmente era él y me quedé mirándole, sin tardar mucho tiempo en darme cuenta de que el también me miraba a mí. Lo siguiente que recuerdo es que estaba hablando con él:
      -¡Vaya, Noelia! ¡Dichosos los ojos que te ven! ¿Qué hay de tu vida?
      -Pues ya ves, he venido a pasar la semana con mis padres, que me he tomado unas pequeñas vacaciones.
      -¿Dónde trabajas?
      -Soy psicóloga. Tengo un despacho privado en Madrid. ¿Y tú? ¿Qué hay de ti?
      -Vaya, psicóloga. Veo que pudiste cumplir tu sueño. Oye, me encantaría quedarme hablando contigo, pero tengo que irme. Escucha, el sábado se casa mi hermano, y quizás te parezca una tontería, pero me gustaría que vinieses conmigo. Así tendremos tiempo para charlar tranquilamente.
      -Oh… ¿de veras? La verdad es que… sería fantástico.
      -Pues no se hable más. Pasaré a recogerte a las cinco y media. Por cierto, estás preciosa.
      Antes de que me diera tiempo a sonrojarme, ya había desaparecido como si de una estrella fugaz se tratase.
      Volví lentamente a casa, pensativa, melancólica, nostálgica. Con unos deseos irrefrenables de que llegase el sábado.
      Jueves y viernes fueron dedicados completamente a los preparativos de la boda. El jueves estuve en un centro de belleza para que me hiciesen la cera, me depilasen las cejas y que, en definitiva, me dejasen presentable. El viernes, en cambio, lo dediqué en ir de compras. Me compré un precioso vestido negro con algunos detalles en rojo, con zapatos, bolso, pendientes y colgante a juego.
      El sábado, una vez peinada y maquillada, pasé el tiempo con mis padres hasta las cinco y media, que vino Dani a recogerme. De los nervios que tenía me dio pro comer, y de tanto que comí, temí que no me valiese el vestido. Pero a las cinco y media estaba perfecta.
Sonó el timbre y fui, literalmente, corriendo a abrir la puerta. Dani estaba guapísimo. Con un traje negro con chaleco gris y corbata.
Fuimos a la iglesia dando un paseo, ya que estaba cerca de mi casa. La verdad es que no hablamos mucho en ese rato. Después de la misa, íbamos a cenar a un hotel en un pueblecito que no quedaba muy lejos, donde teníamos una habitación para pasar la noche. Fuimos en el coche de los novios, ya que el de Dani estaba en el taller y el mío en Madrid. Fui todo el camino hablando con la novia. Nos llevábamos bien cuando yo estaba con Dani y estuvimos contándonos que había sido de nuestra vida.
Cenando se empezó a normalizar un poco la situación, por fin. Dani y yo comenzamos a hablar. Hablamos de todo tipo de cosas. Nos contamos anécdotas. Recordamos el pasado. Pero ninguno se atrevió a preguntar por la vida amorosa del otro. No hasta que no íbamos con un par de copas. Y entonces ambos descubrimos, con cierto placer, como el otro estaba soltero y sin compromiso. Así que me decidí a decirle que esto que estaba pasando me había hecho sentir algo muy fuerte, que quería volver a conocerle, y volver a enamorarme de él. Pero no me dio tiempo. Cuando dije la primera palabra, me besó, me cogió en brazos y me llevó a la habitación. Me sentí como en un cuento de princesas. En mi cuento de princesas.
Pasamos la noche haciendo el amor como dos adolescentes enamorados. Fue maravilloso.
A la mañana siguiente volvimos a Segovia y me invitó a comer. Y entonces se me ocurrió una idea arriesgada. Y me arriesgué. Le pedí que se viniera conmigo a Madrid. Que viniera a vivir conmigo. Y justo cuando empecé a pensar que había sido un error pedírselo, me dijo que ése era el momento con el que había estado soñando los últimos diez años. Y me besó de nuevo.
Un par de horas después, estábamos subiendo a un tren con destino a Madrid, agarrados de la mano.

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  • El principio ha sido más lento, sin tanta emoción, pero la aparición de Dani ha animado mucho el relato. ¿Suceden cosas así en la realidad? No estaría nada mal. Aunque otra cosa es que la relación llegue a buen puerto
    Bueno, queda por saber que pasó con la pareja de Dani y el crio que esperaban, los finales que son felices para unos pueden no serlo para otros.
    Ke bonito noe, ojalá las vidas las escribiera alguien como tú para que tuvieran finales felices. Un beso wapa.
  • http://480kmdepalabras.blogspot.com

    Feliz cumpleaños, Gonzalo.

    Segunda parte. Podéis leerlo completo en http://480kmdepalabras.blogspot.com

    Con la ayuda y el apoyo de Venerdi.

    Venga, granujillas, comentad...

    Paula.

    Nadie se marcha para siempre.

    480kmdepalabras.blogspot.com

    1. La reina de los whiskys (LuciaC) 2. Un chupito de sobriedad (Venerdi) 3. Confusiones (Noelia) 4.Despertares borrascosos (LuciaC) 5.Me duele el alma (Venerdi) 6. El concierto (Noelia)

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