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4 min
MI CUMPLEAÑOS (relato erótico)
Amor |
15.05.14
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Sinopsis

Siempre ha sido uno de los sueños y deseos eróticos de todo hombre.

MI CUMPLEAÑOS

 

            Me despertó su boca, recorriendo bajo las sábanas todo  mi cuerpo. Cada beso, cada succión, cada vez que su lengua humedecía mi piel, sentía como mi verga crecía un poco más.

            Me encontraba en el limbo del placer. Mi cerebro que intentaba despertarse y salir del reino de Morfeo, se adentraba irremediablemente en el mundo de Afrodita.

            Con su mano derecho agarró mi falo, con un suave movimiento destapó todo el glande y lo introdujo en su boca. Sus carnosos labios subían y bajaban a lo largo del vigoroso miembro, acompañando este movimiento con su mano. Notó como mi cuerpo se tensaba y cuando estaba a punto de vaciarme, paró su rítmico baile bucal y apretando mis genitales, susurró:

 

  • Todavía nooo…aún te queda una sorpresa. Dijo mi mujer.

 

Estaba tan excitado que no podía razonar, sólo quería explotar, pero ella posó su boca sobre la mía y acariciando mi pelo, susurró...

 

  • Tranquilo, relájate y confía en mí.

 

Del cajón de la mesita de noche sacó varios fulares, que con maestría sirvieron para atarme las manos al cabecero de la cama, impidiendo todomovimiento. Con un tercer pañuelo me vendó los ojos.

Todo mi cuerpo se tensó aún más y sentía que mi pene ya no podía albergar más sangre. Su dureza me proporcionaba un placer-dolor, que ascendía rapidamente como impulsos eléctricos hacía mi cerebro. En ese momento no me importabamorir, no existía el mundo, sólo ella y yo.

Colocándose sobre mí, me cabalgó en un loco frenesí, yo intentaba zafarme de las ataduras para así poder con mis manos agarrarme a sus caderas y acompañar sus movimientos, pero me encontraba bien atado y esa imposibilidad hacía que mi placer y ebullición fueran en aumento. De repente sentí sus pechos rozando mi boca y como un niño pequeño empezé a succionarlos, pero... ¡unmomento! No podían ser sus pechos, pues ella seguía erguida clavándose en mí. Unas manos desconocidas me acariciabany otra boca me besaba. No podía pensar, no quería que pararan, estaba completamente entregado a ellas, el placer inundaba todo mi ser. Esa desconocida mujer recorría todo mi cuerpo con gran habilidad, mi desconcierto era total, no sabía si eran dos, tres o cien manos y bocas las que peregrinaban caoticamente por mi anatomía. Sentí como me desataban la mano derecha y permitían que acariciara un voluptuoso cuerpo, de amplias curvas y generosos pechos. Mis dedos indice y anular,se introdujeron en una jugosa vulva, y comencé a escuchar los gemidos de la misteriosa dama. Así seguimos los tres, en un rítmico baile que fue ascendiendo en intensidad, hasta que como una gran ola, en un tsunami de placenteras e intensas sensaciones, estallé, derramando toda mi esencia en la cumbre del éxtasis jamás alcanzado. Creo que llegué a perder la consciencia cayendo en un mundo irreal, mientras mi cuerpo se fue relajando hasta quedar sumido en un dulce sueño.

Cuando desperté estaba sólo, tendido en la cama. Habían pasado cuatro horas desde que mi pasión se había desatado y el dulce sabor salado de mujer, perduraba en mi boca. Lentamente me levanté, y tras una refrescante ducha me vestí mientras pensaba en lo sucedido. Salí de casa y en el ascensor encontré a mi vecina del quinto, mi bella vecina, con una sugerente blusa que hacía dificil poder mantener la mirada sólo en sus verdes ojos.

 

  • Buenos días vecino. Me dijo
  • Buenos días. Le respondí educadamente.

 

Ya en la calle y mientras me fijaba en el sensual contorneo de sus caderas, giró su cabeza y tirándome un beso me guiñó un ojo.

 

  • ¡Feliz cumpleaños! Me dijo.

 

En ese momento una sonrisa se dibujó en mi cara y con picardía le contesté:

 

  • ¡Gracias…! Por tu maravilloso regalo.

 

 

 

Pantero en Gigia a mayo de MMXIV

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Pantero, soldado romano en tiempos de Tiberio que sirvió en Judea, destacado por su fiereza en el combate y su buen hacer con las damas. Algunos le atribuyen la paternidad de Jesús de Nazaret. Hoy prefiero la pluma a la espada, con la se puede hacer incluso más daño. Peores son las heridas del alma.

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