cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

11 min
Mi cuñada
Terror |
21.12.20
  • 4
  • 11
  • 1124
Sinopsis

Ojalá no fuera una historia real, o por lo menos no fuera yo el personaje principal.

Mi cuñada

La conocí hace 11 años. Creo que me gustó desde que la vi porque es bonita y delgada, pero lo que me conquistó fue su bondad. La imposibilidad de lo nuestro me llevó poco a poco a ponerla en un altar alto e inalcanzable. Antes de casarme con su hermana, muchos de sus familiares pensaron que ella y yo éramos novios porque la primera vez que fui a una fiesta familiar mi futura novia no pudo asistir por trabajo, así que mandó a su hermana a ir por mí y acompañarme.

Al ser una ciudad nueva para mí, también la mandó a acompañarme a pasar el sábado. Tuvimos una cita de ocho horas, caminando por las nuevas calles, comiendo en restaurantes y cafeterías, y hablando de todo y nada. El viernes la reunión familiar y el sábado nuestra cita. Ella fue muy linda en todo momento, ¿cómo no enamorarse? El hecho de ser prohibida e imposible me hizo obsesionarme con ella pero pronto la olvide debido a que casi no la vemos. A veces pasan 6 meses y no sé nada de ella, ni una llamada, ninguna noticia. Son hermanas y se llevan muy bien pero no se frecuentan.

En fin, 11 años y debo confesar que me encantó desde el principio pero jamás me atrevería a decirle nada ni mucho menos a intentar algo. Nunca le he sido infiel a mi esposa y nuestro matrimonio es pleno y exitoso, así que no busco una aventura con nadie, mucho menos con su hermana.

Soy feliz con este amor platónico y disfruto de ver otras mujeres; al casarse el hombre no pierde el instinto animal ni deja de sentirse atraído por otras mujeres. En el caso de casi todos los hombres, estoy casi seguro, nos hace desearlas aun más. Talvez en las mujeres sea diferente, porque conozco a más de dos que aseguran que solo tienen ojos para un hombre a la vez. Pero hace una semana, todo cambió.

Sucedió muy rápido, llegué a pensar en algún momento que estaba soñando y que nada era real. De pronto me habló por teléfono y me pidió que fuera a ayudarla. Llegué a su casa de noche y le ayudé a meter todas sus cosas en una camioneta. Le había pedido permiso a mi esposa para quedarse en nuestra casa unos días, en lo que encontraba un nuevo lugar donde vivir. Descubrió que su novio le era infiel y se salió de la casa sin avisarle a donde iría. Se llevó toda su ropa, la televisión y hasta el dinero escondido que encontró. Hicimos su mudanza en menos de media hora y llegamos a casa a media noche.

Hablé con ella a solas y le dije que yo no tenía ningún problema de compartir la casa con ella, pues arriba tenía su propio baño y solo compartiríamos la regadera de abajo y la cocina. Le pedí que no se apresurara en mudarse a un lugar horrible solo porque fuera barato, que sería mejor pasar varios meses con nosotros. Esa noche no pude dormir pensando que ella estaba dormida arriba. Me imaginé entrando en su habitación en silencio o ella a la mía.

El día siguiente tuve un evento del trabajo y llegué tarde a casa. Vi a mi esposa dormida en la sala y varias latas de alcohol en la mesa. Pensé que mi cuñada estaría igual de borracha y cansada arriba porque estaban todas las luces apagadas, así que sin pensarlo me desnudé afuera de la regadera y una vez sin ropa fui a la cocina para tomar algo. Al abrir el refrigerador escuché la voz de mi dulce ángel dándome la bienvenida. Tomé mucho en mi compromiso laboral, estaba todavía muy borracho. No me dio pena que me viera, más bien me gustó que la mala suerte conspirara a mi favor. Sentí un poco de pena por ella, por la incomodidad que le pude haber causado y la vergüenza que tendría con su hermana y talvez conmigo. Así que por eso actué como si fuera algo normal y regresé a la regadera. Ella sonrió y talvez se disculpó, no recuerdo bien; todo pasó tan rápido.

Mientras me bañaba pensé en qué decirle, lo ensayé varias veces en mi mente pero al tenerla de frente no dije nada de eso. Desde abajo le pregunté si seguía despierta y dijo que sí. Subí a su cuarto y fingí que nuestro pequeño accidente nunca ocurrió. Ella hizo lo mismo. Hablamos de su exnovio y de los nuevos pendientes de la casa. El tema de mi pene o mis nalgas no fue requerido, qué bueno. Me es más fácil ignorar algo así, yo tenía pensado pedirle que no se lo comentara a mi esposa por miedo a que me lo cortara o a que nos corriera a uno o ambos de la casa. Desafortunadamente es invierno y el clima no me ayuda a dejarla con un recuerdo más bondadoso de mi miembro, ojalá me hubiera visto en verano, cuando mi amiguito hubiera sido menos tímido.

Después de eso descubrí el tipo de lencería que usa, pues subí por el basurero que tiene fuera del baño. La puerta de su cuarto estaba abierta y desde lejos pude ver como tenía su lencería colgada junto a la calefacción. Ella llega tarde a casa, igual que mi esposa, así que analicé sus sensuales conjuntos con calma. Le gustan los colore claros y también el negro. Había piezas muy elegantes, probablemente caras; de marca, y otros más juveniles y reveladores. Mi esposa usa ropa interior cómoda, nada sensual, del tipo que usan las mujeres para hacer ejercicio. Hace más de 11 años que no estoy con otra mujer, así que este tipo de lencería la tenía muy olvidada. No pude controlarme, no pude combatir la emoción ni el frenesí de su hermosa privacidad.

A veces trabaja desde casa, solo tiene que ir a la oficina dos o tres veces a la semana, desde la nueva pandemia le dieron un horario flexible. Yo generalmente llego a las 6, mi esposa a las 7 o más tarde, y a veces mi cuñada está abajo cocinando, esas veces me ofrece una cerveza para darme la bienvenida. Sus cervezas me saben a gloria, y aquellos minutos que hablamos de nada para mí son sagrados.

Hoy, como de costumbre, estábamos bebiendo los tres en la sala, después de haber bebido a montones en un restaurante. Estábamos completamente ebrios. Mi esposa fue la primera en vencerse, nos dio las buenas noches y se fue a dormir. Nos quedamos mi amor imposible y yo en la sala, tomando vino recostados en los almohadones del suelo. Ella quería seguir tomando y charlando, así que la acompañé. Me puse más cómodo para hablar con más libertad y me acosté en el suelo, con la cabeza cerca de ella. Le pregunté cómo se sentía y le repetí lo preocupado que me estaba por ella. Se abrió y me confesó que lo peor ya había pasado, que vivió 6 meses terribles a lado de su exnovio, con la inseguridad de una posible infidelidad. Dijo que esta es la etapa del odio, que la del coraje ya pasó.

Yo me hubiera amanecido tomando y charlando con ella pero es demasiado prudente, y las veces que nos hemos quedado solos siempre ha tratado de que sea breve para no generar un problema o un malentendido. Se despidió y me dijo que recogería todo el desastre pero me ofrecí yo a hacerlo y la mandé a dormir.

No sé si ella sienta algo por mí, algo como lo que yo siento por ella. Estoy seguro de que me aprecia como cuñado, incluso como un amigo que ve rara vez; me refiero a la atracción física. Talvez en estos momentos solo sea el rencor de la traición, la separación y los cambios, la soledad, o que la relación íntima con su expareja en los últimos meses haya sido terrible. Seguramente no soy su tipo y tiene muy claro desde el primer día que nos conocimos que soy el único hombre en el mundo con el que jamás tendría nada que ver, estará solamente agradecida por la ayuda que le he brindado, las atenciones y demás.

Después de limpiar la cocina, subí a su cuarto. No tenía pensado entrar, solo quería pararme un momento frente a su puerta y bajarme a dormir, pero su puerta estaba entreabierta y la luz estaba prendida. Me quedé paralizado al ver como se quitaba la pijama y no entendí porque se desvestía, pues hacía frío y ya se había bañado. Su ropa interior era demasiado atrevida y seductora para habérsela puesto ese día en que no hicimos nada más que pararnos muy tarde e ir a comer los tres. Era un conjunto que una dama usaría en la primera cita o la primera vez de haber posibilidad de intimidad con el nuevo prospecto. Vi su cuerpo y quede como piedra, era delgada, tenía unos senos y unos muslos divinos; era más bella de lo que había imaginado.

No me moví de ahí, mitad porque mis piernas no reaccionaban por el miedo a hacer ruido y ser descubierto, mitad por el deseo de venganza del día en que ella me vio a mí. La vi dibujar con la punta de sus dedos la silueta de su cuerpo. Se tocó por todos lados con urgencia y delicadeza, parecía que aquella danza era un regalo para mí. ¿Estaría pensando en mí y en nuestra última plática mientras se disfrutaba? Qué más daba en lo que pensara, yo me sumergí en la demencia y el éxtasis visual.

Sin apagar la luz, por fortuna, se recostó en la cama y siguió con el coqueteo, pero enfoco la atención en la zona que rodeaba sus braguitas y sus nalgas. Sin quitárselas, introdujo sus dedos, se pellizco y se acarició. Se le escapó un gemido y se retorció. Giró su cabeza, se agarró de la almohada e hizo unos movimientos pélvicos para gratificarse con más empeño y ritmo.

Casi me desmayo pero pude mover mis pies a tiempo para recobrar el equilibrio. Mis manos también cobraron vida propia y abrieron la puerta. Entré y no interrumpió su ritual. No hice mucho ruido al entrar o ella estaba muy concentrada. Me hinqué y como si hubiera algún acuerdo entre nosotros me acomodé entre sus piernas, la sujete de las caderas, moví con la lengua la tela que cubría el paraíso prohibido y bebí del manantial. Mi princesa no reaccionó con sorpresa, más bien con alegría. Su cuerpo se sacudía y el volumen de sus gemidos aumentó. ¿Pensaría que estaba soñando? Yo también me dejé llevar. Logré quitarme la ropa sin dejar de complacerla. Recorrí todo su cuerpo con mis dedos y mi lengua. Por momentos llegamos a intercambiar besos apasionados y otros tiernos. Sin quitarle su uniforme de ángel le hice el amor de igual forma, por momentos con ternura y de pronto como una bestia furiosa que devoraba a su presa. Le hice cosas que su hermana ni en sueños me permitiría. Experimenté ciertas acciones que tenía más de 11 años no sucedían, y ella me mostró también todo un mundo desconocido para mí. No sé de dónde saqué la energía ni la sustancia vital para rociarla tres veces en tres diferentes recipientes. Estoy convencido que también para ella fue la mejor noche que ha tenido en su vida, no podría ser responsable solo yo del milagro dionisiaco del que hubiéramos sido víctimas cuatro veces si no hubiese sido por la intrusa del fondo que requería motivos y explicaciones de nuestro bacanal.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Mexicano viviendo en Japón, gozando de mis dulces 16 (por segunda vez), godin deprimido, rapero frustrado, comediante serio, escritor (bastante malo [maligno, no mediocre]{creo}) Antes escribía puro terror, pero estos últimos años me ha entrado un calorcito que me obliga a escribir puras cosas cachondas, aunque de vez en cuando se me sale el demonio. Solía estar muy activo en esta red pero me cambié de trabajo. Ahora gano mucho dinero pero casi no tengo tiempo libre. También me dio por dibujar más que escribir, casi todos los días dibujo. Checa mi instagran: orashiosensei

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta