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4 min
MI HIJA
Reales |
27.11.13
  • 4
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Sinopsis

Carta a mi hija Tamara en su veintidós cumpleaños...

MI HIJA

 

            El 21 de noviembre de 1991, fue un jueves tranquilo y de tiempo apacible. La prensa no recogía importantes titulares en nuestra ciudad y en España, Felipe González, presidente socialista, lidiaba con el terrorismo de Eta, solucionaba diversas controversias con Argelia y a la vez preparaba la Expo de 1992. Maravillosa ventana de nuestro país al mundo.

            Ningún periódico recogía entre sus páginas, el hecho más importante que ha marcado para siempre mi vida. El nacimiento de mi hija Tamara.

             Cinco futuros padres, esperábamos el momento de conocer a nuestros hijos en una antesala del paritorio del Hospital de Cabueñes. Nervios y humo flotaban juntos por el lugar, y cigarrillo tras cigarrillo medíamos con nuestros pasos el largo de la sala de espera.

            Sobre las 15:30 horas aproximadamente y después de casi nueve horas de parto, Tamara respiró y protestó por primera vez. Era una niña sana que no quería abandonar el cálido cubículo materno y tuvo que ser una fría ventosa  adherida  a su cabeza la que extrajera a la reticente niña.

            Cuando salió en la pequeña cunita acompañada por el médico, mis ojos se abrieron al contemplar su cabecita. Era como una alienígena, con la cabeza en forma de huevo y una extraña marca circular en la parte superior. Sin decir palabra y señalando con mi dedo índice de la mano derecha a la pequeña, clavé mis ojos en el doctor quien antes de que yo dijera nada me preguntó:

        - ¿Ha visto usted por la calle algún niño con esa cabeza?

Yo quedé unos segundos pensativo y le respondí:

       -  Pues ahora que lo piensooo..., NO.

       -  Evidentemente, me recalcó. Muchos niños nacen con ayuda de la ventosa y por eso sus blandos y aún sin soldar huesecillos de la cabeza se descolocan adoptando esa forma ovoide, pero no se preocupe que en unos días volverán a su sitio y la niña tendrá una linda y redonda cabecita. Concluyó con una irónica sonrisa en sus labios.

         - Más te vale, pensé yo.

            A la niña se la llevaron al nido, (así se llamaba el lugar donde estaban los neonatos y les practicaban los primeros cuídados), y detrás, salió en una camilla su madre, aún con el rostro desencajado por el tremendo esfuerzo realizado. Pobre, siempre me acordaré de su mirada, entre la alegría y el miedo, una extraña mezcla.

            Cuando volví a ver a Tamara estabamos parte de mi familia esperando. La trajo  una enfermera y fue como si un rayo de luz iluminara la habitación. Mi madre la cogió en brazos con la destreza de quien a cuidado a tres hijos y me dijo:

          - Toma, aquí tienes a tu hija.

         No se si podré describir todas las sensaciones que inundaron mi cabeza, pero si estoy seguro que eso, “es la felicidad”. Después de 22 años aún lo recuerdo como si fuera ayer. Tuve que sentarme, pues se me entumecían los brazos por la tensión y miedo, a que la niña se me escurriera como un pececillo. Me parecía tan frágil. Dormía plácidamente acurrucada en mi regazo. Me llamó la atención sus pequeñas manos, con los dedos muy largos. Agarró el índice de mi mano izquierda y haciendo pucheros movía la boca como si quisiera mamar. Que gran momento, estaba hipnotizado, hechizado.

       Hoy mi hija es toda una mujer, una gran mujer diría yo. Con sus manías y defectos como todo el mundo. Con una personalidad arrolladora y una fuerza vital extraordinaria. Que voy a decir, soy su padre y mato por ella si fuese necesario.

        Hoy no sólo quiero felicitarla por su cumpleaños. Quiero desearle todo lo mejor en esta vida, y sabe que siempre lucharé por su bienestar.

        Educar bien es muy difícil, consentir es mucho más fácil. Me habré equivocado muchas veces, pero siempre he actuado con referencia a lo que mis padres me han enseñado. Con el respeto como base de toda relación. Con todo mi amor y por siempre para ella, para mi niña. Siempre estaré, estaremos tanto su madre como yo a su lado, pase lo que pase. FELICIDADES mi vida. ¡Ah! y acuérdate que la familia es lo que siempre permanece.

 

                                                Pantero (tu padre) en Gigia a noviembre de MMXIII

          

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  • UN GRAN ABRAZO, COMPAÑERO PANTERO, Y UN AÑO 2014 CON PERSPECTIVAS MÁS ESPERANZADORAS PARA TODOS. Y HASTA EL PRÓXIMO 2015. ¡AH, Y FELICES UVAS!... Stavros
    Bien! se que te gusta la sinceridad, me ha gustado!! lo lei del tiron, y pase un buen rato!! eso es lo que queremos no?? pues lo conseguiste!!
    Gracias Guillermo por tu comentario. Afortunadamente tiene una linda cabecita y bien amueblada como se suele decir. Es una mujer muy cabal. Respecto al señor buhodiurno, decirle que no me gustan las valoraciones y menos si no van acompañadas de un comentario. Me parece un acto de cobardia valorar y no explicar o comentar el relato.
  • Siempre te llevaré en mi corazón. Gracias Carmen por todo lo que me diste.

    Cuando la pasión se desata el tiempo se para...

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Pantero, soldado romano en tiempos de Tiberio que sirvió en Judea, destacado por su fiereza en el combate y su buen hacer con las damas. Algunos le atribuyen la paternidad de Jesús de Nazaret. Hoy prefiero la pluma a la espada, con la se puede hacer incluso más daño. Peores son las heridas del alma.

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