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8 min
Mi Lolita (Versión Revisada)
Varios |
22.10.15
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Sinopsis

Versión revisada del relato anterior con ayuda de Nicholas Avedon: http://www.nicholasavedon.com/

Siempre me he preguntado sobre la última canción que escucharemos. Ya que una vida se va, imaginaba que el destino, o su prima la ironía, tendrían el detalle de preparar una gran sinfonía de despedida; por los malos ratos y eso. Pero no. En su lugar me he quedado con “Wait” de M83 sonando por el fondo de otra habitación. Hay… hay una luz tenue que no ubico. También hay un goteo ansioso que sin prisas cae insistente, similar a la cadencia de la canción. Tampoco importa…

¿Verdad, luz de mi vida?

Te me apareciste bajo una lluvia de hojas a pesar de que quedamos en una cafetería. Estabas más esplendida en carne que en foto. Si tu retoque de Photoshop permitió brillos angelicales, ten por seguro que eran míseros fotones en comparación a la luz que irradias por naturaleza.

Te me presentaste con una foto mostrando el sujetador, con una cara entre el miedo y lo ingenuo. Mis palabras te animaron y me enviaste otra donde te tapabas los pechos, bellotas tímidas en madurar, valientes en curiosearme al asomar entre dedos de una siguiente foto. Sin decirlo accediste a la webcam. El resto fue olvidarnos de ropas. No lo sabes, pero me amé esa noche por ti. Por tu culpa. Más que nunca.

Te me visualizaste en sueños. Te imaginé tal cual eres, siempre lo juraré: el mismo pelo y color de aura. Esos labios que pensé conquistar. No tardé en comenzar a buscarte. Hubo un apenas hasta hallarte.

Tesoros, mi alma. Me habían dicho que se hacen raros de hallar.

En mi imaginación el suelo de la cafetería se llenó de hojas y promesas. Pediste un café y yo una tónica. Pareció molestarte y te pedí en silencio que no empezaras a buscar por diferencias. Tú me sugeriste la cita y yo te prometí una experiencia única, sin saber que fue previa trampa de mi médula trazando cada paso hasta convencerte. Mis entrañas ardieron.

Vi tu reflejo en el suelo de la cafetería, en las losas blancas y negras de la partida que jugamos. Llegó el café y lo intuí con un punto de leche: gota ínfima que re-define un mundo. El líquido estuvo a la par con tus ojos, lo comprobé conforme alzaste la taza y me miraste. Haces tantas cosas a la vez…

Notarías mis piernas inquietas, pero no por los presentes. Tú los mirabas, pero te juro que no les existíamos. Sin embargo, apartabas la mirada y yo me centraba en tu cuerpo, tan menudo e inexperto en curvas definidas, delator de la torpeza que pensaba matar. Tus pechos parecían más grandes bajo la ropa, y por eso me descubriste a la tercera, donde la vencida. Una sonrisa se contagió en tu cara.

Mi memoria se impregnó de tu rostro y pronto imaginé tu orgasmo, mi pecado.

No tardamos en ir a casa. Por lógica tenía que ser la mía e insistías en buscar otro lugar. Qué poco sabías en ese momento al cerrar la puerta, aunque no tanto como yo. Cómo cambian las personas después de amarse la primera vez, y más si son previos confesores. Jamás se acaban los secretos, temo; es imposible.

Recordé tu edad y eso me excitó. Lo notaste. Quise creer que tus pezones también. Te ofrecí una copa y no la rechazaste; te ofrecí bailar y no te apartaste. ¿Qué salió mal entonces? Ojalá pudiese culpar a la televisión, pero no se pronunció. Hubo música, vaya que sí, y después de bailar la segunda intuí que era tu primera copa. Eso me advirtió que iba a ser la noche de las primeras veces. Sonreí y el mal se ahuyentó. Acerqué mi cabeza a la tuya. Aspiré como si me fuera a morir. Deseé desintegrarte y esnifarte.

Tu olor. Mi alma. ¿Qué me dices de tu olor, pecado mío?

Desde que entramos en casa te estuve oliendo, y un castaño floreció en el salón. Ahora me doy cuenta que en el vaso eché licor de crema, que por eso una remembranza de color provocó a mi mano a buscar insolente por tu pelo. Te acerqué. El olor se intensificó. Te apartaste. Qué ingenua durante dos minutos. Otros tantos y ya bailábamos, y en otro reflejo del mismo tiempo nos tocábamos. Un poco más y llegaría el fuego de los labios.

Terminaste la segunda y yo la primera y mis dedos ya conocían tus mejillas. Me tocaste donde debías y mis pulgares reaccionaron definiendo tu frente; tus cejas; tus párpados; tu nariz… te agitaste… tus mejillas; la barbilla; el cuello, ¡oh, el cuello! Sentí un latido enaltecido; subí de nuevo la barbilla; a los labios; nos besamos. Una chispa saltó, lo juro, y mi lengua no se lo pensó en quemarse; siempre me creí ignífugo.

Me supiste a ginebra y cola, mi lengua sólo necesitó de tres viajes para reconocer tu sabor, tan oculto como un alma. Aun con esas, no lo hice así con tu olor.

¿Cómo he acabado de esta manera si logré encajar mi cuerpo con el tuyo? ¿Cómo? Si bailamos como poseídos. Reconozco que me asustaste por el ritmo con el que me llevaste en un primer momento, agachando y alzando con precisión tus piernas. Si era el paraíso, ¿qué sería entonces sin la ropa? No hace falta que te diga la respuesta, entrañas ya deshechas.

Mi boca mordió tu labio inferior y dejé un rastro hasta la barbilla, que mordí sin pensarlo. Eso te hizo gemir.

Juré que no era mentira.

Y mientras, tu olor.

Pasaste la pierna por entre las mías y no controlaste tu fuerza al subir la rodilla. No me importó, me excitó. Apretaste más y entonces el que gemí fui yo.

Eso hizo que aspirara más tu olor, ese que creaba el árbol en medio del salón.

Te agarré los pechos y apreté. No te importó. Te agarré los lados de la cintura y abriste la boca sin emitir sonido. Eso me condenó. Te agarré los lados de la cara y agité mis caderas. Fuimos una obra digna de preparatoria, un eco proveniente del futuro, donde te esperaba en mi mente sin nada salvo el alma. Acaricié de nuevo tu cara. Nos estrellamos contra la pared. Me rodeaste la cintura con las piernas: ¿de verdad eres inexperta? Mis manos insistieron en re-descubrirte…

Fue que mis ojos lo vieron.

Alcé y mis dedos tocaron lo que taponaba tu nariz…

Tu olor terminó de noquearme.

Tras el silencio de la luz me veo en esta situación. Mi vida, no me parece nada romántico yacer en la bañera con este sonido de goteo que no calla. Al menos está aminorando. Intento agitarme, pero ya apenas produzco olas.

Esa es la señal, ¿verdad?

Me miras desde lo alto. Confieso que eres una diosa, tan absorta por la escena. Espero que sólo seas así por lo que te estoy ofreciendo. ¿Ves? Te dije que vivirías una experiencia única. ¿Comprendes?

Espero que sí.

El cuchillo devuelve un brillo. Me parece hermoso y más si es empuñado por ti.

El goteo aminora. Cada vez siento menos prisa.

Las olas rojas hace tiempo que se detuvieron. Qué pena, qué maldita deidad resultas hipnotizada por las ondas. Puedo terminar de imaginar tu rostro…

Qué nueva mirada, qué perfecta. Te había imaginado en tres viajes por mi cuerpo. Lo idílico vuelve a morir sin haber nacido.

Dame un último deseo, te pido sin palabras. Mis ojos suplicantes no te importan y eso hace anhelarte aún más. Intento levantar mi brazo de venas abiertas pero el movimiento hace tiempo que se adelantó. ¿Hice mal en gastar mis últimas energías en recordar lo acontecido? No, para nada, ha resultado tan especial que no me lo hubiese perdonado.

Qué perfección desde el mismo instante de mirarte a los ojos de la foto; de escuchar los pasos en el suelo de la cafetería; de tocar tu piel que algún día dejará de ser suave. Me queda tu sabor y el… el…

Te miro. ¿Soy el primero al que haces esto?

Reaccionas forzando una mueca, cada vez más exagerada. Tus dientes apretados resaltan junto a tu mano lanzándose para atravesar mi cuello con el cuchillo.

El gesto me llena de vida.

Antes de irme, tus ojos me lanzan la pregunta: ¿He sido la única?

Sonrío.

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  • Bárbaro, me pareció un excelente relato muy bien construido y con interesantes giros
    Felicidades, este relato forma parte de la ANTOLOGÍA de tusrelatos.com este es el link: http://www.tusrelatos.com/relatos/antologia-de-tusrelatos-dot-com-tienes-un-buen-relato-que-mas-gente-deberia-leer
    5000 visitas campeon ;) a cuantas llegara?
    El relato desprende buenas dosis de sensualidad, eso es indiscutible, y el giro final me gustó bastante. Pero lo veo poco elaborado en cuanto a estructura sintáctica, con frases demasiado cortas, sin elaboración literaria, a veces una sola frase es ya un parrafo entero que termina en punto y aparte. En suma que me gustó el fondo pero no tanto la forma. Un saludo
    Excelente trabajo. Me gustó mucho.
    Gracias a todos, de verdad.
    esas letras poderosas e abundantes, esas que tanto me llenan de inspiración, que relato; que agonía... Que perfección, me siento inspirado nubis, me encanto :)
    Un experiencia narrativa asombrosa, sí señor. Frases cortas, llenas de vida y luz, hermosas y a la vez con cierta oscuridad, nostálgicas y casi oníricas. Nos arrastras por una historia de amor prohibido haciéndonos creer que quien oculta algo es el protagonista, para luego dar ese giro brutal al final y revelar que es justo lo contrario. La escena de la bañera, con el hombre aún admirando a la chica, es muy visual y está muy lograda. Y ese final, en el que ella se hace la misma pregunta que él y la última palabra lo cierra a la perfección. No sé si era menor (por lo que deja entrever el prota parece que sí), pero si es así, se lo merece el tío. Saludos, Nubis.
    Que bueno... Y que envidia... Como se nota el talento
    Nubis ha sido un verdadero placer haber leído este excelente relato. Uno de los mejores que he leído en este sitio. Va a ser difícil superarlo pero por favor no dejes de intentarlo. Saludos.
  • Escrito junto a Amaika. http://www.sttorybox.com/users/amaika

    Escrito junto a Amaika. http://www.sttorybox.com/users/amaika

    Escrito junto a Amaika. http://www.sttorybox.com/users/amaika

    Todos somos el mismo niño desamparado en mitad de la nada.

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Músico, escritor y guionista de cómics. Y, por fin, con primera novela: http://bit.ly/UnDiaPerfectoparaElis

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