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7 min
Mi madre, mi abuela y mi hija.
Amor |
27.04.22
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Sinopsis

El resumen de una historia demasiado larga que deja entrever sutilmente como resultó para mí encontrar la felicidad y el amor, después de todo. De antemano, gracias por leer.

Mi Madre:

Mientras crecía y se formaba en mi la vida dentro del vientre de mi madre, aún no conocía el amor. Más allá de no poseer conciencia, no era amada, no era deseada; resulte siendo el daño colateral entre dos jóvenes que colisionaron entre sí como dos supernovas provocando un desastre que jamás pudieron reparar.

Me gusta soñar que alguna vez estuve segura, resguardada por un par de costillas, por la carne de mi madre, por su corazón que le daba esperanzas al mío, la esperanza que hasta el día de hoy no se me ha ido.

Nadie esperaba por mi, sin embargo todos me vieron llegar. No logro imaginar la triste escena de una niña de quince años sujetando en sus brazos por primera vez, con miedo y asco a la bebé más pequeña y fea que pudo haber visto jamás; cómo debió sentirse después de haber sido yo la causante de su dolor más grande, trayendo conmigo a su vez la sentencia de una juventud de esclavitud y estigmas sociales. 

Quien pudiera volver el tiempo atrás y llenarme de besos la cabecita y la nariz, arrullarme todas esas noches que no paraba el llanto, darme calor, darme un pecho, darme dos, porque nunca tuve.

"La niña más llorona" aún dice, si pudiera volver atrás yo sabría calmar mi dolor. Volvería para enseñarme los colores, los pájaros, el cielo, el mar, para contarme cuentos y cantar mil canciones al bailar, reír, jugar. 

"La niña que no hablaba, ni gustaba sonreír" sigue diciendo.

Recuerdo estar sentada siempre esperando, como siempre..

Sentada en silencio la mayoría del tiempo, imaginando un mundo en donde ya no lo había, y mi voz procedia de mis labios, de mi lengua, de mi boca, y todos a mi alrededor se maravillaban por escucharme, en donde yo si era importante. 

Mi Abuela: 

Nuestra vida se conforma de recuerdos, de todas estas vivencias únicas e irrepetibles, de los buenos y malos momentos, y de todos aquellos pequeños detalles que parecen jamás tener importancia.

Gran parte de quién fui se debió a la historia de alguien más y quien fue, cuando somos niños se nos mezcla todo muy a mi pesar, y acabamos viviendo y viendo en general la vida y las personas através de los ojos de quien más admiramos. Es díficil ser pequeño, subestiman nuestras capacidades y suelen anular nuestra personalidad queriendo adaptarnos a un modelo de existencia que no nos pertenece, porque finalmente cada ser es único y especial, capaz de propiamente vivir por si y para si en cuanto se le permita experimentar la vida en su justa medida mientras se va creciendo. 

Mi abuela fue mi primer amor, su existencia dejo una estela brillante en mi alma y su estampa quedó en el interior de mis párpados al cerrar los ojos. Sus líneas, sus curvas, sus formas, sus maneras, todo lo que la hacía ser ella hasta mientras dormía inconciente del futuro trágico e injusto que le esperaba, permanece en mí, en ese lugar impalpable que señalamos sobre nuestro corazón.

Su ausencia solía convertirse en miedo y ansiedad, temia que no volviera cuando de repente no la encontraba cerca. Si no despertaba después de lo que me parecía suficientemente una larga siesta, me acurrucaba cerca para sentirla respirar o escuchar su corazón; me quedaba cerca a su cuello para no perderme ni un segundo el tiempo que pasaba mientras vivía. Y así, pasaron los años. 

La admiraba y creía en la certeza de cada una de sus palabras como si fuera la mismisa inspiración de Dios. Aunque, lo era. 

Con los años y mi adultez entendí que no era perfecta (Eso me dolió), y entendí que TODO LO QUE HACIA Y LO QUE HIZO FUE POR AMOR. 

Era amable, elegante, dulce y paciente. Creía en las personas, en la bondad, parecía que el mundo era de color rosa para ella aún cuando llevaba años cargando con el dolor y pedazos rotos de sí misma, también de quienes ya no volvió a ver jamás, porque ser viejo es ver a todos poco a poco desaparecer y llevarse consigo porciones de ti misma y tu historia, de lo compartido.

Ella me amó y yo la amé. Nos amamos y nos entendimos como si fuéramos la misma persona, como si vinieramos del mismo vientre, como si compartiremos la misma alma. La edad nunca existió entre las dos, ella no era vieja ni yo era joven. Solo eramos.

Nunca pude despedirme de ella, murió triste esperando fuera una vez más a su lado, una última vez. No lo hice. "Mi chiquitita", dijo al teléfono. 

La amargura que me produce recodar me rompe.

Quien pudiera retroceder el tiempo, una vez más y otra vez más. No me iría de su lado jamás, habría muerto en mis brazos sonriendo, pero mi hija no estaría aquí..

Maria murió el 31 de agosto del 2018, un mes exacto de yo haber llegado a un nuevo país en busca de un futuro, creyendo seria el mejor.

Mi Hija:

El dolor solo puede comprenderlo quien lo sufre, quien lo padece.

Antes de su llegada, las noches y los dias estaban teñidos de sufrimiento, culpa, remordimiento, de un luto que parecía eterno, que aparecía cada vez que despertaba a mitad de la noche o en medio del gentío en pleno día.

Me estaba ahogando constantemente en el pasado. En especial en esos ojos.

Los ojos del amor que mi abuela me había dedicado toda la vida, esos ojos que me miraban como nadie me ha mirado nunca. Me cazaban como fantasmas, mis lágrimas no se agotaban y me perseguía la mínima oportunidad de sufrimiento para sacarlo como fuera, estaba herída por las circunstancias de la vida y no dejaba de sangrar por esa herida. Me asfixiaba el peso de su ausencia y no había nada que pudiera calmar mi dolor. Nadie.

Mi pequeña Anouk nació el 1 de septiembre del 2020. Un día después del aniversario de fallecimiento de mi abuela, solo que dos años más tarde. 

No volví a sufrir su muerte como antes. Y el dolor se transformó en un significado: mi hija era un regalo, no debía llorar más.

Fue mi bendición, y detuvo el dolor. Lleno mis días con risas y alegrías, despertó en mi el amor que alguna vez mi abuela sembró con tanta dedicación.

Por fin entendí el significado del SACRIFICIO, y todo el amor que alguna me hizo falta alguna vez de mis padres, esos espacios vacíos ..se han ido llenando.

Podría intentar explicarles el amor que mi hija despertó en mi, y la felicidad que me genera y como cada pequeño detalle de su existencia es mágico. Pero les dejo tarea para la casa. 

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