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15 min
Mi novio Satanás
Humor |
18.09.13
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Sinopsis

Un irónico relato sobre el engaño de las apariencias. Una vez más, alejándome de mi misma al escribir. Son los otros los que quedan entre los relatos, nunca yo. Una se cuida de relevarse...

Mi novio Satanás  

 

Con demasiada frecuencia - y así deberíamos estar informadas nosotras - el diablo va por ahí en busca de algún cuerpo que ocupar y una vez elegido e instalado en el mismo, su presencia en tal navío no tarda en hacerse notar: para empezar, el sujeto poseso comienza a ejercer una irrefrenable atracción hacia los demás, pese a poder resultar vomitivo a priori.

Esto último lo comprenderéis en breve.   Veréis, todo comenzó hace aproximadamente nueve meses: tuve la mala -o después de todo- la buena suerte de conocer a Luís, de apellido Saifer, justo en aquella fecha, cuando yo misma ya me había sentenciado definitivamente a quedarme sola por el resto de mi vida, en una prematura y triste noche de las mías.

Le vi sentado en la barra de aquel bar cercano a mi casa, en la semipenumbra y dándole reiterados sorbos a una copa, que como me dijo más tarde, había sido llenada de un ron excelente y añejo, una devoción por su parte –lo supe también de su boca− más por placer que por costumbre. Yo tenía treinta y nueve y él tres años más que yo. Siempre tuvo tres años más que yo, por lo menos hasta hace poco. Sus ropas le quedaban demasiado ajustadas. La camisa excesivamente pequeña, desproporcionadamente tensada sobre sus infernales músculos. No daban la talla sus ropajes. No para el demonio magno que tenía en sí. Por entonces, no.   Escarabajo o Satán, en todo caso las metamorfosis dan comienzo si alguien las permite. Y si no, preguntádselo a Kafka, si llegáis al infierno. Yo aun lo ignoraba. No me molestó demasiado que no dejara de fumar −cosa que detesto−, mientras mis ojos se mantuvieron sobre los suyos, no recuerdo por cuánto tiempo: demasiado para no delatar con claridad mi fascinación por él. La fría y azulada luz de neón repintó nuestras caras con fulgores de hielo.

El, seguro de sí, como solamente Dios o el demonio pueden estarlo, no hizo ni un solo gesto de sorpresa o curiosidad para quien le estuvo mirando. El círculo de fuego de su cigarrillo rubio brilló en la noche como una luciérnaga mareada. O yo era transparente, o no le importó nada mi presencia. El seguía chupando del cigarro, cuya órbita rojo seguía intermitente cuando inspiraba y soplaba. Todo en él se me antojó anacrónico.

Desproporcionado a los sumo. Un ser alimentado por su propio aliento, respirando humo, exhalando humo. Sus facciones, de la misma sustancia gaseosa que el hollín que salía de sus cavidades al respirar y sus ojos negros, pozos sin fondo. Mi retina, en resumidas cuentas, me devolvió la estampa de todo aquello que en un hombre, para el caso la mujer, detestaba. Detestaba, detestaba… Pero… Si, si, valga la redundancia, ¡aquello era amor a primera vista, si señor! (Detestamos siempre aquello que nos atrae, por miedo a reconocerlo en nosotros- me reveló Luís en una ocasión posterior.) Así que acerqué mi boca a sus jugosos labios nicotinados para arrancarle un beso, pero este se disipó en el aire.  

Y yo que a mis treinta y últimos, aún no me había colado por nadie, no dejé de asombrarme de mí misma y de lo que me estaba haciendo sentir aquel fascinante varón, de ojos pardos y taumaturgos, que me habían hipnotizado el corazón dándome asco. Aquel diablo comenzó entonces a jugar conmigo. ¿O eran mis diablos internos los que acaso se burlaron de mí, jugando al escondite con mi sensatez? El caso es que el brillo intermitente de la punta de su cigarrillo me estaba arrastrando como a una urraca. Mis ojos como enloquecidas ruletas, le escrutaron y escrutaron.

Estaba como un flan, con las rodillas temblorosas y blandas, mientras que ese semi-dios hizo al fin el ademán de tenerme en cuenta. Cuando finalmente sus ojos se detuvieron cercanos ante de los míos, dejé de respirar. Recuerdo como en ese instante una canción terminó de sonar y otra comenzó a entonarse en el viciado aire.

–Escucha esta canción −me dijo ese hechicero, que ahora estaba de nuevo a escaso medio metro de mí y cuya fragancia a musgo, sándalo, pachulí y algo parecido al olor a naftalina me embriagó el poco sentido que debía de quedarme−. Es “Stairway to heaven” de Red Zeppelín− me informó−. Y es mi canción favorita. ¿Por cierto, nos conocemos? Yo soy Luís.

Recuerdo como a continuación se lanzó a besar mis mejillas a modo de presentación, mientras el roce de sus labios en mi rostro me prendió con el arrebato de un latigazo. El frenesí, la furia y la pasión que invadieron mi cuerpo desde aquel instante, han convenido entre sí trocarse en amor, y volverme completamente loca por ese hombre, que ahora es mi novio y con el cual formo una misma y única ausencia.  

Pero volviendo atrás, entonces ocurrió: todos los hombres que había visto y conocido en mi vida habían sido él, habían tenido su cara y sus ojos, sus cigarrillos entre las manos y su mismo ron resbalando por sus lenguas. Todos los hombres, todos, ¡todos! Mi padre incluido y eso que fue un santo. Todos fumaban, todos bebían de pronto en mis recuerdos. Fumaban convulsivamente un cigarrillo rubio, como esperando la muerte, como siendo diablos, con el humo saliendo de sus bocas y emborronando sus rostros, arrastrando mis recuerdos y mi voluntad de otros humos, nieblas del pasado. Querido lector: de todo cuanto he sido, lo único y verdaderamente importante es esta confesión.

 

 He de decir que he sido muy feliz con él: ¡Me hizo sentirme pletórica! Había empezado a fumar y bebía champán en el desayuno como quién tomaba un brebaje mágico. ¡Nunca antes había disfrutado tan intensamente de los placeres mundanos, ni supe de qué manera podría gozar con mi propia capacidad sensorial, hasta perder el sentido bajo sus caricias y mediante el embrujo que ejercieron sus besos. Cada vez que me hizo el amor, me deleitaba hacia un profundo éxtasis, cada vez diferente, repleto de sensaciones nuevas que variaban durante cada ocasión.

Ayer le arranqué la ropa del cuerpo y él tembló al oírme hablar. Le dije que quería darle toda la rabia que llevaba dentro. Le hice saber que quería arrojarle contra la pared. De modo que si me hubiera contemplado en el espejo, hubiera sentido repulsión o ya no me hubiera visto. Me resultó difícil creer que yo dijera todo eso, que yo hablara como aquella que estaba siendo por su culpa. Me resultaba difícil creerme mi locura, pero estaba siendo verdad. Y la verdad era algo oculto, algo que se me escapaba entonces con el temblor del propio autoconocimiento, atravesando la frontera de lo que yo me permitía para adentrarse en otros países de otras ansias de los anhelos más secretos.  

De pronto, la vida era visible desde el absurdo. De pronto, la vida se había dado la vuelta, caminaba de espaldas y se me alejaba, mostrándome las nalgas. Eso fue ayer.  

Hoy, la vida se me ha alejado, en forma de champán y de ron, entrándome por la boca. En forma de humo y de besos envenenados, saliendo por ella. La vida me ha condenado a mis deseos. La vida, esa adorable señora de rosa, me hace oler a naftalina y repudiar los espejos que ya no me advierten. ¿Acaso alguien es culpable de lo que desea secretamente? ¿De lo que ejecuta con el poder de la imaginación? Todos −lo juro− todos hemos matado alguna vez en el país de la mente. Todos hemos fornicado sobre cristales rotos, con unos y con otros y con todos a la par. Todos hemos hecho de todo con solo haberlo imaginado, con solo haberlo deseado por el evo de un miserable segundo. Después de ayer vino la fiebre unida a la sospecha. La fiebre, los vómitos y la falta del aire, porque yo nunca había fumado. Porque yo nunca había bebido. Porque yo nunca había fornicado… ¡Sobre cristales rotos! La fiebre y el asco y la culpa no culpable de la inconfesable locura de mi deseo por aquel hombre.

Me faltaba el aire, ya lo he dicho, y creí morir.   Quise avisar a un sacerdote. A un psiquiatra o a un policía. ¡A un sacerdote!... Qué necios, si, que necios los que nos creemos vivos, agarrándonos a las burdas evidencias de lo vivido para calcular el grado de veracidad de nuestras existencias que creíamos indemnes a la corrupción. ¡Qué cruel es el deseo! ¡Y qué cruel el amor! Porque fue el amor, ¡mi amor! ¡Ese es quien me inculcó en los ojos la diabólica visión del mundo como si éste fuera una pecera, como si fuera necesario escapar más y más y más allá! Todo lo supe ayer. Todo lo comprendí hace tan solo un día.

Por la mañana, al despuntar el día, Luís chocó su copa contra la mía en un sonido acuático. −¡Por la buena vida, preciosa, y por la mala también! − me susurró antes de tirar los dos vasos contra la pared y morderme la boca con fuerza para que mis besos de amor huyeran para siempre al infierno y el deseo de las bestias ganara el pulso al impulso de mi sien antes serena. Todo, para así hacerme sentir sin piedad desde cerca cómo se iba al traste mi pureza. Y entre cristales rotos y la pared por el medio, comenzó a poseerme como un animal en celo. Halladme aquí en este punto como una convidada al averno, pues no me gustó nada, nada, nada… ¡Me enloqueció que no es poco!

Sentí el punzante dolor de los cristales rotos hincarse en mis posaderas, en la tersa carne de mis muslos, mientras Luís me susurraba a los oídos pensamientos tan perversos que enrojecí creyendo que eran míos. Y supe entonces, que los deseos ocultos, aquellos a los que tan solo una vez cedieras el paso en tu mente antes que lo convenido, permanecían en ti, en ese mismo lugar donde los has reprimido para vengarse de tu letanía, en la parte trasera de la vida. El dolor y el placer fueron insoportables y ausculté los obscuros chirridos y aspavientos de nuestra unión carnal. Trozos de cristal habían salpicado todo mi cuerpo, escociéndome como lava, reteniendo en sí todas las impresiones recibidas de nuestro fornicar, como en un espejo maldito. Cerré los ojos y juré fundirme con él, con la sangre y con los cristales rotos. Sobre la cuerda floja de lo efímero, sujeta a mi voluntad. Luís me llevó consigo como a una virgen ultrajada, a los lugares que yo desconocía. Lugares malditos en los cuales una ínfima fracción de tiempo de placer tenía más peso en las balanzas que los destinos divinos por descubrir. Y entonces sentí como el calor de nuestros cuerpos en aquel lugar los fundía un cuerpo solo. Fuimos fuego, luz y averno. Me dejé hacer y hacer y hacer… Un solo cuerpo. Dos relámpagos que chocaron en una dolorosa, placentera e inicua sacudida. Y entonces lo supe. Y entonces ocurrió. Y entonces estaba siendo demasiado tarde.

*******  

Si, en efecto, fui dichosa, si no fuera porque entonces, que fue ayer, como quien no quiere la cosa, poco antes de aquello, descubrí que Luís, mi novio, era en realidad Satanás. Con certeza lo supe a las nueve en punto. Podía haberlo evitado todo. No, ¡miento, miento!... Hasta entonces se habían ido sumando unos descubrimientos −muy descollados de haberles prestado la justa atención desde el principio− que me relevaron la verdadera naturaleza de mi novio. Pero me gustó que fuera él quien me lo dijera. Habíamos brindado una vez más. Justo en el intervalo de aquel polvo brutal, con otras dos copas de cristal destinadas a hacerse añicos y un Möet Chandón enfriado a dos grados. Entonces lo miré a los ojos, desafiante y con escepticismo le pregunté: −¿Con quién estoy teniendo el placer de brindar y follar cada mañana? Y él me contestó: –Con nadie. Entonces yo le seguí mirando con asombro y me pareció que iba a decir algo más y esperé un poco antes de lanzarme a morderle la boca. –Por eso, querida, puedo ser quién tú quieras que sea, quién tu desees quién sea. No, no −me dijo–. Puedo ser todos los hombres que tú desees y sin embargo no ser hombre. Él me lo dijo, así de tranquilo. Lo dijo su boca. El era Satanás.

*******  

Mi chico decidió regalarme un CD de música, en el cual había grabado para mi uso y disfrute unas - aproximadamente quince- versiones diferentes de “Stairway to heaven.”    

Era curioso, como al escuchar atenta los embriagadores compases de aquella arandela, al percibir aquella hipnótica letra, los sonidos en un compás del 4/4 sincopado (ahora que me he informado sé que fue creado por las legiones de los ángeles caídos) noté como de un modo extraño y tosco, me entraron unas irrefrenables ganas de embriagarme y me dio por servirme una copa de ron tras otra, que tras unas cuantas libaciones comenzó a marearme como una peonza.  

La rata vibratoria de la música,-percibí-, poseía un efecto aniquilador hacia mi alma. Y junto a Luís, tal y como digo, ésta me llevó a la locura y la metamorfosis dio lugar y comienzo. Creí estar flotando entre sus brazos, os lo aseguro, como estando bajo la influencia de alguna droga desconocida. No era normal y casi se me antojó como una experiencia mística. Luís indagó como un psiquiatra, llegados a ese punto, la cara oculta de mi conciencia, vio todas mis zonas prohibidas, el edén secreto de mi misma en el cual yo no había osado entrar jamás. El resto, queridos lectores, ya os lo estaba contando antes: los cristales, los mordiscos, la locura y la sangre… Pero entonces ocurrió: al soplar mi extasiado aliento al espejo vi como éste se llenó de vaho, pero mi imagen…¡No estaba! ¡Yo había desaparecido en él! Yo carecía de pronto de reflejo!

Quise, pero no pude seguir mirando, porque me hallaba tan compenetrada con Luís, él en mi interior y yo en el suyo, que cerré los ojos vencida como si él fuera la muerte. Entramos tan dentro el uno del otro, que sentí rozarme los huesos con su alma. Hasta el fondo mismo de todas mis conciencias me tocó, tan hondamente, que entonces mi espíritu escapó del cuerpo y se quedó en el suyo, atrapado, y no sé si será para siempre.

El caso es que me vi ahí tirada, o lo que era mi cuerpo vacío sin mí en él. Entonces lloré amargamente, no sé si lo hice por la pérdida de mi amor o por mi propia maldición o muerte. Escuché de pronto unas risas infernales, burla y golpes viniendo como de arriba, viniendo como de abajo, como si el infierno estuviera por todas partes y Luís en él y también en mi cuerpo tirado como una muñeca rota a mi vera, libre ya de su propio cuerpo al cual me había condenado a mí con su engaño. Escuché su voz, -que fue mi voz- viniendo desde todas partes, como soplada por un eco, diciendo “Buena suerte, princesa”. Y el aire se llenó de olor a naftalina, y yo misma ahora siendo él, olía a naftalina como olían las abuelas rancias. Si, sospechas bien, querido lector, el diablo no es un hombre ni tampoco huele a azufre como se dice por ahí.  

 

Desde ayer por la mañana hasta este momento, vengo como quien no quiere la cosa, a sentarme en la barra del bar cercano a mi casa.

********

Me llamo Luís, de apellido Saifer. No lo digo yo, lo reza mi D.N.I. Y mientras estoy aquí, me hago el distraído, fumo cigarrillos rubios y bebo ron añejo. Espero a que suene “Stairway to heaven”, para tenerlo más fácil. Y espero. Y espero a que ninguna de esas que me buscan con la mirada, me vea. Que esas muñequitas, como yo lo fui, a las cuales pretendo hipnotizar el corazón dándoles asco, sepan, que a menudo el diablo va por ahí en busca de algún cuerpo que ocupar y que más les valdría salir corriendo a tiempo.  

Sub umbra floreo:   C. Bürk

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  • Caramba, Claudia. No te conocía. He leído lo que dices de ti (que no es poco) y me he atrevido con este trabajo porque quería ver qué decías en él. Y la verdad es que impresiona, tanto por su contenido como por su forma. Una observación: el grupo de rock (para mí el mejor) es Led Zeppelin, y el tema que mencionas debería estar entre los diez mejores de la historia de la música. Parece que abandonaste la página hace tiempo, pero te invitaría a que volvieras a visitarla, si te interesa el tema, porque tengo un trabajo que se llama "Confidencias satánicas". Un saludo.
    Uno de los mejores cuentos que he leído últimamente. Por su estilo y por la originalidad de la trama, atrapa totalmente a lector. El final es apoteósico , sin faltar una cierta porción de ironía..Muy bien.
    Tensión a límites desquiciadores, golpe tras golpe, una especie de voz desgarrada que nos lleva y nos revuelca. Gran creación. Creo que me recuerda al Demonio, si no estoy mal de Lermontov, por su decadente y oscuro ambiente
    Qué gran relato de poseídas, me ha encantado cómo la narradora se dirige al lector, le llama, le agarra de la oreja y le baja la cabeza para que vea sus pies heridos, y sin soltarla le mete la nariz en su boca para que huela mejor su aliento a naftalina, no a azufre; un relato vertiginoso y trepidante, salvaje, que vapulea al lector, porque es el vértigo el que nos dispara al centro del hoyo, el que nos señala la boca del volcán como los labios más ardientes que han de ser besados, y con el vértigo el olvido de sí misma, solo un suspiro de lástima ante la que fue y se dirige luego a su asiento a la espera de otro cuerpo. Sin duda de los mejores tuyos que he leído. Saludos.
    Primera impresión: Los párrafos y frases del relato se organizan para transmitir sensaciones orgiásticas y demoníacas. Lo consiguen. La narración fluye, torrencial siempre, discontinua, oblicua a veces, y de alguna manera poliédrica. Esta última sensación quizá tenga su origen en lo que se enuncia en la sinposis, para mí de forma enigmática (¿quienes son esos otros a los que se alude? ¿quién releva a quien? (Aparte: lo de llamar Led Zeppelin "Red Zeppelín" es un error una deliberada licencia? Y: escribes "Desproporcionado a los sumo" Quizá debería ser: a lo sumo. Segunda impresión: todavía no la tengo formada. La tendré, supongo, una vez lea otra vez -más- este relato u otros de la autora
  • Puédase decir que en éstas epístolas que escribí; son más de cuatocientas todas juntas, sí que desaparece la escritora para volver a su verdadero ser íntimo, lo que ella es en lo más privado. Aquí sí soy Claudia, la de verdad, no la que se esconde habitualmente en sus escritos. Aquí me doy permiso para ser yo. Sólo y únicamente en éstas cartas, cuyo destinatario no existe. Pues a "X" lo inventé un día siendo niña.

    Hállese aquí el relato más terrible, más soez, más macabro, sexual explícito, profundamente psicológico que he escrito jamás. Un esrito que una vez más, se aleja completamente de mí misma. ¿Cómo una mujer que estuvo en un convento puede tener algo que ver con ésto? No. Pero lo escribí. Como otras tantas cosas que nada tienen que ver entre sí. Es lo que tiene la escritura automática, que dejas de ser tú, mientras otros y otras te ocupan para poder contar sus historias. Tras la lectura de éste relato, amigos, sacerdotes amigos, gente de la iglesia católica y fuera de ella me borraron del "Feisbú" y de sus vidas. Triste, para la escritora no ser respetada como tal. Con lo fácil que es saber que los que escribimos, reflejamos a los otros y pocas veces lo propio. Y que si lo hacemos parecer así, es con una intención.

    ¿Qué hay detrás de las Lolitas, cuyo comportamiento sexualizado deja entrever algo mucho más grave y oculto? ¿Volverán a ser cuerpo y alma en conjunto? Me temo que no. Sólo quién conoce de cerca lo que se siente. Lo comprende.

    Un irónico relato sobre el engaño de las apariencias. Una vez más, alejándome de mi misma al escribir. Son los otros los que quedan entre los relatos, nunca yo. Una se cuida de relevarse...

    Un relato escrito durante la tarde de hoy, día 18 de septiembre de 2013. Surgió del tirón y ante una idea previa. Espero arrancaros una sonrisa. Con ese fin fue escrito.

    Casi siempre descuidamos lo más importante: esforzarnos en ser felices. Cuanta gente hay que cree que felicidad es igual a suerte. ¡Craso error! Para ser feliz hay que querer serlo y es como el deporte: un ejercicio de voluntad y constancia. No pretendo aleccionar a nadie. Pues a mí también me queda pendiente ésta lección.

    Elogio a la Madre más amorosa que podamos tener: la Naturaleza. ¡Qué sencillo es todo tomándola como referente!

    Toda apariencia es engañosa. Una alegoría a los prejuicios; una vez más (suelen serlo casi todos mis escritos).

    Un divertido poema, con un toque de humor negro. Porque canallas, haberlos "haylos"...Otra cosa es ser el hijo de uno, entonces la canallería puede ser herocidad.

    La escritura automática es un método que se me presentó por sorpresa. Ahora, cada vez que tecleo, lo hago "guiada". Es así como escribí "Maldita Matilda" , novela que se publicará este año en el Reino Unido. Por tanto, no es meramente mérito mío. Sino de esos que vienen a ayudar.

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No recuerdo exactamente el momento en el que me planteé ser escritora. Quizás nunca fue así. Las cosas surgen según las planea el destino para nosotros. Poco podemos hacer para cambiar eso. Es difícil relatar mi vida literaria. Podríamos decir que como pez en el agua, necesité desde siempre de las letras, ligadas, eso sí, a las pequeñas cosas grandes, y detestando vanidades. La causa; un profundo anhelo por expresar lo que siempre escapa de los diálogos. Escribo casi siempre fuera de la norma, derrochándome porque sí, sin miramiento, ni metas, ni ambiciones. Es una especie de trance sin más. Las biografías de muchos autores, muchas veces se ven ahogadas por la enormidad de sus labores, homenajes y menciones obtenidas. A mí me resulta difícil hablar de esa manera de mí, precisamente porque es mucho más interesante hablar de los otros y del mundo que de una misma, difícil por la cercanía que tengo con los otros y la lejanía conmigo misma, que aun dando todo de sí, contándolo todo con pelos y señales, cubre mejor que nadie sus secretos. Soy, tengo que serlo y tenía que serlo a la fuerza, una escritora irregular. Comparada con el resto de escritores, regularmente irregular. También vivo, no siempre escribo. Y a veces, eso se invierte. Soy alguien que sobrevive mejor a su tiempo elogiando el pasado -porque lo abrazo, lo beso y lo amo de un modo muy particular-. Escribo cosas pasadas de moda en un mundo moderno que a eso lo llama “retro” o “vintage” con también definiciones modernas. Una intenta entender la realidad que está más alejada o que quedó atrás en el tiempo, o no descubierta en las almas, descifrarla, ponerle un lenguaje, y si es posible transmitirlo entonces. De ese modo, me gusta aportar un poco de comprensión o dar algunas respuestas a posibles lectores interesados por conocer cómo se vive en circunstancias adversas a uno mismo. Fue inevitable que yo abriese el cofre de ciertas vidas ajenas a mí, para sacar de él todo lo que me resultara provechoso y construir historias. Letras que en un contexto determinado, siempre incluyen el talante nostálgico, combinan la narración con elementos costumbristas o expresiones personales, que de otro modo no serían permisivas. De ahí a que todos mis trabajos sean meramente circunstanciales, nacen porque deben. El convencimiento acerca de una obra, la ilusión por el propio talento, es enemiga de la escritura. Escribir la vida íntima del mundo y de los otros, es también buscar ese lenguaje de la intimidad de los otros –mucho mejor alejado de uno mismo- esa trascendencia escondida en diálogos oídos en la tienda de la esquina, o en conversaciones con la gente corriente de cualquier lugar. El exceso de talento no existe, nunca se acumula. Todo fluye como el tiempo, como lo hacen también nuestras existencias semideshechas, nunca del todo terminadas. Siempre buscadoras de un sentido más profundo de lo evidente… Una es una presente de la picaresca en el mundo. Asisto como simple espectadora de los aspectos más desagradables de la realidad, de la hipocresía, de lo noble o de lo más prosaico. Con la naturalidad cotidiana a la que hacemos el vacío, trato de describir algunos de los aspectos más corrientes del mundo, cosas a las que nunca idealizaríamos… Desde bien pequeña tenía el convencimiento de que debía servir al mundo, y no ese a mí. De ahí a que a los diecisiete años, dejando mi Alemania natal y sin saber a penas cuatro frases en el idioma castellano -en el que ahora escribo todas mis obras- me vine a Castilla con el fin de ordenarme religiosa. Como mencioné anteriormente, la vida acaba encargándose de llevarte de la mano y mis planes dieron un nuevo giro, acabando en Barcelona y dedicándome al marketing y a las traducciones. Hasta ahí seguía escribiendo mis relatos en alemán. Fue alrededor de 2005 y tras la pronta muerte de mi padre, y afectándome esta en lo más hondo, que mi escritura viró a la expresión castellana. Y ya no pude parar. Nacieron un sinfín de relatos y poemas, ensayos y artículos que me atreví a publicar por internet, usando diversos portales literarios, como lo fueron yoescribo o tusrelatos. Ahí obtuve, para mi propia sorpresa, muchos comentarios positivos y algunos relatos fueron premiados o elegidos relatos del mes o de la semana. Una buena amiga, Begoña Bolaños, se encargaría además -sin yo saberlo- de enviar mis obras a certámenes literarios. Qué grande fue mi sorpresa cuando mi amiga me comentó su hazaña y que hubo ya varios premios positivos obtenidos, finalistas y ganadores. De ahí a que, así lo veo, es ella la responsable de éstas cosechas. Yo poco más hice que escribir para mí. Soy perezosa para según qué cosas y odio competir. Si, lo que más detesto es competir o tener que demostrar valías. Pues todos somos iguales. Cada uno a su manera. Todo ocurrió alrededor de la misma fecha. Así que, sin esa amiga, ahora no podría enumerar aquello. Y para hacerlo, que sé que debo, mejor dejo aquí lo que ella misma escribió sobre mí en mi blog: “Hablar de Claudia es hablar de una persona auténticamente apasionada. Es amante del simbolismo, de lo sincrónico y su búsqueda principal es el profundo misterio vital. Miradora de lo oblicuo, siempre le busca nuevos enfoques a la realidad. Claudia no tiene término medio, pues siente con una intensidad abrumadora, y esa manera de ver la vida la transmite a sus trabajos literarios. Autora de numerosos relatos cortos, siendo algunos distinguidos en diversos certámenes literarios(15 Concurso "Cartas de Amor", Premio Ganador, Ayuntamiento de Valdepeñas 2008, Tanatología Concurso Poesía 2007, Premio Ganador, Concurso de Poesía "Cartas de Amor" Ayuntamiento Calafell/Tarragona 2008, Premio Finalista,Certamen Literario Internacional 2007 (Argentina) "Ficción en el Éter ” de Obras para Radioteatro, Concurso PABLO NERUDA de CARTAS DE AMOR‏, Premio Ganador 2008,Premio Finalista NH relatos 2007,II certamen Poético Prometeo‏ 2007, Premio Finalista, Página Narrador.es: Tres relatos seleccionados como relatos del mes durante 2008 y 2009, Página web tusrelatos.com, Escritora más prolífica año 2006 hasta la actualidad: puesto tercero, etc. ). Claudia así mismo ha colaborado como comentarista en diversas revistas digitales y publicaciones en papel. Entre ellas se destacan, "Extrañología", "Clave7", "El cuele (sector minero" etc. Es colaboradora en muchos programas de radio, como lo es "Camino de Misterio" en Radio Intereconomía, Radio Nacional de España, Radio Clave Siete (Santa Cruz de Tenerife), Les set LLunes (La Garriga, Barcelona)"El cercle enigmátic" (El Vendrell, Tarragona)etc. Ha sido ponente recientemente en un congreso: "Ciencia i Espíritu". “ A lo citado por ella, añado que escribí la novela “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot”, publicada por la editorial “Grup Lobher” en 2008. Esa novela es un mero ajuste de cuentas con mi infancia. Una intrusión a los recuerdos. Y en el ejercicio de ese recuerdo, nació la protagonista, Jeanne Bardèot. Desde ahí, me he comprometido a no escribir nunca más sobre mí misma. Es importante alejarse de uno mismo, para ser otros para los otros. Es un consejo que me dio un poeta mejicano y que nunca olvidé. En esa primera novela se le permite al lector que construya su propia novela a partir de los elementos previos que se le dan. Esto lleva a una paradoja porque la figura de ficción que narra una gran parte de la novela postula en la verdad, la ficción de la que me jacté en esa novela, en realidad es lo auténtico. A la vez de esto, y pensando en un regalo estrictamente para la familia, escribí el libro de relatos y poemas “Desde el penúltimo rincón de mí espejo”. Menciono aquí que sin mi anterior agente literario, (al que no busqué sino me encontró él a mí) posiblemente nunca habría tomado la decisión de ser novelista. Fue este que quiso tal asunto de mí. Las cosas nunca han sido porque yo las buscara o encauzara. Insisto, que quizás sí dirigidas por algún invisible plan (como en todas las vidas) las cosas llegan a mí sin buscarlas. Así fue como escribí este mismo año, de un modo rápido y fluido a “Maldita Matilda” y nuevamente, por causas del destino (ahora las mencionaré), acabé en la agencia “Página Tres” tras jubilarse mi anterior agente. El azar quiso que otro escritor viera un comentario mío acerca de una valoración que se me hizo para “Maldita Matilda”. Este, muy ofendido, me contestó al comentario con un “¿Cómo te atreves a hablar de tu novela en las páginas de las editoriales sin que eso lo haga un agente por ti? ¿Es que no tienes agente?”. Pensé que tenía razón. Así que esa misma tarde envié mi novela a dos agencias, de las cuales ambas contestaron, la primera fue Piluca Vega, de mi actual agencia. Haciendo caso a la intuición, me decidí por ella, a la vez que ella lo hizo por mí. El factor principal fue el talante humano que denoté entre sus líneas, su empatía y su comprensión; algo difícil de describir en palabras. Las cosas, como digo, se sienten. En “Página Tres” me siento plenamente acogida y el trato por parte de Piluca y Fernando es exquisito. Luego de estar con ellos, todo se fue desencadenando. A penas me lo explico. Todo lo ocurrido me ha enseñado que no importa que decisiones tome, que las cosas se sucedan como deben. En todo caso, lo más importante de mi viaje por este mundo no aparece en las biografías o en las novelas que puedo escribir o escribiré, sucede en forma casi imperceptible en las cámaras secretas del alma. Espero que esta larga parrafada responda a las curiosidades. De haberlas. Porque soy y querré seguir siendo alguien que es desconocida. Por motivos obvios de naturaleza propia. Cuando una se propone servir, todo lo que es reconocimiento no hace más que pesar sobre la espalda. Entiéndase…

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