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9 min
Mi nuevo profesor. Capítulo 1
Amor |
14.11.13
  • 4
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  • 1455
Sinopsis

Es una historia basada en hechos reales.

Septiembre, 2013
La semana ya empezó, es un miércoles y mi vida  universitaria sigue su curso. Me preparo la comida, como rápido y me preparo para ir a la universidad. Llego ahí y me doy cuenta que nos han metido en el aula más pequeño que tenían. Además la asignatura a la que voy va a impartirla la profe más pesada de todo el grado, esa que se mete con todos y todo el mundo la odia. Esto no pinta nada bien me digo a mi misma. Me siento en las filas del medio, preparo mis cosas para la clase mientras la profesora habla sobre no se qué. Ni la escucho. Saco mi móvil y veo que tengo un mensaje nuevo, lo leo y sonrío. La profesora me ve y me echa la bronca por no hacerle caso, me disculpo y guardo mi móvil. Empiezo a escucharle y de reojo veo que hay un tipo en traje con corbata. De unos 35 años, con buena presencia, se le ve alegre. Está bueno pienso. Se lo comento a mi compañera y esta me dice “Tía, que este va a ser nuestro profesor! Ni te empanas! “. Yo me quedo sin palabras y sigo mirándolo.  Entonces la profesora termina su prédica y el tipo, que es nuestro profesor entra en el juego.  Se queda solo, delante de unos jóvenes universitarios. Empieza a hablar sobre la asignatura, pero yo ni lo escucho. Prefiero analizar cada cm de él y al mismo tiempo me pregunto ¿qué hago?, le doy importancia o paso del tema? Como soy preguntona no dudo en hacerle preguntas, aunque son preguntas tontas. Es el primer año que va a ser profesor, entonces esto de estar delante de tantas personas le incomoda un poco. Me gusta su forma de contestarme,  al mismo tiempo me mira fijamente y lo noto un poco intimidado. Al final me sonríe. La clase termina y  faltan 2,5h de clase para acabar mi día. En todo el día no paro de darle vueltas al asunto. Pienso en la posibilidad de insinuarme, pienso en las consecuencias de las relaciones profesor-alumna, pienso…pienso…estoy confusa.
Por la noche, en la cama me lo imagino cómo se vería desnudo a mi lado. Me imagino su cuerpo atlético sin traje, sin camisa…Me encanta fantasear con cosas imposibles.
El día siguiente me despierto toda agitada. Vuelvo a tener clase con él. Me encanta la idea de verlo otra vez, de escucharlo, de seguir sus indicaciones y también estar cerca de él. Con tanta emoción se lo cuento a mi amiga, esta sonríe y me dice que estoy loca.
Llego a clase 5 minutos más tarde y él mirando su reloj me sonríe. Empieza a explicar el tema pero yo no me entero de nada. Estoy centrada simplemente en una cosa: cruzar las miradas el mayor número de veces posible. Al principio son pocas, pero a medida que la clase avanza se intensifican. Cuando la clase termina, nos dice que el próximo día iremos a la sala de ordenadores para poder practicar una serie de cosas. Aunque me defiendo bastante bien en los ordenadores, estoy pensando en algo que va a demostrar todo lo contrario: decido hacerme la tonta, para tenerlo cerca…quiero olerlo, notar su respiración mientras me enseña cómo debo hacer las cosas…
Le deseo buen fin de semana y salgo de clase. Me doy cuenta que me involucro en esto demasiado, que ya pienso en cosas que no debería pensar. Me digo a mi misma que debo centrarme en la asignatura y no en el profesor, todo esto me puede afectar el expediente. Es una tontería que me guste el profesor aunque no es la primera vez que me pasa, pero las otras veces era demasiado pequeña. Sin embargo, la semana siguiente antes de su clase me miro mil veces en el espejo, me maquillo, me visto y me pongo unas sandalias altas. De camino a la universidad me doy cuenta que lo eche de menos en los 5 días que habían pasado desde nuestro último encuentro. Llego en la sala de los ordenadores, me siento en la fila número dos. Estoy justo al medio, así no lo voy a perder de vista. Y él a mi tampoco. Empezamos con los ordenadores y por magia el mío da problemas. Entonces, levanto la mano y él, muy amablemente se acerca. Le digo mi problema y él intenta arreglarlo. Está cerca, tan cerca que se me pone el pelo de punta. Puedo olisquear su colonia…mmmm…me encanta! Puedo analizar los detalles de su cara, veo sus ojos negros preciosos, sus manos grandes…y automáticamente pienso en cómo me sujetaría los senos con esas manos. Con tanta fantasía, me doy cuenta que arregla el problema y se va. Me doy cuenta que me vuelve loca tenerlo tan cerca de mí, no controlo mis pensamientos y temo que puedo accionar de forma que posteriormente pueda arrepentirme. Intento concentrarme en la asignatura, dejo de mirarlo, simplemente lo escucho y me fijo en la pantalla de mi ordenador. Apunto cosas, intento por primera vez entender de qué va la asignatura. Es sobre empresas. De repente dice que vamos a hacer un simulacro de una situación que puede pasar en nuestra empresa, se trata de una llamada telefónica. Mientras saco más papel para poder apuntar cualquier cosa del simulacro, pronuncia mi nombre. Me quedo sin palabras, no me lo esperaba. Pensé que iba a pedírselo a otra persona, no a mí. No dudo en sonreír y proceder a realizar el simulacro. Al final me dice que para ser una principiante lo he hecho muy bien, me sonríe y me guiña un ojo. Creo que no lo he visto hacerlo hasta entonces, me sorprende su guiño. 
El día siguiente, ya no le pido que se acerque. Mi ordenador funciona bien. Decido evitar su mirada para ver si va a reaccionar de alguna forma. Casi al final de la clase me pide que salga a la pizarra. Es un ejercicio de números, y todos me han señalado a mí. Salgo y empiezo a escribir algo del enunciado. Él se me acerca y añade algunas cosas suyas. Me gusta tenerlo cerca y “trabajar” codo a codo con él. Mientras tanto, me pregunto si era su intención sacarme a la pizarra o simplemente lo ha hecho porque los otros me señalaron. Acabo el ejercicio y vuelvo a mi sitio. La clase acaba y como de costumbre, le deseo buen fin de semana. Al mismo tiempo me doy cuenta que el mío si iba a ser bueno – no pararé de dar vueltas a las cosas.

En la semana siguiente, antes de su clase vuelvo a estar agitada, vuelvo a prepararme más de lo normal y mirarme al espejo sin parar. Me pregunto  si yo tengo la capacidad y él la voluntad de conquistarlo. Me pregunto si al pedirme que salga a la pizarra era un “signo”, un mensaje non-verbal…me pregunto si soy su favorita o no…
Llego a la universidad, me doy cuenta que no llevo agua. Paso por al lado de nuestra aula y él está ahí, en la puerta sonriéndome. Le saludo y me desvío hacía la escalera para buscar agua. Veo que de repente le cambia la cara, su sonrisa desaparece y me mira sin entender que hago. Yo sin darle explicaciones desaparezco por la escalera. Estoy sonriendo sola, como loca. Vuelvo a subir la escalera, y veo que ya no está en la puerta. Entro en la clase, él me mira y me dice “Me habías asustado, pensé que no querías venir a mi clase!”. Le sonrío y le digo “Fui a buscar agua, nada más.”.  Durante la clase me pide otra vez que haga el simulacro y una compañera me dice “Confía mucho en ti.”. Yo no sé qué pensar realmente, no sé si confía o quiere ver si soy capaz de hacer las cosas. Posteriormente mi ordenador vuelve a dar problemas y yo vuelvo a pedirle que venga. Se acerca y pone sus manos en mis hombros preguntándome que pasa. Las noto tan grandes, calientes…me imagino cómo sería si empezaría a moverlas, a acariciarme…Él vuelve a preguntarme qué problema tengo. Me doy cuenta que me había quedado callada, estaba soñando con los ojos abiertos. Tartamudeo algo y le enseño en la pantalla del ordenador el problema. Se agacha para intentar arreglarlo y le olisqueo de nuevo su colonia. Pasa un buen rato intentándolo, hasta que acerca una silla y se sienta a mi lado. Lo tengo taaan cerca, me siento jodidamente cachonda. Le miro el cuello, la corbata con el nudo bien hecho. Me imagino cómo se lo quitaría, como le daría besos  y acariciaría sin parar. Bajo mi mirada y llego abajo…a su paquete. Lo miro y me imagino la textura, el tamaño creciendo en mis manos y mi boca. Me imagino su cara de placer; su respiración como se intensifica; sus ojos llenos de brillo, fuego y deseo; sus manos que no paran de darme caricias, la textura suave de su piel…Estoy a su lado, mirándole el paquete y montándome mi propia película. Él se da cuenta del objetivo de mis ojos, se nos cruzan las miradas y yo me sonrojo… Me pregunta “¿Pero qué haces?”…

To be continued...

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