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5 min
Mi sueño con Penélope
Terror |
01.02.14
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Sinopsis

El protagonista sueña con una mujer excepcional, que resultará ser una inmortal.

Me encontraba en un palacete situado en medio de una pequeña isla. Estaba echado sobre un confortable diván de cuero blanco junto a una hermosa mujer que tenía la piel blanca cual marfil y unas facciones que me recordaban a las antiguas diosas griegas. Su cabello era tan dorado que si lo mirabas directamente hacía daño a los ojos, pues era como si el mismo sol irradiase sus rayos sobre mis pupilas. Vestía una túnica blanca, casi transparente, que no dejaba mucho a la imaginación. Sus voluptuosos senos estaban solo ligeramente cubiertos en parte y sus sensuales muslos me invitaban a la contemplación. Parecía la diosa Atenea, pues por una parte era hermosa y por otra transmitía fortaleza y seguridad en sí misma. Penélope, que así se llamaba mi diosa, me miró y sonrió.

Acercó sus sensuales y carnosos labios a mi oído y me hizo saber que estaba sedienta. Cogí una pequeña campana que había sobre una mesita situada a mi costado, y la hice sonar. En seguida un lacayo se acercó y con un ligero movimiento de cabeza, a modo de saludo, esperó en posición enhiesta a que le ordenase algo. Como quería complacer a mi compañera envié al sirviente a que me trajese dos copas llenas de la última cosecha. Mientras el criado retornaba con la bebida, la preciosa mujer jugaba con su gélida lengua deslizándola por mi cuello lenta y delicadamente. Era una sensación agradable, pero no tanto como la que me iba a producir el tomar un trago de mi nueva adquisición.

El lacayo regresó portando una bandeja de oro con dos copas del mismo metal. A una señal mía abandonó la habitación. Mi refinada educación hizo que atendiese primero a la dama, y por ello le tendí una de las copas. Me lo agradeció con una sonrisa que derretía. Luego tomé mi copa y la levanté para brindar. Cruzamos los brazos e intercambiamos las bebidas: ella bebió de mi copa y yo de la de ella. La sensación que sentí cuando aquel líquido bajó por mi garganta y recorrió todo mi cuerpo fue indescriptible; imagino que lo que ella sintió fue algo similar. Solo con la fragancia que despedía la bebida me podía embriagar. Mi compañera, que tras el primer sorbo se mostraba más ansiosa, apuró rápidamente su copa derramando por las comisuras de sus labios un poco de su contenido. Al ver esos hilillos rojos recorrer su barbilla y bajar hasta su cuello, enloquecí. Me abalancé sobre la diosa de marfil y le clavé mis colmillos en su delicado cuello. Al abrirle la vena un chorro de sangre salió disparado a presión y me salpicó la cara. Me apliqué en lo que estaba haciendo y succioné ávidamente. Cuando me sentí saciado le ofrecí mi cuello a la mujer. Aceptó y me hincó sus blanquísimos colmillos. Aún era más placentera la sensación que producía el ser debilitado poco a poco por la pérdida de sangre que el hecho de saciar la propia sed. Algunos comentaban que la experiencia era similar a la de hacer el amor con la mujer más maravillosa que uno pudiese imaginar, pero yo no podía comprender la comparación porque llegué a mi nueva situación de inmortal siendo aún virgen.

Esta vez los lacayos se habían esmerado en buscar víctimas jóvenes en las islas cercanas, pues su sangre era más dulce que la de los humanos adultos. Habría que recompensarles convenientemente para que mantuvieran su silencio como hasta ahora, aunque yo sabía que el miedo terrible que nos tenían era más que suficiente para que no hablasen. Ya saciados, fuimos hasta la terraza para dirigir nuestras agudas miradas hacia una pequeña isla situada a varias millas de distancia. Hacía varios días que habíamos notado allí la presencia de uno de nuestra especie y ya nos carcomía la curiosidad por averiguar de quién se trataba. Una mirada a los ojos fue suficiente para saber lo que ambos pensábamos.

Al estar saciados podíamos usar nuestros grandes poderes en toda su plenitud, así que cogiéndonos de la mano nos subimos a la baranda y desde ahí dimos un enorme salto de varias millas hasta «aterrizar» en la playa de la otra isla. No fue difícil localizar al vampiro que nos estaba «robando» la comida, lo sorprendimos in fraganti. Al vernos giró la cabeza y sonrió. Penélope, dirigiéndose a ella, pues se trataba de una mujer, dijo:

—Tienes que irte de nuestro territorio o te destruiremos. Ya sabes que no puede haber más de dos de nuestra especie en un lugar tan pequeño porque los humanos nos descubrirían.

—No os preocupéis, solo saciaba mi sed con este pescador.

—¿A la vista de cualquiera que aparezca por aquí? —preguntó Penélope.

—Ya he comprobado que no hubiese nadie por los alrededores —argumentó la mujer vampiro.

Yo todavía no había podido ver la cara a la intrusa, pues estaba agachada sobre su presa. Pero cuando me acerqué más mi corazón dejó de latir por un momento. La mujer me miró, y con una amplia sonrisa, me habló:

—Hermanito, veo que estás bien acomodado en tu isla, espero que algún día me invites. Era mi hermana Yuriko.

En ese momento desperté.

 

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  • El hecho de que se acabe el sueño, como bien dices, es porque este relato es un fragmento de una novela que acabo de publicar: "El retorno de los inmortales". Gracias por leerlo y comentarlo.
    Lo cierto es que cuando se pone más interesante la historia se acaba el sueño. Al principio parecia un relato de corte erótico. Luego la emoción va creciendo a medida que avanza la historia y cuando la tensión está algida...se acaba el sueño. Podían haberle dejado dormir un ratito más. Me gustó.
  • Entre las cautivas había una linda joven de apenas dieciséis años, de tez cobriza y generosas formas. Wanagi se quedó prendado de Kipanna desde que la vio. Ellas fueron incorporadas a la tribu y acabaron asumiendo sus costumbres como propias.

    Un cazador de vampiros cuenta por qué eligió esa profesión.

    El protagonista sueña con una mujer excepcional, que resultará ser una inmortal.

Aunque de profesión sea licenciado en derecho y militar, lo único que logra que me hierva la sangre es escribir. Mi pasión por la escritura ha hecho que lo deje todo y me dedique en exclusiva a este lindo arte.

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