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11 min
MI TÍA BALMA III FINAL (relato y cómic)
Amor |
22.05.19
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Sinopsis

La total sumisión de Jara termina tocando fondo. La metamorfosis alcanza su plenitud, o...

Al día siguiente de la excursión a la playa, como cada mañana, Balma me dejaba en la puerta del instituto.

 

—hoy no voy a poder recogerte para comer. Tengo cosas que hacer.

 

—OK. Aprovecharé para adelantar lo que no hice ayer. Nos veremos en casa. Volveré en bus. No hace falta que vengas.

 

—donde comerás?

 

—en el bar del instituto. No te preocupes.

 

Ese día la wifi iba a pedales. Yo tenía todavía mucho por hacer y me estaba poniendo nerviosa. Pensé <joder, qué mierda. No funciona la red, y con lo que me queda... Casi me voy a casa y trabajo allí>

 

Así que cogí los bártulos, tome el primer bus y ande un corto trecho hasta mi casa. Me extrañó ver el inconfundible coche de mi tía .

 

<qué raro. El cabrio de Balma.>

 

—Ya estoy en casa...

 

Nadie respondió. Pensé <qué raro. No contesta. Estará en el baño> subí las escaleras y abrí la puerta.

 

—tía?

 

Lo que vi me dejó de piedra: Ángela dentro de la bañera, y Balma, desnuda, haciéndole uno de sus masajes.

 

—Qué hacéis...

 

—no puedo creerlo.

 

—y con mi mejor amiga, joder.

 

—CÁLLATE ESTUPIDA!!!

 

La atronadora voz de Balma no me amilanó.

 

 

—me llamas estúpida? A mí? Después de pillarte con mi mejor amiga?. puta es lo que tú eres... Una puta.

 

Después de estas palabras los ojos de Balma se transformaron en dos lanzas de fuego, y su rostro en una mueca demoníaca. Quedé aterrorizada. Todavía siento miedo al recordarlo. Me respondió con palabras muy suaves.

 

—te atreves a llamarme puta? Vete de mi vista.

 

Salí del cuarto de baño mansa como una cordera. Bajé al salón y me senté a llorar. Oí a la pobre Ángela, que nada podía saber de nuestra relación, bajar las escaleras. Al pasar tras de mi balbuceó una disculpa.

 

—Jara... Yo no sabía... Perdona

 

—vete a la mierda

 

Cuando Balma apareció, presentí que algo serio me esperaba.

 

—Jara, ven inmediatamente.

 

—Cuantos años tienes?

 

—dieciséis.

 

—no me mientas.

 

—quince, casi dieciséis.

 

—y crees que tengo que supeditar mi vida a los deseos de una cría como tú? RESPONDE!

 

—no tía, no... perdóname

 

—dime... ¿Qué debo hacer contigo?

 

—no se tía... Lo que quieras. Castígame.

 

—eso es exactamente lo que voy a hacer...

 

Mis temores  se estaban cumpliendo. Pronto comprobé que se revelarían mucho peores que lo imaginado.

 

—Quítate la ropa... Voy arriba a por un cinturón

 

—oh mierda, mierda... Qué he hecho.

 

En toda mi existencia nadie me había puesto la mano encima. El dolor físico era algo desconocido para mí, y eso me aterrorizaba. Y ahora iba a sufrirlo por primera vez en mi vida. Me desnudé y esperé la vuelta de Balma. Portaba un cinturón de cuero. No quise verlo. De haberlo hecho me hubiera desmayado allí mismo. Estaba repleto de remaches metálicos.

 

—arrodíllate.

 

De la misma forma que no se puede explicar tu primer orgasmo tampoco se puede hacer al sufrir una flagelación. No se cuantos latigazos pude soportar hasta pedir clemencia.

 

—para tía.. Para, por favor...

 

Supliqué, rogué, pero Balma siguió azotándome, cada vez más duro... Hasta que el dolor me hizo perder el sentido.

 

Cuando desperté Balma no estaba. No sabía la hora que era. Me fui a mi habitación, y lloré... Hasta que el dolor y el cansancio me derrumbaron.

 

No volví a ver a Balma el resto del día. Ni comí ni tuve consuelo. Sin darme cuenta ya había anochecido. Apenas pude conciliar el sueño. Esa noche también lloré amargamente, no tanto por los latigazos, sino por haberle fallado. Y es que después de mucho cavilar lo comprendí: yo me consideraba de su entera propiedad. Balma podía hacer conmigo lo que quisiera o antojara. Y esa situación, lejos de entristecerme, era lo que me tenía permanentemente mojada.

 

Y por nada del mundo deseaba cambiarla.

 

Balma apareció justo para desayunar. Continuaba muy enojada.

 

—hoy no me esperes a comer. Tengo que ir al aeropuerto a recoger a un amigo; se quedará aquí, con nosotras.

 

—¿Dormirá en la habitación de mamá?

 

—dormirá donde yo quiera ¿Vas a empezar otra vez a cuestionarme? 

 

—Lo siento tía.

 

Vinieron a por mi para ir a cenar. La verdad, Nico era un chico encantador, guapo y apuesto. Pasamos una velada muy agradable. Balma se comportaba conmigo como si nada hubiera ocurrido. Yo estaba feliz, pero al llegar a casa...

 

—Nico, tu te vas a la habitación de Jara. Dormirás con ella.

 

Nico me miró.

 

—de acuerdo, pero lo haré si ella lo quiere. Jara ¿es eso lo que deseas que haga?

 

Balma intervino cortando toda posible réplica:

 

—eso es lo que te ordeno que hagas ¿Ibas a dejarte desvirgar  por un niñato impotente, y pones pegas a que lo haga un hombre de verdad?

 

No respondí. Estaba muy confusa. Sabía lo que significaba aceptar. Por otra parte el sentimiento de ser propiedad de Balma continuaba pesando, y no para mal. De repente comprendí, lo estaba deseando, por mí y por complacerla.

 

—es verdad, lo haré. Nico, quieres acostarme conmigo?

 

—para mí será un placer hacerlo, Jara.

 

Balma volvió a meter baza. Era innecesario hacerlo.

 

—espero que estés a la altura y no le vengas con ñoñerías.

 

Subí a la habitación en estado febril. No se si porque iba a ser la primera vez que me acostaba con un chico, o por sentirme usada como una esclava sexual. Él entró después de mi. Se sentó en el lecho. Me desnudé.

 

—Jara, aun estas a tiempo.

 

Agradecí sus palabras pero no era eso lo que deseaba.

 

—Nico, estoy muy excitada. Empecemos ya por favor.

 

—Ok, si algo no te gusta dímelo.

 

Nico se desnudó lentamente. Cuando se desprendió de su ropa interior su verga estaba en estado de gran erección. Eso acrecentó mi calentura. Ese enorme pedazo de carne dura y caliente. 

 

—puedo?

 

Por toda respuesta sonrió.

 

La tomé con mis manos, rígida, ardiente. Me la puse en mi boca. Temblaba. Paseé mi lengua por sus comisuras. Mordisqueé su tronco palpitante.Nico gimió. Eso acabó de ponerme ardiendo de deseo. La mamé con furia. A duras penas intente tragarla toda. Imposible. Su cabeza rosada crecía a mis caricias. 

 

—para– ordenó.

 

Me apartó la cabeza. Me tomó de las axilas y me tumbó delicadamente en la cama.

 

Estaba deseando desvirgarme, y yo que lo hiciera.

 

Abrió mis muslos totalmente mojados. Apoyó un brazo tumbándose sobre mí, y con el otro ayudó su proa con el ángulo correcto para abrirse paso con la menor dificultad posible. Sentí apenas un pinchazo y algo de escozor cuando se hundió en mi barriga. Después todo.

 

Estuve a la altura como me pidió Balma. No hubo por mi parte objeción o traba alguna a cuanto Nico quiso hacer con mi cuerpo. Es más, colaboré con entusiasmo a pesar de mi escaso bagaje. Ni un solo centímetro cuadrado de mi piel o mis entrañas quedaron sin explorar. Su sabio instrumento desfloró todas mis puertas y su lengua alivió todos mis pesares. Nunca mis pezones endurecieron ni crecieron tanto, jamás mi vulva alcanzó ese hinchado tamaño. Saboreé con delectación su esperma cada vez que quiso depositarlo en mi boca, alguna vez después de extraerlo de mis cavidades tras eyacular dentro de ellas. Jadeé con cada una de sus fuertes palmadas en mis nalgas, y gemí hasta correrme cuando lo hizo en mis pechos. Si Balma fue mi bautismo, Nico fue mi confirmación. Esa noche me convertí en la mayor de las putas, y nunca me he arrepentido de ello.

 

Me desperté sin saber donde estaba, oliendo a sudor, semen y efluvios anales y vaginales. Me duché y bajé a desayunar. Níco me estaba esperando.

 

—buenos días Jara.

 

—hola ¿No está Balma?

 

—No está. Se ha ido y no volverá en unos días.

 

—no te ha dicho nada para mí ?

 

—si. He de cuidar de ti en su ausencia. Ya sabes lo que quiere decir eso, ¿Verdad?

 

Ese era el paso siguiente : Balma me donaba, si puede llamarse así, a Níco, en usufructo como dicen los juristas. ¿Cobraría por ello? Nunca lo supe, pero quise imaginar que si. Me sentía una puta, y eso me excitaba.

 

—se cuidarme muy bien sola, pero me gusta como lo has hecho hasta ahora.

 

Y repetí mi rutina diaria, solo que Nico reemplazaba a Balma:  Me llevaba al instituto, ultimaba mi proyecto, comíamos, y... follábamos hasta agotarnos... hasta el día siguiente.

 

Pasaban los dias. Finalmente terminé mi trabajo extraordinario y... mi madre no aparecía. Por increíble que parezca no echaba de menos a Balma. Nico me trataba con cariño y respeto, y en la cama me hacía sentir más mujer que en lo que me había convertido con mi tía: una Barbie. 

 

Con él descubrí que el sexo carece de límites. No estaba enamorada ni fascinada. Era para mi un animal sexual salvaje y osado. Gracias a él yo me había trasformado en una perra viciosa. Y me gustaba.

 

—Bueno Jara, mañana entregas el proyecto no? Tendremos que celebrarlo.

 

—Si, pero mi madre... Es inexplicable que todavía no haya vuelto, ni responda mis llamadas. Y no sé el modo de localizar a mi padre por si sabe algo.

 

Por una de esas casualidades de la vida, justo en ese instante sonó el teléfono.

 

—¿Mamá?... Ah, papá, eres tú.

 

—No aquí no está. Yo creía que todavía estaba contigo.

 

—¿Que vino con Balma hace una semana? Ni idea papá.

 

—Vale, se lo diré. Un beso. Te quiero.

 

Colgué el teléfono casi mareada. No podía creerlo, pero... até cabos. Solo alguien podía resolver ese galimatías: la persona que me compró: Nico.

 

—Era mi padre. Me ha dicho que madre está con Balma. Tú lo sabias verdad ?

 

—Sí, lo sabía.

 

—y sabes donde están?

 

—sí, lo sé.

 

—por favor Nico. Llévame con ellas... Te lo ruego.

 

—de veras quieres ir?

 

—si... Llévame, por favor.

 

—está bien, te llevaré.

 

Subí al coche con una terrible premonición. Una parte de mí daba por hecho lo que mis negros pensamientos visualizaban. La otra se resistía a pensar esa horrible posibilidad . No podía ser verdad... era demasiado sórdido. Nos dirigimos al centro hasta llegar a un vetusto edificio.

 

—es este portal. Segundo piso. Apartamento 2 c

 

—gracias Nico, no me esperes por favor 

 

—llame a la puerta, deseando con todas mis fuerzas que todo tuviera una explicación lógica. Me abrió Balma, envuelta en una toalla.

 

—hola Jara

 

—Quiero ver a mi madre.

 

Se hizo a un lado, invitándome a pasar.

 

—Ahí la tienes, toda entera.

 

Entonces la vi. Mis peores presagios se habían cumplido. Allí estaba, pintarrajeada como una furcia barata, enfundada en un corsé-faja vintage, con el pelo teñido de rubio. Todo lo contrario a la imagen que yo tenía de ella.

 

—Jara, ¿Qué haces aquí ?

 

—¿Tiene mucho poder sobre ti, verdad? Tanto como para entregarle a tu hija. Un bomboncito a estrenar... Me voy mamá. No intentes detenerme.

 

No me detuvo. Cuando salí del apartamento Nico me estaba esperando. Se lo agradecí. Me llevó a casa. Pude localizar a mi padre para decirle si podía irme con él. Gracias a Nico conseguí billete para Londres. Mi padre me esperaba en el aeropuerto.

 

 No tuve ningún problema para adaptarme a mi nueva situación académica.

 

Pasado un año mi madre me escribió. No se disculpó ni tampoco a Balma. La perdoné, aunque no había vuelto a mantener ninguna relación con ella hasta su llamada de esta mañana comunicándome la muerte de mi tía Balma. Me contó que le diagnosticaron cáncer de pulmón justo cuando tuvimos nuestro encuentro. No había venido a casa por asuntos de abogados. Le habían dado seis meses de vida.

 

 Recuerdo esas semanas como las más intensas y felices desde que nací. De aquello aprendí algo. Se puede vivir sin amor, pero no sin sexo. Balma y Nico me transformaron en un animal sexual sin escrúpulos... una depredadora como ellos. Mi voracidad no tiene limites. Hombres, mujeres, da igual. De vez en cuando recibo la visita de Nico. Por unos días dejo mi actitud dominante y vuelvo a ser lo que más me gusta ser, una perra, una esclava... una puta sumisa.   

 

FIN

 

Enlace cómic EP I: https://eljardindlasmalicias.files.wordpress.com/2019/05/mi-tc3ada-balma-i.pdf

 

Enlace cómic EP II: https://eljardindlasmalicias.files.wordpress.com/2019/05/mi-tc3ada-balma-ii.pdf

 

Enlace cómic EP III: https://eljardindlasmalicias.files.wordpress.com/2019/05/mi-tc3ada-balma-iii.pdf

 

 

 

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