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4 min
Mi trocito de calzada
Reales |
08.06.15
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Sinopsis

"[...] Solo reivindico un trocito de asfalto para rabiar un poco, a cambio de seguir echando tierra sobre ilusiones que ya están a metro y medio [...]".

Me apetece sentarme en medio de la calzada y hacer que todo sea como yo quiero. Sí, mágicamente. Sí, es una rabieta, y creo que están infravaloradas. Podríamos sacar mucho si fuéramos conscientes de toda la energía que soltamos en forma de mala hostia con ellas. De hecho, creo que hasta podríamos sacar agua de Marte con una palanca y esa ira. Fijísimo.

He pasado la fase (o vida) “quiero pegar hostias a todos” y vivo en una etapa más serena que, a priori, le era más propia [no me ha salido el juego de palabras, mierda] a Paulho que a mí. Pero, ¡qué demonios! Y, en esas, llevo unas horas en la subfase: “Me cago en la mar”. Y es que no todo me sale como yo quiero.

Ya, lo sé, pero aquí donde me veis tan divina también tengo algo de humana. Y ello pasa por tener que comerme el tan odiado “No se puede” aunque, esta vez, en un contexto menos pernicioso: el del ámbito que no depende de mí. La palabritas mágicas “No, you can’t”, por las que ahora pataleo un poco, se refieren a lo que no puedo controlar, a lo que se me escapa de las manos. Las cosas a las que intento dejar de aferrarme, si ya nada puedo rascar. Y eso, en mí, es mogollón. Lo que viene siendo ejercicios para reafirmar la buena salud mental (la mía).

Este buen propósito pasa por darme de bruces (jenner) [lo siento, no lo pude evitar] con realidades y no morir en el intento. Vaya, ¿será que voy digiriendo algo la frustración? "¡Oh, my dear god!" *[chiste del 3%]. Quizá ya con 30 me da más pereza luchar contra molinos de viento cuando no hay ni brisilla. “¿Qué necesidad tengo?” me voy diciendo.

Que no sale pa alante la propuesta de talleres, pues na. Que la gente tarda mil en contestar emails, pues na. Que no me da la vida para todos los eventitos creativos, pues na. Que los de la SS se han equivocao después de una matada fina, pues na. Que esa persona tampoco es la que me adora ni se muere por mis huesos (nunca mejor dicho), pues na. Efectivamente, qué le vamos a hacer, yo nada puedo facer aunque me cago en la mar.

Que sí, que la vida sigue y mis dioptrías seguramente también, pero tiene mandanga el asunto, joer. Hay cosas que no salen, que no son pa una; que, “simplemente” (gran e hijaputesca palabra) no se dan, y aún así hoy he vuelto a abrir el ojo y a entregar post. La vida sigue, y más la del autónomo precario, lo sé, pero me apetece sentarme en plena calzada diré, y patalear.

El mundo realista me sigue esperando cada día, aquel en el que hay cosas que no suceden, puertas que se cierran, compuertas que no hay manera de abrir; personas a las que no hay forma de llegar. No me queda otra que dejar (ay, mi querido LET) que ciertas fantasías sucumban ya que no pasan el filtro de la realidad y esto me acaba dando pereza hasta a mí.

Pero, mientras dejo que eso suceda, solo reivindico un lugar en la calzada, así, pequeñito, que ocupo poco. No creo que sea mucho pedir. Un trocito de asfalto para rabiar un poco, a cambio de seguir echando tierra sobre ilusiones que ya están a metro y medio. Y aún me queda buscar flores y una lápida lustrosa con frases graciosas. Me lo estoy currando, ¡eh!

 

 

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  • "[...] Puede que no haya mayor fortuna que ésa, ni mayor regalo que el que te permitan hacerlo [...]".

    “[…] No sé luchar contra el amor” cantaba el bueno de Camilo Sesto en aquel temazo. Joder, sí, qué temón, y qué momentos de gloria y afonía en los karaokes nos ha dao. Yo, humildemente, adapto la letrita a algo con menos lustre y 80 peldaños por debajo de la prosa poética de Sabina: “[…] No sé luchar contra las expectativas”.

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    "[...] 20 centímetros entre un quizá y un ojalá en el aire suspendidos [...]".

    "[...] Los cuerpos se mueven, fuerte y despacio; fuerte-fuerte-despacio, como una partitura bien tocada. Como un fox-trot de sexo ocasional [...]".

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