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8 min
Mi vida con las putas...
Amor |
21.08.18
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Sinopsis

Historia real ocurrida en Santiago de Chile en la década de los 80...

Tenía yo mas menos diez o doce años, no recuerdo bien, ya que la alemana ha hecho estragos en las pocas neuronas que me quedan, cuando mis padres se separaron, mi madre hija de españoles y mi padre pescador artesanal de la Bahía de Coquimbo, siendo muy joven emigro a Santiago en busca de oportunidades, llevaba muy poco tiempo viviendo en la capital cuando conoció a su primera esposa, una española que llego a Chile con su padre  siguiendo a su hermana monja, solo basto una mirada para que se enamoraran  perdidamente, apenas se casaron se mudaron a una gran casa en pleno centro, ella lo esperaba todos los días a cenar, tenían una pequeña mesa redonda la que ella cubría con un mantel blanco que llegaba hasta el piso, se iluminaban con una vieja lámpara de madera tallada a mano que colocaban al centro de la mesa, la cual yo aún conservo, la uso en mi velador, lamentablemente esa felicidad, que según mi padre fue lo mejor de su vida, duraría muy poco, ella falleció un par de años después de llegar a chile, mi padre quedo viudo muy joven y como buen Virginiano, intentaba pasar sus penas enredado en alguna  falda y por supuesto el vino tinto y largas conversaciones con amigos, estaba en esa etapa de su vida cuando conoció a mi madre, la verdad aun no logro entender porque se casaron nunca se llevaron muy bien, igualmente guardo algunos buenos recuerdos de mi infancia, los domingos de mañana escuchando tangos con mi padre, en ese tiempo solo existía la radio, había un programa de tangos conducido por Alodia Corral, la escuchábamos  mientras mi padre regaba las plantas, era casi un ritual dominguero…

Recuerdo los domingos de almuerzo con toda la familia, con mis tías, abuelos paternos,  primos, y el típico pollo alverjado con papas fritas de mi madre, nunca he vuelto a sentir ese sabor, por las tardes la sobremesa era jugar a la lotería, siempre perdía, en realidad todos perdíamos pues teníamos un primo con la suerte del porte de un culo de elefante, siempre nos dejo patos,  son muy pocos los buenos recuerdos que conservo de mi niñez,

Mi madre extrañamente siendo una poeta, era una mujer golpeadora, siempre he querido justificarla atribuyendo su manera a la ignorancia de la época o a la manera que ella recibió su educación, ella también fue golpeada por su padre, en fin, cuando se separaron con mi padre, no paso mucho para que siguiera sus pasos y es así que siendo un niño aun,  abandone  para siempre lo que fuera mi hogar.

Dos días me demore en encontrar a mi padre, el era un comerciante y cerrajero, tenían con sus hermanos y su padre varios locales en el Mercado Persa, Balamceda Esquina Mapocho, este mercado seria el principio y origen de todas las ferias y mercados persas del país.

Nada más llegue descubrí un mundo muy diferente al cual yo no estaba acostumbrado, recuerdo con mucho cariño  la feria que bordeaba el mercado, 

ocupaba  toda la manzana, con los más increíbles y maravillosos objetos, podías encontrar desde una tuerca hasta un Violín Stradivarius,  recuerdo que la semana se hacía interminable esperando el día de feria, la recorría todos los domingos, y todas las semanas eran diferentes, mis padrinos eran dueños del Restauran Los Palos Quemados, estaba a una cuadra del Persa, muchos años de mi infancia los viví en dicho lugar, en el almorcé casi a diario los mejores porotos con riendas que alguna vez  probé, guardo muy lindos recuerdos de mis padrinos.

 

Y también estaba el Burdel  más famoso de esa época,  a solo una cuadra del Mercado Persa, Hurtado de Mendoza,  Esquina San Martin, en pleno centro de Santiago.

 

Debo decir que cuando aparecí en el barrio, mi padre ya tenía íntima amistad casi con todas las trabajadoras de dicho lenocinio, me refiero a Intima, por la cercanía y cariño que se profesaban, pues él  jamás fue cliente, inclusive siempre me recomendó que no lo fuera,  yo creo que era más por un asunto de ego que por otra cosa, pienso que pensaba que era capaz de llevar a una mujer a la cama sin necesidad de pagar.

 

Siendo mi padre un hombre que la apasionaban las mujeres, en alguna forma pienso que yo fui un problema, pues por mi corta edad cuando salía, tenía que dejarme al cuidado de alguien, es así, y nunca supe de quien fue la idea, es que me dejaba al cuidado de las Putas.

 

La primera vez por supuesto fue de mucho nerviosismo y de cachetes rojos, esto porque todas las chiquillas que entraban a la cocina del burdel se sorprendían de ver  a un niño sentado  comiendo torta y tomando Coca-Cola, preguntaban y este niño de quien es…!!!  La respuesta siempre fue la misma, es el hijo del  Chico Neira, a lo que ellas exclamaban, que lindooooo…¡¡¡ con su respectivo apretón de cachetes…

 

Sin entender mucho, ya que a esa edad es muy poco lo uno pudiera saber, estaba ansioso y expectante a que llegara la noche.

 

Estaba en ya terminando mi torta, cuando veo entrar a la mujer más hermosa increíble, linda, rubia, bella, que hasta ese momento había visto, me saludo diciéndome, así que tu eres el hijo del Hombrón…???

 

Respondí que si, sin saber el significado ni la intención de la palabra…

Me contesto, hoy es mi noche libre, quieres dormir conmigo…?

Mentiría si les dijera que fue lo que conteste, era demasiada información para mi edad,

Solo recuerdo que me tomo de la mano, me llevo al baño, me lavo las manos, hizo que me lavara los dientes, me puso el pijama que mi padre llevo y nos fuimos a su dormitorio, me dijo que ese era su dormitorio, no el que usaba para trabajar, la verdad que no entendí nada, nos acostamos y me acurruco igual como lo hizo mi madre las pocas veces que durmió conmigo y sentí algo de cariño.

 

En la mañana desperté y ella ya estaba levantada, me dijo que me lavara para ir a tomar desayuno, mientras habría las estrechas ventanas de la habitación, entramos a la cocina, estaban varias de sus compañeras ya desayunando,  me saludaron y decían que si había debutado, todas muertas de la risa, muchos años después entendería el chiste.

 

No fue la única vez, de hecho Carla, que ese era su nombre, se ofrecía a cuidarme y debo confesar que siempre me cuidaron, siempre fueron muy preocupadas por mí  recuerdo que eran ellas las que le daban las gracias a mi padre cuando  me iba a dejar, yo tenía sentimientos encontrados con Carla, a veces sentía que la amaba y otras veces la sentía como si fuera mi mama, ella de vez en cuando me dejaba que acariciara sus pechos, tiempo después supe que ella había perdido un hijo antes de nacer, quizás en esos momentos ella me necesitaba como hijo, así  como yo necesitaba una madre…

 

Muchos años después, siendo ya un hombre maduro y con la capacidad intelectual de entender, comprendí porque ellas agradecían a mi padre, cuando eran ellas las que en el fondo le hacían un favor…

Por la confianza, pocas personas se atrevían a confiar en ellas, y mi padre no sé si conscientemente,  lo hacía, les confiaba a su hijo, ellas valoraban eso y a cambio yo recibía el amor más noble y desinteresado que pudiera existir, y por supuesto los cariños de Carlita que jamás olvide, jamás cuestione ni juzgué a mi padre por lo ocurrido en ese tiempo, al contrario, agradezco la vida que me enseño y brindo…

 

Y como les contaba al principio, la alemana me tiene desmemoriado, solo la mitad de esta historia es real, la otra es pura fantasía, lo malo que no recuerdo cual es cual…

Salud  queridos amigos…

 

 

Rey Neira Bustamante

 

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