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5 min
Michele in piscina
Amor |
12.09.19
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Sinopsis

El grupo se ha ido a una excursión. Yo me quedo en la piscina del hotel unas horas a descansar de las vacaciones. 

Hay poca gente, mediados de septiembre ya no es lo mismo que pleno verano. 

Entre la docena de personas que estamos en la fantástica piscina, hay una pareja con una chica jovencita, el hombre está tumbado en su cama balinesa y la mujer hace fotos a la nena en mil y una poses. Las miro. Recuerdo cuando era yo la que se las hacía a mi hija hace años. 

Me he traído al viaje un libro y ahora aprovecho la tranquilidad para, entre wassap y messenger, ir leyendo alguna página.

En un momento dado, levanto la vista y no veo a la pareja de las fotos. Busco con la mirada y veo a la niña peinándose mientras se hace selfis y a la mamá tumbada junto a su marido, cada uno dándole al móvil.  

Veo una luz en mi dirección y entiendo que me acaba de hacer una foto. Y pienso primero que es un poco tonto hacer fotos con flash de día y con sol, y segundo, es muuuy tonto hacerlas con tu mujer al lado. 

Entonces se me ocurre que el pobre no va tenerlas todas igual, por lo que decido regalarle unas cuantas poses, eso si, con la gorra bien encasquetada, el pelo suelto y con gafas de sol.  

Así que paso de la postura de lado a la de boca abajo, vuelta hacia arriba arriba y pego un estirón de aquellos que te estiran todas las articulaciones, con elevación de pectorales y movimiento lateral incluido. Me estiro al máximo de lado para alcanzar la crema y me dedico a untar todo mi cuerpo con ella. Voy moviendo el libro cada vez y aprovecho para observar al improvisado fotógrafo y compruebo que su movil y su mirada me siguen. 

Ya cansada del juego, me levanto, escondo tripa, hombros hacia atrás y me voy al agua.  Tardo en entrar y dejo que termine el reportaje fotográfico. 

Al poco salgo al cálido sol y me tumbo en mi cama doble. Una voz se dirige a mi, pero no entiendo nada. Es nuestro amigo que pasa por ahí con la niña. Me incorporo sobre un brazo y digo lo típico: “no parlo italiano”. Y me vuelve a preguntar: “¿espagnola?” A lo que  asiento. 

Dirigiéndose a su hija le dice que hable conmigo y la chica me dice de carrerilla “hola, me llamo Marcella y tengo catorce anios. Estudié espaniol en la primaria”. 

Le sonrío y me presento de igual forma: “hola, me llamo Serena, vivo en Barcelona y estoy de vacaciones”.

Se me acaba la batería y decido subir a la habitación a cargarlo un poco. Cuando paso al lado del hombre, está solo y me pregunta si ya me voy a la stanza, a lo que contesto sin pensar que no me entiende: “un ratito, a cargar el movil”. 

A la hora vuelvo a bajar. El sol sigue ahí y ya he comido. Me doy un largo baño y salgo del agua. Al momento aparece mi vecino de piscina. Me pregunta: “¿l’acqua é fredda?”, “no, no es freda” contesto. “Vieni in acqua” y me digo, porqué no? Así que vamos a la escalinata de entrada, pero el hombre no está convencido, me dice que acaba de comer y es pronto para entrar. Nos sentamos en el tercer escalón y más bien que mal vamos hablando de nuestras ciudades y viajes. Intenta hacerme entender de qué trabaja y finalmente lo pillo: es bombero.  Le pregunto su nombre y me contesta: “Michele, lo conosci? Digo: claro! Es Miki! Anda que no me rio! Hasta que veo que mi toalla sale volando y volvemos a nuestras respectivas camas. 

Tiene mucho interés en saber si estoy sola. Le digo que no.  Que mi acompañante llegará pronto. Creo que no me cree. 

Pasa un hombre y me pregunta si “l’acqua é fredda”. Vuelvo a decir que no y éste se lanza de cabeza sin ninguna duda. Cuando sale del agua veo que se tumba al lado de un chico, un poco más joven. 

Al bombero no le ha hecho gracia la intromisión y sólo dice una palabra: gay. Yo contesto: “si les piace a ellos...” Y vuelve al ataque: “¿ti piacen gli uominis?” , “certo” contesto. 

“¿Ti piaccio io?” ¡Toma! Esta si que no me la esperaba...

Y puestos a darle un sueño, le contesto que sí me piace, pero que a la sua donna también le piace. Sonríe y asiente. 

En ese momento se oye un alboroto: llega el grupo de españoles de la excursión y mi acompañante pasa por la piscina a recogerme. 

Nos vamos y mirando a mi triste recién conocido me despido: “chao Michele, un piacere”. “Chao, Serena, buon viaggio”. 

Me lo he pasado bien, pero lo mejor ha sido la pregunta en español: “¿quién era? Y mi respuesta: “un bombero italiano muy majo, ya te contaré cuando nos hayamos ido de aquí”. 

Mañana se lo cuento. 

 

 

 

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