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7 min
Miedos
Reales |
20.04.17
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Sinopsis

Te llamas Matthew Shepard, pero los perros rabiosos te han puesto el nombre de «Maricón». No les prestas atención pero en el fondo les quieres torcer el cuello. Siempre te ven de la misma forma, con esa mirada despectiva llena de miedo, porque así se le debe llamar: miedo. Esa perturbación angustiosa que promete daño, y en sus trincheras resguarda ideándose monstruos que en la mayoría de las veces son imaginarios que aluden a la violencia. No pueden poner pretextos tangibles a causa de sus actos. Pero tú lo piensas con la cabeza fría y te das cuenta que se justifican al ser animales irracionales y adoctrinados.


Caminas por la calle con la luna sobre tu cabeza, e imaginas contornos brillosos en la oscuridad. Por algún motivo un escalofrío recorre tu columna y finges no sentir temor. Sabes que han pensado en ti, pero ahora te da lo mismo lo que digan y a ellos les molesta. Agredidos de forma imaginaria, quieren que te hinques ante ellos y les pidas perdón, sabes que no es lo correcto, porque para pedir perdón primero les debes cometer un crimen, y lo piensas, el único “crimen” que les has declamado es el de estar vivo. Por esa razón te quieren partir el cráneo y esparcir tus sesos por el piso.


Hombre, te diste cuenta de tu naturaleza a temprana edad. Cuando entre sueños te imaginabas en los brazos de otro hombre y al poco tiempo, te despertabas atemorizado. Ese fue tu miedo más profundo, del que no sabías lo que ocasionaría en tu futuro. Entonces flexionabas las piernas y las abrazabas hasta el amanecer. Pensabas que eras una anormalidad, pero recuerdas a cada instante que la manera en la que se le da sentido a las circunstancias y a la vida es catalogada como normal, y siempre llegas a la conclusión que lo que se le llama “normal” es solo un instante en el tiempo. Pero eso no lo supiste siempre, y en ocasiones ostentabas tu cuello frente al cuchillo para acabar con ese miedo, porque pensabas que esa sería la manera de evitar que el temor trascendiera contigo a la muerte.


Que violentos son. Mira cómo te enseñan los colmillos, entonados para hundirse en tu carne y en eso transmutó el temor. ¿Recuerdas aquel cachorro que al crecer se escondía debajo de la cama cuando sabía que insultó tu moral al desgarrar tus comics favoritos? en cierto sentido querías preguntarle sus motivos por tal acción, pero no podías. Después el perro, tendido en su pansa, te veía en sentido de huida y al darse cuenta de que tú no declinabas la búsqueda por él, empezaba a rabear. Y eso es lo que pasa, el miedo es el primer síntoma de la violencia. Y ahora, esos perros de dos patas que te ven desde lo más profundo de la noche, son víctimas de aquello. Han estado temerosos por mucho tiempo, y su enfermedad ha avanzado demasiado. Por el rabillo del ojo los miras cuando acercan sus hocicos a la luz de la lámpara de calle, y de pronto, entre ladridos, la espuma cae en tus zapatos.


El miedo en su más puro estado, es la consecuencia del subconsciente irracional que altera al cuerpo ayudado por la forma de todo lo aprendido, eso es lo que piensas. Tú has aprendido que esto tiene que ser negro, que ni se le acerque un crío con una brocha con pintura blanca porque le rompes la cara, y eso te enfurece. Esos animales “racionales” han aprendido que dos hombres juntos es una abominación, por lo tanto tienen que morir los muy putos, así como los llaman. Finges no sentir dolor, pero no por mucho, porque las mordidas cada vez las sientes más profundas y tú cuerpo empieza a liberarse del estado de energía titulado por la pura especulación y nombrada cómo “vida”.


Sientes los golpes en tu cabeza y poco a poco tu cráneo se fractura. Es un instinto huir cuando la vida pende de un hilo. Pero tú no lo puedes hacer, porque esos animales te tomaron por los brazos y las piernas para clavarte en una cerca junto a la carretera. Te golpean la cabeza como intentado saber cuál es el problema que te impide ser igual a ellos, quieren ver tu cerebro y saber qué es la porquería que tienes, buscan y buscan, pero pronto sabes que el problema no es tuyo. De pronto te escupen cómo la mierda que creen que eres, vuelves el rostro hacia ellos y abres apenas los ojos, observas su comportamiento de tal forma que los distingues errantes en la locura, y sabes que de alguna forma es el comienzo de su gozo y el final de tu vida. 


Hay sangre en tu boca. La degustas al igual que aquellas palabras que escupen los perros. « ¡Muere maricón!». Excusándose en la ignorancia se echan a reír hasta casi atragantarse. Ellos saben que te estás librando del castigo que te impusieron y sienten que el temor no se esparce, sigue vivo, entre sus memorias resguarda para salir de sus cuerpos y rebanarlos en dos. Y esa violencia con la que te dejan colgado, es la primicia del ser humano al “evolucionar” de manera emocional, y al desechar lo lógico porque a priori eso no importa cuando sus cabezas arden de furia. Te sientes mal, y a la vez te sigue un estado de relajamiento que te sugiere una liberación de tu cuerpo y si, de tu alma, así como la llamas. ¡Créelo! De verdad que la tienes, muchas personas te dijeron que eras un bastardo pervertido que carecía de ella, pero nunca lo creíste de verdad. Fruncías el ceño y te echabas a llorar. Pero la tienes Matt, la tienes.


Llega la mañana anunciando tu muerte. Vamos Matt, perdónales porque al hacerlo trasciende tu conciencia. Y en el acto puedes morir sabiendo que la única razón para vivir es la de comprender lo que no se entiende, y esa es la manera, de surgir de entre los muertos para gritar a través del tiempo tu pensamiento, tus respiros y tu naturaleza que alguna vez la sentiste como un puñetazo en el rostro.

Despreocúpate de todo lo que pasa en este momento, porque lo que ahora importa es la forma en la que te despides de estos seres extraños y que en contadas ocasiones siguen el paradigma establecido. 


Caminas en un prado. Desojas las flores en tu paso y vuelves tu rostro a ese mundo que se moldea por el tiempo. Normalizándose en cada instante. ¡Olvídalos! Dame tu mano y sostente de mi guadaña. Yo después iré por ellos. 

1976 -  1998

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  • R. Ariel, gracias por compartirme tus palabras. Es te texto lo veo un poco feo aunque es mio ya que lo consigo como un frito hacia el lector pero por alguna razón que no logro comprender me gusta. Que tu ver la belleza en ladridos de perro, demuestra lo sensible que eres. Y lo mucho que te gusta escribir y hacer que todas la letras trasciendan de solo vocablos a emociones. De nuevo gracias.
    Un texto apasionante, la contundencia de las frases es magnífica. Me has puesto en la piel de tu personaje, el mártir que recibe toda las piedras, toda la perversidad de los hombres, lo más oscuro que tienen dentro. Tienes la gracia, Bella, de conmover con el manejo de las emociones, es un gusto leer tus textos. Hermosos o trágicos, como éste.
    Gracias Diego, perdonar lo es todo. Si se hace algo se expone al infinito, por el tiempo. Todo lo que se hace tiene consecuencias, hacia nosotros o a los que nos rodean. Así que para "trascender" de buena manera, yo digo que hay que dejar lo que nos amarra. Los récords y todo. Porque al otro lado del umbral ya no vale ni como basura. Gracias, percibo tu emoción. Gracias Néstor, me complacen sus palabras llenas de sabiduría. Le aprecio mucho. Un abrazo, ¡Que truenen esos huesos!, otro más. Gracias Gustavo, gracias BLUESS.
    Yolanda, eso de ser tolerante es en dónde radica la tranquilidad, la paz. Pero somos humanos y una parte no existe sin la otra. Así que para ser de cierto modo "perfectos" tiende a su contrapeso. Hace falta demostrar que podemos ser mejor que eso. Contemplar la vida y decir que solo hay una, ese es el pretexto para vivirla con plenitud. Un beso.
    Gracias Adela. También en eso trato de mejorar. Para que el lector viva en carne propia las emociones. Porque siendo humanos estamos propensos a ellas. A las fracturas emocionales. A los problemas como tal. A las risas, a todo.
    Así es Frank, algo que de cierto modo se le teme mucho o poco, a la muerte. Esa interpretación del término de la vida para trascender em algo que desconocemos de cierto modo me entusiasma. Gracias por leer.
    Excelente Bella. Con una prosa intensa y dramática nos llevas de la mano al núcleo de la historia. Un relato bueno por donde se lo mire. Y el final, extraordinario. 5*
    Tremendo Bella, tremendo. Por fin alguien me hecho ver lo que significa:"Resucitar de entre los muertos". Cuando he leído : es la manera de surgir de entre los muertos para gritar a través del tiempo tu pensamiento,............. -¡Tremendo!
    Fabuloso Bella!! El miedo es la muerte misma, anula la razón, impide la felicidad. Tratando con personas de cualquier condición sexual, con más razón, porque sufren en silencio las atrocidades de aquellos que ostentan vida; maltrato, vejación, desprestigio. Estos sí que son unos infelices. Tu protagonista da una lección de vida, perdona a los indeseables que no conocen la palabra DIVERSIDAD. Me ha encantado. Genera crispación, y a mí me ha emocionado. Un abrazo.
    Consigues penetrar en la mente de Matthew con gran maestría. Un gran ejercicio psicológico y literario. Enhorabuena.
  • "Efecto mariposa"

    https://m.youtube.com/watch?v=rdiLxyGH8Lg

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