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8 min
mierda de amor
Amor |
09.02.19
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Sinopsis

Antigua y patética carta a alguien que me jodió pero bien y con quien aprendí cómo era la verdadera naturaleza del alma humana.

Es el día de mi cumpleaños y aún te echo de menos. Han pasado más de 5 meses, no nos hemos visto, sé poco de ti. Nada apenas. Es curioso recibir felicitaciones de gente con la que apenas has cruzado dos palabras, gente que no te importa demasiado, gente cuyo único vínculo en común contigo es facebook. Gente a la que no quieres, a la que no le importas demasiado. A esto hemos llegado. Navegamos por la cotidianidad de gente casi anónima. Gente que te dice "felicidades, pasa un buen día" sólo porque ha recibido una notificación en su perfil. Y sin embargo alguien que era cuerpo de tu cuerpo ,alma de tu alma, alguien con quien intercambiaste más que fluidos corporales ,alguien así, lo ignore. Te ignore. Alguien que lo último que te dijo fue "eres gente tóxica", cuando lo último que tu hiciste la última vez que le viste fue darle un abrazo ante su requerimiento y manifestación explícita de deseo sexual. Deseo que, al subir a la habitación, supiste no iba dirigido a ti. Jodido, ¿no crees? Antes no usaba demasiado el facebook ni el wassap, ni este tipo de historias tecnológicas que más que hacer amigos lo que hacen es separarte de la gente que realmente merece atención. Ahora invierto gran parte de mi vida atento a estas cosas sin las que hace pocos años vivía tan tranquilo. Veo imágenes que cuelga la gente, imágenes críticas sobre los móviles y la tecnología. Cadenas, barrotes, islas desiertas en las que uno está sólo, "interactuando" a distancia, sin oír, sin oler, sin tocar, sin sentir nada. Dentro de estas cárceles digitales, de estas prisiones modernas, recibiendo información superflua de gente que no te importa, enterándose uno de lo que hace años eran asuntos íntimos , pensamientos íntimos que sólo compartías con gente que de verdad te importaba. Hoy no, hoy todo el mundo puede verte desnudo si tu te muestras desnudo. Y nos gusta, una necesidad de exhibición absoluta, una necesidad de atención. Una necesidad de aceptación virtual. No hay nada más hipócrita y que oculte más las miserias y las verdaderas alegrías de alguien que estas cosas. Tú y yo nos comunicábamos vía pantalla, vía píxel. Un signo de distancia que no supe ver. Todo esto invita a tener múltiples vidas. Vidas virtuales que invitan al secreto para con el otro. Invitan a la mentira, al engaño. Una sutil manera de deslealtad que con la lógica moderna de las éticas líquidas es terreno fértil para abonar fracasos personales, concretamente sentimentales. No hacemos demasiado esfuerzo, la gente se sustituye y punto. Siguiendo la lógica de mercado. Reificamos al otro. Lo cosificamos. Fluir hoy es muy sencillo, lo que no es tan sencillo es evitar ser arrastrado por la corriente de los demás. Pero precisamente por tus fotos que colgaste en el perfil del Wassap supongo que estás bien, sé que pusiste distancia por el bien de los dos, ésto ya me pasó una vez y sé que poner distancia es lo mejor, da igual el medio elegido o las formas usadas para hacerlo. Sé que no fue fácil para ti hacerlo y no fue plato de buen gusto, no pude exigir nada ni juzgar nada, porque entiendo que fue lo correcto terminar con algo que sólo proporcionaba frustración y sufrimiento. En su momento vi lo lógico de la decisión pero no por ello aliviaba mi dolor. Más que nada sentí impotencia, frustración, pero luego entendí que yo había perdido mi dignidad hacía tiempo, y ése es el límite de una relación, si se sobrepasa todo se ha roto, todo se ha vuelto feo. Yo permití que se sobrepasara varias veces así que supongo que no puedo pensar que debí haber recibido un trato más respetuoso. También lo había vivido antes. Exactamente lo mismo. Así que debo admitir mi error y librarte de responsabilidad. No entendí que tú tenías tus propias formas de mostrarme que ya no me querías. No entendí que me lo dijiste varias veces, no literalmente, pero sí claramente. Soy muy tozudo, y me engaño, uno mismo es el que más se miente a sí mismo. Solo veía lo bonito, los resquicios de esperanza que me mostrabas, una visita al hospital, un regalo de un libro que llevaba años queriendo tener, un cepillo de dientes en el cuarto de baño de mi casa en el pueblo, unos origamis y unos regalitos míos colgados de la pared de tu habitación, incluso me agarré a regalos pasados, a detalles muy bonitos que tuviste, no los he guardado, no los he metido en cajas, uso tus rotuladores para dibujar, tus cuadernos para escribir, tu taza para desayunar. "Las relaciones son complicadas" me dijiste. Y tanto. " Uno tiene su pasado, relaciones pasadas" me dijiste. Lo sé. Sentí dolor al verte feliz con gente que no era yo. Yo ya no te daba felicidad, ni tú a mí. Esa es la realidad. La verdad es que tres meses después me noté diferente, aunque aún quería saber cosas, indagué cosas y bueno, no debí a esas alturas decirte ya nada, fue un error jodido. Un intento de alimentar la idea de que no eras tan buena, de que lo que había perdido no valía para tanto. Pero eso son tretas mezquinas y dañinas, además de inútiles, me sentí mal luego. Además a esa altura de la película daba igual ya con quien estuvieras, fuera pepito, juanito o manolito. No era ya asunto mío. He pensado en ti todos los días, todos. Al principio con ese dolor, gritando tus bondades en voz alta acompañadas de un porqué, luego con desesperación, pensando el la idea de que esto era definitivo, luego con odio, intentando borrar todo lo bueno para hacer menos pesada la pérdida. Justo todo lo contrario a lo que debí hacer. Ha pasado ya esa época. Me quedo con lo bueno. Las cosas son tan complicadas como uno quiera hacerlas, y nos lo complicamos y alargamos demasiado. "No funcionó y punto, para que andar con más historias" eso me digo ahora, fui muy tozudo, muy pesado, insistente, tal vez te diera la impresión de que era violento. No me considero así, pero no lo hice bien, cuando se acabó la historia indagué demasiado en asuntos que ya no eran de mi incumbencia, debí aceptar y respetar tu decisión y punto. No fue bueno para ti ni para mi. Uno siente estas cosas en sus carnes, no en las de otros, pero hasta ahora no extrapolaba mi dolor a los demás, signo de egoísmo máximo. Todos sentimos, todos deseamos, todos sufrimos, no sólo uno mismo. Todos tenemos nuestras expectativas, nuestra historia personal, nuestras debilidades, nuestro código ético, nuestra manera única de ver y de sentir el mundo que nos rodea. También nuestras sombras y oscuridades. Y hasta eso hay que respetarlo del otro, y aceptarlo. Aunque ya veo esto como algo enriquecedor, y además aprendí y disfruté muchas cosas positivas de ti, por supuesto no todo fue malo. Escribo todo esto con la esperanza de que llegues a leerlo algún día, con la esperanza de que llegues a entender el dolor que tuve que pasar al perder a la que nombraba como la que pudo ser la mujer de mi vida, con la esperanza de que te quedes con que fuiste alguien importante para mí, alguien a quien quise y con quien quise construir algo nuevo. Querer a alguien es un proceso, y no es fácil. Al principio todo se ve bonito, muestras tu mejor versión, todo es ilusión... en fin , que te voy a contar. Luego se va conociendo a la gente. Y no todo es de color de rosa. Me he recriminado a mí mismo mis errores contigo muchas veces, mi dejadez al principio, mi falta de imaginación para hacer cosas divertidas, mi falta de compromiso, mi falta de detalles de verdad, detalles de cariño verdadero, que son los que valen, los únicos que valen. Esos no se compran con dinero. Tú tuviste bonitos detalles. Si aún pienso en ti y te guardo con cariño es porque, con tus errores e imperfecciones, me digo que eres una bella persona, aunque me mienta. Y vivimos gracias a las mentiras. Eso me lo enseñaste tú.
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No sé si me podré definir con 180 caracteres, tengo más de 180 carácteres.

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