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4 min
Mistetas, el unicornio alado contra los Dioses Gays.
Humor |
02.06.16
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Sinopsis

Continuación de las aventuras de Mistetas, el unicornio. También dedicado ha unos lectores/escritores muy en particular.

El banjo sonaba con soltura, los dedos de Ed implantaban un ritmo mágico a las cuerdas de este. Mistetas se encontraba al lado de Ed, bailando tan divertida melodía. Su baile era sensual y a la vez de difícil ejecución. Uno de sus mejores movimientos consistía en ponerse boca arriba con su cuerno clavado al suelo y dar vueltas sobre él.

 

Ed dejo de tocar.

- Mistetas… ¿Qué tal fue tu última aventura?

- Mi decimonoveno sentido todavía palpita, creo que algo he dejado pendiente.

 

De repente, el cielo se tinto de grandes nubes negras y espectaculares relámpagos y un rostro gigante empezó a formarse entre ellas hasta estar perfectamente definido.

 

- Jo jo jo! – El rostro se reía de una forma muy fuerte y siniestra… - Soy el Gran Dios de los Dioses Gays. Vengo para avisarte que voy a devorar los corazones de todos los unicornios del mundo y que me reservo el tuyo para el final.

Un rayo impactó directamente en los ojos del Dios de los Dioses Gays. – ¡Arggg! ¡Mierda! – El rostro empezó a desvanecerse entre quejidos – La próxima vez llamo por Skype.

- ¡Dios mío! ¿Qué vas a hacer Mistetas? – Preguntó Ed.

- Ed, abre la nevera…

Una vez armado hasta las alas, Mistetas voló hasta la puerta del Cielo Gay y se encontró cara a cara con el Dios Gay Polo.

- Soy Polo, el guardián de la puerta del Cielo Gay. ¿Qué hace aquí?

- Vengo a matar a tu jefe. – Contesto de forma solemne Mistetas.

- ¡Vas a morir maldito blasfemo! ¡Arrepientete! – Polo desenvaino un dildo llameante y se lanzó contra Mistetas con la furia de un oso.

Mistetas recordó todo lo que aprendió cuando participó en el último reality de supervivencia, donde un ex SAS le enseño que contra los ataques de osos lo mejor es aguantar firme con una lanza y dejar que el oso se la clavara con su propio peso. Se puso en posición presentando su cuerno y dejo que Polo se lo ensartara.

- ¡Arrrg! Maldito… - Fue lo último que pudo decir Polo antes de morir.

Mistetas se quitó a Polo de su cuerno y cruzó la puerta. Un gran arcoíris subía hasta las nubes. Obviamente, Mistetas no caminó por él, ya que tiene alas y llegaría antes volando.

Una vez en las nubes se encontró con el Dios de los Dioses Gays y su guardaespaldas, el Dios de los ochenta y cuatro minutos. Un Dios capaz de hablar durante ochenta y cuatro minutos de cualquier tema. Sus víctimas eran incapaces de sobrevivir hasta los ochenta y cinco minutos de conversación con este.

- ¡Espera! - Grito Mistetas. – Lucharás, pero no contra mí.  – Mistetas desplego su ala izquierda y de ella salió un famoso presentador de televisión gay español, pero con acento venezolano y este empezó a hablar con el sicario.

 

Los dos se enzarzaron en una conversación continua sin ningún sentido. Cuando llegaron al minuto ochenta y cuatro, el presentador se subió gritando a una mesa y empezó a desnudarse. El Dios no pudo soportarlo y se vio afectado por una embolia cerebral.

 

- Ahora solo quedamos tu y yo. – Le dijo Mistetas al Dios de los Dioses Gays.

Desplego sus alas y exhibió dos ametralladoras rotatorias tipo Gatling. Estás empezaron a rodar durante un par de segundos e inmediatamente a desatar una lluvia de disparos mientras los casquillos se amontonaban entre las patas de Mistetas. Se generó una gran nube de humo, la cual cuando se disipó, mostró un intacto Dios de los Dioses Gays.

- Ahora es mi turno. – Dijo este.

Se arremango la camisa, mostrando un tatuaje de una regla de medir desde su muñeca hasta sobrepasar su codo y empezó a dar palmadas muy rápido. Una gran onda de choque golpeó a Mistetas, noqueándolo.

El Dios de los Dioses Gays introdujo su brazo por el recto de Mistetas profundamente y le arranco el corazón.

Empezó a comérselo, pero este no se acababa. Mientras más comía, peor se encontraba. Hasta el punto de morir de empacho.

Mistetas volvió en sí y dijo. – Iluso, soy un unicornio alado con un gran corazón. Solo has podido extirparme una pequeña parte de este y no has podido acabártelo de lo grande que es.

Mistetas regresó junto a Ed y se acariciaron los cuernos toda la noche.

*** Este relato en ningún momento promueve la homofobia y se aleja de cualquier postura política. 

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