cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

13 min
MODERATO
Varios |
23.09.18
  • 0
  • 0
  • 480
Sinopsis

Historias de Duque y Martín.

“Todavía no hablo de mi aislamiento, que mide seis pies por dos. El aislamiento del ataúd. El aislamiento de una gárgola suspendida sobre la ciudad que duerme.”

 

Lawrence Durrell.

---------------------------------------------------------------------------------------------

 

Y se me fue la mañana y buena parte de la tarde en la práctica de un meticuloso análisis de parecidos y discrepancias anales (más bien nalgeales) que es una forma tan válida como cualquier otra de acortar el sol y acercar la noche (de “perder el tiempo”, burdo cliché, eso digo) Las hay en una cantidad tal de formatos y colores, que cubren con holgura toda la gama de posibles exigencias lineales, tangenciales, paladáricas, y nutritivas. Un buen culo para cada gusto, incluso si te gustan las culo malo, que es como decir las sierpes, culebras, cuaimas, y otras variedades de ofidio hembra que pueden sacarte los ojos a fuerza de orgasmos como fuego y colmillos por sorpresa.

 

Hoy es un día apropiado para jugar al inquisidor con mi lengua. ¿Por qué le huyo a la luz? ¿Por qué solo la noche me desata? Una sombra sobre otra sombra nada significan: Ladran perros de inquietos  dientes,  putas  y   maricos   negocian   horas,    polvos ,   y  precios.  Un histérico drogo desvalido se amarra la tira de goma y se da un pincho en la vena.  Extrañas parejas de aquelarre bailan muy cerca de mí: pelos azules en punta, pintura negra en largos rabos desde los ojos hasta las orejas, bocas en rojo bruto sangre de lágrima, cruces gamadas, brazaletes repletos de púas y desiertos. Nada me dicen, es poco lo que me miran. Creo que soy parte del paisaje: un tipo que de un tiempo a esta parte se descuelga y aterriza en el mismo lugar. De cuando en vez me ofrecen un trago de anís o un cigarrillo. Algo en mí los mueve a una piedad básica, animal, instintiva. Tal vez la suciedad del cabello (cuatro días sin bañarme), los zapatos sin cuerdas, los jeanes rotos en las rodillas, el párpado hinchado, la marca en cruz que me dejó el anillo. Tal vez mi boca colgante de imbécil penitente (suerte de agonía gestual en do mayor de cómica impudicia)

 

El error fue buscar de inmediato a una mujer para olvidar a la mujer que me puso cuernos. Luego tuve que buscar a una mujer para olvidar a la mujer que busqué para olvidar a la mujer que me puso cuernos (la primera que busqué no me puso cuernos, pero era muy tonta, o muy joven, no estoy seguro) Después me busqué a una mujer para olvidar a la mujer que me busqué para olvidar a la tonta que me busqué para olvidar a la mujer que me puso cuernos. Si otro imbécil es capaz de venirme con aquello de que “un clavo saca otro clavo” le doy de martillazos en la frente. De todas formas ahí vamos, ni del todo mal ni del todo peor. Mujeres y tragos no han faltado. Después del divorcio escogí el oficio de señor putañero y no me arrepiento (abre las piernas y alcánzame tu roncito con limón, maraquita le dicen, ni se siento: pago por agua para ella y caña brava para mí) Lo bueno es que nunca he tenido que buscar a una puta para olvidar a otra puta (excepto una vez que me enamoré de una puta de 47 y ojos azules y pelo rojo  llama lamiendo la punta de mi falo) pero se trató de un caso aislado, sin riesgo de contagio, válido para un determinado club de solteros y divorciados amantes de las strippers cuarentonas. Y no consuela nada eso de repetirse a cada rato que a todo el mundo le montan cuernos (sin duda una falacia: solo le montan cuernos a 9 de cada 10 hombres  y/o mujeres, lo que nos deja el 1% de irrebatible piel fielina (de fiel no de felina, que ya lo de felina lo lleva la hembra en los ovarios y el macho en lo de ir saltando a escape de un tejado al otro (ya se me subieron los tragos, no sé ni de qué voy ni adónde coño. Esto es lo malo del vodka: te obnubila dulcemente) Mejor reduzco la medida y evito que aparezcan las consideraciones de tipo filosófico, psiquiátrico y religioso. Es probable que una hostia se pudra antes de tocarme el paladar. Hago un aparte y levanto los ojos del papel.  Frente a mí pasa un tipo de esos con la cara clásica del idiota al que la vida ha fuñido y escoñetado hasta el cansancio: los ojos como de pescado frito, la gotita de saliva casi cayendo, las manos ocultas en los bolsillos del pantalón, la corbata a rayas y el traje a cuadros, los zapatos deportivos y las medias rojas, los dientes amarillos y la futura coronilla de franciscano absurdo (falta poco, ya se asoma el cráneo a contraluz) Los ubico, catalogo, y defino, con una  facilidad que habla de coincidencias y hermandades: a mí también me ha pateado a gusto esa triste puta ojos de luto. La suerte, quizá lo que me diferencia un poquito de estas buenas gentes (suelen serlo, e incluso más de lo que pudiera esperarse) es que yo lo podrido no lo reflejo en la cara ni en los gestos (a menos que tenga uno de mis ataques de charla egocéntrica mi a mi) y estoy libre de signaturas externas (ni de vaina de máculas internas) que pudieran ubicarme en el rubro de los débiles, de los inútiles, de los que sobran donde están o donde han ido.

 

Cualquier cristiano, budista, mormón, ateo, cañero, putero, y/o lo que le guste ser, dar, o recibir en sus horas libres, puede fechar un diario haciendo uso del paradigma que más le ajuste a su temperamento, asunto, caso, o la cantidad de piojos que incidan en su pensamiento vía corteza cerebral y chupón de sangre. En la presente colección de historias, y a su debido tímpano, aparecerán fragmentos de dos diferentes diarios: el de Duque y el de Martín. Muñeca nunca llevó un diario, lo que es fácil de comprender cuando la observas tragándose la noche sin complejo de culpa. Con la intención de dotar de una mínima coherencia a ese burdo caudal de anotaciones torpes, le pedí a Duque  la salvedad de fechar los suyos antes de entregármelos (con Martín no tuve problemas) a lo que el muy cabrón hijo de tal me contestó con un discursito altanero, medio masoca, y para colmo escrito en tinta roja, vía telegrama por debajo de la puerta: “Mi diario no tiene fechas por dos razones de peso específico (genérico y genético), a saber: no me da la puta gana de poner fechas, ni signos, ni símbolos, para decirle a usted o a mí en que día andaba yo embarrando todo lo que hacía o decía (esta es la uno, me supongo) y la de más tonelaje, la segunda, (esa la vislumbré cagando) no puedo refrendar como ciertos casi ninguno de mis recuerdos, incluso el recuerdo de haberle escrito esta nota, y, menos aún, la firma con la que la firmo. In consecuence: lo que más me asombra es haberme quedado sin recuerdos: máscara de pupilas quietas o tigre sentado en absurdo reposo. Lo que de suyo, y aunado a lo anterior, debe explicar a usted por qué no hay fechas en esta mierda, y   déjeme   escribir   en paz o lo dejo manco de las rodillas y le suministro tal patada en el ano que se va a cagar por las orejas: he dicho y se acabó y no me joda más.

 

DEL DIARIO DE DUQUE

S/F

 

Voy por la calle hablando solo. Siempre hago lo de hablar solo por la calle. Lo jodido no es que hable solo, lo jodido es que me detengo a conversar conmigo, y argumento, y me contesto, y gesticulo, y manoteo, y provoco náuseas en los que me ven con ese lleva y trae de sonoras palabras y brazos elocuentes. Hoy ando en una torpe discutidera entre mi: “quiero tajarme el cuello de una vez adiós for ever” y mi: “mejor te lo piensas y no haces tonterías de suicida patético y payásico.” La trama se desarrolla más o mierda como sigue, y no me empuje que ya voy y le cuento. ¿Ah qué tanta manipulación verbal en forma de pregunta? ¿Quiere sacarle todo el jugo a la horita de rigor? Por lo que cobra estoy de acuerdo (Curiosidad morbosa la suya. ¿Para eso tiene el diplomita en la pared? Ok, dejo las babosadas y le pongo un ejemplo):

 

-Hoy sí me rebano el pescuezo

-Hoy lo que rebana es jamón y de broma: ¡déjese de bolserías!

-¡Cállese, gran coño, que no me deja atar cabos!

-Cabos de vela seguramente: cera para plantar margaritas

-Plántese una espina en el cogote y déjeme pensar

-¿Pensar usted? ¡la puta! ¿y qué hacemos con el babero?

-¡Ya lo tengo!

-Como no sean ladillas…

-38 en la sien, eso no falla

-Le deja un agujero hediondo y salpica sesos

-¿Nudo en el cuello y pateo la silla y caigo?

-Lengua que cuelga y una posible ( penosa) eyaculación postmorten

-¿Hojilla frente al espejo, tajo largo y rojo de oreja a oreja?

-Le auguro un zigzag indecoroso: Frankenstein de pacotilla turbia

-¿Entonces qué hacemos?

-¿No se quiere regresar para la casa?

-No, tengo un pálpito de braquicéfalo informe

-Nos buscamos una plaza y periódicos

-Eso, a sudar ron y anís barato

-Si hay suerte no despertamos

-Si hay suerte no lo hacemos

-¿Puedo leer el periódico antes?

-Pero no lo dañe que es para taparnos

-Cuando lea las comiquitas se lo paso

-Que va…yo me duermo de una y ahora

-Hasta mañana y que descanse

-Hasta mañana pues

-Tenga la navaja cerca

-En la mano y lista para el tajo

 

Y en esta habladera de cara o cruz sin moneda, se me van los días como peo de borracho que anuncia la mierda en puerta. Las fechas no tienen importancia alguna. Son números del carajo que no sirven para darle la vuelta a nada: ni suman ni restan, ni advierten ni pervierten, ni hablan ni se callan, ni fornican ni dejan de gritar pecado a los que sí, ni tiemblan de fiebre ni tienen orgullo, ni conviven con nadie ni se mandan a mudar al mismísimo infierno de una putísima vez y así sea.

                                                                                                                                   

 

S/F

 

Un puente siempre es una buena alternativa. El pero (nunca deja de haberlo) es que si no te mata la caída te ahogas en el río, que te devuelve sin dedos y todo masticado (sin olvidar la hinchazón verde purpúrea que decora el cadáver del viajero por inmersión prolongada) Hundirse debe ser feo. Ergo: un puente sobre un lecho de río seco. La ventana puede hacer de puente: exit and wellcome (las palabrejas in english o en franchute no avalan que conozca dichos idiomas. Las palabrejas en cuestión avalan, eso sí, que no he podido sacar de mí al pequeño burgués del teatro-jazz-coffe, a pesar de los bares de mala nota y otros diversos sitios frecuentados por noctámbulos (as) en álgido estado de informe borrachera citadina) Decía que la ventana es también puente, pero (otra vez pero) una cabeza rota en dos sobre la acera es foto segura de crónica roja, y yo dejé de leer o ver noticias hace ya mucho tiempo. Aunque en mi caso la noticia sería yo, así que no tendría que leerme o verme: fama fugitiva de último cuerpo en paz descanse, rip ,ora pro nobis, ¿en éste velorio de mierda no sirven ni café? En cuanto a las armas de fuego, de cualquier calibre, marca, o precio, debo aclarar que los disparos no me gustan nada nadita. Llegas a la morgue y esos carajos te jorungan por todas partes. Tienes dos tiros en la sien (cómo hizo este imbécil para darse dos tiros?) y lo único que se les ocurre es abrirte el pecho con unas palancas y cortarte y rajarte sin pausa ni ritmo. Además, te sacan los adentros para afuera, y los pesan y los miden y te hurgan el culo y te hacen lo que les venga en gana con la sola excusa de saber de que murió el muerto (ni se fijan en los agujeritos de la sien (entradas) ni en las salidas del otro lado ( un par de agujerotes que se llevaron media cara, dejándote por nuca un espacio útil para meter las manos y rascarte las ideas) Casi listos para finalizar, e imbuidos por la satisfacción que irradia cumplir con un deber sagrado, te toman un montón de fotos (cierre el pico y no replique: de cara, bocabajo, y de perfil) que adornarán tu expediente para que algún funcionario necrófilo se masturbe en el cuarto de las escobas o en el baño.

 

Tendré que pensármelo de otra forma. Tal vez me mate y me sepulte yo mismo, así quiebro dos cuervos de una sola cuchillada (paráfrasis del folklore urbano) y me ahorro los llantos del velorio y los abrazos al ataúd (debe ser jodido ver todo eso a través del cristalito de la urna) y de paso no aparezco, no me ponen en la puta mesita blanca ni en el congelador: me río de todos... doy por culo y saco sangre.

                                                                                                                                  

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 65
  • 4.57
  • 115

Un oldman alto, hosco, y feo; hastiado de cigarros, bares, y noches sin término (hembras que llegan y se van, botellas de Whisky, la vieja escuela, el último dinosaurio, y así de pendejadas una detrás de la otra) Me aburre el sexo sin caras ni compromisos (ya tuve suficiente de esas pajas modernistas) Hoy día no me gustan los bares: parecen agujeros para heridos de guerra. Me gustan las personas y los perros (“Esa misteriosa devoción de los perros”, decía Borges) Amo a mi hija y a mi nieta: mis únicas dos rosas, mis últimas palabras. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta