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2 min
Morreo en el antro
Amor |
30.09.21
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Sinopsis

Signos de un milagro se manifestaron en la piel. De pronto aquel ruido ensordecedor fue fluvial sinfonía. Smell like teen Spirit tornó en minueto de Bocherini. Apareciste bajo rayos de neón y comenzaron a obrarse los milagros. El misterio de la vida renació a tu mirar. En aquella cueva de tesoros intangibles. Etéreos. El sagrado numen que inspiró tu creación bebía de fuentes donde manaban niebla y fuego. En un instante supe que el tiempo había esculpido tu figura con besos y abrazos. El antro fue de pronto majestuosa catedral. Y en aquel altar entré en tu pupila caníbal que devora al mundo. Entré dentro de ti , y por lúbricos canales llegué a un rincón de tu memoria. Dices que ahora me alojo en tu sien. El caso es que siento que algo en mí ha sido raptado y jamás volverá. Esos segundos en que nuestros labios estuvieron pegados. En que nuestras lenguas hablaban cerca, rozándose. Ese tiempo tan fugaz como abrasador quedó grabado a fuego. Las cicatrices de la memoria dan cuenta de aquello. Besos petrificados en el pasado. Hay papeles brillantes con imágenes de nuestros yoes más jóvenes. Imágenes de héroes. Semidioses apolíneos que renegaban de su condición y claudicaban en pos de lo dionisíaco. El éxtasis asomando por los ojos daba a luz a la verdad. La verdad es que no había pecado alguno en aquello. Y se pudo oír el restallar de cadenas que aprisionaban por dentro nuestras almas. Momentos en los que no nos hubiera importado morir. Lo absoluto nos había tomado. Nos había poseído. Miedo, peso, cuerpo, pecado, encarnación, y otros velos desaparecieron. Nuestros yoes solo eran dos labios pegados. Dos lenguas hablando muy cerquita su idioma. Dos lenguas acariciándose. Abrazándose en alquel antro. Nada más.
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