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7 min
Muerte de un vividor - 1 - Empezar de nuevo
Suspense |
03.08.20
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Sinopsis

Dunaújváros llegó en tren nocturno a Barcelona...

Primera Parte: Dunaújváros, el vividor

1. Empezar de nuevo

Era otra calurosa noche de verano más para el veterano Jefe de la Estación de Francia. Comprobó en su reloj de bolsillo que el último tren nocturno procedente de Italia llegaba con el habitual retraso de veinte minutos. Tampoco le daba mucha importancia por qué los adormilados pasajeros no se fijarían en ese detalle. Después de tantas horas encerrados en los incómodos vagones, estaban deseando salir para respirar aire fresco, pero se encontraban de golpe con el aire caliente y húmedo que castigaba la ciudad de Barcelona.

Uno de los viajeros bajó del tren mirando a ambos lados del andén. No le esperaba nadie, pero quería asegurarse. Sus ojos enrojecidos por la sangre delataban que apenas había dormido desde que abandonó su casa a toda prisa. Nunca miraba atrás salvo para evitar tropezar con la misma piedra dos veces... Los potentes focos de la estación le molestaban. El viajero llevaba consigo una pesada bolsa negra que cargaba al hombro a duras penas. Recorrió el andén rodeado de otros pasajeros que, cómo él, buscaban la salida a la majestuosa estación de gigantescos arcos metálicos.

El viajero consiguió salir a la calle, cuya tenue luz amarillenta le era más soportable, y se acercó a una parada de taxis. Se disponía a esperar cuando le llamó la atención un pequeño letrero luminoso de neón al final de la desierta calle. Un hotel. Encaminó sus cansados pies hacia él.

Parecía estar más cerca, aunque tuvo que caminar un buen rato hasta llegar a la entrada. "Hotel Marmóreo" indicaba la placa de envejecido y deslucido metal con una estrella gris. El edificio daba la impresión de haber vivido tiempos mejores, pero el viajero estaba demasiado agotado para seguir vagando por la ciudad. Cruzó el umbral.

-Buenas noches...-El fatigado viajero se acercó al mostrador.

-Buenas noches, señor...-Respondió el imberbe y joven conserje del turno de noche levantando la vista. Llevaba varias horas aburrido rellenando crucigramas.

-Quisiera una habitación para pasar la noche...-Pidió el viajero con voz cansada.

-Me deja su pasaporte, por favor.-El conserje se había dado cuenta de su marcado acento extranjero.

-Aquí tiene...-El viajero lo sacó del bolsillo de su chaqueta.

El conserje abrió el Libro de Huéspedes por la página del domingo 14 de julio de 1985. Anotó el difícil nombre del viajero en la entrada. Le devolvió el pasaporte junto con una llave.

-Sólo tengo libre la habitación veintidós del segundo piso, señor Dunavaros...-Aseguró el conserje, aunque no era verdad.

-Se pronuncia Dunaújváros...-Corrigió molesto el viajero cogiendo su pasaporte y la llave de la habitación. Sólo deseaba acostarse para descansar y no quería bromas con su apellido.

-Son mil pesetas la noche...-Pidió el conserje ignorando la queja. No debía fiarse de un extranjero desconocido, le decía su escarmentado jefe. Los huéspedes entraban por la puerta y desaparecían por la ventana.

-Sólo tengo Liras Italianas... ¿Cuánto es al cambio?-Preguntó Dunaújváros disgustado por la desconfianza. El imberbe conserje se estaba luciendo.

-Son diez mil liras...-Respondió el conserje consultando la tabla de cambios. Si el viajero se iba sin pagar, se lo descontaría de su mísero sueldo y no podía permitírselo.

-Aquí tienes.-Dunaújváros le dejó, de mala gana, diez billetes de mil liras en el mostrador. Cogió otra vez su pesada bolsa y se dirigió al ascensor.

-Lo siento mucho, pero el ascensor está averiado, señor...-Le avisó el conserje evitando pronunciar su difícil apellido.

-Lo que me faltaba.-Se quejó Dunaújváros fatigado al tener que subir por las estrechas escaleras hasta el segundo piso. Continuó por un pasillo, empapelado con papel de color ocre oscuro, débilmente iluminado con lámparas cromadas estilo principios de siglo XX. Se detuvo ante la puerta número 22 y la abrió con su llave.

La habitación resultó ser tan deprimente como el resto del hotel, pero le daba lo mismo. Una cama vacía, una mesita de noche y un armario. Cerró con llave. Escondió la bolsa negra debajo de la cama. Hacía mucho calor pese a la ventana abierta. Se quitó la ropa, quedándose en camiseta y calzoncillos. Se tumbó en la cama y cerró los ojos pero no conseguía dormirse. Todo había sucedido tan rápido...

***

El día llegó dejando atrás la agitada noche. Dunaújváros apenas había conseguido conciliar el sueño. Se despertó sobresaltado varias veces. Abría los ojos escrutando la oscuridad de la habitación, comprobaba que estaba solo, e intentaba tranquilizarse. Necesitaba descansar pero los recientes recuerdos vividos se lo impedían...

Dunaújváros se levantó del incómodo camastro. Una ducha aclararía sus confusos pensamientos. No era la primera vez que empezaba de nuevo en otra ciudad. Aunque esta vez contaba con recursos. Puso la pesada bolsa negra sobre la cama y la abrió. Sacó unas arrugadas camisas de marca y unos pantalones de vestir. Tanteó con la mano el fondo de la bolsa hasta encontrar la cremallera de una apertura secreta. Sacó un pequeño maletín negro. Sonrió satisfecho.

Abandonó la habitación cerrando con llave tras de si. Llevaba consigo el maletín. Recorrió el pasillo bajando por las escaleras hasta la recepción del hotel. Entregó la llave al conserje, un hombre regordete de unos sesenta y pico años.

-Guárdeme la habitación otra noche, por favor...-Pidió Dunaújváros.

-Serán mil pesetas, señor...-Respondió el señor Ramos, evitando decir el apellido del cliente, después de comprobar en el libro de huéspedes que sólo había pagado una noche. A Juan, el chico de la noche, se le olvidó avisarle. Otra vez. Estos estudiantes no eran de fiar.

-Sólo tengo Liras Italianas... Iba a ir al banco a cambiarlas...

-No se preocupe. Yo se las cambio, señor.-Ofreció el conserje.

Dunaújváros sacó cuarenta mil Liras de su cartera.

El señor Ramos contó los billetes, calculó el cambio de memoria y le restó una noche.

-Son 2.900 pesetas...-Se quedó 100 pesetas de comisión.

-¿Está abierto el comedor?- Dunaújváros guardó el cambio.

-Sí, señor... Que le aproveche...-Deseó Ramos servicial.

Dunaújváros entró en el comedor esperando verlo lleno de huéspedes, por qué el conserje de la noche le aseguró que sólo quedaba libre la habitación 22, pero estaba casi vacío. Apenas tres mesas ocupadas por turistas con la cara roja y en pantalones cortos.

Se acercó al mostrador esperando que el camarero le preguntase que quería para desayunar, pero éste no se movió de su sitio. Otro imberbe joven con ningunas ganas de trabajar que se entretenía leyendo una revista.

-Hola...-Dijo Dunaújváros llamando su atención.

-Sírvase usted mismo...-Respondió el camarero sin levantar la mirada de la revista. Debía ser muy interesante.

-Gracias.-Contestó Dunaújváros por cortesía, aunque el trato fuese de mal en peor. Se arrepentía de alojarse en este hotel de mala muerte, pero anoche no tuvo fuerzas para buscar andando otro mejor...

Se sirvió un café solo de la máquina. Tampoco creía que le entrara otra cosa. Las preocupaciones de anoche le habían cerrado el estómago. Su pasado se había derrumbado cómo un castillo de naipes...

-Saldremos adelante...-Dunaújváros hablaba consigo mismo para convencerse que su situación actual pasajera, fruto de la mala suerte, no era culpa suya...

-¡Qué café más horrible!-Se quejó nada más probarlo. Se acostumbró al excelente café de Italia y éste sabía a aguarrás...

Miró su maletín negro. Contenía la llave de un nuevo comienzo. De un futuro sin problemas. Después de todo él sabía vivir la vida...

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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