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6 min
Muerte de un vividor - 10 - Disfrutar la vida
Suspense |
05.10.20
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Sinopsis

Dunaújváros se instala en su nuevo hogar...

-Bienvenido a la mansión Dos Aguas.-Puértolas abrió con su propia llave y le invitó a entrar. Ambos cruzaron el umbral de la puerta pasando a un recibidor espacioso. Dunaújváros le iba a seguir por la casa sin perder detalle.

-Este chalet consta de dos plantas: en la inferior tenemos un amplio comedor con cocina americana, cuarto de baño para visitas, acceso al garaje para dos coches y jardín con piscina.-Describió el comercial mientras lo enseñaba.

-Interesante...-Duanújváros fingía indiferencia.

-Subamos a la superior...-Puértolas continuó la visita.

La planta superior disponía de dos dormitorios dobles con cuarto de baño incluido, sala de billar y un pequeño gimnasio.

-Lo mejor son las inmejorables vistas a Barcelona...-Aseguró Puértolas desde la terraza del dormitorio principal. Veían toda la ciudad a sus pies y al fondo el azul mar Mediterráneo.

-Me gusta, pero será muy cara...-Dudó Dunaújváros.

-Se equivoca, sólo 40.000 pesetas al mes y dos meses de fianza... Es una oportunidad única...-Puértolas echó el anzuelo.

-¿Por qué motivo?-Dunaújváros desconfiaba de la oferta.

-No debería contárselo, pero este chalet pertenece a un ex-jugador de fútbol del club más grande de la ciudad... Está pasando apuros económicos y se ve obligado a alquilarlo...-Explicó Puértolas en tono de confidencia.

-Entiendo...-A Dunaújváros nunca le atrajo el fútbol.

-El propietario quiere discreción y busca un inquilino serio.

-Yo lo soy.-Respondió Dunaújváros sin dudar.

-Le creo...-El comercial juzgó solvente al potencial inquilino por su aspecto trajeado y el descapotable rojo en la calle. Si cerraba el contrato de alquiler, él se llevaría una jugosa comisión.

-¿Puedo instalarme esta misma noche?...-Dunaújváros quería evitar dormir en el deprimente hotel Marmóreo.

-Por supuesto, he traído el contrato de alquiler.-Puértolas fue previsor. Se sentaron en la mesa de madera de la terraza. Sacó dos copias de su maletín y una estilográfica de metal.

Dunaújváros firmó ambas copias y rellenó un cheque de su talonario por 120.000 pesetas. El banco El Buen Pastor pagaría.

-Aquí tiene un juego de llaves, señor Dunaújváros.-Le dio el comercial después de guardar los contratos firmados y el cheque en su maletín. Sonrió satisfecho por cerrar el acuerdo.

-Muchas gracias.-Dunaújváros sonreía. Todo le salía bien.

-Espero que lo disfrute...-Puértolas le acompañó a la puerta.

-Puede estar seguro... Vengo a disfrutar del sol, de la noche y de las bellas mujeres españolas...-Explicó Duanújváros hablando un español raro con acento extranjero.

-Eso es disfrutar de la vida...-Replicó Puértolas con envidia.

-Creo que me lo merezco, aunque aún estoy aprendiendo a disfrutar de los placeres de la vida...-Reconoció Dunaújváros más acostumbrado a verlos pasar. Su suerte cambió cuando sacó provecho de sus conocimientos de química.

-Casi me olvidaba... El contrato de alquiler incluye el servicio de limpieza.. Se llama Paquita.-Dijo Puértolas a punto de irse.

-Muchas gracias. Ella me abrió la puerta antes...

-La avisaré que hay un nuevo inquilino.

-Muy amable. No quisiera asustarla.

-Es por usted. Paquita tiene un pronto muy malo... Tendría que verla echando a los testigos a gritos...-Puértolas la describía cómo una bruja asusta niños.

-Procuraré no enfadarla...-Bromeó Dunaújváros.

-Más le vale...-Avisó Puértolas en serio.

-No se preocupe.-Dunaújváros deseaba quedarse solo.

-Le dejo en su nuevo hogar.-Se despidió por fin el comercial.

Dunaújváros sacó un papel del bolsillo con el número de teléfono privado de Candelaria, la atenta señorita del banco el Buen Pastor. Miró la hora en su reloj. Pasaban de las dos de la tarde. Estaba ansioso, por qué no sabía si era pronto para llamarla.

-Quizás no habrá salido del trabajo...-Pensó Dunaújváros. Le pudo más las ganas de hablar con ella que la prudencia. Recorrió el chalet buscando un teléfono. Lo encontró en el comedor. Descolgó el auricular. Daba línea.

-Vamos a llamarla...-dijo hablando solo. Marcó el número de Candelaria pulsando las teclas negras de un moderno teléfono color crema. Era el primero que veía. Sin girar el dial para llamar. El propietario del chalet debía ser alguien importante.

-¿Dígame?-Respondió la voz dulce de Candelaria. Desconocía quién le llamaba a su casa a la hora de la comida.

-Soy Dunaújváros. ¿Quieres cenar conmigo esta noche?-Se lanzó a la piscina sin saber si había agua. Esperaba que hubiera.

-Deseaba que me lo pidieras...-Reconoció Candelaria.

-Puedes llamarme Bernát.-Propuso para ganar su confianza.

-Y tú a mí, Candelaria.-La chica intimaba deprisa.

-¿A qué hora quedamos, Candelaria?-Quiso saber Bernát.

-A las nueve sería perfecto...-La chica fijó la hora.

-Dame tu dirección y pasaré a buscarte.-Pidió Bernát.

-Vivo en un piso compartido de alquiler en la calle Napoles, cerca del Parque de la Ciudadela. Yo sola no puedo pagarlo. Somos tres chicas para reducir gastos...-Explicó Candelaria.

-Seré puntual...-Aseguró Dunaújváros que conocía los apuros de los estudiantes. Hacían lo que fuera para salir adelante. Suponía que la joven Candelaria estaría dispuesta a todo.

-Estaré esperando delante el portal...-Prometió Candelaria.

-Hasta la noche, Candelaria.-Se despidió Bernát sonriendo.

-Hasta la noche. Te mando un beso, Bernát...-Un anticipo.

Dunaújváros colgó el teléfono con la sensación que la noche acabaría muy bien. Nada cómo poseer una abultada cartera para que las mujeres le vieran irresistiblemente atractivo. Eso no le sucedía cuando malvivía de su modesto sueldo de profesor de química.

-Ahora que recuerdo, debería pasarme por el hotel Marmóreo para recoger mi bolsa negra, pero no creo que valga la pena...-Pensó.

-Sólo es ropa usada... Nueva vida, ropa nueva.-Su estómago rugió recordándole que aún no había comido. Con la emoción de quedar con la atenta Candelaria se le olvidó.

-Comeré fuera. Así conoceré el barrio de Pedralbes.-Salió de su chalet cerrando la puerta con su llave. Subió a su descapotable.

La Avenida Pearson bajaba en dirección a la ciudad. Circulaba despacio observando las ostentosas fachadas de las grandes casas de personajes adinerados. Ahora él podría codearse con ellos.

Se desvió por una ancha calle con árboles en el centro. El césped estaba algo abandonado y reseco. Debía ser el calor. Continuó adelante buscando dónde comer. Un modesto letrero a la derecha llamó su atención: Restaurante El Jardincito del Abad.

-Sigamos la flecha.-Dijo en voz alta sintiendo hambre.

El restaurante estaba en la esquina de una rotonda. Aparcó su descapotable en una calle cercana y fue caminando hasta él. Cruzó la entrada siguiendo un camino asfaltado. A ambos lados había un verde césped recién regado. Se notaba la mano de un jardinero experto.

Vio una terraza con mesas bajo el sol abrasador dónde, pese al calor todas estaban ocupadas por clientes bronceados que lucían sus mejores sonrisas. Hablaban entre ellos cómo si tuvieran algo importante que decirse, pero sólo aparentaban.

-¿Qué desea, el señor?-Preguntó un camarero, de aspecto bajito y ojos penetrantes, que apareció de improviso a su lado. Miraba al extraño valorando si le dejaba entrar en el exclusivo restaurante...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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