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7 min
Muerte de un vividor - 12 - Favores carnales
Suspense |
19.10.20
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Sinopsis

Dunaújváros conoce a Candi...

-¿A qué hora paso a buscarle al hotel Marmóreo?-Preguntó Yosep suponiendo que Dunaújváros seguía alojado en él.

-Ya no estoy en ese hotel de mala muerte... Tendrás que venir a buscarme a la Avenida de Pearson, no sé el número, sobre las ocho y media...-Dunaújváros se asomó a la terraza del dormitorio principal. Desde allí se veía la tentadora piscina.

-La Avenida Pearson...-El taxista se sorprendió que su cliente estuviera viviendo allí. Se trataba de una de las calles más exclusivas del Barrio de Pedrables.

-Estoy en la mansión Dos Aguas...-Dunaújváros recordó el nombre que le dijo el comercial cuando le enseñó la casa.

-La conozco...-Yosep no salía de su asombro. La mansión Dos Aguas pertenecía a un famoso ex-futbolista al que le gustaban las fiestas hasta altas horas de la madrugada.

-Sé puntual por qué tengo un cita a las nueve en la calle Nápoles.-Avisó Dunaújváros preocupado por llegar tarde.

-Estaré a las ocho en punto...-Propusó Yosep conocedor del caótico y lento tráfico de Barcelona. Media hora sería poco margen.

-Cómo tú digas. Es tu ciudad.-Dunaújváros aceptó el cambio sin problemas. Hacía dos días que llegó y todo era nuevo para él. Su reloj marcaba las siete de la tarde. Tendría que esperar una hora.

Se entretuvo curioseando por su recién estrenado chalet. Lo habían decorado con un gusto algo excéntrico y exagerado, pero quizás no estaba acostumbrado a tanto lujo. Su modesto sueldo cómo profesor de química no le permitía ese ritmo de vida.

Cuando llegó a Italia, en busca de un futuro que le negaron en su país natal Hungría, un amigo de un amigo le presentó a un mecenas que le dio cobijo a cambio de corromper su alma...

-Pero ese pasado está muerto... Vivamos el presente...-Se dijo a si mismo Dunaújváros dispuesto a disfrutar de su nueva vida.

El timbre de la puerta interrumpió sus pensamientos. Debía ser Yosep con su taxi. Se dirigió a la entrada con paso decidido.

-Buenas noches, señor Dunaújváros.-Le saludó al abrir la puerta. Lucía su mejor sonrisa. Todo era poco para su mejor cliente.

-Buenas noches.-Subió detrás. El conductor cerró la puerta.

Yosep, el taxista canijo, se sentó al volante, puso en marcha el taxímetro y comenzó a circular por la Avenida Pearson. Salieron del Barrio de Pedralbes. Las calles de ciudad hervían de coches cuyos conductores agotados regresaban a sus humildes hogares después de la interminable jornada laboral.

-Ya hemos llegado...-Yosep paró al final de la calle Nápoles cerca del Parque de la Ciudadela. Se giró para cobrar la carrera.

-Espera aquí... Voy a llamar al timbre...-Dunaújváros bajó del taxi. Se acercó a un portal con reja metálica negra.

-Qué remedio...-Se quejó Yosep viendo cómo su cliente se alejaba sin pagarle la carrera. Tendría que confiar en él.

Dunaújváros pulsó el timbre del piso que le dijo Candelaria.

-¿Quién es?-Dijo una voz femenina por el interfono. No la reconoció. Debía ser una de sus compañeras de piso.

-Me llamo Bernát Dunaújváros... Pregunto por la señorita Candelaria...-Respondió hablando despacio. Le costaba.

-La aviso... ¡Candelaria, un hombre pregunta por ti!-Gritó la chica sin alejarse del teléfono. Se oyeron pasos apresurados.

-Hola... Soy Candelaria... Dame cinco minutos que me estoy vistiendo...-Aseguró con voz dulce. Respiraba deprisa.

-No te preocupes... Tenemos tiempo...-Dunaújváros aceptó el pequeño retraso. Lo bueno se hacía esperar...

-Te lo compensaré...-Prometió Candelaria.

Fueron los cinco minutos más largos de su vida, pero valieron la pena por qué Candelaria apareció en la portería. Dunaújváros la observó a través de la reja. Vestía un ceñido vestido negro muy corto que resaltaba sus atributos femeninos. No parecía la misma mujer que trabajaba en el banco del Buen Pastor.

-Está preciosa, señorita Candelaria...-Exclamó Dunaújváros deslumbrado por la cautivadora belleza de la joven.

-Llámame Candi cómo hacen mis amigos íntimos...-La joven tomaba confianza muy rápido. Tenía claro cómo acabaría la noche.

-Eso haré, Candi...-Respondió Dunaújváros que aspiraba a ser su nuevo amigo íntimo en la primera noche.

-Nuestro taxi nos espera...-Bernát abrió la puerta posterior.

-Gracias, Bernát...-Candi creía tratar con un caballero.

-Llévanos al Jardincito del Abad, Yosep.-Pidió Bernát cuando ambos estaban sentados en el asiento posterior. No podía desviar la mirada de la encantadora Candi.

-Eso está hecho, señor.-Yosep miró por el espejo interior a la espectacular joven que acompañaba a su cliente y sintió envidia. Puso en marcha el taxi procurando mirar a la carretera.

-¿Por qué no nos saltamos la cena y pasamos directamente al postre, Bernát?-Insinuó Candi acariciando su entrepierna por encima del pantalón. La joven no se andaba con rodeos.

-Creo que tienes razón, Candi... Mejor, llévanos a la mansión Dos Aguas... Lo antes posible, Yosep...-Pidió Bernát que notó cómo el pantalón le apretaba queriendo romper su encierro.

-Cómo desee...-Yosep se mordió la lengua. Perdía dos viajes.

La noche estrellada era testigo del viaje acelerado del taxi por las calles de Barcelona. Dunaújváros se dejaba endulzar el oído con las promesas de emociones fuertes de Candi.

-Ya hemos llegado...-Anunció Yosep que pretendía cobrar la carrera antes que se bajaran del taxi. No fuera que se olvidaran de él.

Duanújváros sacó la cartera, le tiró un billete al taxista, pero no esperó que le diera el cambio. Bastante tenía con comerse a besos a Candi para pensar en cuatro monedas sin valor. Buscó la llave de la mansión en el bolsillo del pantalón y abrió la puerta.

-Vamos, Candi...-Cogió a la predispuesta joven de la mano y la llevó al dormitorio del piso superior. Casi se le olvida cerrar la puerta de la calle de lo excitado que estaba.

-Si, mi amor...-Respondió ella tan excitada cómo él. Habían encendido el deseo carnal dentro del taxi y llegarían hasta el final.

Se quitaron la ropa el uno al otro mientras se comían a besos cada vez más excitados. Bernát recorría con sus manos la piel tersa de Candi. Desabrochó el sostenedor negro de encaje y liberó sus pechos generosos. Se agachó y besó con sus labios los pezones.

Candi gemía de placer dejándose arrastrar por la inesperada pasión de Bernát, un hombre maduro que sabía cómo hacerlo... Los jovencitos no poseían la experiencia necesaria para ella. Por eso los prefería mayores...

-Ahora me toca a mi...-Propuso Candi después que él jugara con la lengua en el interior de su entrepierna... Le hubiera dejado toda la noche, pero quería más...

Bernát se tumbó desnudo en la cama mirando al techo. Vio cómo Candi cogía su miembro y lo acariciaba alargando el momento de probarlo... Era una jovencita traviesa... Le gustaba hacer sufrir...

-No me hagas esto...-Suplicó Bernát con la bandera arriba.

-Eres mío y jugaré contigo cómo quiera...-Avisó Candi que tenía la sartén por el mango. Nunca mejor dicho.

-Eres muy mala...-Se quejó Bernát siguiendo el juego.

-¿Qué me darás por mis favores carnales?-Quiso saber Candi sosteniendo su virilidad en sus cariñosas manos. Dudaba.

-Lo que quieras, amor...-Mintió Bernát dispuesto a prometerle cualquier cosa con tal que Candi siguiese adelante.

-Me lo has prometido, amor...-Candi había conseguido lo que quería. La palabra de Bernát y la usaría a su antojo... No ofrecía sus favores carnales a cambio de nada.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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