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7 min
Muerte de un vividor - 16 - Dejarse querer
Suspense |
16.11.20
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Sinopsis

Bernát se presentó en la Casita del Amor...

-Puede contar conmigo, señor.-Aseguró Yosep.

-Tengo que estar en la Casita del Amor a las diez de la noche y no sé cómo llegar...-Duanújváros no quería llegar tarde a su cita con Samantha. Ella no esperaría...

-¿Le acompañará la misma joven de anoche?-Quiso saber.

-No. Iré solo, pero allí me voy a encontrar con una mujer comprometida que exige discreción...-Aclaró Dunañújváros hablando demasiado.

-Le entiendo. Tiene usted mucha suerte con las mujeres.-Dijo Yosep con envidia. Él no poseía el porte de su cliente. Canijo y con cuatro pelos en la cabeza, no atraía a las mujeres.

-Sólo me dejo querer...-Contestó Dunaújváros que le costaba acostumbrarse a ser irresistible a las mujeres. Siempre lo intentó, pero hasta que no tuvo la cartera llena no le hicieron caso...

-Le recogeré a las nueve.-Prometió Yosep.

-Muchas gracias.-Se despidió Bernát. Colgó el teléfono.

-La cuenta, por favor.-Pidió al camarero bajito.

-Ahora mismo, señor.-Repitió el camarero su frase favorita.

Dunaújváros pagó la abultada cuenta del Jardincito del Abad, subió al descapotable y se dirigió a la mansión Dos Aguas. Tampoco le sobraba tiempo. Pasaban de las cuatro de la tarde. Aún brillaba el sol y tuvo que ponerse las gafas de sol. Sonrió imaginando la noche que pasaría con Samantha.

Bernát cruzó la puerta de su chalet con prisa. Una ducha refrescante le quitó el sudor de su piel. Salió con una toalla anudada a la cintura. Abrió el armario para elegir la ropa que se pondría.
Casi se olvidaba de lo más importante. Buscó la tarjeta de la Casita del Amor en los bolsillos. La encontró, suspiró aliviado y marcó el número en el teléfono.

-Casita del Amor, dígame.-Contestó una voz dulce de mujer con marcado acento italiano. Debía ser guapa.

-Quisiera hacer una reserva a nombre del señor Antequera y señora para esta noche a las diez...-Solicitó Dunaújváros recordando las instrucciones de Samanta.

-¿Alguna petición más?-La señorita tomaba nota.

-Quisiera un ramo de rosas rojas, una botella de champán y una caja de bombones de licor...-Pidió Bernát.

-Encantados de verles de nuevo, señor Antequera y señora, en la Casita del Amor...-Se despidió la señorita antes de colgar.

Bernát sospechaba que no sería el primer señor Antequera, pero eso no le quitaba las ganas de ir... El morbo de la casada.

Eligió un traje elegante del armario del ex-futbolista. Miró la hora en su reloj de pulsera. Faltaba poco para las nueve y bajó a la entrada del chalet. La noche había caído sobre Barcelona dándole un aspecto más canalla. Farolas amarillentas brillaban en la vacía avenida de Pearson.

El taxi apareció puntual a las nueve de la noche. Se detuvo delante suyo y Dunaújváros subió sin dudar. Era su chófer Yosep.

-Buenas noches, Yosep.-Lo saludó con amabilidad.

-Buenas noches, señor.-Se giró hacía su cliente y lo miró.-Le recuerdo que me debe la carrera de anoche cuando devolví a su cita a su casa en la calle Nápoles... Ella no lo hizo...-Se quejó amargamente.

-No hay problema...-Bernát sacó su cartera y le pagó. Se fijó que le quedaban pocos billetes. Se vaciaba muy deprisa... El banco estaba cerrado para retirar más efectivo. Mañana se pasaría...

-Ya podemos irnos.-Afirmó Yosep. Puso en marcha el taxi dejando atrás el barrio de Pedrables. Sólo él conocía la ruta a la Casita del Amor. Eligió el camino más largo.

Dunaújvarós vio por la ventanilla del taxi cómo abandonaban las calles de la ciudad de Barcelona. Cogieron una carretera sinuosa que bordeaba la costa. Le llegaba el olor a mar. Costas del Garraf leyó en un letrero metálico iluminado por los faros del taxi.

-Estamos llegando.-Aseguró Yosep. Llevaban 45 minutos de viaje y quiso tranquilizar a su cliente que no llegarían tarde.

El taxi se desvió en un camino estrecho entrando en una urbanización olvidada, Paraíso Terrenal, que fracasó por culpa de la cantera vecina. Nadie quería verse cubierto de polvo gris.

Sólo una casa de aspecto señorial estaba habitada. Era la Casita del Amor. Un sitio perfecto para las parejas ocasionales que buscan la intimidad y privacidad en sus encuentros sexuales.

-Hemos llegado.-Anunció Yosep cruzando la verja metálica de la entrada. Siguieron por un aparcamiento lleno de coches. Se detuvo ante la entrada principal dónde brillaba una luz roja.

-Espérame cuando salga...-Pidió Dunaújváros al chófer.

-Tendré tiempo de echar un sueñecito.-Aventuró Yosep.

Dunaújvaros bajó del taxi y subió la escalinata. Casi eran la diez de la noche. Llamó al timbre. La puerta se abrió sola. Entró.

-Buenas noches, señor.-Saludó un hombre tras el mostrador de la recepción. Esperaba a la chica dulce del teléfono.

-Tengo una reserva a nombre de señor Antequera y señora...

-Le esperábamos. Debe abonar la reserva por anticipado. Son normas de la Casa.-Se excusó el recepcionista con acento italiano al revisar el libro de registro.

-¿Puedo pagar con un cheque?.-No llevaba tanto dinero en la cartera. La factura era elevada. Suponía que era un hotel de categoría.

-No hay problema, señor.-El recepcionista confió en el cliente desconocido. Venía recomendado por la señora Antequera y ésta nunca traía acompañantes sin fondos.

Dunaújváros sacó el talonario del banco el Buen Pastor y rellenó un cheque al portador. Firmó con su nombre y apellidos.

-Aquí tiene.-Bernát no le importaba gastar en sexo.

-Aquí tiene la llave de la habitación 69. Suba las escaleras al piso superior y continué por el pasillo hasta casi el final. Disfrute de su estancia en la Casita del Amor...-Deseó el recepcionista con una gran sonrisa pervertida.

-No lo dude...-Dunaújváros subió por las escaleras. Recorrió un largo pasillo con puertas cerradas a ambos lados. Se oían gemidos de placer ahogados y voces de hombres esforzándose.

Bernát entró en la habitación 69. Vio el ramo de rosas rojas, una botella de champán y dos copas, y la caja de bombones que pidió... Se sentó en la gran cama de matrimonio con sábanas rojas carmesí. Un enorme espejo colgaba del techo sobre la cama. Flotaba en el aire el aroma a fragancia exótica.

-Toca esperar...-Miró su reloj de pulsera. Diez en punto. Oyó unos pasos de tacones acercándose por el pasillo. Debía ser ella. Su corazón se aceleró de repente.

La puerta se abrió. Una mujer con peluca rubia y con gafas de sol entró en la habitación. Bernát no la reconoció al momento. Vestía un largo vestido oscuro hasta los pies que ocultaba su figura.

-Hola, señor Antequera...-Sonrió a Bernát que se levantó de la cama. Samantha se quitó el vestido oscuro quedándose desnuda. Se fundieron en un largo y profundo beso mientras Bernát se desnudaba tirando la ropa al suelo.

-Toma esta pastilla, mi amor...-Ofreció Samantha su amante junto a una copa de champán para que tuviera aguante toda la noche.

-Sí, señora.-Respondió Bernát obediente. Brindaron juntos.

-La noche será muy larga, mi amor...-Avisó Samantha traviesa que pensaba exprimir a su nuevo amante hasta dejarlo seco...

Bernát tomó la iniciativa. La tumbó en la cama. Mordisqueó los pezones erectos de Samantha mientras buscaba con la mano su jardincito húmedo. Ella gemía de placer con los ojos cerrados.

-Eres un chico malo...-Se quejó Samantha gozando de los dedos juguetones de Bernát en su entrepierna boscosa. Ella también quería jugar, así que cogió el miembro de su amante...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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