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7 min
Muerte de un vividor - 17 - Rechazado
Suspense |
23.11.20
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Sinopsis

Bernát no sabe por qué es rechazado...

Samantha respiraba excitada por la habilidad de Bernát con que exploraba su jardín íntimo con sus dedos juguetones. No se había equivocado al entrarle en la cafetería. Un hombre maduro que supiera llevarla hasta el orgasmo, era lo que buscaba...

-¡Cómetelo, mi amor!-Ordenó Samantha a su amante.

-Con mucho gusto...-Respondió Bernát subiéndose encima de ella. Su jardincito temblaba de placer. Separó sus muslos firmes con las manos. Bernát metió la lengua hasta el fondo probando su salado sabor.

-¡Aaaaaah!.-Samantha gimió al sentir su lengua dentro suyo. El miembro de Bernát colgaba delante suyo. Abrió su ávida boca y lo chupó sin darse prisa. Saboreó el glande. Sus labios recorrieron la piel endurecida y caliente. Le sorprendió que fuera tan grande.

Samantha disfrutaba de su banana caliente mientras Bernát le comía el jardincito húmedo. Chorreaba de excitación.

-Hazme tuya...-Suplicó a su amante que seguía abajo.

-¡Serás mía!...-Contestó Bernát dándose la vuelta. La besó en la boca y juntaron sus lenguas. Bernát buscó la entrada del jardincito.

Samantha notaba cómo Bernát jugaba con su miembro a quedarse en la puerta del jardincito. Cerró las piernas sobre sus nalgas obligándole a penetrar hasta el fondo de golpe. Ella mandaba.

Bernát replicó cogiendo sus muñecas con las manos. Las sujetó contra la almohada por encima de la cabeza de Samantha. Una jovencita traviesa, que podía ser su hija, no le dominaría.

-¡Sí, soy tu esclava!-Gritó Samantha que nunca experimentó ser la sumisa por qué sus amantes de pago eran demasiado dóciles.

-¡Soy tu amo!-Afirmó Bernát siguiendo el juego. Bombeaba sin parar dentro de Samantha con todas sus fuerzas.

Samantha gozaba cómo una loca gracias a la pastilla que le dio a Bernat. Ella no se conformaba con un polvo solitario. Su médico le recetó noches enteras de sexo desenfrenado para controlar su líbido de ninfómana. Devoraba a sus amantes...

Bernát creía ser el dominante, pero Samantha llevaba siempre la iniciativa. Ella tenía un pequeño tatuaje de una mantis religiosa. Siempre al acecho.

Samantha consiguió exprimir a su nuevo amante ocho veces seguidas, de todas las posturas posibles, hasta que Bernát se durmió extenuado. Ya no le quedaban fuerzas para el último...

-Te has portado cómo un tigre...-Susurró al oído acariciándole el cabello. Aún era noche cerrada, pero ella no se podía quedar. Se vistió y dejó una nota amorosa en la mesita. Abandonó la habitación, recorrió el pasillo en silencio, roto por algún ronquido traicionero y subió a su coche. Debía regresar a la casa de su marido antes que sus vecinos cotillas despertasen...

***

Los primeros rayos de sol entraron a las seis de la mañana por la ventana con la llegada del jueves. Amanecía un nuevo día. Bernát se despertó desnudo en la cama. Buscó a Samantha, pero se marchó cuando dormía agotado del tremendo esfuerzo. Ella nunca tenía bastante...

-Al menos me dejó una nota...-Bernát la leyó en voz alta.-”Si deseas volver a verme, desayuna en la cafetería, mi amor...”

Bernát recogió su ropa del suelo y se vistió. Salió quejándose de la habitación. Sufría calambres en las piernas y le dolía horrores la cintura, pero no se arrepentía de la noche vivida.

Llegó cómo pudo hasta el taxi de Yosep que dormía a pierna suelta en el asiento del conductor. Roncaba con fuerza.

-¡Despierta, Yosep!-Pidó Bernát a la vez que lo zarandeaba.

-¿Ya es de día?-Yosep se había quedado dormido esperando.

-Sí... Llévame a casa, por favor.-Dijo Bernát sentándose en el asiento de atrás. Apenas podía mantener los ojos abiertos.

-De acuerdo...-Yosep vio la cara pálida de su cliente y supuso que lo habían exprimido al máximo. Su cita debía ser una vampira insaciable...

Yosep condujo hasta la mansión Dos Aguas en el barrio de Pedralbes mientras Bernát luchaba por no dormirse. Le daba pena su cliente. Detuvo el taxi delante de la entrada principal.

Bernát pagó la carrera, bajó del taxi y abrió la puerta. Entró en la casa y subió al piso superior. Se tumbó vestido en la cama del dormitorio. Apenas le dio tiempo a quitarse los zapatos antes de quedarse dormido. La vampira Samantha había consumido toda su energía vital...

El reloj de la mesita marcaba las tres de tarde cuando Bernát consiguió despertar del sueño reparador. Tuvo la suerte que Paquita no fue a limpiar ese mañana..

-Qué dolor de cabeza más fuerte...-Se quejó al sentir cómo las sienes le palpitaban por culpa del champán que bebió anoche.

El timbre de la entrada sonó de repente, aumentándole el dolor de cabeza. No sabía quién podría venir a molestarle. Volvió a sonar de forma insistente. Bajó al recibidor y abrió la puerta.

-¿Qué quiere?-Preguntó Bernát que no lo reconoció.

-Soy el señor Puértolas, el comercial que le alquiló la mansión.

-¿Qué quiere?-Repitió Bernát molesto.

-El cheque ha sido rechazado por falta de fondos...-Se quejó.

-No es posible... Debe ser un error por qué hay dos millones de pesetas en la cuenta...-Aseguró Bernát extrañado.-Mañana iré a mi banco, El Buen Pastor, y solucionaré el malentendido...

-Le doy hasta el lunes para solucionarlo...-Concedió Puértolas, pese a que dudaba de la solvencia del inquilino. Si no lo conseguía, debería echarlo de la mansión Dos Aguas.

-Puede confiar en mí...-Bernát disimulaba su preocupación.

-Espero no arrepentirme...-Advirtió Puértolas antes de irse.

-No debe preocuparse, señor Puértolas.-Bernát lo acompañó hasta la puerta. Exhibía una sonrisa que quiso ser tranquilizadora. El dinero no podía haber desaparecido...

Bernát se acercó a la cocina. Calentó una taza de café solo. Lo necesitaba para acabar de despertarse. Además le ayudaba a pensar.

-Creo que ya sé quién me puede aclarar el asunto...-Pensó Bernát tras tomar varios sorbos de café solo. Su adormilado cerebro empezaba a obedecer y buscaba una explicación. No podía esperar a mañana cuando fuera al banco El Buen Pastor.

Bernát cogió el teléfono y marcó el número de Candelaria. Ya debía estar en piso compartido. Escuchó el tono dos veces hasta que descolgaron el auricular.

-¿Quién es?-Preguntó su compañera de piso.

-Me llamo Dunaújváros. Quiero hablar con Candelaria.-Usó su apellido por qué el problema era muy serio. Confiaba que ella le diese una respuesta.

Además, deseaba volver a ver a Candi esta misma noche. Las mujeres podían ser adictivas, Samatha no le dejó su teléfono en la nota amorosa, y él quería más sexo salvaje...

-Voy a ver si está...-Contestó la chica. Tapó el teléfono con la mano y susurró creyendo que no la oía.-Duanújváros, el señor mayor, pregunta por ti, Candelaria.

-Dile que no estoy...-Susurró Candelaria con voz enfadada.

-Siento decirle que ha salido...-Respondió la chica en su papel.

-¿Cuándo volverá? Necesito hablar con ella.-Insistió Bernát.

-No lo sé... Un chico guapo y joven vino a buscarla...-Aseguró la chica inventando una excusa innecesaria para su amiga.

-Déjele una nota, por favor.-Bernát hizo ver que se la creyó, pero no sabía por qué era rechazado por Candi...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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