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6 min
Muerte de un vividor - 25 - La fórmula
Suspense |
18.01.21
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Sinopsis

Dunaújváros necesitaba conseguir los ingredientes...

Bernát cerró la puerta de la calle tras de si. Respiró hondo. Se encontraba en la seguridad de su mansión. Había conseguido lo que se propuso al salir de ella al anochecer: un mecenas.

-Quién diría que encontraría a un inocente distribuidor...-No lo tenía claro hasta que habló con el señor Andrade. Vio en sus ojos inexpertos que aceptaría su oferta sin dudarlo...

-Aquí tengo la mitad del pago...-Bernát Dunaújváros continuó hablando consigo mismo. Sacó un abultado sobre marrón de un bolsillo de la chaqueta. Puso los veinticinco billetes de 10.000 pesetas sobre la mesa del comedor. Sonrió satisfecho.

-Tendría que darle las gracias a mi taxista...-Bernát se acordó que le puso en contacto con el intermediario Oriol. Sin su ayuda no lo hubiera logrado en un sólo día.

Bernát marcó el número del taxista, pese a que ya eran más de las once de la noche del viernes. Esperaba que estuviera despierto.

-Yosep al habla.-Respondió el taxista con voz ronca. Quizás lo había despertado, pero a Bernát no le preocupaba.

-Soy Dunaújváros, necesito tus servicios mañana a las ocho...

-Está bien, pero le costará más por qué no madrugo tanto.-Se quejó Yosep que prefería el turno de noche. Los clientes eran más generosos y confiados.

-Sé puntual... Tengo que aprovechar la mañana...-Advirtió.

-No se preocupe, señor Dunaújváros.-Aseguró Yosep.

-Hasta mañana a las ocho.-Insistió Bernát.

-Hasta mañana.-Yosep colgó el teléfono y siguió durmiendo.

Bernát volvió a mirar el dinero. Debía guardarlos en un sitio seguro, pero no sabía dónde. La mansión era grande y lujosa cómo correspondería a un ex-jugador de fútbol que ganó muchos millones.

Eso le dijo Puértolas, el comercial que le alquiló la mansión, pero un cuadro con un paisaje de un prado melancólico desentonaba en el moderno comedor. Se acercó a él con curiosidad.

Bernát pasó los dedos por detrás del marco hasta encontrar un pequeño resorte. Lo presionó. El cuadro se abrió a la izquierda.

-Lo que me suponía...-Exclamó Bernát contemplando una caja fuerte escondida tras el cuadro. Un papel escrito a mano colgaba pegado con cinta adhesiva a la misma. Era la combinación: 1313.

-Vacía por supuesto.-Bernát ya tenía dónde guardar el dinero.

-Vamos a dormir... Mañana será un largo día...-Pensó Bernát mientras subía al dormitorio. Cambió el traje por un pijama y se metió en la cama de matrimonio. Tocaba dormir solo.

-Se acabaron las juergas nocturnas por una temporada...-Dijo Bernát cerrando los ojos. Soñaría con Samantha, la gata insaciable.

***

Bernát despertó antes de las siete de la mañana del sábado 20 de julio. Apenas había dormido por culpa de los nervios. La presión de trabajar contrarreloj se lo impidió. Tenía mucho que hacer en muy pocas horas... Se dio una ducha fría que lo espabiló. Bajó a la cocina y desayunó un café largo sin azúcar. Ya estaba preparado.

El timbre sonó de forma insistente. Eran las ocho en punto.

-Será Yosep.-Dijo Bernát en voz alta yendo a la puerta.

Bernát acertó. El taxista le esperaba con cara de sueño.

-¿Dónde vamos, señor Dunaújváros?-Preguntó Yosep cuando su madrugador cliente se sentó en el asiento de la parte posterior.

-Necesito ir al almacén de un mayorista de medicinas que no haga preguntas y cobre sin factura...-Explicó Bernát.

-Creo que conozco uno...-Aseguró Yosep haciendo memoria.

-Sabía que podía confiar en ti...-Bernát halagó a su chófer.

-Muchas gracias, señor Dunaújváros.-Yosep puso en marcha el taxi saliendo del exclusivo Barrio de Pedrables. Recorrieron las calles de Barcelona hasta entrar en la carretera N-340 rodeados de vehículos de domingueros que huían a sus segundas residencias.

El taxi pasó una rotonda y se desvió por una calle hasta llegar a un gran letrero que indicaba “Polígono Industrial Sur-Oeste de San Justo Desvern”. El aspecto gris cemento de los edificios era práctico, pero sin alma. Todos los edificios le parecían iguales a Bernát, pero Yosep sabía el camino.

-Hemos llegado...-Aseguró Yosep deteniendo el taxi.

-Espérame...-Pidió Bernát bajándose sin pagarle la carrera. Se encontraba delante de otro edificio gris con aspecto dejado. Sobre la puerta principal había un letrero oxidado con letras descoloridas. Lo leyó: “Clavel, Viuda e hijos”. No le inspiraba mucha confianza, pero decidió entrar.

-Buenos días.-Saludó Bernát a la joven de cabellos negros que estaba detrás el mostrador de recepción.

-Buenos días, señor. Soy la señorita Azucena. ¿En qué puedo ayudarle?-Respondió la joven con una sonrisa amable. Era el primer cliente del día.

-Me llamo Dunaújváros. Soy profesor de química y necesito los fármacos de esta lista para un proyecto de la universidad...-Bernát inventó una excusa creíble.

-Son fármacos de uso restringido...-Objetó la joven dudando.

-¿Puedo hablar con el dueño?-Bernát esperaba solucionarlo.

-Sí.-La joven cogió el teléfono y marcó la extensión.

-¿Qué sucede, Azucena?-Preguntó una voz de mujer mayor.

-Hay un señor pidiendo fármacos restringidos, mamá...

-Deja que suba, niña.-Contestó la mujer con voz cansada.

-Suba por las escaleras hasta el despacho del fondo...-Indicó.

-Gracias, señorita.-Bernát siguió las indicaciones y llegó a una puerta de cristal traslucido con letras negras: Rosa Clavel. Directora.

Entró sin llamar. Bernát vio a una mujer madura, pero todavía atractiva, sentada tras un escritorio de oficina. No le sonrió, pero le invitó a tomar asiento.

-Disculpe a mi hija, pero es demasiado joven para saber cómo funcionan de verdad los negocios en esta puta vida...-Se excusó la madre descargando su frustración en el extraño.

-La entiendo perfectamente...-Aseguró Bernát sonriendo.

-Dirijo el negocio familiar de mi difunto marido, Jacinto, y sobrevivimos pese a la competencia de las grandes distribuidoras que intentan hacernos cerrar...-Rosa continuó contándole sus desgracias.

-Siento mucho su pérdida.-Dunaújváros le dio el pésame.

-Gracias, pero usted vino a comprar fármacos...-Recordó.

-Aquí tiene la lista...-Dunaújváros agradeció que se acordara.

-Veamos. El Valiruim Tremens necesitaría receta médica, la Yumbina también, el aglutinante no, el resto de fármacos no tienen ningún problema...-Rosa Clavel repasó la lista.

-No tengo receta... Soy profesor de química y...-Se disculpó Dunaújváros con forzado acento extranjero.

-He dicho “necesitaría” y no “necesita”...-Puntalizó Rosa.-Por el precio adecuado en efectivo podemos suministrar su pedido.

-Entendido.-Dunaújváros preparó su cartera.

-Hagamos números...-Rosa hizo la cuenta a mano en un papel ayudándose de una calculadora. Se sabía de memoria los precios.

Dunaújváros esperó en silencio a que acabara.

-Serán 69.000 pesetas, precio de mayorista.-Aclaró Rosa.

-Aquí tiene 70.000 pesetas. Quédese con el cambio.-Quiso ser generoso con la pobre mujer que pasaba apuros.

-Muchas gracias, señor. Ahora llamo a Azucena para que le prepare el pedido.-Descolgó el teléfono. A Rosa le encantaban los clientes que no eran tacaños.

-Sube por la lista, hija...-Pidió Rosa sonriendo a Bernát.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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