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6 min
Muerte de un vividor - 26 - Confianza
Suspense |
25.01.21
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Sinopsis

Dunaújváros tiene confianza...

-Voy, madre.-Azucena subió a la oficina.

-Dile a tu hermano, Narciso que prepare el pedido del señor.

-Ahora mismo se lo doy.-Azucena cogió la lista y se marchó.

-Muchas gracias por su ayuda.-Dijo Dunaújváros.

-Esperamos volver a verle pronto...-Deseó Rosa sonriendo.

-No lo dude...-Prometió Dunaújváros atraído por la madura.

-Puede recoger su pedido en recepción, señor.-Rosa guardó el dinero en un cajón del escritorio.

Dunaújváros bajó por las escaleras a la planta baja. Se acercó al mostrador de recepción dónde Azucena había regresado. Su pedido aún no estaba. Miró su reloj. Ya pasaban de la diez de la mañana.

El tal Narciso apareció llevando en los brazos una gran caja marrón sin etiquetas ni marcas. Era un joven fornido con bata azul y un bigote incipiente. Dejó la caja sobre el mostrador.

-Aquí tienes el pedido, Azucena.-Anunció Narciso.

-Gracias, Narciso.-Respondió su hermana.

-Gracias por confiar en “Clavel, Viuda e hijos”. Tenga un buen día...-Deseó Azucena viendo que Dunaújváros cogía la caja.

-Gracias.-Contestó Dunaújváros y salió a la calle. Vio a Yosep esperando dentro del taxi. Fumaba un cigarrillo.

-Abre el maletero, Yosep.-Pidió al conductor

-Sí, señor.-Yosep bajó del coche y lo abrió con la llave.

Dunaújváros guardó la caja y se sentó en el asiento posterior.

-¿Dónde vamos?-Preguntó Yosep con el taxímetro corriendo.

-Dímelo tú. Necesito una prensa hidráulica de pastillas de la marca Patterson y una báscula de precisión...-Dunaújváros tenía total confianza en los contactos de su chófer. Era su particular rey mago.

-Conozco a un amigo de un amigo que podría conseguirlas si no le importa que sean usadas...-Explicó Yosep enigmático.

-Si funcionan no me importa, pero debo tenerlas al mediodía de hoy... Me urgen mucho...-Dunaújváros las necesitaba ya. El tiempo corría en su contra. No imaginaba que costase tanto conseguir las cosas en este país...

-Las tendrá... Es un amigo de confianza...-Aseguró Yosep.

-De acuerdo. Llévame a mi mansión.-Pidió Dunaújváros.

-Pararemos en el primer bar y lo llamaré.-Prometió Yosep.

-Gracias.-Dunaújváros se distrajo mirando por la ventanilla.

No llegaron a salir del polígono industrial. Yosep detuvo el taxi delante de un bar de comidas para trabajadores llamado “El Chuletón de Astorga”.

-No tardaré mucho...-Dijo Yosep bajando del taxi.

-Le acompaño, me apetece un café.-Dunaújváros necesitaba el café para calmar los nervios que sentía en la boca del estómago.

-Cómo quiera.-A Yosep no le importaba mientras corriera el taxímetro.

Yosep entró en el bar seguido de Dunaújváros. Se acercaron a la barra dónde un camarero espigado, con cara de pocos amigos, limpiaba un vaso de cristal con una bayeta descolorida.

-¿Me pasa el teléfono?-Pidió Yosep al camarero.

-¿Qué más quieren?-Preguntó dejándolo sobre la barra.

-Yo quiero un café...-Dunaújváros se sentó en un taburete.

-A mí nada...-Respondió Yosep marcando el número.

El camarero preparó un café solo y lo sirvió a su cliente.

-Gracias.-Dunaújváros probó el café humeante. Quemaba.

-Bar El Agujero.-Contestó Manuel al otro lado de la línea. Su bar era el único con teléfono cercano al Campo de la Bota. También era el único bar...

-Soy Yosep. ¿Está Yoshua?-Preguntó el chófer.

-Ahora lo llamo... ¡Yoshua ponte al teléfono!-Gritó Manuel.

-Ya voy...-Contestó una voz desganada a lo lejos.

-Yoshua al aparato...-Dijo el hombre al cogerlo.

-Soy Yosep, necesito que me consigas un par de cosas...

-Dime que son...-Yoshua parecía interesado. Recoger chatarra era muy cansado y daba poco dinero. Apenas para comer un plato de sopa caliente. Tenía una familia hambrienta que alimentar.

-Una prensa hidráulica Patterson para pastillas y una báscula de precisión... Las necesito para este mediodía...-Yosep le apremió.

-Puedo conseguirlas... Ven a buscarlas a las dos en el lugar de siempre...-Yoshua tomó nota en un papel con un lápiz. No sabía que eran, pero conocía un amigo que sí...

-Allí estaré...-Prometió Yosep antes de colgar.

-Sé puntual...-Exigió Yoshua que no podía esperar demasiado con mercancía “caliente”.

-Ya está hecho.-Dijo Yosep a Dunaújváros.

-Muchas gracias.-Dunaújváros se acabó el café caliente.

-De nada. Usted paga.-Aclaró Yosep que no lo hacía gratis.

-¿Cuánto es?-Preguntó Dunaújváros al camarero.

-Son 60 pesetas por el café y 40 pesetas por la llamada...

-Tenga.-Dunaújváros le pagó y salieron a la calle.

-Yoshua es de confianza.-Yosep puso en marcha el taxi.

-Eso espero.-Dunaújváros no podía elegir. Debía confiar en el amigo de su chófer. De su palabra, dependía cumplir la suya.

-¿Dónde vamos?-Preguntó Yosep dirigiéndose a la salida del Polígono Industrial Sur-Oeste de San Justo Desvern.

-Llévame a mi mansión.-Dunaújváros tenía trabajo que hacer y pensaba aprovechar la mañana.

-De acuerdo.-Yosep cogió la carretera N-340 de vuelta a la ciudad de Barcelona. Miró el taxímetro cómo seguía subiendo.

Dunaújváros intentó distraerse mirando por la ventanilla el paisaje gris de edificios que atravesaba la carretera, pero su mente seguía ocupada.

-Hemos llegado. Son 500 pesetas, señor.-Pidió Yosep parando delante de la mansión Dos Aguas en el Barrio de Pedrables.

-Cóbrate.-Dunaújváros pagó la carrera y bajó del taxi.-Abre el maletero, por favor...-Su reloj marcaba las once de la mañana.

-Ahora mismo.-Yosep salió del coche y lo abrió.

-¿A qué hora vendrás a recogerme?-Preguntó Dunaújváros llevando la caja marrón en brazos. El tiempo seguía corriendo.

-A la una en punto... Tenemos que ir al otro extremo de la ciudad... Al Campo de la Bota...-Explicó Yosep.

-Está bien...-Dunaújváros no sabía dónde le llevaría, pero confiaba ciegamente en su chófer. Hasta ahora no le había fallado.

-Hasta dentro de dos horas...-Dunaújváros se despidió y entró en su mansión. Apenas tenía tiempo para preparar la “cocina”.

Dunaújváros recorrió la mansión con la caja buscando un buen lugar dónde montar la “cocina”. Entró en el vacío garaje. Lo que encontró le gustó. Un banco de trabajo y un armario lleno de herramientas. Además, algún pintor dejó sus trastos por si le hacían falta...

-Este será un excelente sitio para mi “cocina”.-Dunaújváros valoraba la soledad a la hora de trabajar... Nadie debía molestar al profesor de química cuando elaboraba su fórmula.

El garaje se convertiría en su laboratorio clandestino oculto a las miradas curiosas de sus ricos vecinos del Barrio de Pedrables.

-Empecemos...-Dunaújváros abrió la caja marrón. Colocó el contenido ordenado sobre la mesa de trabajo. Comprobó que no le faltaba ningún ingrediente de su fórmula magistral...

Dunaújváros se puso una máscara de pintor y unas gafas olvidadas. Cogió un molinillo de café eléctrico y comenzó a romper las pastillas de Valirium Tremens. No era muy saludable respirar el fino polvo en que se deshacían...

Tenía confianza en hacer la primera entrega a tiempo...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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