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6 min
Muerte de un vividor - 30 - Motel El Tiburón
Suspense |
22.02.21
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Sinopsis

Fiero pudo "descargar" su hombría...

-Tengo libre la habitación 22...-Continuó el conserje mirando en el libro de huéspedes. Era la única que le quedaba con dos camas individuales.

-Nos servirá...-Respondió Fiero algo más calmado.

-Necesito sus pasaportes.-Pidió el conserje que se había fijado en el acento italiano de los “técnicos”.

-Aquí tienes el mío.-Fiero se lo entregó.

Calvio lo sacó de su chaqueta y también se lo dio.

El conserje inscribió a los dos huéspedes en el libro. Cogió la llave 22 del casillero y la puso encima del mostrador.

-Serán dos mil pesetas la noche.-Pidió el conserje devolviendo los pasaportes italianos.

-Sólo tenemos Liras Italianas...-Contestó Fiero.

-Serán veinte mil Liras Italianas.-Respondió el conserje de memoria. La mayoría de los huéspedes del motel eran turistas jóvenes extranjeros que venían a disfrutar del sol, la playa, el alcohol barato y el sexo.

Estos dos hombres maduros no cumplían los requisitos.

-¿Está abierto el comedor?-Preguntó Fiero después de pagar la habitación. Su estómago le recordó que seguía vacío.

-Sí, pero no está incluido en el precio...-Avisó el conserje a la vez que le señalaba con la mano la puerta del comedor.

-Muchas gracias.-Fiero cogió la llave de la habitación 22. Se dirigió al comedor seguido de Calvio que también tenía hambre.

Cruzaron el umbral de la puerta entrando en un amplio salón con mesas abarrotadas de jóvenes alegres. Hablaban en voz alta entre ellos en sus idiomas provocando un murmullo incomprensible.

Fiero y Calvio, dos hombres maduros vestidos con elegantes trajes oscuros llamaron la atención de los jóvenes nada más entrar.

Fiero no se inmutó, pero era consciente que sus ojos azules y cuidados cabellos negros atraían las miradas curiosas de las chicas ligeras de ropa. No todos los días podían contemplar a un seductor italiano.

Calvio, en cambio, era muy tímido por culpa de su físico poco agraciado, bajito y rechoncho. Usaba gafas de culo de botella que no le ayudaban a superar su problema de autoestima. El sexo femenino era un gran desconocido para él.

-Vamos a comer...-Dijo Fiero cogiendo una bandeja.

-Si.-Calvio estaba sonrojado pensando que le miraban a él.

Fiero y Calvio recorrieron el mostrador eligiendo la comida que más les apetecía: pasta al pesto y pastel de manzana. Fiero cogió una botella de vino tinto para él y un refresco sin gas para Calvio que no bebía alcohol.

Se sentaron en la única mesa libre al lado de unos turistas jóvenes que reían alegres mientras bebían una bebida roja.

-Voy a buscar otra sangría...-Dijo una chica con coletas rubias y acento francés. Se levantó de su mesa con la jarra vacía.

-¡Bravo por Nicole!-Gritó un chico con el vaso en alto.

-¡Bravo!.-Repitieron sus alegres compañeros de mesa.

Fiero miró de reojo a Nicole cuando pasó junto a él. Ella le devolvió la mirada con una sonrisa pícara. Nicole siguió caminando contoneando el culo metido en un pantaloncito muy corto.

-Esta chica quiere guerra...-Comentó en voz alta Fiero que vio el deseo en los ojos verdes de Nicole, la joven de las coletas rubias.

Calvio no contestó. Estaba muy ocupado comiendo la pasta al pesto procurando no mancharse. Así se aislaba del ruido.

-Ahora vengo, Calvio.-Dijo Fiero levantándose de repente. Su instinto seductor le decía que la siguiera. Tenía hambre.

-Otra jarra de sangría, por favor.-Pidió Nicole sonriendo al camarero que había tras el mostrador.

-Hola, me llamo Fiero.-Se presentó acercándose a ella. Lucía su sonrisa seductora mientras la miraba directamente a los ojos.

-Hola, mi nombre es Nicole...-Contestó con voz dulce. No tendría más de veinte años y muchas ganas de comerse el mundo.

-No he podido evitar fijarme en tu belleza...-Dijo Fiero.

-Muchas gracias por el piropo...-Nicole se dejaba conquistar.

-No se si atreverme...-Siguió Fiero simulando timidez.

-Atrévete...-Replicó Nicole desafiante. Le gustaba el juego.

-¿Te gustaría compartir dos horas conmigo?...-Insinuó Fiero.

-Es una oferta muy tentadora, pero ¿estarás a la altura?-Nicole se hacía la difícil, aunque le atraía el maduro Fiero.

-Puedo asegurarte que me pedirás que pare...-Tentó Fiero.

-Vamos a verlo... Dime cuál es tu habitación...-Nicole aceptó.

-Estoy en la 22...-Respondió Fiero olvidándose de la comida.

-Dame diez minutos.-Pidió Nicole llevando la jarra de sangría a sus sedientos amigos que la esperaban riendo distraídos.

Fiero siguió a Nicole con la mirada y vió a Calvio comiendo solo. Se acordó que viajaba con él. Tendría que inventar una excusa.

-Guárdame la comida... Me ha surgido un imprevisto... No te muevas del comedor hasta que vuelva, Calvio.-Le ordenó Fiero.

-Está bien.-Calvio obedeció sin rechistar. Él mandaba.

Fiero subió por las escaleras hasta el segundo piso. Buscó la habitación 22 con la llave en la mano. Su corazón palpitaba excitado por lo que iba a vivir... La atractiva francesita vendría pronto...

-Aquí es...-Fiero abrió la puerta 22. Lamentó haber pedido dos camas individuales, pero tenía ducha. La necesitaría después.

Pasados unos minutos, oyó unos golpecitos en la puerta.

-Hola, Nicole...-Fiero abrió la puerta y saludó a la francesita.

-Hola, Fiero.-Contestó ella besándolo. Cerró la puerta.

Fiero jugueteó con su lengua en la boca de Nicole mientras recorría su cuerpo con las manos. Le desabrochó el corpiño y liberó sus pechos puntiagudos.

Nicole no se quedó atrás y se arrodilló delante de Fiero. Le bajó la cremallera del pantalón buscando el bulto palpitante que se escondía dentro. Metió la mano y sacó el miembro erecto de Fiero.

-¡Qué grande!...-Exclamó Nicole sorprendida por su tamaño, pero eso no la asustaba. Lo recorrió con la lengua húmeda alargando el momento de probarlo... Quería hacerle sufrir...

-¡Es toda para ti, piccola bambina!...-Dijo Fiero acariciando su cabello rubio. Le gustaban las jovencitas juguetonas.

Nicole saboreó el miembro duro de Fiero. Su boca ansiosa se lo tragó, poco a poco hasta que casi entró todo. Sabía delicioso.

Fiero gemía de placer. Apretó la cabeza de Nicole contra él para que llegase hasta el fondo. Quería demostrarle quién mandaba.

Ella no se quejó. Le excitaba ser dominada por un hombre maduro que podría ser el padre que no conoció...

Fiero se quitó la ropa tirándola en el suelo. Ambos acabaron desnudos. Fiero tumbó boca arriba a Nicole en la cama. Acarició con sus manos fuertes los pechos puntiagudos mientras la besaba. Luego besó los pezones erectos de Nicole.

Nicole reaccionó cogiendo la cabeza de Fiero. Le guió hasta su entrepierna abierta dónde le esperaba una sorpresa. Su vello rubio coronaba una gruta oscura y húmeda.

-¡Aaaaah!-Gemió Nicole cuando sintió la lengua juguetona de Fiero dentro de su gruta temblorosa. Apretó su cabeza contra ella y cerró los ojos mientras le invadía el placer. Era su turno.

-¡Hazme tuya!-Suplicó Nicole a gritos a punto de correrse.

-¡Eres mía!-Exclamó Fiero obedeciendo su petición. Se puso encima y apuntó con su miembro a la gruta de Nicole. Buscó a ciegas la entrada. Se hacía rogar para que sufriera, pero ella lo empujó cerrando las piernas sobre su culo...

-¡No pares, mon amour!-Gritó Nicole moviendo las caderas.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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