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6 min
Muerte de un vividor - 31 - Cumplir su palabra
Suspense |
01.03.21
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Sinopsis

Fiero disfrutó de sexo salvaje mientras Dunaújváros trabajaba sin parar...

Y Fiero no paró hasta que vació su arma caliente varias veces seguidas en la gruta de Nicole... Fue una hora intensa de sexo, sudor y gemidos compartidos de todas las formas y posturas posibles...

-Me has dejado agotada...-Se quejó Nicole con un susurro de voz tumbada en la cama desecha. Acariciaba su cabello revuelto con los dedos. Nunca había disfrutado del sexo con ningún chico cómo con este hombre maduro.

-Ya te avisé...-Replicó Fiero sonriendo satisfecho. Él también estaba sorprendido de la fogosidad de la francesita. Para ser tan joven sabía volver loco a un hombre...

-Deberíamos repetirlo...-Propuso Nicole insaciable.

-Déjame bajar a comer... Necesito reponer fuerzas...-Suplicó Fiero temiendo que volviese a coger su miembro dormido.

-Ahora no, mon amour... Yo tampoco podría... Esta noche, si quieres repetimos...-Nicole deseaba repetir.

-Claro que si, piccola bambina...-Fiero aceptó sin pensar.

-Debo regresar con mis amigos... Nos vemos a las once de la noche en mi habitación... Número 33.-Indicó Nicole vistiéndose.

-Allí estaré...-Prometió Fiero. Se dio una ducha rápida, se vistió y bajó al comedor dónde le esperaba Calvio tomando café.

-Ya estoy de vuelta...-Dijo Fiero sentándose a la mesa. Bebió un vaso de vino tinto de un trago por qué tenía mucha sed. La pasta al pesto estaba fría, pero no le importó. La hora de sexo salvaje con Nicole le había dado más hambre.

-Espero que te hayas divertido...-Comentó Calvio que suponía el motivo del imprevisto. Una bella joven. No era la primera vez.

-La verdad es que sí...-Reconoció Fiero sonriendo.

-Pero es un viaje de trabajo.-Le recordó Calvio.

-Lo sé, pero también podemos divertirnos...-Replicó Fiero.

-Yo no sé que es divertirse con una mujer...-Admitió Calvio.

-¿Cómo es posible?-Fiero suponía que sería por culpa de su aspecto de empollón de colegio con gafas, feo, bajito y gordito.

-Tengo miedo a las mujeres...-Confesó Calvio en voz baja.

-Tendremos que ponerle remedio... Cuando volvamos a Italia, te llevaré a una Casa de Señoritas.-Prometió Fiero. Pensaba que su problema se solucionaba pagando a una meretriz.

-No creo que tenga valor...-Opinó Calvio temblando sólo ante la idea de que una mujer pudiera enseñarle sus encantos.

-Es más fácil de lo que parece... Conozco una señorita muy “cariñosa” que le gustan los hombres por “estrenar”...-Aseguró Fiero refiriéndose a los vírgenes.

-Te lo agradezco.-Calvio necesitaba un empujón.

-A cambio me harás un pequeño favor...-Dijo Fiero.

-Lo que tú me pidas...-Calvio se veía obligado.

-Guarda silencio sobre mis “imprevistos” del viaje...-Pidió.

-Tienes mi palabra.-Respondió Calvio sin dudar.

Fiero acabó de comer la pasta, con la ayuda del vino tino, y devoró el pastel de manzana pensando en la insaciable Nicole. Luego fue al mostrador y eligió un café solo de la máquina.

-Sabe a agua sucia...-Fiero se quejó. El café italiano era mejor.

-No está mal...-Opinó Calvio que no era tan exigente.

-Tú siempre te conformas con lo que te dan...-Replicó Fiero que conocía a su compañero de viaje desde hacía varios años.

-Si tú lo dices...-Calvio eludió el tema. Su timidez le impedía defender lo que pensaba incluso con Fiero.

-No importa... Vamos a pagar la comida.-Fiero se levantó de la mesa, fue a la caja y pagó al camarero. Calvio le siguió.

-Saquemos el equipaje del coche...-Dijo Fiero a Calvio.

-De acuerdo.-Calvio le siguió por el motel El Tiburón hasta la puerta, salieron a la calle y cruzaron a la acera de enfrente.

-Coge tu maleta.-Fiero abrió el maletero del coche familiar azul. Sacó una maleta negra, con la inicial F, y la puso sobre el asfalto.

-Si.-Calvio cogió la maleta negra, con la inicial C, con cuidado.

Fiero bajó el maletero y cerró el coche con llave.

-Volvamos al motel.-Ordenó Fiero dirigiéndose a la entrada.

Calvio le siguió despacio llevando la maleta negra C.

Ambos subieron por las escaleras al segundo piso hasta la habitación 22. Fiero abrió la puerta con la llave. Su cama seguía deshecha por culpa de la insaciable Nicole. No tuvo tiempo ni ganas de arreglarla.

-Tu cama es la intacta...-Indicó Fiero dejando su maleta en el suelo. Estiró las sábanas de la cama para tapar las manchas resecas de sudor y un líquido blanquecino. Era la prueba de su “imprevisto”.

-Vamos a revisar el equipaje.-Dijo fiero colocando su maleta sobre la cama. La abrió mostrando un elegante traje oscuro. Lo sacó y buscó la apertura oculta del doble fondo. Allí guardaba su “artillería” por si la situación lo requería.

-Todo en orden.-Fiero comprobó su funcionamiento.

-Si.-Calvio hizo lo mismo. Colocó su maleta sobre la cama, pero con sumo cuidado. La abrió. Contenía una muda. Sacó la ropa y accedió al doble fondo. Allí guardaba sus herramientas, para abrir cajas fuertes, y el material muy delicado que hacía bum...

Guardaron las dos maletas en el armario y lo cerraron.

-¿Qué hacemos ahora?-Preguntó Calvio.

-Yo voy a dormir un rato... Necesito “riposo”...-Dijo Fiero.

-Yo bajaré al bar.-Calvio no soportaba sus ronquidos.

-Cómo quieras... Nos vemos a la hora de la cena... Por cierto, tengo otro “imprevisto” con Nicole a las once de la noche...-Avisó Fiero guiñando el ojo.

-Mañana lunes debemos estar a primera hora en el banco de Dunaújváros...-Le recordó Calvio muy serio.

-Lo sé. No te preocupes. Encontraremos a Dunaújváros...

***

La mansión Dos Aguas, hogar de un futbolista retirado en apuros económicos que se vio obligado a alquilarla, permanecía en silencio. No se oía ningún ruido en las habitaciones vacías.

Pero en el garaje se encontraba su actual inquilino ocupado desde hacía horas. Sólo había parado para comer un bocadillo frío. Se comprometió a tener lista la segunda caja a las doce de la noche.

-Falta poco para acabar...-Se consoló por qué ya llevaba 190 pastillas. Pese a la máscara de pintor, el fino polvo en suspensión en el aire le afectaba. Tenía ganas de reír, aunque estaba agotado.

Miró su reloj de muñeca. Eran las once de la noche. Se dio ánimos para finalizar su trabajo. Sólo quedaban diez pastillas de Pata Negra...

-Por fin...-Exclamó Dunaújváros al acabar. Cerró la caja. Justo a tiempo por qué sonó el timbre de la puerta pasados apenas cinco minutos. Ya debían ser las doce de la noche.

Dunaújváros cogió la caja, salió de su laboratorio, recorrió la mansión y salió al jardín. Caminó con paso cansado hasta la puerta de la calle. La abrió.

-Buenas noches, señor Dunaújváros.-Luís Pascual, el chófer de Alfonso Andrade, le saludó. Fumaba un pitillo.

-Buenas noches, Luís. La segunda entrega...-Dunaújváros le dio la caja con 200 pastillas Pata Negra.

-Mañana volveré por la última...-Le recordó Luís Pascual la promesa. Guardó la caja en el maletero del coche negro de su jefe.

-Dile al señor Andrade que no se preocupe. Cumpliré mi palabra...-Aseguró Dunaújváros ofendido.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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