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6 min
Muerte de un vividor - 35 - La prima del pueblo
Suspense |
29.03.21
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Sinopsis

Luís Pascual se encuentra con su "prima"...

Dunaújváros seguía trabajando en su laboratorio, ajeno a lo que sucedía en el exterior de la mansión Dos Aguas, para acabar a la hora convenida la última entrega de pastillas Pata Negra.

El lunes no había sido muy provechoso por qué tuvo que ir a resolver el malentendido con el director del banco El Buen Pastor y, luego, cuando regresó a su mansión, el comercial de la inmobiliaria le interrumpió. Quería cobrar el alquiler.

-Ya falta poco para acabar...-Aseguró Dunaújváros dándose ánimos. Sudaba por culpa de las gafas y la máscara de pintor, pero no podía parar. El garaje que usaba cómo laboratorio era un horno sin ventanas ni ventilación.

Daban las once y media de la noche cuando Dunaújváros guardaba la última pastilla en la caja. Miró las 200 pastillas. Estaba agotado, pero había cumplido su palabra.

-Por fin...-Exclamó Dunaújváros cerrando la caja marrón.

El timbre de la puerta sonó de repente. Aún no eran las doce.

-Luís llega demasiado pronto...-Se quejó Dunaújváros, pero cogió la caja y salió del garaje. Se dirigió a la entrada de la mansión.

El timbre no volvió a sonar pese a que tardó cinco minutos en llegar hasta la puerta de la calle. La abrió y se encontró con Luís.

-Buenas noches, señor Dunaújváros.-Le saludó Luís Pascual fumando un cigarrillo apoyado en el viejo coche negro de su jefe.

-Buenas noches, Luís. Aquí está la última entrega.-Respondió Dunaújváros con cara de cansancio. Tenía marcas en la cara.

-Perfecto.-Contestó Luís guardando la caja en el maletero.

-Dile al señor Andrade que yo he cumplido mi palabra y espero que él cumpla su parte...-Recordó Dunaújváros antes de irse.

-Se lo diré.-Aseguró Luís subiendo al coche. Puso en marcha el motor y abandonó el exclusivo barrio de Pedrables. La negra noche fue testigo de su solitario viaje hasta el polígono industrial de la Zona Franca. Casi todos los edificios grises e impersonales estaban vacíos y a oscuras, salvo uno que no cerraba nunca.

“Tabacos de Importación Andrade” era un almacén cómo otro cualquiera. Un modesto negocio familiar que sobrevivía gracias a la venta de tabaco del extranjero. Luís llamó a la puerta.

-Buenas noches, señor Pérez.-Luís saludó al encargado.

-Buenas noches, Luís...-El encargado no entendía que asunto se traía entre manos el novato con el dueño, pero se enteraría.

-Subo a ver al jefe.-Dijo Luís llevando la caja marrón. Siguió su camino enfilando las escaleras que conducían a la oficina. Caminó por el pasillo hasta llegar a la puerta de su despacho. Llamó.

-Adelante.-Contestó una voz de hombre desde el interior.

-Buenas noches, señor Andrade.-Luís entró en el despacho y cerró tras de si. Dejó la caja marrón sobre el escritorio del jefe.

-Veamos la mercancía.-Andrade abrió la caja para comprobar si el “cocinero” había acabado su trabajo. Sonrió satisfecho.

-Dunaújváros dice que ha cumplido su palabra y espera que usted cumpla su parte...-Luís le transmitió su mensaje.

-Mañana le llamaré para agradecerle su dedicación.-Andrade aún le debía 250.000 pesetas. Cerró la caja marrón, se levantó y abrió un armario metálico. Tras unas carpetas azules, se encontraba una caja fuerte empotrada en la pared. Giró la rueda y tiró de la palanca.

Andrade guardó la caja marrón en la caja fuerte y la volvió a esconder detrás de las carpetas azules. Cerró el armario metálico.

-¿Cuando empezaremos la distribución?.-Preguntó Luís que daba por hecho que Andrade mantenía su palabra.

-Tenemos que preparar muy bien el asunto antes de empezar a mover la mercancía...-Replicó Andrade prudente.

-Le entiendo, señor Andrade.-Luís debía esperar.

-Ya hablaremos con calma, ahora vamos a descansar... Dame las llaves de mi coche, por favor.-Pidió Andrade.

-Tenga, señor Andrade.-Luís temía que volvería a su pensión en el autobús nocturno NF cómo la noche anterior.

-Vamos, Luís.-Andrade cerró la puerta del despacho. Bajó por las escaleras seguido por Luís Pascual.

-Buenas noches, señor Andrade.-Saludó Pérez, el curioso encargado del turno de noche que se iba a quedarse solo. Luís, el mozo de almacén llevaba tres noches marchándose una hora antes con el coche del jefe. Regresaba con una misteriosa caja marrón que daba al jefe en su despacho.

-Buenas noches, señor Pérez.-Se despidió Alfonso Andrade ajeno a las preocupaciones de su veterano encargado. Salió a la calle y abrió la puerta de su coche.

-Buenas noches, señor Andrade.-Luís empezó a caminar en dirección a la parada de autobús.

-Si quieres te acerco a tu pensión.-Ofreció Andrade generoso.

-Muchas gracias, señor Andrade.-Luís retrocedió sorprendido, pero agradecido por el gesto de su jefe. Subió al coche.

-¿Dónde está tu pensión?-Andrade puso en marcha el motor.

-Cerca de La Rambla, se llama Pensión Rosita.-Explicó Luís que se alojó en la primera pensión que encontró después de bajar del tren, que le trajo de Galicia, en la Estación de Francia.

-La conozco, está en el Barrio Chino.-Andrade comenzó a circular con su viejo coche por las desiertas calles de la Zona Franca en dirección al centro de Barcelona.

-Es un barrio muy deprimente, pero lleno de gente.-Opinó Luís que procedía de una ciudad pequeña del campo gallego.

-Te acostumbrarás.-Aseguró Andrade que prefería evitar sus callejuelas laberínticas pobladas de prostitutas y borrachos ociosos.

-Que remedio.-Luís no pudo elegir algo mejor cuando llegó, pero su situación cambiaría pronto. Esperaba ganar mucho dinero con la distribución de la nueva droga.

-Un buen sitio para comenzar a vender Pata Negra.-Pensó en voz alta Andrade que conocía los vicios de sus habitantes.

-Estoy de acuerdo.-Luís quería empezar ya.

-Mañana lo hablamos...-Prometió Andrade.

-Muchas gracias por traerme, señor Andrade.-Dijo Luís.

-Que descanses.-Andrade lo dejó delante de la pensión.

Luís bajó del coche y entró en el portal. Un letrero luminoso indicaba que se alquilaban habitaciones. Una chica mulata con escasa ropa lo miró de arriba a abajo valorando si valía la pena.

-¿Quieres divertirte, muchachito?-La atractiva chica decidió que Luís se merecía la oportunidad de gozar de su cuerpo. Era su primer cliente de la noche y no lo dejaría escapar.

-Me gustaría mucho, señorita.-Aceptó Luís Pascual que aún tenía cuerda para acabar la noche acompañado de una bella mujer.

-Que gracioso eres, muchachito...-Respondió la mujer mulata con acento sudamericano que nunca la llamaban “señorita”.

-Subamos a mi habitación.-Luís la cogió por la cintura.

-Vamos, muchachito.-Aceptó la mujer mulata sonriendo.

Cruzaron juntos en el portal, pero la portera salió a ver quién entraba en sus dominios. Los miró con gesto serio.

-¿Dónde crees que vas, chico?-Preguntó enfadada.

-A mi habitación, señora Rosita.-Respondió Luís.

-¿Quién es ella?-La portera Rosita miró a la mulata.

-Es mi prima del pueblo.-Explicó Luís inventando una excusa.

-Ya veo, pero tu “prima” pagará un extra por subir...-Exigió la portera con la escoba en la mano. Alargó la mano boca arriba.

-¿Es suficiente?-Luís le enseñó un billete de 500 pesetas.

-Si.-La portera Rosita lo cogió y se lo metió en el escote.

-Que se divierta con su “prima”...-Deseó la portera Rosita.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... He publicado nueve libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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