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6 min
Muerte de un vividor - 43 - Explosión de gas
Suspense |
24.05.21
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Sinopsis

El comisario Cardano investiga una sospechosa explosión de gas...

El comisario Cardano llegó pronto a la Jefatura Superior de Policía de la Via Layetana. Apenas daban las ocho de la mañana del jueves 25 de julio. Aunque se acostó muy tarde a causa del difunto de la mansión Dos Aguas. Le costó conciliar el sueño por qué creía que un asesino andaba suelto en la ciudad de Barcelona.

El policía de la entrada le saludó llevando la mano a la gorra.

Cardano siguió su camino subiendo por las escaleras hasta la oficina de la Brigada de Homicidios en el tercer piso. Entró en su despacho y se sentó delante de su mesa con aire serio.

-Buenos días, señor comisario Cardano.-Su secretaria personal le traía su preciado café solo, largo y sin azúcar.

-Buenos días, señorita Encarnación. Muchas gracias por el café...-Cardano no podía pensar con claridad sin él. Era la única droga legal que se permitía.

El inspector Gómez entró después que se fuera la señorita Encarnación. Llevaba una hoja manuscrita en la mano.

-Buenos días, señor comisario.-Gómez se quedó de pie.

-Buenos días, señor Gómez... ¿Qué me trae?

-Llamamos por teléfono a los hospitales de Barcelona y en el Vall d'Hebrón ingresó anoche un herido muy grave...-Explicó Gómez leyendo las notas.

-¿Causa del ingreso?-Quiso saber el comisario.

-Una explosión de gas.-Contestó el inspector Gómez.

-Tendremos que ir a comprobarlo...-Cardano sospechaba que podría ser el herido de la mansión Dos Aguas.

-Pediré un coche.-Respondió Gómez que se anticipaba a las órdenes del comisario. Hizo el gesto de salir del despacho.

-Nos vemos en el aparcamiento en quince minutos.-Cardano miró su café humeante y creyó conveniente tomárselo con calma. No creía que el herido desconocido fuese a ninguna parte...

El comisario Cardano se puso la chaqueta de su elegante traje gris oscuro y cogió el sombrero de fieltro. Era un gran aficionado a las películas americanas de policías de los cincuenta. En su profesión, la buena presencia era importante para hacerse respetar.

Además constituía su coraza ante un mundo hostil que no comprendía...

Cardano abandonó su despacho, cruzó la oficina y bajó por las escaleras hasta el aparcamiento dónde le esperaba el inspector Gómez.

-Vamos a ver al herido.-Dijo Cardano subiendo al coche.

-Sí, señor comisario.-Gómez se sentó delante del volante, puso en marcha el coche y salieron a la Vía Layetana.

Barcelona respiraba ese aire veraniego de ciudad atareada dónde las personas iban de un lado para otro cumpliendo con sus obligaciones diarias...

Personas honradas, la mayoría...

Pero era un espejismo por qué el comisario Cardano conocía la verdadera cara oculta de las personas... Su lado tenebroso.

El hospital del Vall d'Hebrón se alzaba al pie de una colina montañosa que rodeaba a la ciudad de Barcelona. Allí llevaban a los enfermos que necesitaban cuidados médicos.

El inspector Gómez aparcó el coche en el aparcamiento para las visitas familiares. Bajó del mismo siguiendo al comisario Cardano hasta la entrada de Urgencias.

-Buenos días, señorita.-Cardano se dirigió al mostrador de Recepción y llamó la atención de la enfermera saltándose la cola.

-Buenos días, señor... ¿En qué puedo ayudarle?-La enfermera levantó la vista. Llevaba una tarjeta con su apellido.

-Soy el comisario Cardano, señorita Vázquez.-Se presentó enseñando la placa.-Necesito ver al herido que ingresó anoche a causa de una explosión de gas...

-No sé si podrá verle... Llamaré al médico que le atiende...-La enfermera cogió el teléfono y marcó el número. Tuvo que esperar hasta que lo cogieron.

-¿Doctor Villanueva? Está aquí la Policía por el herido de la explosión de gas...-Le explicó por teléfono. Asintió con la cabeza.

-Ahora vendrá a atenderles...-Confirmó la enfermera.

-Muchas gracias, señorita Vázquez.-Respondió Cardano.

El doctor Villanueva se presentó al cabo de cinco minutos con aspecto de disgusto. Habían interrumpido su ronda de visitas a los pacientes de Urgencias.

-¿En qué puedo ayudarles, señores?-Preguntó el doctor que no podía perder mucho tiempo con ellos.

-Queremos ver al herido de la explosión de gas...-Ordenó Cardano que tampoco quería hacerle perder el tiempo.

-Les llevaré, pero no podrán hablar con él.-Advirtió el doctor Villanueva.-Anoche lo operamos de urgencia debido a las graves lesiones que tenía... Se encuentra completamente sedado.

-Nos hacemos cargo, doctor.-Cardano se lo esperaba.

-Aquí está...-El doctor Villanueva se detuvo delante de una de las habitaciones de la Unidad de Cuidados Intensivos. Era la número trece.

Dentro había una cama con sábanas de hospital. Sobre ella descansaba un joven que respiraba con dificultad. Aunque tenía los ojos cerrados, parecía inquieto cómo si sufriese en silencio.

-Les recuerdo que está sedado... No intenten despertarlo...-Le advirtió de nuevo el doctor Villanueva antes de dejarlos.

-¿Qué posibilidades tiene de recuperarse?-Preguntó Cardano.

-La verdad, muy pocas... La explosión le afectó varios órganos internos de forma muy grave...-Sentenció el doctor Villanueva que no se veía en la obligación de albergar falsas esperanzas. No eran familia del herido.

-Entiendo... ¿Podemos registrar sus efectos personales?...-El comisario Cardano no necesitaba pedirle permiso, pero lo hacía por cumplir con las buenas costumbres que le enseñaron.

-Están en el armario.-Contestó el doctor Villanueva.

-Muchas gracias por su ayuda, doctor.-Dijo Cardano.

-Ya conocen el camino de salida.-Se despidió el doctor.

El comisario Cardano abrió el armario y lo inspeccionó. Ropa y calzado baratos que llevaría un trabajador. Registró los bolsillos del pantalón encontrando una cartera de hombre.

-Ya sabemos cómo se llama... Luís Pascual...-Afirmó Cardano al sacar un Documento Nacional de Identidad español.

El inspector Gómez tomaba nota en su libreta.

-Este DNI fue expedido en Galicia... ¿Qué hacía este gallego en Barcelona, tan lejos de su tierra?-Se preguntó Cardano.

Siguió mirando en la cartera y sacó un billete de color rosa del autobús de la línea nocturna NF. Volvió a buscar en los bolsillos.

-La Pensión Rosita del Barrio Chino... Ya sabemos dónde se alojaba...-Cardano encontró una llave con el número quince.

-Vamos a hablar con la enfermera Vázquez.-Cardano pensaba que allí no sacarían más información. Luís Pascual no podía hablar.

El comisario Cardano y el inspector Gómez regresaron hasta el mostrador de recepción dónde la enfermera Vázquez continuaba con su turno.

-¿Quién trajo al herido de la explosión de gas?...-Preguntó Cardano que esperaba ponerle cara al tercer comensal de la mansión Dos Aguas.

-Lo miro, señor comisario.-Respondió la enfermera Vázquez mirando en el libro de ingresos. Señaló la línea con el dedo.

-Acompañante desconocido...-Leyó.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... He publicado nueve libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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