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6 min
Muerte de un vividor - 46 - Mala suerte
Suspense |
21.06.21
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Sinopsis

El comisario Cardano no se fía...

Cardano subió con semblante serio al coche policial. No le convencían las explicaciones de Andrade sobre Luís Pascual. Parecían forzadas para desentenderse de él...

-¿Dónde vamos, señor comisario?...-Se atrevió a preguntar el inspector Gómez al ponerse al volante, pese a que le molestaba a su jefe ser interrumpido en sus pensamientos.

-Tengo que llamar a la Jefatura...-Respondió Cardano que no escuchó a su ayudante por qué su cerebro estaba concentrado en el caso. Cogió el micrófono de la emisora de radio.

-Aquí el Coche K-4 de nuevo. Soy el comisario Cardano, pase otra petición a mi secretaria, la señorita Vázquez: necesito saber si el señor Alfonso Andrade tiene abierta ficha policial.

-Cómo ordene, señor comisario.-Confirmó la recepcionista.

-Creo que el señor Andrade nos miente...-Pensó en voz alta Cardano que no se fiaba del “honrado” empresario.

-¿Por qué motivo?-Quiso saber el inspector Gómez.

-El coche negro del señor Andrade lleva en la matrícula las mismas letras LU que vio el señor Smith, testigo de la explosión de la mansión Dos Aguas...-Explicó Cardano.

-Cierto.-Confirmó Gómez revisando sus notas.

-Pero sólo es una prueba circunstancial... Necesito una foto del señor Andrade.-Continuó Cardano.

-¿Para qué, señor comisario?-Preguntó Gómez.

-Para enseñársela a la enfermera del turno de noche de la recepción del hospital del Vall d'Hebrón...-Cardano esperaba que lo reconociera cómo el conductor que abandonó a Luís Pascual...

-Entendido...-Al inspector Gómez le costaba seguir el hilo de los razonamientos del comisario por qué éste tenía la costumbre de dejar las frases inacabadas.

-Creo que estamos sobre una buena pista.-Murmuró Cardano.

-Me alegro, señor comisario.-Exclamó Gómez que esperaba indicaciones con el motor del coche policial en marcha.

-Creo que me preguntaste dónde vamos...-Recordó Cardano.

-Sí, señor comisario.-Gómez tenía mucha paciencia.

-Vamos al bar más próximo. Necesito llamar por teléfono.-El comisario recordó la nota de alquiler de la mansión Dos Aguas.

Gómez puso en marcha el coche policial circulando despacio por la calle 24 alejándose de la fachada del almacén de Tabacos de Importación Andrade. El dueño del almacén los siguió con la mirada desde la ventana de su despacho.

A la vuelta de la esquina, vieron un bar de comidas llamado El Alegre Glotón de fachada chillona. El inspector Gómez estacionó el coche en la acera de enfrente en el único hueco que quedaba. Era casi la una del mediodía.

-Vamos, señor Gómez.-Ordenó Cardano bajando del coche.

El inspector Gómez obedeció y acompañó al comisario al bar de comidas. Entraron en un local impersonal, lleno de trabajadores hambrientos que no paraban de hablar a gritos, y fueron a la barra.

-¿Qué desean?-Les preguntó el camarero, un chico imberbe con cara asustada, que no daba abasto con los pedidos.

-¿Tiene teléfono, por favor?-Pidió Cardano.

-Al final de la barra está la cabina...-Dijo el chico sin mirar.

-Muchas gracias.-Respondió Cardano al aire por qué el chico se fue a toda prisa a atender a un cliente habitual.

Cardano se acercó a la cabina y entró. Marcó el número de teléfono de la nota de alquiler. Oyó dos tonos hasta que lo cogieron.

-Inmobiliaria Puértolas y Asociados, dígame.-Respondió una dulce voz femenina al otro extremo de la línea.

-Soy el comisario Cardano de la Policía Nacional y quisiera hablar con el señor Puértolas, por favor.

-Ahora mismo le paso, señor.-Accedió la señorita.

-El señor Puértolas al habla.-Dijo una voz de hombre. No le llamaba la policía todos los días y estaba preocupado.

-Soy el comisario Cardano. Quisiera verle para hablar con usted sobre su inquilino, el señor Dunaújváros.-Explicó Cardano.

-Estamos a punto de cerrar para ir a comer... Si puede ser, le pido que venga a partir de las cinco de la tarde...-Contestó Puértolas mirando el reloj de la oficina.

-Está bien, pero deme la dirección de su oficina, por favor.-El comisario sólo tenía el teléfono de la nota de alquiler.

-Paseo de la Bonanova...-El señor Puértolas le dio la dirección completa a Cardano que memorizó para dársela al inspector Gómez.

-Muchas gracias, señor Puértolas. Nos vemos a las cinco.-Se despidió Cardano antes de colgar. Tendría que esperar...

-Hasta la tarde, señor comisario.-Puértolas creía que el asunto podía esperar. No le dio la impresión de ser grave.

-Comeremos aquí, señor Gómez.-Dijo Cardano a su ayudante cuando salió de la cabina telefónica.

-Sí, señor comisario.-Respondió Gómez que tenía hambre, pero que no le gustaba la sosa comida de la cantina de la Jefatura. Al menos hoy probaría algo diferente.

Cardano y Gómez disfrutaron del menú del día: Melón con jamón de primero y paella de segundo. Lo típico del jueves en un modesto bar de comidas para trabajadores. El comisario pagó, pero pidió el recibo para cargarlo cómo gastos de la investigación.

-Vamos a visitar al señor Puértolas, señor Gómez.-Ordenó Cardano, que detestaba perder el tiempo, cuando subía al coche.

-Sí, señor comisario.-El inspector Gómez se puso al volante con el estómago lleno. Bajó la ventanilla por qué parecía un horno.

Salieron del Polígono Industrial de la Zona Franca regresando al centro de Barcelona. El tráfico de la ciudad seguía congestionado y les costó llegar al Paseo de la Bonanova, una amplia avenida arbolada en el límite del Barrio de Sarriá.

-Aquí es.-Anunció Gómez al ver el letrero de la inmobiliaria en la fachada de un lujoso edificio. Detuvo el coche delante.

-Ya veo...-Confirmó Cardano bajando del coche.

-Buenas tardes, señores.-Les recibió una chica joven luciendo una gran sonrisa tras el mostrador de recepción.

-Buenas tardes, señorita. Soy el comisario Cardano y éste es el inspector Gómez. Venimos a ver al señor Puértolas.-Se presentó.

-El señor Puértolas les esperaba.-Respondió la señorita que perdió la sonrisa. No eran posibles clientes. Descolgó el teléfono.

-Pueden pasar a su despacho.-Confirmó la señorita después de consultarlo con su jefe. Señaló al fondo de la oficina.

-Gracias, señorita.-Cardano caminó hasta una puerta cerrada con el letrero de Sr. Puértolas. Llamó con los nudillos.

-Adelante...-Contestó una voz de hombre.

-Buenas tardes, señor Puértolas.. Soy el comisario Cardano.

-Buenas tardes, señor. ¿En qué puedo ayudarle?.

-Hábleme del señor Dunaújváros.-Pidió Cardano.

-Es un turista extranjero de vacaciones que, según él, ha venido a disfrutar del sol, la noche y las bellas mujeres españolas...

-Siento informarle, que su inquilino falleció la noche del miércoles 24 de julio a causa de una explosión...-Explicó Cardano.

-Es una terrible noticia... ¿Un accidente?-Preguntó Puértolas.

-Me temo que no... Investigamos un presunto asesinato.

-No sé si mi seguro cubrirá los daños causados en la mansión Dos Aguas...-Pensó en voz alta Puértolas. La muerte de su inquilino no le importaba lo más mínimo. Tuvo la mala suerte de fiarse de él.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... He publicado nueve libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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