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7 min
Muerte de un vividor - 52 - Galgo ganador
Suspense |
02.08.21
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Sinopsis

Cardano recurre a su "amigo" Oriol...

La señorita Vázquez iba a salir del despacho para cumplir la orden del comisario cuando éste la detuvo levantando la mano.

-Haga el favor de solicitar los antecedentes penales del señor Luís Pascual, originario de Porriño, Galicia, a la Jefatura Superior de La Coruña.-Cardano le dio el número de DNI del difunto.

-Sí, señor comisario.-La secretaria Vázquez tomó nota de la nueva orden. Enviaría el formulario de solicitud a la otra punta de España por correo policial.

-También es urgente...-Puntualizó Cardano.

-Lo tendré en cuenta.-Aseguró Vázquez que se lo imaginaba.

-Sospecho que nuestro desafortunado señor Pascual fue un pequeño delincuente en su Galicia natal.-Dijo Cardano en voz alta.

-¿Qué le lleva a pensarlo, señor comisario?-Preguntó Gómez.

-Es sólo una intuición, un pálpito...-Reconoció Cardano que no disponía de pruebas concluyentes, pero se dejaba guiar por años de experiencia luchando contra el crimen desorganizado.

El inspector Gómez no contestó. Confiaba en la demostrada pericia del comisario para resolver el complicado caso.

-Esta tarde no necesitaré sus servicios...-Aclaró Cardano que no podía estar esperando varios días a que le enviasen el informe del Laboratorio de la Brigada de Estupefacientes.

-Está bien, señor comisario.-Gómez obedecía sin preguntar.

-Un asunto de índole personal me ocupará la tarde...-Aseguró Cardano eludiendo dar más explicaciones.-Nos vemos mañana a las ocho, señor Gómez.

-De acuerdo, señor comisario.-El inspector no comprendía que podía ser tan importante para interrumpir la investigación en curso, pero no hizo preguntas.

-Hasta mañana, señor Gómez.-Se despidió Cardano saliendo de su despacho dejando al inspector confuso.

-Hasta mañana, señor comisario.-Alcanzó a decir Gómez.

Cardano recorrió la sala en dirección a las escaleras, bajó al aparcamiento y cogió su coche particular. Abandonó la Jefatura Superior de la Policía Nacional dirigiéndose a su domicilio.

La ciudad de Barcelona hervía literalmente. Hacía un calor de mil demonios para ser finales de julio, pero además el denso tráfico estaba insoportable. Empleó más de media hora en llegar a su barrio.

Cardano aparcó su coche en el garaje de la comunidad y salió a la calle. Se acercó a una cabina de teléfonos. Descolgó el auricular, le echó una moneda de cien pesetas y marcó el número.

-Bar As de Copas.-Contestó una voz varonil con acento del sur de la España profunda. Parecía disgustado de tener que cogerlo.

-¿Está Oriol?-Preguntó Cardano poniendo acento del sur.

-¿Quién pregunta por él?-Quiso saber el desconfiado hombre.

-Manuel...-Respondió Cardano dando su “otro” nombre.

-Ahora le llamo. No cuelgue.-Pidió el hombre conforme con la respuesta.-¡Oriol, tienes una llamada!.-Gritó el camarero para que le oyeran todos. Su parroquia no era delicada.

-Ya voooy...-Contestó Oriol levantándose de su mesa con un vaso de vino tinto en la mano. Dejó la botella medio vacía. Se arrastró hasta la barra con lentitud exasperante.

-Es para hoy...-Le urgió el camarero volviendo a sus tareas.

-Oriol al habla.-Dijo nada más coger el teléfono.

-Soy Manuel, tenemos que vernos esta tarde.-Exigió Cardano dando por hecho que sucedería porque él lo decía.

-A las cinco en el sitio de siempre, Manuel.-Aceptó Oriol que hacía tiempo que no veía a su “amigo” de la infancia porque ambos tomaron caminos distintos.

-Allí estaré.-Cardano colgó el teléfono y subió a su piso para comer algo. Se preparó un emparedado. Aprovechó para cambiarse la ropa. El elegante traje gris de trabajo llamaría la atención.

-Vamos a ver a mi viejo amigo.-Cardano se caló una gorra de tela negra. Cogió la pequeña mochila de piel marrón y se la colocó de bandolera. Metió dentro un revolver. Nunca sabía si lo usaría.

-Listo.-Cardano se puso las gafas de sol oscuras que ocultaba su rostro a los ojos de los conocidos. Quería evitar ser reconocido.

Cardano salió a la tórrida calle y caminó hasta la estación del tren de Torre Baró. Subió al tren de las cuatro que iba casi vacío. El viaje fue aburrido y lento, pero no debía coger su coche personal. Se apeó en la estación de Sant Andreu Arenal y continuó andando.

Faltaban pocos minutos para las cinco de la tarde, cuando llegó al lugar de su cita... El edificio se alzaba cómo las alas de acero de un avión a punto de despegar en medio de la ciudad.

Una multitud ansiosa se agolpaba en la entrada lateral a la espera de la apertura de las puertas. El Canódromo Meridiana era el centro de perdición de los jugadores compulsivos.

Cardano se mezcló entre la muchedumbre y se dejó llevar por la marea humana hasta las taquillas de apuestas. Se detuvo delante de la taquilla número tres. Miraba los nombres de los galgos sin decirse a cuál apostar. Todos tenían nombres curiosos.

-Yo apostaría por Rocky...-Le aconsejó un hombre con fuerte aliento a vino barato. Sus ojos brillaban vidriosos. Era Oriol.

-No estoy seguro...-Cardano dudaba si fiarse de su consejo.

-Sé de buena tinta que es un galgo ganador...-Aseguró Oriol guiñando un ojo a su “amigo” Manuel. Tenía un contacto entre los cuidadores de los perros.

-Te haré caso, pero tú apostarás por mí...-Le pidió Cardano dándole con disimulo un billete de 5.000 pesetas doblado.

Oriol se guardó el billete en un bolsillo, fue a la taquilla y apostó por el galgo Rocky cómo ganador. No era el favorito.

-Veamos la carrera.-Oriol traía la apuesta en la mano.

Cardano y Oriol bajaron a las gradas dónde los cuidadores metían a los nerviosos galgos en el cajón de salida. Su carrera era la siguiente. Sonó un timbre y subieron las puertas del cajón de golpe.

Los excitados galgos salieron disparados persiguiendo una liebre mecánica que siguió el óvalo de la pista de tierra. Para sorpresa de la mayoría del público, ganó el galgo número 6, Rocky.

-Ya te dije que apostaras por él...-Exclamó Oriol blandiendo la apuesta ganadora. Su “olfato” le había hecho ganar un dinerillo.

-Me alegro por ti, Oriol.-Cardano no le interesaban los delitos menores que cometían los desgraciados para sobrevivir.

-¿Qué te trae por aquí, Manuel?-Preguntó Oriol directo.

-¿Has oído hablar de un tal Dunaújváros?-El comisario pudo por fin preguntar por el motivo de su asunto personal.

-No me suena, pero puedo hacer correr la voz a ver si alguien sabe algo...-Respondió Oriol dudando. Se acordaba perfectamente de la visita del extranjero Dunaújváros al bar As de Copas, pero su información valdría mucho más si daba la impresión que era difícil de conseguir...

-Haz correr la voz...-Pidió Cardano a su amigo.

-Siempre lo hago...-Aclaró Oriol que vivía de los soplos.

-Te debo otro favor.-Cardano recurría a vías poco ortodoxas para resolver los casos más difíciles. Lo importante era el resultado.

-Ya me lo compensarás...-Oriol le recordó que tenía un precio incluso para los amigos de la infancia.

-Lo sé.-Cardano pagaba la comisión creyendo que le ayudaba a sobrevivir un día más en su vida, pero su amigo Oriol se lo gastaría en vino barato que ahogase sus remordimientos.

Cardano se marchó del canódromo dejando a Oriol cobrando su premio...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... He publicado nueve libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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