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6 min
Muerte de un vividor - 54 - Pecados terrenales
Suspense |
17.08.21
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Sinopsis

Cardano iba a misa, pero le cambiaron los planes...

Cardano se levantó pronto el domingo aunque era su único día libre. Se vistió con su mejor traje para visitar la Casa del Señor. El comisario bajó a la calle y recorrió andando el camino que le separaba de la Parroquia de San Bernardo de Claraval en el corazón del barrio de Ciudad Meridiana.

Una multitud de fieles dominicales se agolpaban en la puerta de la parroquia para cumplir con la obligación con el Señor. Todos querían estar a bien con el de arriba. El Rector se encargaba de contar las ovejas del rebaño.

-Buenos días, rector Don Benito.-Saludó Cardano al religioso cuando le tocó el turno de desfilar delante suyo.

-Buenos días, señor Cardano.-Le respondió el rector con una sonrisa de beato que parecía sacada de una estampita.

-¿Cómo lleva la cuenta, rector?-Preguntó Cardano irónico con ganas de conversación mientras los fieles continuaban desfilando al lado de ellos dos saludando al rector de la parroquia.

-Todas las almas son bienvenidas en la Casa del Señor...-Le replicó el rector ignorando el comentario.

-Ya veo.-Cardano no entendía por qué el rector se empeñaba en salvar las almas descarriadas del barrio, cuando él los detenía para que pagasen por sus “pecados terrenales”.

-Dios perdona a los pecadores arrepentidos y les abrirá las puertas del cielo...-Aseguró el rector dándole un sermón motivador.

-Pues aquí en la Tierra, nosotros debemos hacer cumplir las leyes de los hombres...-Le recordó el comisario Cardano.

-A veces, en el rebaño de ovejas se puede esconder algún lobo disfrazado.-Admitió el rector siguiendo con la animada discusión.

-A veces...-Repitió Cardano que conocía algunos.

-¿Entras en la Casa del Señor, hijo?-El rector Don Benito dio por concluida la conversación. Debía atender a los demás feligreses.

-Sí, rector Don Benito.-El comisario acudía para rezar por la salvación de su alma y no perder la fe en la humanidad.

Cardano cruzaba el umbral de la puerta cuando escuchó una voz conocida a sus espaldas. Se giró para saber quién era.

-¡Señor comisario Cardano!-Le llamó otra vez un hombre joven saliendo de un coche parado delante de la iglesia.

-¿Qué hace aquí, señor Gómez?-Cardano le reconoció.

-Hemos recibido los informes urgentes esta mañana.-Explicó el inspector Gómez que seguía instrucciones de la señorita Vázquez.

-Tendrá que disculparme delante de su jefe, rector, pero el deber me llama...-Se excusó Cardano siguiendo al inspector al coche.

-Que Dios guie tus pasos, hijo...-El rector pronunció la última palabra y lo bendijo a distancia haciendo la señal de la cruz.

-Gracias, rector.-Toda ayuda era poca en su oficio...

-Vamos a la Jefatura.-Ordenó Cardano subiendo al coche.

-Sí, señor comisario.-El inspector Gómez se puso al volante.

El coche dejó atrás la parroquia circulando por las calles casi vacías porque era la hora de la misa del domingo. Las familias de bien aún conservaban las costumbres que les impusieron durante cuarenta años de dictadura.

-Llegaremos pronto.-Adivinó el inspector al ver lo rápido que circulaban por las calles desiertas. Sólo estaban así cuando jugaba el equipo de fútbol de la ciudad. El Barcelona.

-Eso parece.-Dijo Cardano impaciente por leer los informes.

Gómez acertó con su pronóstico, cruzaron la entrada de la Jefatura Superior de la Policía Nacional en sólo media hora y aparcó el coche en su plaza.

-Vamos a mi despacho.-Ordenó Cardano bajando del coche.

El inspector le siguió al interior de la Jefatura, subió por las escaleras hasta la oficina de la Brigada de Homicidios y entraron en el despacho del comisario. Se sentaron a ambos lados de su mesa.

-Venga a mi despacho con los informes, señorita Vázquez.-El comisario Cardano la llamó por el teléfono interno porque no los vio sobre su mesa.

-Ahora mismo, señor comisario...-La secretaria esperaba la llamada, los vio pasar delante suyo, y tenía preparados los informes.

-Tráigame también un café solo, por favor.-Pidió Cardano que pensaba mejor con su dosis de cafeína.

-Sí, señor comisario.-La señorita Vázquez conocía todas sus costumbres y se anticipaba a sus necesidades diarias.

-Muchas gracias, señorita Vázquez.-Cardano colgó el teléfono satisfecho por la eficiencia de su secretaria. Le hacía el pesado trabajo rutinario. Él se dedicaba a investigar y resolver los casos.

-Aquí tiene su café solo y los informes solicitados, señor comisario.-Anunció la secretaria cuando entraba en el despacho. Los dejó sobre la mesa.

-Muchas gracias. Puede irse, señorita Vázquez.-Cardano le dio permiso porque quería leer los informes sólo con el inspector.

-Sí, señor comisario.-La secretaria salió del despacho.

-Veamos el informe del Laboratorio...-Dijo Cardano después de tomar un primer sorbo de café negro y humeante. Rasgó el sobre cerrado con un abrecartas de plata. Sacó una carpeta y la abrió sobre la mesa. Comenzó a leer el contenido con atención.

-Lo que yo suponía... El análisis toxicológico de las muestras recogidas en el garaje demuestra que el señor Dunaújváros elaboraba drogas en la mansión Dos Aguas...-Exclamó en voz alta Cardano.

-Era lo que parecía.-Opinó Gómez que ya había visto algunos laboratorios caseros de drogas en investigaciones anteriores.

-También tomaron las huellas dactilares de tres copas de vino encontradas en la cocina. Han identificado las huellas de Luís Pascual y Alfonso Andrade de sus antecedentes penales.-Explicó Cardano.

-¿Y la tercera huella?-Preguntó el inspector.

-Debería ser del difunto señor Dunaújváros.-Dedujo Cardano que el anfitrión de la cena recogió la mesa antes de los cafés lo que fue una suerte para su investigación.

-Claro.-El inspector seguía el razonamiento del comisario.

-Veamos el siguiente informe...-El comisario abrió el segundo sobre dirigido a su atención con el abrecartas. Sacó otra carpeta.

-Son los antecedentes penales del señor Luís Pascual.-Dijo Cardano leyendo el encabezamiento.-Fue acusado de la venta de drogas en Galicia. Era un pequeño camello al que detuvieron con unas papelinas de cocaína. Estuvo encerrado tres meses en prisión provisional, hasta que su familia abonó la fianza, y el señor juez le concedió la libertad provisional a la espera de la celebración del juicio...

-Libertad inesperada que el señor Pascual aprovechó para cambiar de aires y huir a Barcelona...-Criticó Cardano la blandura de la justicia de la democracia. Esto no hubiera sucedido en el anterior régimen.

El inspector Gómez guardó silencio. Era demasiado joven para opinar sobre ello. Él creció con la imperfecta democracia.

-Sabemos que el señor Andrade le dio trabajo de mozo de almacén...-Cardano ataba cabos sueltos en su mente.

-Sí, señor comisario.-Admitió Gómez.

-Creo que poseemos suficientes indicios para solicitar al Juez una orden de registro del almacén de Tabacos Andrade...-Concluyó el comisario levantando el teléfono.

-Venga por favor, señorita Vázquez.-Pidió Cardano.

-Voy ahora mismo, señor comisario.-Respondió su secretaria.

-Solicite una orden de registro contra Alfonso Andrade por presunto tráfico de estupefacientes.-Ordenó Cardano.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... He publicado nueve libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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