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6 min
Muerte de un vividor - 57 - Cabos sueltos
Suspense |
06.09.21
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Sinopsis

El comisario Cardano ataba los cabos sueltos...

 

-Le repito que yo no he matado a Dunaújváros...-Andrade insistió desesperado porque se le venía encima una larga condena.

-Llévenselo, por favor.-Ordenó Cardano. Daba por finalizado el interrogatorio. No soportaba a los delincuentes que se ponían a llorar.

-Sí, señor comisario.-Respondió Gómez que llamó a los dos policías que lo habían traído y esperaban al otro lado de la puerta.

-Teníamos un trato...-Recordó Andrade cuando se lo llevaban de vuelta a su celda en el oscuro sótano de la Jefatura.

-Sólo le prometí hablar con la Fiscalía.-Replicó Cardano que se olvidó de la segunda parte de su promesa. Ya tenía lo que quería: la confesión grabada del sospechoso.

-No te puedes fiar ni de la policía...-Murmuró Andrade.

-Volvamos a mi despacho.-Cardano se levantó de la mesa.

-Sí, señor comisario.-Gómez le siguió, abandonaron la sala de interrogatorios y salieron al pasillo. Bajaron por las escaleras hasta la oficina de la Brigada de homicidios.

-Hay cabos sueltos...-Comentó Cardano al inspector.

-¿Cuáles, señor comisario?-Preguntó Gómez.

-Creo que el señor Andrade no tenía motivos para matar al señor Dunaújváros porque perdía a su “cocinero”...

-Sí.-Gómez intentaba seguir sus deducciones.

-El señor Andrade era un pobre diablo que quiso dar el salto de vender tabaco de contrabando a droga de diseño, pero eligió al “cocinero” equivocado...-Dedujo Cardano.

-¿Quién tenía motivos para matarlo?-Se preguntaba Gómez.

-Sospecho que el señor Dunaújváros era un “marcado”. Un desgraciado que huía de un final violento, pero al que le alcanzó la venganza de alguien muy poderoso al que debió perjudicar...

-Alguien capaz organizar una explosión...-Recordó Gómez.

-Sí. Algo hemos pasado por alto...-Pensaba Cardano.

Gómez guardaba silencio mientras el comisario ocupaba su mente buscando atar los cabos sueltos y dar respuestas plausibles.

-La pista correcta debe ser el dinero falso... Los 23 millones de Liras Italianas que trajo consigo el señor Dunaújváros huyendo de Italia...-Afirmó Cardano convencido.

-Sí el señor Dunaújváros fabricaba la misma droga en Italia cómo supongo, la Policía Italiana debería tener constancia de ello.

Gómez escuchaba con atención sin interrumpirlo.

-Venga a mi despacho, señorita Vázquez, por favor.-Cardano descolgó el teléfono y llamó a su secretaria.

-Voy, señor comisario.-Vázquez dejó lo que estaba haciendo y fue a verle enseguida. No le gustaba que le hicieran esperar.

-Envíe un informe de la investigación del señor Dunaújváros a la Policía Italiana, mediante la Interpol, solicitando la información disponible del difunto.-Ordenó Cardano.

-Sí, señor comisario.-La señorita Vázquez tomó nota.

-Adjunte una fotografía de una de las pastillas encontradas en el registro de la mansión Dos Aguas.-Añadió Cardano que esperaba la reconocieran si estaba en circulación en el país alpino.

-¿Algo más, señor comisario?-Preguntó la secretaria.

-Es muy urgente...-Recalcó Cardano.

-Le daré máxima prioridad.-Aseguró la secretaria.

-Muchas gracias, señorita Vázquez.-Cardano confiaba en ella.

La secretaria se marchó para cumplir la orden urgente.

-¿Cuál es siguiente paso?-Preguntó el inspector.

-Iremos a ver otra vez al director del banco. Creo que no nos contó todo lo que sabía...-Cardano se levantó de la mesa.

-De acuerdo, señor comisario.-El inspector Gómez prefería la acción y salir de la oficina para perseguir a los delincuentes.

Cardano salió del despacho acompañado de Gómez, cruzaron la oficina y bajaron por las escaleras al aparcamiento. Subió al coche.

El coche camuflado dejó la Jefatura Superior incorporándose al caótico tráfico rodado de un lunes laborable. Las calles de la ciudad de Barcelona hervían de vehículos variopintos. Los autobuses rojos urbanos intentaban avanzar cómo podían en la jungla del asfalto.

-Hoy será otro día caluroso.-Opinó el inspector.

-Eso parece, señor Gómez.-Admitió Cardano indiferente.

Esa fue toda la conversación que mantuvieron en la hora que tardaron en llegar a su destino en el barrio de la Barceloneta.

-Hemos llegado, señor comisario.-Anunció Gómez al ver la fachada del banco El Buen Pastor. Estacionó el coche delante.

-Vamos.-El comisario bajó seguido por el inspector. Cruzaron la puerta de entrada y se dirigieron al mostrador.

-Buenos días, comisario.-La señorita Candelaria aún recordaba la anterior visita de la policía el viernes pasado. Trajo malas noticias sobre uno de los clientes del banco, el fogoso Dunaújváros.

-Veo que me recuerda, señorita Candelaria. Necesitaría hablar otra vez con el director Rodríguez.-Pidió Cardano que también poseía buena memoria para poner nombres a las caras.

-Ahora le llamo.-Respondió Candelaria cogiendo el teléfono.

-El comisario Cardano quiere verle de nuevo...

-Hágalo pasar, señorita Candelaria, por favor.-El director se sorprendía de la visita porque creía haber contado todo lo que sabía.

-Síganme, por favor.-Candelaria los llevó a su despacho.

-¿En qué puedo ayudarles?-Rodríguez estaba la espera.

-Tenemos algunas preguntas que hacerle...-Dijo Cardano.

-Usted dirá.-Contestó Rodríguez expectante.

-Recuerdo que el señor Dunaújváros les pagó en mano parte del descubierto que les debía.-Recordó Cardano.

-Sí. El lunes 22 de julio.-Rodríguez se acordaba de la fecha.-Y se lo dije a los técnicos de su empresa...-Explicó el director.

-¿Cuáles? No me habló de ellos antes.-Se quejó Cardano.

-El mismo día, vinieron dos hombres con acento italiano que trabajaban en Varelli e Fligio preguntando por el señor Dunaújváros.

-¿Les dijeron sus nombres?

-No se los pregunté.-Aclaró Rodríguez.

-¿Qué aspecto tenían?-Cardano estaba muy interesado.

-Vestían trajes caros de marca. Uno tenía aspecto de boxeador y el otro era tímido. No parecían técnicos.-Reconoció Rodríguez que les llamó la atención.

-¿Qué les dijo sobre el señor Dunaújváros?

-Que Dunaújváros me contó los problemas que tuvieron con la compra-venta de un terreno... Me aseguró que le enviarían 300.000 pesetas para solucionar el descubierto...-Explicó el director.

-¿Qué les contestaron los técnicos?

-Que el jefe de la empresa “Varelli e Fligio” quería saber en qué había invertido Dunaújváros el dinero que le entregó...

-¿Qué más?-Cardano le sacaba la información a cuentagotas.

-Me pidieron ver el cheque de la inmobiliaria...

-Enséñemelo, por favor.-Pidió Cardano.

-Tengo una fotocopia.-Rodríguez se la entregó.

-Gracias.-Cardano examinó el cheque y se fijó que ponía la dirección de la mansión Dos Aguas. La avenida Pearson del barrio de Pedrables. Se lo devolvió.

-¿Qué más les dijeron los técnicos?-Cardano lo adivinaba.

-Que era una investigación interna, me rogaron discreción y que no comentase con nadie su visita...-Recordó Rodríguez.

-Entendido.-El silencio del director permitió a los “técnicos” cumplir con su objetivo: Tender la trampa mortal que acabó con la vida del señor Dunaújváros...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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