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6 min
Muerte de un vividor - 58 - Un lugar perfecto
Suspense |
13.09.21
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Sinopsis

Cardano conocía los rumores sobre la Casita del Amor...

-¿Tiene alguna pregunta más?-Al director se le acumulaba el papeleo pendiente. Su sucursal bancaria no funcionaba sola. Debía decidir si aprobar o no los préstamos solicitados por sus clientes.

-Creo que hemos acabado, señor Rodríguez...-Respondió el comisario Cardano que disponía de una nueva pista. Sospechaba que los técnicos vinieron desde Italia para encargarse del “problema” del señor Dunaújváros para siempre.

-Entonces, les deseo un buen día, señores...-El director los invitaba amablemente a abandonar su despacho.

-Tenga un buen día, señor Rodríguez.-Cardano se levantó de la silla y Gómez le imitó. Salieron del despacho, pasaron por delante del mostrador de la señorita Candelaria que ni siquiera los miró fingiendo indiferencia, camino de la calle.

Cardano y Gómez subieron al coche camuflado.

-¿Dónde vamos, señor comisario?-Preguntó el inspector.

-Acérqueme a una cabina de teléfono, señor Gómez...-Pidió Cardano pensativo que necesitaba hacer una llamada.

-Sí, señor comisario.-Gómez puso en marcha el coche.

-Voy a llamar a nuestro taxista Yosep. Subiré a su coche y usted nos sigue discretamente.-Explicó Cardano antes de bajar.

-Cómo ordene, señor comisario.-Gómez obedeció.

Cardano se acercó a la cabina y marcó el número mientras el inspector se alejaba unos metros. Estacionó el coche y esperó.

-Yosep al habla.-Contesto una voz alegre de hombre.

-Necesito un taxi.-Respondió Cardano.

-Ha llamado al mejor...-Aseguró Yosep.

-Estoy en el Barrio de la Barceloneta.-Cardano miró la calle donde estaba y le dio dirección exacta.

-Deme quince minutos y le recojo...-Prometió el taxista Yosep que había reconocido la voz grave del comisario.

-Le espero. Muchas gracias.-Cardano colgó el teléfono.

El taxi apareció en el tiempo prometido. Se detuvo delante de la cabina de teléfono. El comisario subió a la parte de atrás.

-¿Dónde le llevo, señor comisario?-Preguntó Yosep.

-Veo que me recuerda...-Respondió Cardano sorprendido.

-No todos los días llevo un agente de la ley...-Bromeó Yosep.

-Entiendo.-Cardano no comprendía la broma.

-¿Dónde le llevo?-Repitió Yosep.

-Lléveme, por favor, al Parque de la Ciudadela mientras le hago unas preguntas sobre un cliente suyo...-Indicó Cardano.

-Lo suponía.-Yosep puso en marcha el taxímetro. Debía estar circulando para que su jefe no le acusase de perder el tiempo.

-¿Cuántas veces llevó a Dunaújváros a la Casita del Amor?

-Creo recordar que dos veces....-Respondió Yosep.

-¿Qué días fueron?-Cardano quería las fechas exactas.

-La primera vez, le dejé la noche del miércoles 17 y lo recogí la mañana del día siguiente...-Explicó Yosep conduciendo.

-¿Y la segunda vez?-Ese día no le interesaba a Cardano.

-La noche del martes 23 de julio, dormí en el taxi y lo recogí a la mañana siguiente...-Recordó Yosep cómo su cliente le despertó.

El comisario Cardano se dio cuenta que el señor Dunaújváros estuvo ausente de la mansión Dos Aguas justo la noche anterior a la explosión que causó su desgraciada muerte. No parecía casualidad.

-¿Fue acompañado a las dos citas?

-Fue solo las dos veces, pero le esperaba una misteriosa mujer comprometida, que exigía discreción, en una de las habitaciones de la Casita del Amor... Yo no pude verla...-Yosep se durmió en el taxi mientras esperaba a su cliente.

-¿Cree que era la misma mujer?-Preguntó Cardano.

-No lo sé. Ya le he dicho que no la vi. El señor Dunaújváros tenía mucho éxito con las mujeres...-Comentó Yosep.

-Me ha quedado claro...-Cardano creía que la mujer misteriosa quería salvaguardar sus aventuras amorosas de miradas ajenas. Su matrimonio podría romperse si su ignorante marido se enteraba.

-Lástima que no lo sepa.-Se quejó Cardano que descartaba interrogar de nuevo al señor Torricelli. Temía que el director de la Casita del Amor mantendría la boca cerrada para protegerla.

Cardano conocía los rumores sobre la Casita del Amor que aseguraban era en realidad un lavadero de dinero sucio de una banda criminal italiana, pero no habían podido probarlos hasta ahora...

-Un lugar perfecto.-Dijo en voz alta Cardano que pensaba que era un lugar perfecto para tender una trampa irresistible al marcado señor Dunaújváros que sentía debilidad por el sexo femenino.

-Estamos llegando...-Yosep avisó al comisario Cardano que se aproximaba el final de su viaje. El taxi estaba llegando al Parque de la Ciudadela y su cliente no le había indicado el destino exacto.

-Ya lo veo.-A Cardano se le hizo corto el viaje.

-¿Dónde le dejo?-Yosep estaba incómodo con tanta pregunta.

-Aquí mismo.-Exclamó Cardano al pasar por delante de una de las puertas con rejas del transitado parque. Los frondosos árboles daban sombra a los acalorados ciudadanos.

-De acuerdo...-Yosep detuvo el taxi y le cobró el viaje. Se fue cómo alma que hubiera llevado al diablo. Los tratos con la policía nunca eran buenos en su negocio.

-Volvamos a la Jefatura Superior.-Ordenó Cardano al subir al coche que conducía el inspector.

-Sí, señor comisario.-Gómez lamentaba volver a la oficina.

El coche recorrió las calles de Barcelona dirigiéndose a la Vía Layetana. El tráfico seguía insoportable, pero era el precio que se pagaba por vivir en la capital de Cataluña.

-Ya hemos llegado.-Anunció el inspector cuando entraba en el aparcamiento de la Jefatura. Estacionó el coche en su plaza.

-Voy a mi despacho.-Cardano se bajó del coche y el inspector le siguió. Entraron juntos en el edificio. Subieron hasta la oficina de la Brigada de homicidios.

Gómez iba a cruzar la puerta del despacho del comisario cuando éste le detuvo con un gesto de su mano derecha.

-Necesito estar solo unas horas...-Explicó Cardano.

-De acuerdo, señor comisario.-Gómez lo entendió.

-Ya le llamaré.-Prometió Cardano cerrando la puerta.

-El comisario Cardano no quiere que le molesten. No le pase ninguna llamada.-Avisó el inspector a la señorita Vázquez.

-Entendido.-La secretaria tomó nota.

El día transcurrió con lenta rapidez. La noche se echó sobre la ciudad y el comisario seguía encerrado en su despacho. Ni siquiera pidió algo para comer. Su mente estaba absorta en el caso.

-Vamos, señor Gómez.-Cardano salió de su despacho.

-¿Dónde, señor comisario?-Preguntó el inspector.

-A la escena del crimen... A la mansión Dos Aguas.

-De acuerdo, señor comisario.-Respondió Gómez.

El inspector condujo el coche por las tranquilas calles bajo la luz amarillenta de las farolas hasta el Barrio de Pedralbes. Detuvo el coche delante de la mansión Dos Aguas.

Cardano bajó del coche y vio a un anciano paseando su perro.

-Buenas noches, señor Smith.-Le saludó Cardano.

-Buenas noches, señor comisario.-Respondió el anciano.

-¿Vio algo extraño la noche anterior a la explosión?

-Vi un coche azul oscuro aparcado cerca de la mansión... Me llamó la atención porque no era del barrio...-Aseguró Smith.

-¿Recuerda la matrícula, señor Smith?

-Sólo que era italiana y que llevaba las letras NA...

 

Continuará...

 

Nota del autor

Sólo quedan dos capítulos más para el final de la novela...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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