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6 min
Muerte de un vividor - 60 - La guadaña - Último capítulo
Suspense |
27.09.21
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Sinopsis

El comisario Cardano cerró el caso...

-Creo que volvemos a la Jefatura.-Exclamó Cardano dando por acabada la larga jornada laboral.

-De acuerdo, señor comisario.-El inspector subió al coche y se puso delante del volante. Salieron del exclusivo Barrio de Pedralbes dónde los ricos disfrutaban de una vida regalada.

Las calles de la ciudad se habían vaciado porque sus honrados trabajadores estaban cenando en sus humildes hogares. Salvo ellos.

-Ya hemos llegado, señor comisario.-Anunció el inspector al entrar en el aparcamiento de la Jefatura Superior. Estacionó el coche en su plaza y bajó del mismo.

-Nos vemos mañana a la ocho en punto, señor Gómez.-Se despidió Cardano al subir a su coche particular.

-Sí, señor comisario.-Gómez también se iba casa.

Cardano abandonó la Jefatura poniendo rumbo a su piso del barrio de Ciudad Meridiana. La noche era tranquila, pero en realidad ocultaba las maldades de sus habitantes a los ojos de la ley. Sabía que la Justicia era ciega y no siempre alcanzaba a castigar a los malos.

***

El amanecer de un nuevo día trajo consigo la luz del Sol que hizo huir a las tinieblas de la noche anterior. Cardano se levantó a las siete de la mañana cómo tenía costumbre. Una rápida ducha acabó de espabilarle. Se tomó una taza de café solo en la cocina.

-Vamos a la Jefatura.-Cardano habló consigo mismo mientras salía de su piso, bajó por las escaleras hasta el aparcamiento vecinal y cogió su coche particular después de revisarlo a fondo.

Cardano condujo su coche particular por las atestadas calles de una Barcelona que se despertaba de nuevo. Los trabajadores iban a cumplir con sus obligaciones para traer dinero a casa.

El comisario llegó a la Jefatura Superior de la Vía Layetana muy justo de tiempo. El reloj marcaba casi las ocho de la mañana cuando bajaba de su coche.

-Buenos días.-Cardano saludó al policía de guardia y cogió el ascensor que le llevó al piso de la Brigada de Homicidios. Fue a su despacho dónde le esperaba el inspector Gómez.

-Buenos días, señor comisario.-El inspector era puntual.

-Buenos días, señor Gómez.-Cardano se podía permitir llegar el último porque era el jefe. También podía echar la culpa al tráfico.

-Buenos días, señor comisario.-La secretaria le traía su café.

-Buenos días, señorita Vázquez. Gracias. ¿Hay noticias de la Policía Italiana?-Cardano no se olvidaba de lo importante.

-Aún no, señor comisario.-Contestó la señorita Vázquez que envió el informe a la Interpol, vía fax, para la Policía italiana ayer por la mañana. Escribió muy urgente en grandes letras rojas.

-Avíseme cuando llegue, por favor.-Pidió Cardano.

-Lo tendrá en su mesa tan pronto lo recibamos.-Prometió la señorita Vázquez que estaba pendiente del fax.

-Muchas gracias. Puede retirarse, señorita Vázquez.

La secretaria fue a su mesa para hacer guardia delante del fax.

-Creo que estamos llegando al final de la investigación.-Opinó Cardano en voz alta atando los cabos sueltos.

-¿Me lo puede explicar, señor comisario?-Dijo el inspector.

-Por supuesto, señor Gómez.-Cardano pensaba exponerle sus conclusiones sobre el caso Dunaújváros.

-Le escucho.-Gómez prestó atención.

-El señor Dunaújváros llegó a España para disfrutar de unas largas vacaciones pagadas con los ahorros de su anterior trabajo, pero no contaba con que el dinero fuera falso. Este contratiempo le obligó a volver a ofrecer sus servicios de “cocinero”.-Explicó Cardano.

-El señor Andrade aceptó la oferta del señor Dunaújváros y le financió la fabricación de la droga creyendo que obtendría grandes beneficios con su distribución. No se conformaba con vender tabaco de contrabando. Él quería más...-Dedujo Cardano.

-El difunto señor Luís Pascual ejercía las funciones de chófer y colaborador del señor Andrade que eligió alguien de confianza. Un pequeño delincuente que trapicheó con droga...-Suponía Cardano.

-Lo que desconocía el señor Andrade era el historial del señor Dunaújváros. No sabía que su antiguo distribuidor en Italia le había puesto precio a su cabeza...-Adivinó Cardano.

-Sólo así se puede comprender que le tendieran una trampa sexual en la Casita del Amor, para que abandonase la mansión Dos Aguas, y pudieran colocar una bomba, dentro de la caja fuerte, que causó la muerte violenta del señor Dunaújváros.-Resumió Cardano.

-Terrible final...-Recordó el inspector la dantesca escena.

-Acorde con el daño cometido.-Cardano conocía la ley no escrita de los delincuentes: Quién la hace, la paga.

-El distribuidor italiano debió enviar a dos sicarios para hacer cumplir su ley... Los dos técnicos que ya estarán de vuelta en su país y escaparan a la justicia española...-Se lamentó Cardano.

-Pero tenemos que esperar la respuesta de la Policía italiana para confirmar mis conclusiones.-Admitió Cardano.

-Sí, señor comisario.-Respondió el inspector.

Transcurrió la mañana sin noticias. El reloj marcaba las dos de la tarde y el comisario continuaba en su despacho revisando otros casos menos importantes. Los habituales carteristas del Metro no se tomaban vacaciones ni en verano. Las denuncias de los ingenuos turistas se acumulaban amenazando con saturar a los funcionarios.

-Tráigame un emparedado y una cola, señorita Vázquez.

El comisario no quería perder tiempo yendo a comer fuera.

-Sí, señor comisario.-La secretaria hizo el encargo a la cantina de la Jefatura por teléfono. Ella tampoco se movió de su mesa.

La tarde se antojaba larga y tediosa. Las horas pasaban muy despacio cuando se debía esperar que el fax escupiera la respuesta. La eficaz señorita Vázquez ocupaba el tiempo muerto poniendo al día la agenda del comisario.

La noche caía sobre la ciudad de Barcelona, pero el comisario continuaba en su despacho esperando el ansiado fax.

-Por fin...-Exclamó la señorita Vázquez al ver el fax revivir y escupir el deseado informe de la Policía italiana.

-Hemos recibido la respuesta de la Policía Italiana, señor comisario.-La secretaria se lo entregó en mano.

-Muchas gracias, señorita Vázquez.-Cardano lo cogió.

-Veamos que dice.-Exclamó Cardano al inspector Gómez que acudió a su despacho al ver pasar a la señorita Vázquez con el fax.

-Aquí pone que han identificado el logo de la pastilla negra de la fotografía, que les enviamos, cómo la droga llamada Crazy Duck que circulaba por Italia.-Leyó Cardano.

-La Policía italiana la considera la causante de muchas muertes de toxicómanos por sobredosis...-Continuó Cardano.

-La Policía italiana sospechaba que la banda criminal llamada La Espina Negra comercializaba la droga Crazy Duck, pero no disponían de pruebas concluyentes porque nadie quería testificar por miedo a represalias mortales...

-Ya tenemos la confirmación. El señor Dunaújváros era el mismo “cocinero” que vendió la misma droga en ambos países a dos distribuidores distintos...-Afirmó Cardano.

-Según la Policía italiana, corría el rumor en los bajos fondos que la banda criminal La Espina Negra puso precio a su cabeza...-El comisario pensaba que los sicarios cumplieron la amenaza.

-Este es la muerte de un vividor que huyó inútilmente de la Guadaña.-Cardano se puso filosófico.

-Caso cerrado.-Dijo el comisario.

 

Fin de la novela

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... He publicado nueve libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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