cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
Muerte en tres colores
Drama |
03.05.14
  • 5
  • 4
  • 1854
Sinopsis

La mano trémula de la muchacha sostenía, con la dulzura de una princesa, la del moribundo que agonizaba en su lecho de sábanas de seda...

La mano trémula de la muchacha sostenía, con la dulzura de una princesa, la del moribundo que agonizaba en su lecho de sábanas de seda. Apenas alcanzaba los sesenta, pero su rostro envejecido era el de un anciano carcomido por las tribulaciones que no habían dejado de acosarlo en los últimos años de su vida. En sus sienes casi no crecía ya un mechón de cabello, y la barba que remarcaba la regia barbilla estaba completamente encanecida. Las arrugas zigzagueaban sobre su piel sudorosa y sus labios agrietados balbuceaban, entre las nebulosas del delirio, sílabas candentes como la fiebre que lo consumía.

— Descanse, Padre — sonaron serenas las palabras de la joven, mientras los ojos abiertos del moribundo no dejaban de escrutarla.

— El aliento se me escapa, mi princesa — dijo él con la voz rasgada — ¡Que más quisiera mi alma que encontrar en la otra vida el descanso que se me ha negado en esta!

Suspiró, y pareció exhalar al mismo tiempo las pocas fuerzas que su cuerpo enfermo pudiera albergar todavía. De fuera llegaba el griterío ahogado de la multitud. No estaba claro si proferían vítores o en cambio escupían alaridos de desaprobación. Hubiera preferido lo primero, pero temía más bien por lo segundo.

— Todo esta bien, Padre — musitó la joven con ternura, al mismo tiempo que depositaba un beso tenue sobre la frente del moribundo — Ahora sólo le toca estar en paz con usted mismo.

Un par de lágrimas asomaron en los ojos del anciano cuando sintió el poso ligero de los labios de su hija en la piel ardiente. La estancia estaba impregnada del aroma de las rosas que reposaban en un jarrón sobre la mesita de noche, pero él sólo captó el olor intenso de su perfume.

— ¡Diez años! — dijo alzando un tanto su voz quebrada — Poco más de diez años. No alcanza siquiera el tiempo en que un niño abandona sus ilusiones para asumir las responsabilidades con que lo castiga la vida; no es tiempo suficiente para aprender, ni para poner en marcha lo aprendido. Pero el viejo fanfarrón no quiso irse antes — apuntilló con una risa débil — Tenía aguante el muy truhán, a pesar de sus achaques. Y yo… yo abandono este mundo demasiado pronto.

— No piense en eso ahora. Hay un lugar de honor reservado para usted en la Historia, tiene que sentirse orgulloso.

El anciano movió la cabeza con gesto negativo, y un absceso de tos brotó desde el fondo de sus maltrechos pulmones.

— ¡Hubiera querido hacer tantas cosas! — exclamó apretando con tal fuerza la mano de su hija que le pareció que en cualquier momento iban a quebrarse sus huesos — Pero no tuve el valor de enfrentarme a Ellos. Porque Ellos me sostenían y yo a Ellos con mi silencio. ¡Yo pensaba que Ellos me sostenían… pero me equivoqué!

— Hizo lo que creyó mejor para todos, Padre — trató de consolarlo la joven haciendo un esfuerzo por regalarle la mejor de sus sonrisas.

El cabello rubio caía sobre los hombros de la muchacha como finos hilos dorados que parecían ondular con cada movimiento como si la brisa los meciese eternamente, aun cuando el aire de la estancia reposaba en la más absoluta calma. Su porte era digno de su rango, orgullo de sus antepasados y sin duda también de sus herederos. Cada vez que sonreía era como si mil soles brillasen al unísono.

— ¡Ellos no querían perder nada… y para ello tenían que perder muchos otros! — volvió a recitar en su delirio — Yo sabía de esa injusticia, pero no fui capaz de ponerle remedio. ¿Qué iba a hacer, oh dioses, pues ello podría suponer el final de mi legado? Y sin embargo no supe ver que quienes lo han perdido todo ya no tienen miedo. No me di cuenta que en realidad eran esos otros y no Ellos, los que de verdad me sostenían. Tal vez ahora sea demasiado tarde.

La muchacha acarició repetidas veces la mano ajada del viejo, cuya mente atribulada no dejaba de torturarse, y siseó pidiéndole en vano que el silencio trajera la paz que tan esquiva le era a su alma. Empezó a tararear una canción con la voz henchida de dulzura y las agujas del reloj de cuco que orgulloso exhibía sus excéntricas pesas parecieron detenerse por un instante, hasta que el moribundo comenzó a hablar de nuevo.

— Y la guerra, la puta guerra vino a complicarlo todo. Quien iba a pensar que los malditos Zares se iban a enzarzar con los Yankees cuando ya habíamos dejado tantos años atrás los fantasmas del invierno. ¡Y todo por un puñado de tierra que no vale más que para cultivar trigo!

— A veces son los hechos los que nos marcan el camino y nosotros debemos adaptarnos a ellos. Usted me lo enseñó y no le faltaba razón — musitó la muchacha, como si volviese varios años atrás en el tiempo reviviendo los momentos alegres de su ingenua niñez.

— ¡Quien nada tiene que perder ha perdido también el miedo!… ¡Quien nada tiene que perder ha perdido también el miedo…! — repitió el moribundo como una letanía, con la mirada clavada en la lámpara adornada de piedras que descomponían la luz en los siete colores del arco iris.

En la estancia se hizo el silencio por un momento. De afuera seguía llegando el griterío de la multitud que se agolpaba en algún lugar frente al edificio. No se podría decir al menos que el anciano iba a morir solo.

— ¿Se sabe algo de tu Madre? — preguntó de repente — Ella no pudo soportarlo, ¿sabes? Todo esto, el peso de las responsabilidades, el tener que elegir entre el blanco y el negro… ella no fue educada como tú. Llevo años sin verla — musitó, como si su hija no estuviese al corriente — ¿Ha llegado ya? — imploró con ansia.

— Ha de estar al caer, Padre, no debe preocuparse por eso. Tan sólo procure descansar.

Por un momento pareció calmarse. Sus ojos se entrecerraron y se abandonó al placer del sueño, agradeciendo a Morfeo los minutos de paz con que le obsequiaba. La joven se incorporó. Contempló aquel hombre que agonizaba como cualquier otro y que sin embargo no sería recordado como cualquier otro hombre cuando la sombra de la muerte lo arrebatase de este mundo. Por un momento se permitió que la tristeza venciera su austera fortaleza, las lágrimas resbalaron por sus mejillas como regueros plateados al albor de los rayos de sol que se colaban por las cortinas. Se acercó al balcón y abrió los ventanales de par en par. Afuera, una multitud que se perdía en lontananza cubría el inmenso patio. Gritaban, saltaban, bailaban incluso, al son de cánticos recitados al unísono como si de una sola garganta se tratase. Parecían alegres, felices, poseídos de una extraña algarabía. Portaban innumerables banderas que agitaban al aire sin cesar cual animadores en un acontecimiento deportivo. Todas eran iguales, Rojo, Amarillo y… Violeta.

— ¡Leonor! — le llegó el grito ahogado de su Padre desde el interior — ¡Leonor!

La muchacha cerró los ventanales, entrando en la estancia. Se acercó al anciano moribundo y le sonrió por enésima vez.

— ¡Prométeme que lo harás mejor que yo! ¡Prométeme que serás una buena Reina!

De nuevo, el rostro de la Princesa se bañó en lágrimas. Tan sólo hacía unos minutos acababa de comprender que ella nunca sería Reina. Era ya demasiado tarde para ello.

— Sí, Padre — dijo sollozando — Le prometo que seré una buena Reina.

E inclinándose, besó de nuevo con dulzura la frente sudorosa del último de los Borbones.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Bueno, yo soy de la idea de que cuando algo no es bueno no hay que tener miedo a cambiarlo. Y sobre este tema gran parte del problema es la desinformación, porque hay cosas intocables en este país aunque afortunadamente cada vez menos. Gracias por el comentario Ricardo. Un saludo.
    Efectivamente, como dice Enrique, puede ser tanto una utopía como un distopía. En el comentario de tu blog solo pensé en la distopía, pero bueno, lo que planteas puede ser bueno o malo. Saludos.
    Me has dejado de piedra Lucio. Que gran relato, que buenos diálogos y que sorprendente y demoledor final. Es un seis estrellas, más que un cinco. Me alegra haber buceado en uno de tus antiguos relatos. Ha merecido (mucho) la pena. En serio, ¡que final...!
    Muy bueno, felicitaciones
  • Relato con el que concursé en la semifinal del torneo de escritores del mismo título. Felicitar a nuestro compañero Purple que compitió conmigo y nos ha brindado algunos de los mejores relatos del torneo. Igualmente felicitar a Paco Castelao y Ana Madrigal, que se midieron en una semifinal digna de los mejores.

    Versión revisada y corregida del relato para el Torne de Escritores, Duelo 29: "Elige un arma"

    Relato para el torneo de escritores, duelo 24 "Él ya sabía"

    El primer encuentro de la Humanidad con una raza extraterrestre está a punto de producirse. Pero esconde secretos que nadie hasta ese momento podría haber imaginado.

    Versión revisada del relato presentado al torneo. Aprovecho para felicitar a mi rival Noseque, que hizo un digno papel y contra quien fue un placer competir.

    الله ينظر الأيدي النظيفة ولكن ليس يديه الكاملة - سوريا المثل

    ¿Tú qué hubieras hecho?

    Relato escrito para el concurso de microcuentos "MICROTERROR IV" de una conocida web de autores

    A veces la realidad nos pega una bofetada, y no apetece poner la otra mejilla

    A principios del siglo XVI se suceden las pugnas por el trono de Castilla. Muerta la Reina Isabel y sus tres primeros herederos en la línea sucesoria, la corona recae en su hija Juana, de dudosa estabilidad mental y desposada con Felipe, apodado el Hermoso, cuya deslealtad a los Reyes Católicos es tan solo superada por su ambición de poder. Tras la muerte de Felipe prematuramente y en extrañas circunstancias, la Reina Juana abandona Burgos e inicia un peregrinaje por las tierras de Castilla arrastrando el cadáver de su esposo, con el propósito de darle sepultura en Granada. En este escenario de inestabilidad política los nobles se posicionan ante el futuro incierto que se avecina. Gonzalo de Esgueva, joven aspirante a caballero al servicio de un oscuro Señor, se verá envuelto sin quererlo en éstas luchas de poder. -- Relato largo para lectores pacientes, gracias anticipadas a quien se tome la molestia de leerlo entero.

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta