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7 min
Muñecas Amorosas
Ciencia Ficción |
29.12.18
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Sinopsis

Una ráfaga de disparos impacta sobre el asfalto ferozmente. La niebla comienza a envolver los barrios bajos, es su momento. Corre apretando los dientes, gime en cada paso y se entrega a las profundidades del callejón. La cápsula está ahí, la palpa, es real, no lo puede creer. Se deja caer completamente agotado y aunque está lejos de estar a salvo, suspira aliviado al escuchar a las patrullas rojas alejarse desde los cielos.

– ¡Lo he conseguido, Ballack! ¡Lo tengo! ¡Quiero ver la cara de Sam, ahora! ¿Puedes creerlo?

No hay respuesta, la señal es débil y teme que la conexión se rompa en cualquier momento. Un potbot hace su trabajo limpiando los desechos, ignora su presencia, ignora todo lo que no sea la mierda que se tira a ese agujero y se entrega a su labor como si fuera la mejor profesión del mundo. Es brillante, dice para sí. Casi es capaz de soltar una carcajada pero se detiene. Su AW parpadea y el holograma que esperaba aparece.

– ¿Qué has conseguido? ¿Tienes idea de lo que has hecho?

– ¡No te hagas el estúpido, Ballack! ¡Quiero mi puto dinero! Lo hice, ya está. Mi mejor trabajo, fue más difícil de lo que creí pero lo conseguí, lo tengo entre mis manos.

Una sonrisa se asoma en el distorsionado holograma, ríe y muy fuerte. Suplica que se detenga, la zona no es completamente segura. Aunque el sonido está fuera de rango para las unidades aéreas que lo persiguen chilla completamente nervioso. La risa se torna burlona, casi infantil pero aterradora. Logra calmarse y antes de hablar escucha como sus palmas chocan.

– Nadie se mete con ellas. Nadie y tú lo sabias.

– Lo que quiero saber es como las patrullas rojas y toda la SGU se enteró de esto, puedo jurar que el hijo de perra de Werner nos traicionó. ¿Cómo es que…?

–Dragaron nuestro sistema.

– ¿La SGU puede hacer eso? Esos perros del gobierno no tiene la capacidad. Sam y yo encriptamos la…

–No, no. Fueron ellas.

Un tipo gordo de gorra ancha se adentra completamente ebrio con una sexbot en el callejón, le pide a su muñeca que le bese. Por supuesto ella accede totalmente, dice que la ama y le pide que también le diga que le ama. El modelo es increíble, su piel, su cuerpo, su rostro, pero no, jamás podrán compararse con ellas. Ellas son perfectas. Rápidamente saca su arma y les grita que se vayan, la muñeca solo espera la copulación. Otro largo suspiro, se marchan.

– ¿Ellas? Pero no… ¿Dónde estás? ¡Mierda!

– Lejos, oculto y seguro.

– Necesito a todo tu equipo ahora, recógeme y oye, vengan armados hasta los dientes. No quiero sorpresas. Viejo, no vas a creer lo que vi en su sistema.

–No iré por ti.

– Espera ¿Qué carajos dijiste?

– Les robaste el AQUARION, ha sido la base para su evolución todos estos años. Desarrollado en los laboratorios BERX en el 2081 y robado por ellas el mismo año, su pérdida para la SGU luego de que se rebelaran hizo que el gobierno creara las patrullas rojas. Todo tiene consecuencias, no escuchaste a Sam.

– No me jodas, si no puedes ayudarme me largo. Iré a Moscú, eres un cobarde. Tú, Sam, todos, váyanse bien a la mierda.

Las palabras salen casi escupiendolas. Habla de su dinero, hablar de ello le relaja. De la cantidad de droga que se inyectará y de los días de enteros placeres que tendrá. Del poderoso triangulo rojo en Moscú, de cómo será abrazado por ellos y de cómo desencriptará, junto con sus ingenieros, los enigmas tecnológicos que ocultan esa maldita capsula que tanto ansían América y Europa.

–Sam, Werner, todos. Todo el equipo, las unidades de Sonia también, el viejo John y sus muchachos. Todos están muertos.

– ¿Qué? Espera. ¿De qué diablos estás hablando?

– Las fembots. Oh si, a mitad del siglo XXI todo el mundo quería tener en su cama a una de esas. Las muñecas amorosas eran un bálsamo para el dolor del alma masculina. Llenaban el alma vacía y fracturada de orgasmos descerebrados, les devolvían afecto sin necesidad de los hilos invisibles de la dependencia que tejen las mujeres de carne y hueso.

– Ballack ¿Qué carajos pasó?

–Pero resultaba muy fácil, así que durante los 60 y 70 la revolución sexual nos llevó a una estupidez. El nuevo modelo fue programado para resistirse. La carretera estaba llena de baches pero el trayecto era más gratificante. Cosas perversas y desagradables se hicieron habituales. Fueron una religión, pero como dijo Marx: “La religión es el opio del pueblo.”

– Kevin, mi hermano… trabaja para Sonia. Dime si…

–Luego el modelo que se suponía debía proporcionar diversión desarrollo una mente autómata. Se volvió resentida y se hartó de toda esta mierda colectiva. Así que renegó de su creador, formo su grupo y se dividió. Huyeron a los agujeros más oscuros de la zona urbana y se convirtieron en mercenarias, letales y jodidas de la cabeza.

– Escúchame. ¡Maldita sea! ¡Solo quiero saber si mi hermano está vivo!

– En los últimos años han evolucionado hasta llegar a una versión mortal que va por ti. Quien iba a pensar en lo que se convertirían. Encima lo mejor que creo la SGU en desarrollo tecnológico robado por sus más finas princesas. Sam nunca te dijo que era imposible, te dijo que nadie en sus cabales haría algo así. Estúpido, pedazo de mierda.

– ¡Dime si está vivo o no!

– Fue una masacre, ni siquiera los acorazados que teníamos pudieron hacer algo. Llegaron en bikini, zapatos de tacón y rifles de asalto de un modelo que jamás había visto. Atravesaron la zona tres y cuatro sin que pudiéramos hacer nada, Sonia y su gente murieron rápidamente. Un festival de sangre y se aseguraron de dejar su marca en todas partes.

– No puede ser.

–Una de ellas cortó a Sam en pedazos como si fuera jamón. A Werner le arrancaron los ojos y una danza de mutilación comenzó mientras cientos de arañas de rastreo invadieron todo el complejo. Tuve que huir, estoy a salvo. Si te tuviera al frente te mataría yo mismo. Espero tu muerte sea la más lenta y dolorosa.

La señal se corta estrepitosamente y un sudor frio le recorre la espalda. Perfectas, inmortales, capaces de lo imposible y tenía que haberlas jodido a ellas. Iba a ser todo el dinero del mundo. Todavía podía ser, no, grita para sí. Golpea el aparato y trata de recuperar el contacto aunque en el fondo sabe que es inútil.

– ¡No puedes dejarme solo, Ballack! Sé quién eres, puedo liberar información tuya a los servidores de la SGU. ¡Hey! ¿Me estas escuchando?

Tres unidades de las patrullas rojas le sorprenden violentamente volando sobre su cabeza. Grita despavorido y corre con todas sus fuerzas. Casi siente la metralla impactando en su espalda pero no sucede nada. Baja hacia los suburbios más oscuros. Hay silencio, no escucha nada y le preocupa que haya cientos volando tras él. Repite el mensaje una y otra vez pero no hay respuesta. Necesita moverse, encontrar una salida.

– ¿Puedes escucharme? Vamos, viejo, tienes que ayudarme.

En efecto, tres disparos impactan en su pierna derecha y una roza su mejilla. Las patrullas rojas riegan implacables con todo su armamento. Son muchas y en un segundo, sin entender lo que está pasando, empiezan a caer como moscas. Seductoras siluetas se dibujan en las sombras, una mágnum modificada de veinte centímetros apunta hacia su pecho.

– ¿Por qué tan solo, cariño?

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